EPA: El mercado laboral, estancado en sus problemas

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Análisis de los datos de la EPA del primer trimestre de 2017

Empleo insuficiente y de baja calidad

 Se mantienen los graves problemas del mercado de trabajo

Los datos de la Encuesta de Población Activa publicados hoy reflejan que en el primer trimestre del año el empleo cayó en 69.800 personas y el paro aumentó en 17.200. No son buenos datos. Son cifras similares a las del mismo trimestre del pasado año (-64.600 ocupados, +11.900 parados), aunque es cierto que en este año no se ha beneficiado del impacto positivo de la Semana Santa, que cayó en el mes de abril y entonces en marzo. Y también es verdad que el primer trimestre de cada año es uno de los dos que refleja peores cifras, junto al cuarto. Por eso los datos en términos desestacionalizados son mejores que las cifras absolutas (el empleo crece un 0,7% y el desempleo se reduce un 3%).

Pero, pese a todo ello, no se puede perder de vista que en fases expansivas, como la actual (el PIB aumentó al 3%), incluso en los primeros trimestres se creaba siempre empleo, y de manera notable: de 1995 a 2007 en todos los primeros trimestres aumentó el número de ocupados, una media de 105.000 personas. Ahora, sin embargo, se destruye empleo y el paro aumenta, lo que denota, más que una debilidad en la una traslación del crecimiento económico al empleo, la fragilidad y volatilidad de este. Se genera empleo de baja calidad, poco consistente y demasiado dependiente de fluctuaciones puntuales de la actividad. No es empleo; es subempleo.

Mención especial merece la evolución de la población activa, que ha vuelto a caer en este trimestre, en 52.600 personas. Con este, son ya catorce de los últimos dieciocho trimestres reduciéndose. El número de personas en edad de trabajar y dispuestas a hacerlo se ha reducido en 740.000 desde el primer trimestre de 2012, un 3,1%. Una tendencia anómala, que reduce las capacidades productivas de nuestro país, y que tiene que ver con el envejecimiento de la población, con la salida de nuestro país de población inmigrante que vino en la etapa de bonanza anterior y que ahora se ha visto forzada a regresar a su país ante la falta de expectativas laborales, y con el efecto desánimo de muchos potenciales trabajadores, que han pasado a la inactividad ante la persistencia de su situación de desempleo.

Por su parte, la calidad del empleo continúa siendo igualmente muy deteriorada. La caída de la tasa de temporalidad en este trimestre (siete décimas) es solamente un movimiento estacional (siempre cae en este período) que se revertirá con toda probabilidad en los dos próximos, elevándola de nuevo hasta nuevos máximos. De hecho, su nivel actual, 25,75% es el más elevado en un primer trimestre desde 2008.

Junto a ello, todos los análisis ponen en evidencia que los contratos indefinidos pierden continuamente su antigua estabilidad, acortándose su duración como consecuencia de la reducción de la protección frente al despido. La rotación y precariedad también se ha impuesto entre una buena parte de los contratos indefinidos.

En cuanto al análisis por tipo de jornada, el empleo a tiempo parcial, después de los fuertes crecimientos durante los años de crisis, ocupa a 1,7 millones de personas, sobre todo mujeres, que en realidad desean trabajar a tiempo completo (aproximadamente 6 de cada 10), debido a las bajísimas retribuciones, mayoritariamente por debajo del umbral de la pobreza, y a una desregulación que otorga al empresario la capacidad para modificar unilateralmente las jornadas y los horarios de trabajo, haciendo que el empleo sea inconciliable con la vida personal.

Y una parte de los trabajadores por cuenta propia son en realidad trabajadores por cuenta ajena, que sobreviven afrontando todos los costes sociales que les correspondería al empleador y con un consiguiente reconocimiento mermado de sus derechos laborales y de protección social (falsos autónomos).

