EPA: Un mercado laboral inestable y precario

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Análisis de la EPA 4º TRIMESTRE 2016

Menos paro, pero también menos empleo en el trimestre

Un mercado laboral inestable y precario

Los datos de la EPA del cuarto trimestre del año muestran un empobrecimiento de los resultados de creación de empleo de la economía española, y el mantenimiento de dos de las tendencias que caracterizan esta nueva fase de expansión iniciada en 2014 en materia de empleo: el aumento de la precariedad laboral y la reducción del número de activos.

Aunque no hay que perder de vista el impacto estacional del trimestre, las cifras trimestrales no son buenas. El empleo cae en 19.400 personas, cuando en los dos años anteriores había aumentado en este trimestre (en 65.100 personas en 2014 y en 45.500 en 2016). Se corrige así en parte el importante incremento que había experimentado en el trimestre anterior (+226.500). Por su parte, se reduce el desempleo en 83.000 personas, este si un buen resultado en un cuarto trimestre (el segundo mejor de la serie histórica). Pero, como se ha visto, esta disminución del paro no se ha debido al aumento del empleo (que ha caído), sino a la reducción del número de personas activas (-102.400).

Con ello, los activos (quienes están disponibles para trabajar, ocupados o desempleados) se han reducido en 694.400 personas desde el cuarto trimestre de 2012, un 5,2%. Paralelamente, la población en edad de trabajar ha caído desde entonces bastante menos, en 198.200 personas (un 0,5%).

En cuanto lo sucedido en el empleo según el tipo de contrato, ha aumentado el indefinido en 60.200 personas, y se ha reducido el temporal en 79.400, algo habitual en los cuartos trimestres. La tasa de temporalidad se sitúa así en el 26,5%, que aunque es medio punto porcentual inferior a la del trimestre anterior, es la más elevada desde 2008 (con excepción, claro está, del mencionado trimestre anterior).

 

Por tipo de jornada, se ha reducido el empleo a tiempo completo en 155.300 personas, y ha aumentado el de tiempo parcial en 135.900, algo que también sucede siempre en los cuartos trimestres.

Pero más allá de los vaivenes habituales por cuestiones estacionales, lo cierto es que las cifras de la EPA del cuarto trimestre del año, y las del conjunto del mismo, no muestran signos de cambio notables en las características esenciales de la evolución del mercado laboral español desde 2014, cuando entramos en una nueva fase de crecimiento de la economía: se crea empleo, pero es de muy baja calidad, muy precario, y como tal, inestable y poco productivo.

Porque, aunque en el trimestre se ha destruido empleo, en términos anuales este crece a un ritmo del 2,3%, tres décimas inferior al del trimestre anterior y siete  respecto de hace un año, pero aún destacable, y coherente con la desaceleración de la actividad que apuntan todas las estimaciones.

Y el desempleo ha caído en el último año un 11,3%, situando la cifra total en 4.237.800 personas. Es, sin duda, un nivel muy elevado aún, pero son 541.700 personas menos que hace un año, y 1,7 millones que en el cuarto trimestre de 2012. La tasa de paro se sitúa en el 18,6%, tres décimas menos que en el trimestre anterior y la más baja desde hace siete años.

Pero uno de los mayores problemas es que el paro de larga duración sigue siendo demasiado elevado. Quienes buscan empleo desde hace más de un año se han reducido en 54.400 en el trimestre y en 453.300 en el último año, pero aún son 2.392.000 personas, el 56,4% del desempleo total. Y los que llevan más de dos años en esa situación son 1.758.200, el 41,5%.

Se trata de un paro estructural de muy difícil inserción, la mayoría de los cuales no percibe prestación alguna, y que en muchos casos se encuentra en situación no solo de exclusión laboral, sino social. Atendiendo al número de beneficiarios de prestaciones por desempleo que ofrece la estadística de los Servicios Públicos de Empleo, solo el 46% de los desempleados estimados por la EPA reciben algún tipo de renta sustitutoria.

La Encuesta de Calidad de Vida de 2015 (última disponible) con datos homologados internacionalmente, recoge que el 61% de los desempleados se encontraban en ese año en riesgo de pobreza o exclusión social, 20 puntos porcentuales más que en 2009.

Hay que tener en cuenta que el número de hogares con todos sus miembros en situación de desempleo, aunque viene reduciéndose conforme lo hace el desempleo total (en el tercer trimestre ha caído en 50.500 hogares), aún es de 1.387.700.

Es decir, que una vez más, las estadísticas reflejan que el crecimiento económico en España crea empleo y reduce el paro de manera intensa. Pero también que tenemos dos problemas básicos.

De un lado, como se ha demostrado en etapas anteriores, que este empleo generado es de muy baja calidad. Y no se trata solo de que estemos reproduciendo los errores y vicios de anteriores etapas expansivas, en las que siempre se ha priorizado el empleo de carácter temporal frente al indefinido, sino que ahora –sobre todo tras la reforma laboral de 2012- la precariedad en el empleo se ha extendido y diversificado, afectando también a la propia contratación teóricamente indefinida.

El resultado es un mercado laboral de los más inestables de los países desarrollados, como vienen advirtiendo la mayoría de organismos internacionales. Un mercado de trabajo que apuesta por un modelo de competitividad basado en los bajos costes laborales que tiene muy corto recorrido, que nos especializa en unas tareas productivas incapaces de generar de manera agregada un nivel de riqueza adecuado, y que produce un aumento insostenible de las desigualdades y de las situaciones de exclusión laboral y social. Empleo precario como estrategia predeterminada de crecimiento.

De otro lado, el segundo gran problema es nuestro elevadísimo nivel de paro de larga duración, que se apenas se reduce. Esto, unido a la escasa cobertura de las prestaciones por desempleo, está en la base del tremendo aumento de las situaciones de riesgo de pobreza y de exclusión social de nuestro país, y también de las desigualdades, junto a la intensa devaluación salarial sufrida desde 2009. Sin un plan de choque específico dirigido a este grueso de desempleados más desfavorecidos será muy difícil lograr su reinserción laboral y, en consecuencia, sacarles de la situación de exclusión y pobreza que están sufriendo.

En consecuencia, EFC reclama reorientar nuestra política económica hacia la consecución de un crecimiento más equilibrado y sostenible, que priorice actividades generadoras de más valor añadido y con salarios dignos, y que contribuyan a generar empleo de calidad, estable y más productivo. Asimismo, es preciso modificar la normativa laboral para hacer del empleo indefinido la norma, y no la excepción como sucede en la actualidad, lo que pasa por recuperar el principio de causalidad en la contratación como guía directriz básica (contrato indefinido para puestos permanentes, contrato temporal para actividades con fecha cierta de término). Y por último, hay que modificar las políticas activas de empleo para hacerlas más eficaces, planteando de entrada un ambicioso plan de choque, basado en las mejores prácticas de otros países, para recolocar a los desempleados de larga duración a la vez que se les otorga una adecuada protección económica hasta que eso suceda.

 

 

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