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Cuentas claras, pensiones sostenibles

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Como el sueño de la razón, los debates sobre la sostenibilidad de las pensiones públicas a veces producen monstruos. Irrealidades en las que las pensiones son sostenibles si son privadas y se pagan con ahorro privado, pero no cuando son públicas y se pagan con recursos (ahorro) públicos. Pero, despertemos de las pesadillas artificialmente inducidas y repasemos los elementos básicos de la cuestión que hoy nos ocupa, que es la sostenibilidad futura de pensiones públicas suficientes y que mantengan a lo largo del tiempo plenamente su poder adquisitivo.

  1. El desafío demográfico es de carácter fundamentalmente temporal

Lo que habitualmente se denomina el reto del envejecimiento al que se enfrenta nuestro sistema público de pensiones está compuesto, según explican los demógrafos, en sus tres cuartas partes por la jubilación de la generación del baby boom y solo minoritariamente por el crecimiento de la esperanza de vida, cuyos avances son más lentos que en el pasado. Al desafío que nos enfrentaremos, por lo tanto, no es a una situación que cambie para siempre el contexto demográfico y que obligue a transformar el sistema de pensiones públicas hasta hacerlo irreconocible, sino a un fenómeno temporal, transitorio, correspondiente a la jubilación de una generación muy grande, resultado de aquellos años sesenta y setenta del pasado siglo en los que se produjo una explosión de nacimientos. Unas cohortes que en parte gracias a su gran tamaño han impulsado como nunca anteriormente la riqueza de nuestro país, y que han producido –aparte de un desarrollo económico excepcional- extraordinarios excedentes de cotizaciones sociales[i] en las prestaciones contributivas, que han hecho posible financiar y desarrollar un Estado de Bienestar como nunca antes se había tenido, permitiendo obviar a lo largo de tantos años la subida de los impuestos a los niveles de los países de nuestro entorno.

Y ahora, tras producir esas formidables aportaciones, esa cohorte tan numerosa llega al momento de su jubilación. No es una sorpresa: se sabía desde que nacieron. Como se sabe que tras ella se jubilará una generación mucho más pequeña y todo volverá a la situación anterior: el envejecimiento, pues, no será entonces ese gran reto con el que se pretende hoy justificar la inviabilidad del sistema de pensiones. Luego, en estos términos la cuestión no es cómo abordar un cambio definitivo del sistema, como pretenden algunos, sino de qué forma hacer frente a una situación demográfica de efectos limitados en el tiempo. Y ahí aparecen las opciones.

  1. La reforma de pensiones de 2013: la opción más regresiva

La jubilación de la generación del baby boom conllevará un incremento del 50% en el número de pensionistas. Y hay dos formas de hacerle frente. Una es aceptando que más pensionistas implican mayor gasto en pensiones (¿Cuánto? Más adelante entraremos en ello) para mantener niveles de vida similares a los que han tenido derecho las generaciones precedentes. La otra la representa la negativa a que el gasto en pensiones aumente a pesar de que lo haga el número de pensionistas. Y por lo tanto se propugna acometer recortes en las pensiones y el nivel de vida de los pensionistas de forma proporcional a ese incremento. Esto es lo que se ha hecho en la reforma de 2013: establecer un mecanismo de recorte proporcional al aumento del número de pensionistas. Ese fue el objetivo.

No se pensó que un recorte generalizado, continuo, acumulativo y permanente del poder adquisitivo de todas las pensiones nuevas y viejas durante décadas, a través de la cuasi ausencia de revalorización, sería un mecanismo tan socialmente insoportable como políticamente insostenible. Tanto que al primer embate se ha caído. Como tampoco se debió pensar que hay pocos sistemas más regresivos y terribles que empobrecer de forma creciente al pensionista a medida que se va haciendo más anciano.

Las creaciones de laboratorio y los experimentos pueden producir monstruos. Se dice en su defensa que no había otra alternativa, porque el nivel de gasto que alcanzarían las pensiones si se mantenía su poder adquisitivo sería insoportable para la economía y para la generación que en ese momento estará trabajando y aportando impuestos y cotizaciones. Veámoslo.

  1. Las hipótesis poco realistas urden como resultado un futuro apocalíptico

La sostenibilidad (y su contrario) de las pensiones depende de la magnitud que alcance el gasto futuro en pensiones. Aunque debe tenerse en cuenta que no hay ley económica alguna que marque un umbral máximo de gasto a partir del cual este ocasione graves daños económicos que lo hagan insoportable (véanse en el gráfico los niveles tan dispares, y algunos tan elevados, de gasto en pensiones entre los países más próximos a nosotros), se podría aceptar que a partir de un cierto nivel -sujeto a discusión- el gasto podría empezar a ser ‘excesivo’.

