A vueltas con el proteccionismo en un mundo en crisis

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María José Vicente, autora del libro: A VUELTAS CON EL PROTECCIONISMO EN UN MUNDO EN CRISIS. CAMBIO DE PARADIGMAS Y DISCURSO POLITICO. Editorial Fragua (2007), es miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC

El retorno del proteccionismo es evidente en los discursos políticos. Ciertamente, la elección de Donald Trump es paradójica, ya que se ha pronunciado de manera marcadamente proteccionista (defendiendo, entre otros, tanto la limitación de la movilidad geográfica de los trabajadores como de la libertad de mercancías). El símbolo era un anuncio de sus primeras medidas para acabar con el tratado de libre comercio de Asociación Transpacífico (TPP), que uniría 12 países de la cuenca del Pacífico. Vemos que Europa no se queda atrás en términos de proteccionismo. Lo vemos a través de la subida de soberanistas de derecha a izquierda, en Francia, Marine Le Pen Jean-Luc Mélenchon, y en casi todos nuestros socios de la Unión Europea. El episodio del acuerdo comercial entre la UE y Canadá es significativo más allá de bloqueo de Valonia. Como podremos comprobar en las diversas encuestas publicadas y que se han recogido en este libro, ha habido marcha atrás en pronunciamientos otrora favorables al libre comercio y así, es importante reconocer que los proyectos de liberalización se enfrentan a la hostilidad de un amplio sector de la opinión pública. Las decisiones proteccionistas se multiplican y la OCDE, en su perspectiva económica publicada el 28 de noviembre de 2016, da un ejemplo revelador que muestra la explosión de medidas comerciales restrictivas desde la crisis del 2008, en los países del G-20. El proteccionismo crece en realidad y no sólo en los discursos.

Para los detractores del proteccionismo, entendiendo la realidad de este proteccionismo sin sesgo nacionalista, el proteccionismo reduciría aún más el crecimiento y aumentaría el desempleo, poniendo el acento en que la historia ha demostrado que la retirada era sinónimo de tensiones y conflictos internacionales. A pesar de las constantes críticas a los medios de comunicación por parte de Trump, su triunfo, para muchos analistas, no ha sido una sorpresa, valorando además que durante la campaña, los votantes no revelaron sus intenciones de voto, subestimándose así las posibilidades reales de Trump.

Desde una perspectiva económica, Trump ha defendido un programa fiscal agresivo, con un aumento del gasto en infraestructura, que podría generar un efecto beneficioso a corto plazo en cuanto a crecimiento. Desde una perspectiva comercial, el establecimiento de barreras comerciales podría dar lugar a medidas retorsión, siendo pernicioso para EEUU y para el comercio internacional.

Esta retorsión existe cuando un Estado aplica a otro la misma restricción que éste, aplicándose en detrimento de los intereses de aquél. La autotutela es la manera más moderada de reaccionar, cuando se responde con un acto poco amistoso pero lícito dentro del Derecho Internacional Público.

Según el FMI, a pesar del discurso de Trump, no hay riesgo de que se avecine una guerra cambiaria internacional, subrayando que se seguiría en la defensa del comercio libre y justo.   Los mercados sí parecen tener temores. El congreso americano se caracteriza por su naturaleza pragmática, al actuar en contra de los intereses que parezcan estar en contra del país, pero el controvertido Trump, “outsider” de la política, representante de la especulación en los años de abundancia económica gracias a las inversiones inmobiliarias, no se sabe por dónde va.  En cuanto a su idea de expulsar a más de 11 millones de inmigrantes indocumentados, se tendría que valorar el impacto negativo que esta medida podría tener sobre el mercado de trabajo.

Intentando dar soluciones o plantear escenarios de salida de la peor crisis económica de los últimos decenios, con un liberalismo exacerbado ayudado por un sistema financiero desregulado y con la izquierda socialdemócrata perdiendo influencia en los principales países desarrollados, se dan aparentes cambios en los paradigmas y visiones de cómo se ha visto la política hasta el momento. La población estadounidense, en medio de esta crisis, es también cada vez menos favorable al librecambismo”.

