Debate público sobre las pensiones

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PENSIONES: ¿RECORTES O REDISTRIBUCIÓN?

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Círculo de Bellas Artes de Madrid

Sala Valle Inclán

Alcalá, 42, 28014 MADRID

12 de diciembre 2016 a las 19h

Intervienen

  • Juan Antonio Fernandez Cordón, demógrafo y economista: La demografía, pretexto para recortar las pensiones.
  • Borja Suárez, profesor titular de Derecho del Trabajo y de la S.S UAM: La reforma de 2013, amenaza para las pensiones futuras.
  • Santos Ruesga, catedrático de Economía Aplicada UAM: La situación actual, un déficit provocado por las políticas del PP.
  • Inmaculada Cebrián, profesora titular de Análisis Económico UAH: El sistema de pensiones discrimina a las mujeres.
  • Bruno Estrada, economista adjunto a la Secretaría General de CCOO: Garantizar una financiación sostenida y suficiente del sistema.
  • Antonio González, economista, es vicepresidente de Economistas Frente a la Crisis: Defender el sistema de pensiones.

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Participan en el debate

    • Manuel Escudero, presidente de “Economía Progresista”
    • Juan Zafra, periodista, co-Director de bez.es
    • Enrique Martín, adjunto al Secretario Confederal de Protección Social de CC.OO
    • Mari Carmen Barrera, Secretaria de Políticas Sociales, Empleo y S. Social de UGT

 

Entrada libre hasta completar aforo

 

3 Comments

  1. Efectivamente, la demografía sirve de mal pretexto para amenazar con recortar las pensiones. De acuerdo con las propias estimaciones del Gobierno, se preveen crear alrededor de medio millón de puestos de trabajo al año. Teniendo en cuenta que existe del orden de 4 millones de parados, se tardarían unos 8 años en absorverlos a todos. O sea hasta el año 2024. El problema no es la falta de personas para trabajar. El problema es que se creen esos puestos de trabajo cada año. Si se crean y se remuneran de forma adecuada, el problema de las pensiones está resuelto. Y después del año 2024 ( y suponiendo que para entonces se haya absorvido a toda la mano de obra disponible y que ahora emigra o no encuentra empleo), disponemos en las fronteras de Ceuta y Melilla a millones de personas queriendo trabajar. El problema no es la escasez de mano de obra, ahora o el futuro, si no si se crearan puestos de trabajo para ella, cosa es que es más que dudosa teniendo en cuenta el actual ritmo de robotización y automatización actual de la economía.