En todo caso, lo primero que debemos saber es cuál será el nivel de gasto futuro en pensiones en España cuando se jubile la mencionada generación del baby boom (dos décadas que constituyen el único momento en el que el volumen de pensionistas presionará con fuerza sobre el gasto) y ponerlo en relación con nuestras disponibilidades como país, básicamente la renta –el PIB- que seamos capaces de producir en ese momento.

El cálculo depende de cual sea el número de pensionistas (y eso se conoce exactamente), de las reglas de cálculo de las pensiones (también conocidas), y del efecto de sustitución de las altas en las pensiones por las bajas (se puede estimar de forma bastante aproximada). Todos estos datos que determinan el volumen total de gasto en pensiones plantean pocos problemas, al menos en comparación con los del denominador de la proporción: el PIB. Porque, como decimos, lo que se pueda o no destinar al gasto en pensiones depende naturalmente de cuál sea la renta total de la que dispongamos como país. Y dado que el futuro es desconocido y no sabemos cómo evolucionarán los componentes que determinan el PIB, todos los estudios se basan en suposiciones. Unas muy plausibles, pero –hay que decirlo- la mayoría no tanto. Un manejo equivocado (o ¿intencionado?) de las hipótesis altera radicalmente los resultados obtenidos, y donde podemos tener un gasto de pensiones en relación al PIB muy moderado, pasamos a encontrar informes y trabajos que parece que persiguieran exagerar desaforadamente esa proporción de gasto para extraer conclusiones que solo caben calificarse de interesadas.

Sintéticamente, digamos que el PIB del futuro (a lo largo de las próximas tres décadas que incluyen el periodo en el que se produce el gran incremento del número de jubilaciones) depende de los crecimientos que registren el empleo y la productividad. Estimarlos dentro de un rango de probabilidad razonable requiere rigor, sensatez y prudencia. El empleo, en un contexto de sustitución y relevo en el mercado laboral entre dos generaciones de muy distinto tamaño (una muy grande que sale hacia la jubilación y una mucho más pequeña que se permanece activa), y dado el bajo nivel de natalidad que arrastramos, va a venir muy determinado, en primer lugar, por las entradas netas de migrantes. Si estas fueran anormalmente bajas, la población en edad de trabajar caería y con ello el volumen de empleo. Lo cual se ve acentuado si a esa suposición se le suman otras dos: un crecimiento muy limitado de la tasa de actividad y el mantenimiento a lo largo de las décadas de un elevado nivel de paro. La suma de todas esas hipótesis da como resultado una proyectada ‘tormenta perfecta’ en la que el empleo se hunde, y con este el PIB, y con ello el gasto en pensiones (respecto a un PIB deprimido) se dispara hasta niveles altísimos. ¿Es razonable suponer que esto sucederá? No lo parece. Aunque esos supuestos resulten funcionales para convencer de que el sistema público de pensiones es insostenible.

Seguramente por eso la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF) afirma haber constatado “numerosas deficiencias en las metodologías, supuestos y análisis realizados hasta la fecha”. Entre las cuales cita: 1) inconsistencia en las previsiones de los principales determinantes del gasto en pensiones (demografía y mercado de trabajo), 2) falta de transparencia metodológica, 3) omisión de la incertidumbre, 4) falta de análisis riguroso y consistente de los efectos de las reformas adoptadas.

La mayor parte de los estudios privados concluyen, en efecto, la supuesta insostenibilidad del gasto público en pensiones sobre todo debido a una evolución muy negativa del empleo, y por ende del PIB. Se basan en flujos migratorios anormalmente restrictivos estimados de forma realmente poco convincente por el INE (un promedio anual de 57.000 entre 2018 y 2050) y Eurostat (un promedio de 125.000)[ii], que conllevan una fuerte contracción de la población en edad de trabajar, a la que suman supuestos que redoblan las restricciones de empleo por parte de la tasa de actividad y de la tasa de paro. El promedio anual de entradas netas reales en las dos décadas comprendidas entre 1995 y 2017 ha sido de 210.000, una cifra considerablemente superior a las anteriores. Y dadas las limitaciones demográficas durante los próximos años (jubilación de la cohorte del baby boom), las necesidades de las empresas (demanda de trabajo) y la evolución de los movimientos internacionales de población, la AIREF estima que lo razonable es un promedio de entradas netas de 270.000 anuales hasta 2050.

