Menos mal que nos queda Portugal

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Por Bruno Estrada, Adjunto al SG de CCOO y miembro de Economistas Frente a la Crisis

 

Siniestro Total, la banda de punk-rock gallego de los años ochenta, fue clarividente: Portugal está mostrando que es posible una política económica progresista en Europa, incluso dentro de los estrechos límites presupuestarios impuestos por la Troika.

Desde 2007 hasta 2015, según Eurostat, Portugal ha reducido sus índices de desigualdad (pasando de un 36,8 en el índice de Gini en 2007 a un 34 en 2015), mientras que España los ha incrementado (pasando de un 31,9 en 2007 a un 34,6 en 2015). Han crecido repartiendo, al contrario que en España.

Es indudable que los resultados de la gestión de un gobierno de izquierdas que piensa en sus ciudadanos ha sido mejor que la un gobierno de derechas que lo ha hecho pensando en satisfacer los intereses de los acreedores, y de los latifundistas de capital españoles.

¿Cómo ha sido posible ese milagro?

Creo que hay varios factores estructurales y coyunturales que conviene evidenciar.

Tiene razón Jorge Costa, diputado del Bloco de Esquerda de Portugal, en una reciente entrevista en la cadena SER: “La democracia en Portugal la trajo la Revolución de los claveles de 1974”. Mientras que en España la democracia fue fruto de un proceso de conflicto-negociación entre las fuerzas progresistas y los herederos del Antiguo Régimen franquista. En España se conquistó la democracia en la calle pero se tuvo que negociar en los despachos.

No obstante también hay que conocer la diferente correlación de fuerzas entre los partidos políticos de izquierda de España y Portugal en la época reciente para explicar las diferencias de comportamiento político.

Cuando en mayo de 2010 la Comisión Europea presionó a España y Portugal con las medidas de recorte del gasto público la relación era muy dispar. En Portugal gobernaba el partido socialista con un 36,5% de los votos, la oposición de izquierdas estaba representada por el Bloco de Esquerda, que había alcanzado el 9,8% de los votos en las elecciones de 2009 y el Partido Comunista de Portugal el 7,9%. Una relación de 2 a 1 entre la socialdemocracia y el resto de la izquierda.

En España la correlación de fuerzas era mucho más desigual, el PSOE había sacado el 43% de los votos e Izquierda Unida no alcanzó el 4% en las elecciones de 2008. Es decir, una relación de 10 a 1.

El gobierno del PSOE tomó las medidas de ajuste fiscal y devaluación salarial impulsadas por la Comisión Europea sin apenas oposición de izquierdas en el Parlamento, lo que generó una fuerte desafección ciudadana, que cristalizó un año después en el 15-M.

Por el contrario en Portugal fue el rechazo de toda la oposición, de derechas e izquierdas, al cuarto plan de recortes de gasto público lo que determinó la dimisión del primer ministro luso.

¿Hay moraleja en esta historia?

En mi opinión resulta evidente que la inexistencia de un poder institucional fuerte en la izquierda no socialdemócrata fue lo que permitió que en España el PSOE pusiera en marcha una política económica, y un discurso político, ajeno a los intereses de sus representados, fundamentalmente los trabajadores. Por el contrario en Portugal el rechazo del Bloco y del PCP a las políticas “anti-natura” del partido socialista en parte le salvaron frente a su electorado. Le hicieron menos corresponsable del deterioro de las condiciones de vida, y de perdida de derechos, de millones de portugueses.

En las elecciones de 2015 el Partido Socialista portugués obtuvo el 32,3% de los votos, solo cuatro puntos menos que en 2009, mientras que en España el PSOE se desplomó hasta el 22%, 21 puntos menos que las elecciones de 2008.

La continuidad electoral de la izquierda portuguesa no socialdemócrata (el Bloco sacó en las elecciones de 2015 un 10,2% de los votos y el PCP un 8,2%) permitió que en 2015 tanto el líder del PCP como el del Bloco apostarán por un gobierno del partido Socialista, haciendo caer al breve gobierno de Pedro Passos Coelho de la derecha surgido tras las elecciones de 2015.

En el acuerdo entre el Bloco, el PCP y el Partido Socialista, se decidió que se revertirían las medidas de austeridad promovidas por el anterior gobierno de Socrates y se pactó una subida de los salarios y las pensiones que es lo que está detrás del “milagro portugués”: crecer repartiendo.

Una parte del Partido Socialista portugués, afortunadamente minoritaria, estaba a favor de llegar a acuerdos con la derecha. En España la situación fue muy diferente, como explicó el propio Pedro Sánchez en La Sexta, la parte del PSOE que prefería pactar con la derecha era mayoritaria entre los cargos intermedios que finalmente fueron quienes impusieron su criterio frente al conjunto de la militancia socialista.

La fuerte irrupción de Podemos en España es fruto, en primer lugar, de los garrafales errores de la vieja “dirigencia” socialista, heredera del felipismo, que le hicieron perder credibilidad frente a la mitad de su electorado. Y también, cómo no, de los aciertos políticos de la dirección de Podemos encabezada por Pablo Iglesias.

La reelección por las bases socialistas del secretario general defenestrado por el Comité Federal abre nuevas perspectivas que permiten vislumbrar que en un horizonte próximo haya un gobierno de izquierdas también en España. Ello pasa por una nueva relación entre Podemos y el PSOE que tiene que poner en cuestión el núcleo de las medidas tomadas aquel fatídico 12 de mayo de 2010 por el gobierno de Zapatero, relativas al recorte del gasto público y al profundo deterioro de la capacidad de los trabajadores de defender sus derechos, salarios y condiciones de trabajo. Tal como hicieron los portugueses tras las elecciones de 2015.

Por eso pensar hoy día en España en una moción de censura que acabe con el corrupto gobierno del Partido Popular ya no es una ilusión.

 

2 Comments

  1. Pero que milagro, por favor?

    Pero como pueden estar tan despistados?

    Han visto la evolución de población, deuda privada y pública, emigración, evolución de PIB, renta per capita desde que Portugal entró en el Euro?

  2. En 1964, estaba yo de paso por Lisboa visitando a unos amigos. Eran jóvenes emprendedores y acababan de fundar sendos bancos privados en conexión con empresas exportadoras. En el transcurso de una conversación, en la que comentábamos el auge económico de aquellos años, uno de ellos comentó que en Portugal se consideraba que mediaban unos 50 años de retraso con respecto a España, pero que esto les servía para ver en dónde se había equivocado España y a ellos eludir errores.

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