Las propuestas de Trump son controvertidas en cuanto a novedosas al querer, por ejemplo, imponer aranceles a las importaciones chinas, pero los dos candidatos a la nominación demócrata, Hillary Clinton y Bernie Sanders, se han mostrado en contra del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) firmado por George Bush en 2005. El proteccionismo, como vemos, está plenamente arraigado en la actualidad en el discurso político. Por ejemplo, en 2008, cuando la carrera por la nominación demócrata, Barack Obama se comprometió a renegociar el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos (TLC) tras el aplazamiento de su aprobación por parte de Bush en abril de 2008. El candidato republicano John McCain sí que se pronunciaría favorable al tratado, mientras que el demócrata Barack Obama expresaba sus reservas indicando que no le parecía conveniente este tratado mientras en Colombia hubieran violaciones a los derechos humano, aunque posteriormente tuvo que matizar subrayando la importancia de Colombia para EEUU y comprometiéndose a un estudio para modificar algunos aspectos del tratado, hasta ser aprobado en 2011.

De acuerdo con el criterio de analistas políticos estadounidenses consultados, en las últimas décadas, los republicanos eran más favorables al libre comercio, mientras los demócratas se pronunciaban en sus discursos más favorables al proteccionismo. En la campaña para las elecciones de noviembre de 2016, unos y otros se han opuesto abiertamente o han criticado la situación actual del libre comercio.

Analizar el proteccionismo desde su dimensión económica, comercial y política y desde el punto de vista de la comunicación política ofrece una visión poliédrica dado que es una temática mal abordada desde el plano político, una cuestión no resuelta sobre cómo se gobierna la globalización cuando se ha creado un estado del malestar y se producen fragmentaciones sociales que están minando el sistema de partidos conocido en Occidente. Ante discursos favorables a la protección del empleo por sectores y en la limitación de la competencia y del déficit comercial, vemos también los discursos que alertan de las desventajas para la economía en la reducción de la variedad de productos disponibles, de su encarecimiento y demás cuestiones abordadas desde la teoría de la ventaja comparativa, con un estancamiento en la innovación. Para evitar los inconvenientes de un liberalismo o un proteccionismo extremos, se fueron adoptando políticas conjuntas, unas veces a favor del libre comercio, especialmente en sectores en los que tengan una ventaja, otras veces a favor del proteccionismo, en las áreas que se están desarrollando o se consideran estratégicas.

Ante una crisis económica de la que Europa y el mundo occidental, en general, no despierta, con empleos cada vez más precarios y con cambios de paradigmas, con una socialdemocracia que no ha sido lo suficientemente fuerte para desafiar al neoliberalismo, intentando volver a encontrar sus marcos y su espacio ante el auge de los populismos, tanto de izquierdas como de derechas, el proteccionismo se muestra camuflado terminológicamente, con mucha polisemia, en muchos discursos actuales, pero siendo un concepto menos tabú.

En 2017 vemos que ha pasado a ser una tendencia internacional, no circunscrita sólo a un país y el proteccionismo granjea simpatías al ser utilizado como recurso discursivo de protección de la economía en defensa de las industrias propias para posteriormente, pasada la crisis, poder “abrirnos fuera”. El liberalismo se presenta como anarquía, con la política supeditada a los vaivenes de los mercados, ahondando en la exclusión que produce la lógica globalizadora, con economías antes a diversas velocidades y con una situación actual de estancamiento de forma generalizada.

El proteccionismo que vence no es el nacionalista, que se esfuerza en mostrar diferencias de identidad, cultura, religión u origen, aunque existan ciertos tintes nacionalistas, pero la visión de desafío que encierra el proteccionismo económico es la que crea cierto consenso entre los dirigentes de todas las tendencias políticas. Ahí vemos a los socialistas Montebourg y Hamon defendiendo constantemente el “patriotismo económico”, en una situación de constante brecha ideológica en la socialdemocracia europea, con muchas voces discordantes con la globalización pese a las posturas oficiales a favor que mantienen sus partidos en diversos países. En todo lo que se ha abordado en este libro, en el cual ha habido referencias a medidas proteccionistas adoptadas como el decreto Alstom en Francia y las suspicacias creadas en Bruselas, conviene seguir valorando los costes del proteccionismo, cuando se presenta como la única vía de solución al neoliberalismo, sin terceras vías y valorando que en el proteccionismo se asume riesgos haciéndonos las preguntas ¿de quién nos protegemos? y ¿contra qué nos protegemos?, desechando el marco de la cooperación interestatal como hasta ahora la conocíamos.