Con relación al desempleo, y con independencia del repunte de este trimestre, se sigue reduciendo progresivamente, pero de manera insuficiente. La tasa de paro se sitúa en el 18,9%, y sobre todo, el número de desempleados de larga duración es muy elevado. Son 2,3 millones quienes llevan más de un año buscando empleo (el 54,4% del total de desempleados), y 1,7 millones los que llevan más de dos años (el 39,9% del total). Una población trabajadora que tienen enormes dificultades para encontrar un puesto de trabajo, porque en muchos casos no poseen las cualificaciones que demanda el mercado, cuyas actividades evolucionan a una tremenda velocidad. Esta población sin empleo es, sin duda, una parte de los grandes damnificados de la crisis.

Este desempleo estructural y la bajísima calidad del empleo creado tienen graves implicaciones sobre la calidad de vida de las familias, y son responsables en gran medida del aumento de las situaciones de pobreza y exclusión social desde 2008.

La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2016, publicada hace unos días por el INE, muestra algunos resultados impactantes en este sentido. El 14,1% de los ocupados están en riego de pobreza. Una tasa que se ha reducido algo en el último año como consecuencia del crecimiento de la actividad, pero que está 2,4 puntos por encima del nivel existente en 2013. Este resultado pone de relieve que la tasa de pobreza de las personas con empleo ha aumentado no cuando comenzó la Gran Recesión, en 2008, ni en sus primeros años, en los que el empleó se destruyó de manera más intensa. Ha sido a partir de 2013 (2012, en realidad, puesto que los datos de cada año de la ECV hacen referencia a los ingresos de las familias y las personas de un año antes), a partir de la entrada en vigor de la reforma laboral de febrero de 2012, que ha supuesto el aumento de la precariedad laboral hasta niveles desconocidos con anterioridad.

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida. INE

También resulta muy preocupante el aumento de la tasa de pobreza de las personas en situación de desempleo, que no ha dejado de crecer desde 2009, y afecta ya a casi la mitad de las mismas (48,5%), como consecuencia del aumento del paro de larga duración, que implica el final de las prestaciones por desempleo, y de los recortes en las mismas (condiciones de acceso y cálculo de las cuantías), que se aprecia en el aumento en el año 2014 de los datos de la ECV en 5,2 puntos porcentuales

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida. INE

Conclusiones

En suma, las tendencias de fondo de la calidad del empleo se mantienen y, dado que se trata de la otra inseparable cara de los aspectos cuantitativos, es necesario concluir que los problemas no caminan en la dirección de solucionarse, sino lo contrario.

El mercado de trabajo produce pobreza y desigualdad, y es de hecho el principal factor de crecimiento de las mismas en este momento. A la pobreza laboral creciente se le suma la inestabilidad, la rotación, las malas condiciones laborales, la desprotección. Se trata de una situación que tampoco es sostenible en el tiempo para las empresas, porque afecta negativamente a la productividad y a la motivación laboral.

Nada se hace para cambiar esta situación. Y a falta de reformas adecuadas, el crecimiento del empleo y la superación del desempleo se convierten en una nueva fuente de problemas vitales para las personas.

Los datos de la EPA confirman, en definitiva, las tendencias que mantiene desde hace tiempo el empleo tanto en sus aspectos cuantitativos como cualitativos. No existen cambios reseñables en las tendencias ni en las intensidades.

El crecimiento del empleo se ha estabilizado en tasas algo inferiores a las del ejercicio 2015. La población activa continúa descendiendo, aunque de forma menos intensa. El desempleo se reduce, aunque muy lentamente el de larga y muy larga duración, que son los más graves y mayoritarios.

La calidad del empleo continúa empeorando en línea con la creación de empleo, dado que la estrategia de política económica seguida para intensificar la elasticidad del empleo respecto al PIB se basa en reformas laborales que degradan la calidad del empleo y mantienen salarios muy bajos. Es la estrategia que defienden tanto la Comisión Europea como el actual gobierno español. Aumento de la pobreza y creación de empleo van, así, paradójicamente, de la mano. La productividad y el valor añadido del nuevo empleo son muy bajos y llevan aparejada una distribución primaria de la renta cada vez más desigual.

Existen otras estrategias que concilian creación de empleo y calidad del mismo, pero para acometerlas –como plantea EFC- se necesita un cambio de política económica que conlleve una reforma laboral a favor y no en contra del empleo de calidad.

 

 

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