La Europa que los trabajadores de Grecia y Alemania necesitan

Ramón Gorriz Secretario de Acción Sindical de CCOO

Bruno Estrada, adjunto al Secretario General de CCOO y miembro de Economistas Frente a la Crisis 

El NO de los griegos en el referéndum ha puesto de manifiesto que la UE no solo debe modificar sustancialmente sus políticas sino que además no tiene la arquitectura necesaria y, por tanto, las herramientas para hacer frente una crisis como la de 2007 que afectó de forma asimétrica a los diferentes países. La UE tiene defectos estructurales que debe corregir.

Un área monetaria común, como sucede en la zona euro, sin libre circulación real de trabajadores (hay problemas idiomáticos, culturales, de acceso a prestaciones sanitarias y asistenciales, de disponibilidad de vivienda y de otro tipo que hacen que la movilidad laboral real entre unos países europeos y otros sea una entelequia para la mayor parte de los trabajadores) y sin mecanismos redistributivos a escala global, (hay que recordar que el presupuesto comunitario apenas representa un raquítico 1% del PIB de la UE, mientras el del gobierno Federal de EEUU supera el 20% del PIB) funcionará mal ante crisis asimétricas. Ante crisis que afecten en diferente magnitud a los países que conforman dicha área monetaria.

Si hay una moneda única tiene que existir una política económica, fiscal y presupuestaria común, una Hacienda Pública Europea, la mutualización de la deuda pública, y un Banco Central digno de tal nombre. Eso es que está intentando impulsar el gobierno de Tsipras, con escasa ayuda por parte de los gobiernos socialdemócratas de otros países europeos. No se trata de que los alemanes o los finlandeses sean caritativos con los griegos o con los portugueses se trata de que, de igual forma que sucedió en EEUU con las inversiones federales en el Estado de Florida en la crisis de las subprime, el gobierno central europeo disponga de instrumentos y recursos para ayudar a quienes más lo necesitan en una situación de crisis.

La inteligencia que está mostrando el gobierno griego en estas negociaciones parte del análisis que han realizado sobre la crisis reconocidos economistas de su gobierno, como Varoufakis (o el más desconocido Euclides Tsakalotos): Las frustradas políticas progresistas desarrolladas a escala nacional por Harold Wilson en el Reino Unido en 1974, por François Mitterand en Francia en 1981, o por Andreas Papandreu en Grecia en 1985, pusieron de manifiesto que la necesaria recuperación de la soberanía democrática sobre decisiones clave de política económica de los estados-nación no pasa por rescatar competencias nacionales, por una vuelta atrás en el proceso de construcción europeo, sino por una profundización del mismo.

Frente a los grandes bloques económicos y políticos que son EEUU y China, Europa aparece en el escenario internacional como un conjunto de países unidos geográficamente, entrelazados económicamente por reglas e instituciones débiles e imperfectas que no son capaces de mejorar de forma conjunta el bienestar de sus ciudadanos, y dispersos políticamente. Europa es, hoy en día, un proyecto de unión política, pero no es una unión política, y mucho menos en cuestiones claves relativas a la política económica.

Hay una insuficiente capacidad de actuación de las instituciones europeas, pero sobre todo hay falta de instituciones europeas para el gobierno de la economía. Para lograr que en la zona euro la estabilidad macroeconómica sea un bien público, es imprescindible la consolidación de instituciones europeas democráticas que gobiernen la economía. Hay, al menos siete elementos básicos:

  1. Un Presupuesto Comunitario para la recuperación de la economía y el empleo. Que en la actual situación el Presupuesto Comunitario no represente mucho más del 1% del PIB de la UE, y que en torno al 40% del mismo se destine a la Política Agraria Común, parecería un chiste, si no fuera por los devastadores efectos que ha tenido la inexistencia de instrumentos de ámbito comunitario para enfrentarse a crisis asimétricas, en términos de destrucción de empleo y de generación de pobreza. El Presupuesto del Gobierno Federal de EEUU, ya se ha dicho, representa más del 20% del PIB de EEUU.

Un Presupuesto Comunitario, que ya en los años ochenta se discutía que debía suponer al menos el 5% del PIB europeo, y que debería tener como objetivo prioritario impulsar una política fiscal expansiva desde el ámbito europeo con capacidad para financiar programas de inversiones contracíclicos, como él que ha propuesto la Confederación Europea de Sindicatos (CES): “Un nuevo rumbo para Europa”. El objetivo final debería ser crear una Hacienda Pública Europe

  1. Otro Banco Central Europeo. El comportamiento radicalmente diferente entre el Banco Central de EEUU (Reserva Federal) y el de la UE (BCE) tras la crisis financiera de 2007, en relación con las imprescindibles políticas de expansión monetaria y fiscal, que el BCE terminó aprobando siete años después de la FED estadounidense, eige una profunda reforma institucional del BCE.

