Manifiesto de Economistas Frente a la Crisis: La hora de la política

La sociedad necesita nuevos consensos para impulsar un proyecto  para España

La tesis que ha marcado la contribución de Economistas Frente a la Crisis (EFC) al análisis de la crisis estaba contenido en la expresión  “No es economía, es ideología”, titulo de cabecera del libro publicado en 2012 y emblema de nuestro manifiesto fundacional (diciembre de 2011) ambos con una crítica contundente a las políticas de austeridad.

Aunque en su momento esas posiciones nos situaban a contracorriente de las ideas dominantes, hoy son pocos los que continúan defendiendo políticas de consolidación fiscal con los ritmos y las exigencias que entonces se planteaban. La relajación discrecional de los ajustes fiscales desde el Consejo Europeo  y la expansión monetaria desde el BCE ha permitido algunos atisbos de crecimiento que están siendo abortados por las limitaciones e inconsistencia de los nuevos impulsos, sin duda porque permanecen vivas y dominantes las ideologías sobre las que se han asentado las políticas de austeridad. Es, sobre todo, el caso de Alemania que debe de ampliar sus perspectivas y aceptar que la recuperación de la demanda interna es hoy un objetivo relevante. Y también la falta de firmeza de los grandes países del sur, Francia incluida, que se allanan a los intereses de los ganadores en esta crisis.

Quizás por ello, “seguimos en plena crisis” entendida, no solo como un periodo con profundos desequilibrios sociales, representados simultáneamente por un impresionante aumento de la desigualdad y un insoportable desempleo de recursos, sino también como un tiempo en el que la desorientación y el desconcierto social y político sigue siendo la norma.

El pasado se nos muestra presente no solo por el ingente peso de la deuda financiera sino también por el incesante goteo de la corrupción, rasgos típicos de un modelo económico de raiz inmobiliario-especulativa que es, en esencia, una gran maquinaria que solo prospera desde su capacidad de compra de voluntades. El deterioro ético e institucional que estamos padeciendo en España (y también en Europa) justifica la indignación ciudadana que reclama una mirada más limpia de la democracia y políticos con voluntad para enfrentarse a las desigualdades acrecentadas en los últimos diez años. Simplemente tratan de evitar que se consoliden en “una nueva normalidad” ya inamovible o que los desequilibrios provocados por “las reformas estructurales” nos instalen definitivamente en una sociedad desestructurada, sin capacidad para generar nuevos consensos en torno a un “objetivo pais” ambicioso.

El sentido ideológico de la “nueva normalidad”

El contenido ideológico de las reformas emprendidas en España dibuja claramente el sentido de la nueva normalidad que se nos quiere imponer. El modo en que se quiere salir de la crisis predefine – quiere predefinir- el modelo económico y social de las próximas décadas en consonancia con el nuevo reparto de papeles asignado a los países del sur de Europa desde las instancias dominantes del poder. Nuestro rol parece ser el de competir con los países periféricos del este del continente en un modelo productivo basado en bajos salarios y precarias condiciones laborales que facilite una especialización productiva en bienes y servicios intermedios destinados a la exportación. Todo ello en medio de una Europa dual cuyo diseño no sólo la incapacita para enfrentarse a crisis asimétricas, sino que, en sí misma, empieza a ser fuente de asimetrías, desigualdad fiscal y divergencias competitivas. Justo lo contrario que aspiraba a ser.

Los vectores que perfilan la salida de la crisis incluyen, desde luego, una política de devaluación salarial llevada hasta el límite que, aunque se suela asociar a competitividad, es, sobre todo, una coartada que facilita una transferencia sistemática de renta desde el trabajo al capital, la vía elegida para solucionar el  necesario desapalancamiento financiero de las empresas.

El consiguiente descenso de la renta familiar se agrava y prolonga con ajustes fiscales regresivos y subidas de precios de los servicios básicos, singularmente energía, educación y sanidad, mientras se universaliza la precarización del trabajo para provocar contratos a tiempo parcial en condiciones de subsistencia e indefensión jurídica. El encogimiento del Estado y las privatizaciones de cualquier elemento considerado hasta ahora como “bien común” son parte de la misma receta que olvida que la degradación de estos servicios, desconocida en muchos años, son también un símbolo de perdida de eficiencia y productividad colectivas.  Se trata de un modelo ideologizado de salida de la crisis  que no solo potencia la progresiva dualización de la economía y de la sociedad exacerbando las desigualdades, sino que necesita presentar como “oportunidades” (de algunos) los que son derechos (de todos).