El INE finalmente ha revisado sus estimaciones anteriores elevándolas considerablemente hasta un promedio anual de 184.000, por encima de las previsiones de Eurostat. Las diferencias que se derivan de unas y otras estimaciones son notables. Pongamos algún ejemplo. Según la AIREF, la población en edad de trabajar se mantendrá durante las próximas tres décadas algo por encima de los actuales treinta millones de personas, mientras que el INE preveía con su estimación anterior de flujos migratorios que se reduciría en 7 millones (aún con la revisión reciente prevé una caída dos millones) y Eurostat en unos cuatro millones. Sin necesidad de entrar en más desarrollos –para los que no disponemos aquí del espacio suficiente- se percibe con claridad que las repercusiones en materia de empleo y PIB de las diferentes estimaciones son de gran consideración.

  1. Lo realista es un nivel asumible de gasto futuro en pensiones, garantizando su poder adquisitivo

De tal forma que la AIREF concluye que el impacto de la demografía (jubilación de la generación del baby boom), se verá compensado en su mayor parte por los efectos reductores del gasto en pensiones que conllevarán: a) el mercado de trabajo (es decir, el aumento del empleo), 2,2 puntos del PIB, b) la reforma de las pensiones de 2011, 3,5 puntos del PIB, y c) el Factor de Sostenibilidad, 0,6 puntos del PIB. El resultado neto será un crecimiento del gasto de 2,8 puntos del PIB de aquí hasta 2050. Muy lento al principio, 0,4 puntos del PIB de crecimiento hasta casi 2030, más fuerte después, dos puntos al filo de 2040.

 

A destacar que en los cálculos de la AIREF se contabiliza el efecto moderador sobre el gasto en pensiones que realiza la reforma de 2011, cuya repercusión se percibe ya en la ruptura de la tendencia de las altas en pensiones (ver gráfico adjunto). De los factores considerados que compensarán el efecto demográfico, el más intenso de hecho es la reforma de las pensiones de 2011. Estos efectos, todavía relativamente incipientes (se calcula que solo han operado el 37% de los efectos de esta reforma), suelen ser, a pesar de su notable entidad, sorprendentemente subestimados en muchos de los comentarios y valoraciones que se realizan sobre el gasto futuro en pensiones y su sostenibilidad.

El gasto estimado por la AIREF para 2050, el 13,5% del PIB, como pico máximo de los efectos de la jubilación del baby boom, contabiliza la revalorización de las pensiones con el IPC, derogando el IRP y manteniendo su poder adquisitivo.

No se trata de un nivel de gasto inasumible teniendo en cuenta el fuerte incremento en el número de pensionistas en España. Y que diez países de la Unión Europea mantendrán niveles de gasto más elevados que el nuestro (véase el gráfico adjunto), según las estimaciones realizadas por el Comité de Política Económica de la Unión Europea.

Por otro lado, es preciso no perder de vista que nuestros ingresos públicos se encuentran a una distancia de nada menos que siete puntos del PIB por debajo de la zona euro[iii], por lo que se cuenta con un margen importante de mejora de los recursos públicos para financiar los gastos de envejecimiento, pensiones incluidas.

En definitiva, un escenario muy diferente del catastrofismo que preside tantos juicios de valor acerca de la sostenibilidad de las pensiones públicas en España.

 

 

 

[i] De Miguel, F. los ha calculado en 843.000 millones de euros, el 72,3% del PIB. Una cuantía que de no haberse gastado en sostener gastos no contributivos constituiría un importante Fondo de Reserva.

Se puede consultar en https://economistasfrentealacrisis.com/la-generacion-del-baby-boom-si-financio-sus-pensiones-futuras/

[ii] En el siguiente trabajo se discuten las estimaciones realizadas por Eurostat, así como las consecuencias que se derivan de las mismas y, alternativamente, los cambios drásticos en las previsiones de gasto en pensiones derivados de unas hipótesis de flujos de entrada de migrantes más coherentes con las necesidades futuras de la economía española.

https://economistasfrentealacrisis.com/las-cifras-no-estan-claras-el-gasto-futuro-en-pensiones-en-espana-en-el-informe-ageing-report-2018/

[iii] Ver los datos en el siguiente gráfico:

About Antonio González

Antonio González, economista y miembro de Economistas Frente a la Crisis (EFC), fue Secretario General de Empleo en el periodo 2006 – 2008 @AntonioGnlzG

9 Comments

  1. Manuel Martín Bravo el enero 1, 2019 a las 9:26 pm

    Estoy interesado en recibir información por parte de ustedes, para poder desarrollar mejor mi trabajo en Marea Pensionistas.
    Gracias de antemano.