  2. A vueltas por las pensiones
    ¡Qué historia te habrán contado! Recuerdo la ironía del viejo zorro; un abuelillo con el que coincidí en el parque del Retiro en unas circunstancias que hoy no vienen al caso. Nuestra conversación acabó derivando en un hecho histórico y cuando terminé de exponerle mi punto de visto sobre el sucedido, sonrió beatíficamente y me dio a observar una cautela que tengo muy presente desde entonces: “ojo con las historias que te cuentan”. No he olvidado su mirada maligna. Por supuesto, él me contó su historia, que tampoco estaba mal del todo, aunque, efectivamente, muy distinta de mi versión.
    Desde hace años, el tema de la dudosa viabilidad del Sistema Público de Pensiones en nuestro país es una asignatura obligada que llena portadas y páginas de los periódicos y ahora también sirve para organizar debates y coloquios en radios y televisiones, además de conferencias y clases magistrales impartidas por expertos de reconocida solvencia sobre el particular. Y adelanto para que nadie se haga una idea equivocada, que “cuando el rio suena, agua lleva”. Problemas hay, soluciones supongo, y también niebla para aburrir.
    Recientemente una cadena de televisión invitó a un reconocido economista a disertar sobre las finanzas en el Sistema Público de Pensiones. Aún no había terminado su exposición cuando irrumpieron varios de los tertulianos habituales para acusarle poco menos de terrorista por contribuir a crear un clima de miedo en la población. El hombre no sabía por dónde salir. Le increpaban con virulencia como si fuera responsable del desequilibrio aritmético entre el debe y el haber que estaba denunciando. “¡Lo que hay que hacer es solucionarlo!” le exigían tertulianos y tertulianas con exagerada vehemencia. O, dicho de otro modo, le estaban diciendo que no importaba la enfermedad sino sanar. ¿Y quién no? “Pero si me invitan a hablar sobre cuestiones técnicas de mi competencia profesional no me pidan explicaciones sobre verdades de Pero Grullo”. Quizá esa hubiera sido la respuesta adecuada y no un gesto de estupefacción y un deseo irrefrenable de salir corriendo y no parar hasta no haber cruzado Los Urales. Y llegados a este punto se cuestiona uno si a la población le importa realmente saber algo del origen del desequilibrio financiero del sistema actual. Y a riesgo de perder el tiempo insistiré en el por qué está usted enfermo y ya se encargará el médico de curarle, si puede, claro.
    Mucha gente ignora que, hace algunos años, la Administración integró al Sistema Público de Pensiones a un conjunto considerable de Cajas de Pensiones Privadas ante la cierta amenaza de que no podrían dar respuesta a sus compromisos. El número de perceptores (pensionistas) no paraba de crecer y el de contribuyentes (trabajadores) disminuir y, además, con escasas posibilidades de crecer a la velocidad de crucero que garantizara la relación idónea entre activos y pasivos. Fue bonito mientras duró, se cerró el asunto para siempre jamás y se creó un inesperado antecedente al descubrir con asombro que si le cortas el alimento a un ser vivo, va y se muere.
    ¿Y cómo está hoy el patio en el Régimen Público? Con una gráfica animada de la pirámide demográfica, como visión general, deberían iniciarse todas las lecciones magistrales de los próceres de turno especializados en Pensiones a lo que habría que añadir, al final de la sesión, una serie de preguntas inocentes: ¿Está prevista la integración del Sistema Público de Pensiones en otro sistema si llegara a quebrar? ¿Estamos en disposición de hacer frente a las necesidades de una sociedad de ancianos? ¿Puede el sistema económico responder a las necesidades de una sociedad de bienestar como la nuestra? ¿Estamos protegiendo eficazmente la sociedad de bienestar que disfrutamos? ¿Hará falta un nuevo sistema económico? ¿Se observa en lontananza alguna intención de hacer girar al planeta en otra dirección? (Esta última pregunta es para ofrecer alguna esperanza y que no me acusen de terrorismo)
    Si la pirámide demográfica resulta alarmante es, sintetizándolo, porque es la primera vez en su historia que hay más viejos que niños. O, siendo más exacto: más gente cobrando pensiones que gente que no tiene edad para contribuir al Sistema; y demasiada gente con edad para contribuir pero que no puede porque no tiene de dónde. Esta es la visión general, la situación de partida para hablar de pensiones. Y una vez sentado que la que se nos viene encima no es moco de pavo, convendría aclarar algunos “raca-raca” como el del vaciado de la hucha de las pensiones, considerado hoy en día como el despropósito más grave tras el diluvio universal.
    Resulta increíble que la gente haya olvidado la utilidad de una hucha y mira que es fácil. Algo ha pasado con aquella idea tan nuestra y patriótica de las bondades del ahorro. Una hucha tiene un objetivo: se ahorra para conseguir algo o, como es el caso, por si fuera necesario por la llegada de las siempre inoportunas vacas flacas aunque se las vea venir, que esa es otra.