El modelo social predefine el modelo productivo

Si este dibujo marca claramente quienes son los ganadores y perdedores sociales, es obvio que perfila también una salida de la crisis en la que la demanda interna, en especial la de consumo de los hogares, puede resultar penalizada. Si la interminable devaluacion salarial incapacita para un crecimiento sostenible basado en la demanda, que es la variable cuantitativa y cualitativa esencial, significa que la recuperación productiva no será una realidad consolidada en muchos años.

Es imprescindible recuperar, cuanto antes, altas cotas de inversión y ello requiere un apoyo sostenido de la inversión pública, ineludible para superar la infrautilización actual de la estructura productiva y modificar el modelo productivo, dejando atrás el actual que sabemos causante de los graves déficits de financiación que hemos padecido, muy vulnerable a shocks asimétricos externos y demandante de empleo poco productivo, inestable y de baja calidad. La competitividad exterior no puede basarse en la reducción de CLU (costes laborales unitarios). “Nuestro atractivo”, no puede ser,  como tantas veces en nuestra historia reciente, una fuerza de trabajo precarizada, barata y sin derechos, con una negociación colectiva que se desea estigmatizar como indeseada, para colocarla bajo mínimos, en contra de los rasgos que asume en Alemania y otros países centrales europeos.

En ese contexto, ni Europa ni desde luego España tienen asegurada a corto plazo una salida de la crisis. Es más, si los repuntes son posibles, las recaídas lo son también. En la medida que las cotizaciones sociales se derrumban por las mermadas retribuciones de los nuevos contratos, la crisis fiscal de la Seguridad Social acentúa los déficits financieros del Estado, con cada vez más actividades sumergidas en la economía informal. Las anunciadas bajadas de impuestos, en contra de los consensos asumidos en los informes internacionales que señalan al gasto público como la variable determinante en el multiplicador de actividad, se muestran como una opción ideológica y electoralista que, a duras penas, intenta disimular su vocación para favorecer a las rentas más altas, opción que la sociedad pagará, si no lo evitamos,  con nuevos recortes en desempleo, servicios públicos y pensiones.

Las fuerzas de la reactivación, el estancamiento y la recesión chocan sin que ninguna se imponga definitivamente. La atonía económica empuja a la deflación y agrava la carga de la deuda y la situación de un sistema financiero que, con una tasa de morosidad del 13%, sigue lastrando el crecimiento de la economía española. Las medidas adoptadas por el BCE en su reunión de junio pasado, sin estar acompañadas por politicas fiscales expansivas, siguen sin conseguir que las cuentas de resultados bancarias abandonen su dependencia del carry trade y del cobro de crecientes comisiones y empiecen a depender del volumen de operaciones. Las PYMES siguen penalizadas en el acceso al escaso crédito disponible y sufren especialmente la inexistencia de otros canales de financiación y la excesiva bancarización del sistema financiero europeo.

En una coyuntura tan difícil como la actual, es imprescindible trabajar por los más amplios consensos para precisar las prioridades en fiscalidad, empleo, finanzas, industria. No es momento de resaltar las diferencias de las múltiples agendas posibles sino de trabajar por las que convierten en posible lo necesario.

La hora de la política

El futuro económico descansa, más que nunca, en la voluntad política de las mayorías y en nuevos impulsos reformistas de diferente intensidad y calado que afronte decididamente la lacra de la corrupción antes de que ésta acabe con la democracia. Ese cambio resultaría favorecido si se reforma el sistema electoral y la democracia avanza en el interior de los partidos y en la elección de sus lideres y representantes en las instituciones.

Los viejos consensos deben ser sustituidos por otros nuevos que deben intentar paralizar, compensar y revertir, en la medida que las fuerzas parlamentarias lo permitan, los ajustes sociales que han caracterizado a la lógica actual.

El debate no consiste en si la sociedad necesita, o no, un gobierno de amplias mayorías sino en cuál es el sentido de los programas, en la dirección y el equilibrio de los consensos que los soportan. Si la ingobernabilidad es un riesgo, la gobernanza hacia atrás, la que impida o dificulte los impulsos regeneracionistas, lo es en mayor medida. Los nuevos consensos no pueden ser los que legitiman una situación heredada sino aquellos capaces de construir una causa común que evite que, una vez más, la política económica acabe siendo condicionada o desde la impotencia o por los intereses de los poderes fácticos económicos.

Los próximos calendarios electorales son decisivos para configurar una nueva carta social y un nuevo compromiso de derechos y obligaciones que permitan recuperar la dignidad social y el sentido de lo común y de lo público, que es tanto como decir el modelo de convivencia de las próximas décadas.