En este escenario, asistimos a un nuevo orden internacional en el que habrá un replanteamiento del encaje de los extintos Estados-Nación y el proteccionismo tendrá un papel más protagonista en el marco de apostar por un mayor intervencionismo o de la economía del bienestar sobre la economía del mercado, con una socialdemocracia desafiante al capitalismo neoliberal que buscará de nuevo su espacio propio y con un centro derecha, con las mismas divergencias internas en torno al modelo económico a defender, con una derecha británica a favor del Brexit, las controversias actuales en torno al CETA y el contexto internacional que resulte del proteccionismo conservador de Trump.

3 Comments

  1. El artículo está escrito en una jerga económica destinada a economistas.los legos en la materia no entenderán nada , o muy poco. Aunque aquellos que llevan decádas exponiendo que la globalización, tal y como se estaba organizando, solo servía para “importar pobreza” en lugar de “exportar bienestar”, algo hemos intuido del escrito. Y no es porque fuesemos expertos en economía, o “adivinos”. Sencillamente solo había que echar “la cuents de la vieja”. ¿Cómo competir con gente que trabaja en condiciones de semiesclavitud? ¿Qué progreso de bienestar pudoo yo apaortarle a este trabajador? Se ha antepuesto el libre comercio la mejora de vida de esos trabajadores, a la equiparación de derechos y protección social. Se ha empezado la casa por el tejado, y los frutos están a la vista. Si algún economista pusioera sobre el tapete un solo ejemplo en el que una sociedad haya mejorado ostensiblemente su nivel de vida y la protección social, yo daría por bien empleado mi pérdida relativa de bienestar siempre que esta haya servido para elevar el de otro. Pero los ejemplos sobre los efectos de la globalización son devastadores. En “occidente”, además de empobrecimiento general, se ha perdido el ideario del bien común, del reparto de la riqueza y del trabajo, y ha prosperado un individualismo que desdeña los males del otro. Sin embargo esto no ha servido para que en “oriente” florecieran las conciencias solidarias, se consolidaran estados que aplicasen políticas sociales y la globalización se hiciese también con los derechos humanos y sociales. En resumen, laa preguntas que se puede hacer uno son las siguientes: ¿A quién beneficia la globalización? ¿Al personal, o a unos entes abstractos al margen de la soberanía popular y que tienen infinitamente más poder que la misma sociedad? Crecimiento, ¿para qué? Sobre todo cuando este se pretende que sea exponencial con lo cual la curva del crecimiento tiende al infinito.
    ¿Sería posible leer alguna vez un artículo de algún economista que no partiese de los postulados hoy vigentes? ¿Qué no hablase de “mercado de trabajo” utilizando este concepto como un cajón de sastre? ¿Que comparase con datos fiables las condiciones de vida y sociales de los distintos paises del mundo? Ante la falta de diagnósticos certeros y sin un discurso que presente los pros y los contras para las personas en concreto, no es de extrañar que la gente diga: “Alla ellos, con su pan selo coman”.

  2. Me parece muy interesante y completo pero lo he tenido que leer varias veces por lo sesudo que me parece y no tengo claro si el proteccionismo es o no lo contrario liberalismo en el mundo. De todas formas felicito a Efc por proponer estos temas tan actuales y siempre elevando el nivel lo que tanto se agradece

  3. Efectivamente existe bastante unanimidad entre los economistas sobre los riesgos del proteccionismo y la teoría de la ventaja comparativa lo explica claramente. Sin embargo, estas teorías se basan en modelos que simplifican la realidad en exceso y deben ser revisados con rigor pero sin dogmatismo. En esta línea, el MIT publica recientemente un trabajo titulado “The trade-offs of free-trade” por ejemplo, donde se analiza el coste del libre comercio (https://www.technologyreview.com/s/602101/the-trade-offs-of-free-trade/). Efectivamente, el desarrollo industrial de Asia nos ha mejorado el poder adquisitivo, pero a la vez, la desindustrialización ha sembrado el desempleo y la desilusión de muchos afectados. La regulación medioambiental y fiscal tan heterogénea no es compatible con el libre comercio de productos y servicios, y es necesario tener en cuenta los costes sociales y las desigualdades que produce.
    http://neoproteccionismo.blogspot.com

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