    Las aportaciones de empresas y trabajadores junto al rendimiento del propio patrimonio financiero del Sistema y las aportaciones del Estado deberían ser suficientes para pagar mes a mes las pensiones de los jubilados. Y por lo que parece, y es lo que habría que decir en voz alta, ha sido necesario utilizar la hucha exclusivamente para pagar las pagas extraordinarias durante los últimos años. Podemos deducir, entonces, que el Sistema ha funcionado hasta hoy para pagar pensiones 12 meses al año lo que es algo tranquilizador. Otra cosa es la tendencia sobre lo que poco o nada se dice, supongo que para que no te llamen agorero y te lleves un disgusto porque es en la tendencia donde se ve que cada mes, de manera legal e inmisericorde, se integra en la parte del “debe” más gente dispuesta a cobrar mientras que en el lado del “haber” la cosa está cada vez más triste: o les dan de baja, o los que entran a contribuir lo hacen de forma testimonial. Es decir: contribuir, contribuyen, pero ¡vaya forma de contribuir! No es culpa suya, Ya les gustaría ser más rumbosos a la hora de contribuir.
    Segundo raca-raca: el derecho a cobrar la pensión. Es un derecho, nada más y nada menos que se adquiere por cumplir una serie de requisitos. Lo que está en discusión es la cuantía y no hay más que darse un vistazo por Europa para comprobar su “volatilidad”. Quizá se habrán encontrado alguna vez con la decepcionante situación de que un magistrado te reconozca el derecho a cobrar algo y a continuación te aclare que no hay de donde. Y se hace duro tener que repetirle a alguien que lo que pagó en cotizaciones a lo largo de su vida sirvió para pagar pensiones a “desconocidos” o, lo que es peor, a conocidos. Y algo, dentro del mismo raca-raca que no quiero dejar pasar, es el aumento de las pensiones mínimas y la silenciosa queja del sabio pueblo soberano: “¿De qué me sirvió cotizar tanto, si al final voy a percibir lo mismo que el que cotizó bastante menos?”
    Tercer raca-raca: la intención oculta de promocionar los Sistemas de Pensiones Privados a partir de la tendenciosa estrategia de incentivar el ahorro.
    ¿Es necesario decirle a la gente que es bueno ahorrar? El que no puede no tiene dudas, pero ¿al que puede ahorrar hay que recomendarle que lo haga? Y claro, no hay nada mejor para orientar un comportamiento que pagar en moneda de curso legal: “Usted, como es un ciudadano responsable que ha entendido la necesidad de ahorrar, recibirá del sabio pueblo soberano el reconocimiento por su abnegación y le regalará una genuina desgravación fiscal en su declaración de la renta; y usted, como no puede ahorrar, debería ser más responsable e ir pensando en su vejez””. Y no hago ninguna acotación sobre los que alaban el acierto de reservar una parte de su patrimonio para el futuro y se lo juegan en la bolsa.
    Cuarto raca-raca: El fraude fiscal como solución para restallar el descalabro de la hucha. Que la gente pague lo que debe pagar ya viene de atrás: “al Cesar lo que es del César”, pero de esto a que acabando con el fraude fiscal la hucha se pone a rebasar como antaño y se acaban todo los males hay un largo trecho. Simple aritmética: cuánto hay que pagar y cuánto se recauda; y simple repaso de lo sucedido: estaba a rebasar y ya no lo está. Y habrá que volver a la teoría del la hucha: se llena con lo que te sobra. Y si no sobra nada, no hay hucha. Pero si se acaba el fraude fiscal mañana no voy a poner ninguna pega. Vamos, ni pasado mañana tampoco.
    ¿Y la solución? Eso son problemas técnicos. Yo sólo pretendía disipar la niebla para que se vieran las fisuras.
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  3. Por supuesto, la lucha contra el fraude y su posible erradicación acabaría con buena parte del problema. No se si con todo el problema, pero desde luego que ayudaría bastante. Y además sería de lo más justo y moral. Sobre todo en el fraude de las horas extras no pagadas ni cotizadas. Si en España se pagaran y cotizaran estas horas, buena parte del problema se arreglaría, y además también será justo y moral. Y ello a pesar de que casi todos conocemos casos de este tipo de fraude en nuestros propios allegados, pero no hacemos lo suficiente para arreglarlo. Claro que la demografía es un problema. Pero sobre todo es un problema en los paises ricos, por que envejecemos rapidamente. Una tendencia que además se va a incrementar. Pero eso no quiere decir que no exista población para reemplazarla. Los paises en vías de desarrollo disponen de más que suficiente para trabajar, pero necesitamos que existan esos puestos de trabajo. De nada nos sirve aportar inmigrantes, si luego no tienen un puesto de trabajo. Lo único que logramos es agravar el problema, por qué a esos inmigrantes (y a sus familias), habría que alimentarles, proporcionarles sanidad y a sus hijos, educación, pero no podrían trabajar, por que no habría donde hacerlo. Efectivamente hay mucha gente que quisiera contribuir, y no puede, por la misma razón: no hay trabajo, y el que hay está mal pagado. Y ¿así como vamos e solucionar el problema?. Tenemos gente gente queriendo trabajar y cotizar y no puede hacerlo. Por ahí hay que empezar, y cuando tengamos este problema resuelto (dentro de 8 años si es que lo logramos), entonces habrá que pensar en el problema demográfico, (hombre¡mejor empezar a pensarlo con tiempo), pero mano de obra, para desgracia de los paises pobres no nos va a faltar

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