Estamos necesariamente convocados a una tarea que marcará el futuro de España y de nuestros descendientes. Una tarea que exige trabajar sin sectarismos, junto a otros colectivos de profesionales de la sociedad civil con capacidad para generar pensamiento, junto a viejos y nuevos partidos y nuevas y viejas fuerzas sociales y a cualquier estamento social interesado en la política con mayúsculas

Jerarquizar el diagnóstico y proponer objetivos factibles

En esta dificilísima coyuntura, la tarea de EFC es contribuir a elaborar una jerarquía en el diagnóstico y ofrecer propuestas solventes que coloquen el empleo como primer objetivo revirtiendo los desequilibrios que ha creado la respuesta política a la crisis económica y, al tiempo, prevengan ante soluciones basadas en el retorno a alegrías ficticias con base especulativa, claramente insostenibles.

Hay que combatir cualquier tendencia a perpetuar las malas prácticas empresariales y su traslación al ámbito de la política económica, mientras se apuesta decidida y prioritariamente por la recuperación de actividades de base industrial impulsando la innovación tecnológica y la investigación aplicada. Relanzar la inversión pública en proyectos creadores de ventajas competitivas,  conseguir que su impulso quede al margen de las políticas de ajuste en gasto corriente como recomienda la lógica económica, mantener el control de entidades financieras nacionalizadas para potenciar una red pública bancaria más potente que el ICO actual –que, en cualquier caso, deberá ser redimensionado- y  garantizar la competencia de los mercados mediante organismos reguladores profesionales, independientes y autónomos .

Para contribuir a la búsqueda de soluciones, nos comprometemos a avanzar propuestas concretas en los diferentes espacios de la economía como ya hicimos con nuestro trabajo “Cambiar la política económica europea para recuperar Europa” elaborado en abril de 2014.  De forma escalonada, haremos públicos otros similares sobre los retos y políticas públicas que requiere la reindustrialización de España, sobre los cambios imprescindibles en el mercado laboral o sobre las reformas urgentes en materia de energía, fiscalidad y sistema financiero.

Confiamos en que sean de utilidad a unos y otros.  Pues, entre todos, estamos obligados a realizar un esfuerzo de síntesis democrática que permita a España salir de esta crisis en las mejores condiciones.

Economistas Frente a la Crisis

[1]El Estado de Bienestar es la propuesta de Europa para el mundo. 16 de diciembre de 2011

7 Comments

  1. Me parece impecable el análisis. La objeción más importante que hago es que no creo que Alemania quiera cambiar nada dentro de la zona Euro. Por tanto les invito a pensar en cómo desmontar esta camisa de fuerza. El silogismo “ser Europeísta es progresista; la Unión Monetaria Europea es un avance europeísta; luego estar a favor de la UME es progresista” es radicalmente falso. Yo os invito a pensar en la necesidad de desmontar el Euro y unirnos a países como Suecia y Dinamarca que prefieren defender su modelo social a integrarse en el proyecto neoliberal llamado “Euro”.

  2. Muy oportuno y sintético,
    Pero creo ser hora de afrontar el gran reto de llamar a la acción conjunta en Europa. No habrá cambio por naciones, y la primera respuesta PSOE a los resultados griegos se han hecho desde la competencia, no desde la colaboración ¡Mal augurio! y ¡Peor comienzo!
    Con visión caduca no se puede afrontar los retos nuevos.
    EFC debiera iniciar un debate sobre lo que implican las nuevas realidades: cesión inevitable de soberanía; globalización; políticas sociales en un contesto de globalización.

  3. Es un análisis teórico muy interesante y acertado, pero le falta concreción, más concreción. Yo creo que le falta lo que a Economistas frente a la crisis, bajar a la arena política para divulgar su diagnóstico y sus análisis a amplias capas de la sociedad: No hay otro modo de cambiar la realidad.

    • Felipe,
      Gracias por tu comentario. A lo largo de este trimestre tenemos prevista la publicación de 3 documentos de trabajo con propuestas específicas en tres áreas que consideramos de fundamental importancia: i) Mercado de trabajo, ii) Política industrial y iii) Política energética.

      Cada documento, que efectivamente tienen un componente técnico no despreciable, irá segudo de presentaciones que nos darán la oportunidad de discutir con la gente que venga. También aprovecharemos este canal y las redes sociales para intercambiar opiniones de las que, seguro, saldrán buenas ideas que nos ayudarán a mejorar los documentos.
      Gracias de nuevo por tu interés.

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