La eurozona necesita un fresh start.

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 José Moises Martín Carretero, economista y autor de “España 2030”, es miembro de Economistas Frente a la Crisis

Algo no va bien en la gobernanza económica europea. La recuperación iniciada en 2013, tras los años más intensos de la crisis económica, muestran unos niveles de crecimiento económico raquíticos, con un promedio entre 2013 y 2017 de 1,13% de crecimiento real, por debajo del crecimiento medio anual de los últimos 20 años. La deuda pública total del continente, que alcanzó su máximo histórico en 2014, sigue manteniéndose inusualmente alta y el desempleo, que en el momento más álgido de la crisis económica, en 2009, era equivalente al desempleo en Estados Unidos, es hoy alrededor del doble del norteamericano.

Algo no va bien: pese a la puesta en marcha de mecanismos innovadores como el Semestre Europeo, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, la firma apresurada del Pacto Fiscal y de la normativa contemplada en el Six Pack y el Two Pack, los resultados económicos obtenidos en la eurozona no deben considerarse sino como mediocres. Sí, se ha evitado el desastre de una ruptura del euro, que hace apenas unos años parecía un peligro real, pero el recorrido ha dejado, desde 2008, seis millones más de personas en riesgo de pobreza y exclusión social en el conjunto de la eurozona. Mirando al largo plazo, la avalancha de la crisis ha prácticamente enterrado la estrategia Europa 2020, la estrategia de crecimiento inclusivo, sostenible e inteligente, que por no aparecer no aparece como referencia ni en los documentos del Plan de Inversiones puesto en marcha por la Comisión Juncker, convertido ahora en el buque insignia de la política europea de crecimiento. En materia de innovación, la Unión Europea sigue lejos de los líderes globales (Corea, Estados Unidos y Japón) mientras China se acerca por detrás.

Estos magros resultados señalan las deficiencias de fondo en el diseño de la política económica. Las medidas extraordinarias impulsadas desde el Banco Central Europeo a través de la compra masiva de bonos no están siendo suficientes para reactivar la economía europea, como el propio Mario Draghi no deja de repetir en sus intervenciones, y desde comienzos de este año tanto el Fondo Monetario Internacional como la OCDE vienen reclamando a aquellos países que tienen espacio fiscal medidas de estímulo de la demanda que permitan impulsar la producción y el empleo. La iniciativa del Plan de Inversiones para Europa está logrando tímidos resultados que indican la bondad del enfoque pero la insuficiencia de los medios, ya que su agua cae sobre un terreno todavía inundado de deuda, sin lograr impulsar la inversión necesaria para generar empleo y para renovar las bases productivas de un continente envejecido y con una productividad estancada.

Esta situación de crecimientos mediocres, productividad estancada, alto desempleo y una fuerte fractura social puede extenderse en el tiempo y convertirse en estructural si no se atajan con las deficiencias del modelo de gobierno económico europeo. Necesitamos que las finanzas públicas europeas actúen como elemento equilibrador en casos de shocks asimétricos, necesitamos que los países con espacio fiscal estimulen la demanda para tirar del crecimiento y elevar las tasas de inflación, hoy en niveles ridículos, que hacen que el peso de la deuda se incremente todavía más. Necesitamos espacio fiscal para incrementar los niveles de inversión en innovación. Necesitamos fuertes reformas en mercados clave como el digital o los servicios, que permitan a las empresas europeas más dinámicas ganar tamaño y mejorar su productividad. Necesitamos, en definitiva, un fresh start para la Eurozona.

Lograr esto requiere de un replanteamiento de lo que significa la Unión Económica y Monetaria. El establecimiento de reglas comunes para la gestión económica tiene sentido si esas reglas se interpretan para la totalidad de la eurozona, que es mucho más que la suma de sus partes. Pero esta interpretación conjunta de la política económica llevaría consigo un nivel de cesión de soberanía que a fecha de hoy los países centrales no están dispuestos a asumir (los países periféricos ya perdieron buena parte de su soberanía durante la crisis institucional de 2010), Escuchar a los políticos alemanes culpar al Banco Central Europeo del auge de los populistas de AFD es muestra de esta resistencia a comprometerse con un proyecto común. No es coincidencia que los partidos anti-establishment y populistas que surgen en Europa tengan diferente orientación política en el centro y en la periferia. En el centro, prima la desconfianza y el hastío. En el sur, prima el resentimiento y la decepción. Desconfianza, hastío, resentimiento y decepción, cuatro emociones que pueden hacer estallar a la Unión Europea si no ponemos remedio con rapidez y determinación. La inacción y el atrincheramiento en el discurso políticamente correcto de Bruselas y sus instituciones es, hoy, una práctica de riesgo para la democracia.

2 Comments

  1. El planteamiento no es nuevo, y no funciona.
    Lo que no se ve es que todo ha de salir del mismo lugar, y es como llenar un cubo de agua con el agua de otro cubo, y en le que estamos echando esta lleno de agujeros.
    Salvar al deudor incrementando artificialmente la inflación hace que pierda el acreedor.
    El estado no tiene toda la información, esta es aleatoria y cambiante, quien sabe que sectores serán los de futuro, nadie, y el estado estimulará unos con el dinero de todos y se volverá a equivocar inflando sectores maduros o despilfarrando sin mas para estimular la demanda, que sale de quien si satisface las necesidades de la sociedad libre perdiendo con esa sangría el estimulo bueno el que va bien encaminado porque el que arriesga no tiene toda la información, pero tiene la necesaria.

  2. Bueno ahora no nos pasemos de frenado por el otro lado. Obviamente el mal llamado neokeynesianismo no es la solución universal. Puede funcionar en determinadas circunstancias y no, en otras. Con países ultraendeudados como España, seguir gastando esperando que se reactive el consumo interno y lo solucione todo no parece una idea genial. Especialmente cuando, sin un Estado endeudado pero con los otros agentes económicos ultraendeudados(Bancos, Empresas, Familias), es justo lo que se hizo en época burbujil y acabó como acabó.

    Ahora, tampoco vendamos la burra de los mercados como solución a todo, pq ni los mercados se autoregulan siempre, ni todos los mercados tienen tendencia a la competencia perfecta(Muchos tienden al Oligopolio, que es cualquier cosa menos mercados eficientes), ni siempre son activos en los sectores económicos punteros(Especialmente en un país como España dondel la colaboración Universidad-Empresas deja muchísimo que desear).

    El problema es que un mundo complejo implica análisis complejos no buscar soluciones simples y universales, que normalmente no existen.

    Es lo que ha hecho Trump y le han votado. Si. Pero es lo mismo muy buena parte del progresismo en Europa, agarrarse a 4 mantras para vender esperanza a los incautos.

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