    • Antonio González el enero 8, 2019 a las 8:33 am

      Gracias, Manuel. El asunto de las pensiones públicas, y en concreto el debate sobre su sostenibilidad futura, es uno de los que reciben atención permanente por parte de EFC. Hay en nuestra Asociación un grupo multidisciplinar (demógrafos, economistas, etc.) de buenos expertos en la materia que analizan periódicamente en sus post la cuestión desde diversas perspectivas, intentando explicar con datos y argumentos solventes cuánto hay de discutible y en ocasiones de interesado en las posturas que defienden la insostenibilidad de las mismas o el condicionamiento de su sostenibilidad a drásticos recortes.
      En el apartado ‘Propuestas y Documentos de Trabajo’ de esta web podrás encontrar un dossier ‘Especial Pensiones’ con una amplia selección de los artículos publicados sobre el particular.
      Por otro lado, en el apartado ‘Colabora’ de la web podrás encontrar un enlace al correo electrónico de EFC en el que podrás solicitar que se te incluya en los frecuentes envíos de resúmenes de los artículos recientemente publicados que se mandan por mail, así como de la información sobre los actos que organizamos. Asimismo, puedes escribirnos para solicitarnos información y datos concretos que necesites sobre pensiones, como sobre cualquier otro asunto que te interese.
      Finalmente, queremos a cambio pedirte un gran favor: en esto de la defensa de las pensiones públicas, tan importante como escribir es difundir y crear opinión formada y redes, por ello nos atrevemos a solicitarte que nos ayudes con ello, distribuyendo entre la gente interesada que conozcas los artículos y/o pidiéndoles que se inscriban en los envíos periódicos de mails que hacemos con los artículos recientes, como te explicábamos más arriba.
      Gracias de nuevo e intentemos dar un impulso a todo ello.

  2. Carlos el enero 3, 2019 a las 9:25 pm

    Es un excelente documento, es fundamental tener datos para defender nuestras demanda

    • Antonio González el enero 8, 2019 a las 8:48 am

      Muchas gracias, Carlos.
      Abusando, por decirlo así, de tu interés en el asunto de las pensiones públicas, nos permitimos reiterarte lo que hemos dicho en la respuesta al comentario anterior al tuyo:
      “(…) en esto de la defensa de las pensiones públicas, tan importante como escribir es difundir y crear opinión formada y redes, por ello nos atrevemos a solicitarte que nos ayudes con ello, distribuyendo entre la gente interesada que conozcas los artículos y/o pidiéndoles que se inscriban en los envíos periódicos de mails que hacemos con los artículos recientes”.
      Esperamos tu colaboración. Un saludo.

  3. E. López el enero 4, 2019 a las 9:21 pm

    Con datos a Octubre de 2018 facilitados por la Intervención General de la Administración del Estado, el subsector de “Fondos de la Seguridad Social” presentaba un déficit de 5.848 millones. Teniendo en cuenta lo anterior, es aceptable considerar que el ejercicio pasado se cierre con un déficit superior a los 15.000 millones.
    Considerando la situación de ejercicio 2018, la de los anteriores más cercanos (en este sentido https://elgorgojorojo.wordpress.com/2018/09/15/pensiones-y-estabilidad-presupuestaria-situacion-a-corto-plazo/) y las previsiones a corto plazo, no me cabe ninguna duda de que el sistema público de pensiones público es INSOSTENIBLE en el corto plazo y puede llevar al país a una delicada situación financiera.
    El desfase de 2018 se va a cubrir con un préstamo concedido por el Estado de 13.830 millones y con recursos procedentes del Fondo de Reserva (que quedará con un saldo de unos 5.000 millones). A su vez el Estado, que también será deficitario en 2018 (y parece que lo seguirá siendo en el próximo ejercicio), para poder realizar el préstamo comentado deberá emitir deuda (es decir, pedir fondos en los mercados) que, con datos de Banco de España a Septiembre de 2018, se situaba en 1,175 billones (lo que representa algo más del 97% del PIB estimado para el pasado ejercicio).
    Por tanto, las pensiones de 2018 (también las de 2017, en que el Estado prestó a la Seguridad Social 10.192 millones, y las de los próximos años) se están cargando, en parte, sobre las espaldas de nuestros jóvenes (muchos de ellos sin derecho a voto) que deberán pagar los intereses de la deuda y destinar recursos a amortizarla. Una actuación que, a mi modo de ver, es un “dechado” sin parangón de insolidaridad intergeneracional.