El Banco Central Europeo debe estar al servicio de los objetivos señalados por las instituciones europeas. La independencia no deja de ser un eufemismo para referirse a que sus decisiones no están sometidas al control democrático del Parlamento Europeo. Entre sus objetivos, junto con el control de la inflación, debe incluirse la creación de empleo, tal como sucede en la Reserva Federal estadounidense. La creación de dinero público y la supervisión del sistema financiero europeo son bienes económicos demasiado importantes para dejarlos en manos de tecnócratas altamente ideologizados, como se ha visto en los pésimos resultados que ha tenido la gestión de la política monetaria en la zona euro en comparación con EEUU en términos de creación de empleo.

  1. Una política de rentas coordinada y orientada al crecimiento de los salarios, facilitaría la creación de empleo en toda la zona euro y la absorción de los actuales niveles de deuda, como señaló J. M. Keynes hace más de 75 años. En este sentido es necesaria la aprobación de un Salario Mínimo Europeo.
  2. Avanzar en la Armonización Fiscal a escala europea es necesario para mantener el Estado del Bienestar. La competencia fiscal entre los estados en la zona euro ha sido incluso criticada por reputados economistas neoclásicos de la corriente ordoliberal, como Hans-Werner Sinn. Las razones están en que la competencia fiscal da lugar a claros ganadores y perdedores. Los ganadores son los propietarios del capital y los trabajadores súper-cualificados. Los perdedores son la mayor parte de los trabajadores, que no se pueden mover a la misma velocidad que el capital, los pequeños propietarios de la tierra y, por supuesto, los pobres. Este reputado economista alemán, actualmente Presidente del Instituto IFO para la investigación económica, uno de los principales “think-thanks” económicos de Alemania, propone: “Con una armonización planificada colectivamente, en lugar de una forzada por la competencia entre sistemas fiscales, Europa no tendrá que renunciar a sus logros sociales y no tendría que sufrir distorsiones de origen fiscal como las descritas.”
  3. Un plan de reestructuración a escala europea de las deudas públicas nacionales. Los posibles mecanismos de reestructuración de la deuda pública (quita, aplazamiento y mutualización) deben partir de la consideración de que, junto a una reducción del pago de los intereses de la deuda, con el fin de que no se obstaculice la recuperación económica, no debe producirse una pérdida de calificación para futuras emisiones de deuda pública. En este marco podrían contemplarse, entre otras, las siguientes medidas: 1) una mutualización europea de las deudas públicas nacionales que, mediante la emisión de eurobonos por parte del BCE, en el futuro pudiera llegar a alcanzar el 60% del PIB; 2) la emisión de deuda perpetua (que no obliga a la devolución del principal); y 3) la vinculación de parte del pago de la deuda a la evolución del PIB del país.
  4. Una Unión Bancaria, que puede ser un instrumento útil para implementar un estricto control del sistema financiero, así como para revertir la renacionalización de los mercados bancarios que se ha producido tras la crisis del euro, y que ha afectado en mayor medida a los países que han tenido problemas de financiación exterior. El actual desarrollo normativo de la Unión Bancaria, debido sobre todo a la influencia del gobierno alemán, no garantiza que se cumplan las expectativas que se habían depositado en este instrumento.
  5. Creación de una Agencia Europea de rating. Es imprescindible, además de avanzar en la regulación pública europea de las empresas de rating, crear una Agencia Europea de calificación con participación pública, como ha propuesto Francia. Ello reduciría las posibilidades de que las empresas de rating continúen engañando a los inversores privados y públicos, poniendo en peligro el equilibrio macroeconómico global. Como hizo China hace veinte años, cuando creó su primera empresa de rating, Dagong, con el objetivo de tener un sistema de calificación menos influido por condicionantes ideológicos neoliberales de revalorización cortoplacista de las acciones como exclusiva forma de medir los resultados empresariales. Según el Presidente de Dagong: “El actual sistema de calificación utilizado por las tres grandes empresas estadounidenses de rating tuvo la culpa de la crisis global, ya que no proporciona información correcta sobre la calificación crediticia de las empresas”

Hoy, más que nunca, es necesaria una decidida apuesta por la construcción política y democrática de la UE, ese es el camino que han indicado los griegos en el referéndum, lo que exige de forma inmediata la reestructuración de la deuda y el fin de las políticas de austeridad.

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Este artículo fue publicado el 7 de Julio en Publico.es. Se reproduce en la WEB de EFC con autorización de los autores

One Comment

  1. Sólo hay que observar el vergonzante espectáculo de extorsión desarrollado por todos los grandes centros del poder mundial: FMI, BCE, UE, gobiernos europeos, mercados financieros, analistas, creadores de opinión y medios de comunicación de medio mundo para evitar que Grecia, la cuna de la democracia y un insignificante país periférico (pero que podría mostrar el camino a otros muchos), pueda elegir en libertad si continúa aceptando sumisa y humilladamente los brutales y criminales recortes impuestos por el todopoderoso neoliberalismo rampante, en beneficio único del gran capital transnacional, o si por el contrario toma las riendas de su destino, para concluir que en la actual situación de globalización económica la democracia como tal es una simple cáscara vacía e inerte. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2015/07/reflexion-sobre-la-deuda-griega.html

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