    • Antonio González el enero 8, 2019 a las 9:35 am

      Ante todo, muchas gracias por tu comentario que trae a colación una interesante cuestión sobre la que, con mayor extensión que en esta respuesta, tengo intención de escribir un post: el asunto del déficit actual de la Seguridad Social y las formas en las que podría resolverse. Por otro lado, este artículo sobre el que has realizado tu comentario se centra exclusivamente en discutir la cuestión de si el gasto futuro en pensiones públicas, calculado sobre supuestos razonables, puede ser o no sostenible, incluyendo el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones (dado que, como es conocido, los autores de la reforma de pensiones de 2013, utilizaron al contrario su permanente deterioro como pilar central de reducción del gasto futuro en pensiones). Pero, el artículo, por limitaciones de extensión, parte de la consideración de que el déficit actual se resolverá en poco tiempo con las medidas adecuadas. Al igual que considera que la diferencia temporal entre los ingresos futuros de las cotizaciones y los gastos en pensiones se cubrirán (dicho genéricamente) mediante el cierre del considerable diferencial de ingresos públicos respecto a los países de la zona euro.
      Coincido en que el actual sistema de financiación del déficit de la Seguridad Social (mediante créditos del Estado) que inició el Gobierno del PP es totalmente impropio. Incluso aunque las consecuencias sobre la financiación de la deuda del conjunto de las AAPP sea el mismo (la emisión de deuda pública), considero que los créditos deberían ser propiamente transferencias del Estado, tal y como establece la ley y también porque una parte mayoritaria del déficit de la Seguridad Social equivale a la cuantía financiera de decisiones adoptadas a lo largo de los años por los Gobiernos que cargan a la Seguridad Social con gastos que no le corresponden y que le impiden recibir ingresos que le corresponden.
      Pienso que en este momento hay posibilidades y voluntad de adoptar medidas que cierren el déficit de la Seguridad Social en el plazo de pocos años, por lo que carecen de sentido los análisis que artificialmente estiran en el tiempo durante décadas ese déficit y le suman las diferencias futuras entre cotizaciones y pensiones (como si no existiera mecanismo posible de financiación) tan solo para extraer la conclusión de que el déficit crecerá exponencialmente y hará que el mantenimiento de las pensiones públicas (e incluso de las pensiones públicas) sea insostenible. Cada uno puede realizar el ejercicio de fantasía que considere oportuno, pero en mi opinión eso es poco razonable: hay toda una panoplia de medidas posibles que se pueden ir adoptando y creo que enseguida veremos la primeras.
      Finalmente, en cuanto al traslado a las generaciones futuras del peso financiero que supone la deuda pública estoy muy de acuerdo. Creo que de forma poco responsable y muy egoísta se les está trasladando la negativa actual a pagar los impuestos que corresponden para atender las necesidades sociales, así como las consecuencias sobre la deuda de unas políticas y unas estructuras laborales que han generado una sobrerreacción a la crisis. En cuanto a los impuestos, los grupos más privilegiados por su nivel de rentas y las grandes empresas, que presionan para retener la mayor parte posible de sus ingresos actuales en el contexto de un sistema fiscal escasamente redistributivo, son en buena parte responsables de la presente falta de equidad fiscal y del traslado de gasto actual (en forma de deuda pública) a las siguientes generaciones.

  4. juan el enero 8, 2019 a las 5:22 pm

    No se trata solo de la generación del baby-boom, se trata también de que generaciones posteriores menos numerosas lo serán por contra con tasas de actividad (mujer ya totalmente incorporada al mundo laboral) más altas y por tanto más pensiones contributivas a pagar cada año. Tampoco las pensiones pueden dejarse al albur de crecer en población permanentemente cuando hablamos por otro lado de la sostenibilidad ambiental y superpoblación en el planeta.

    Suponiendo ausencia de inflación y una cotización de 40 años (muchos para las generaciones trabajando ahora y que empezaron tarde a cotizar) y esperando vivir 15 años (que en realidad deberían ser más) sale que si en el futuro entra 1 trabajador por cada pensionista nuevo a trabajar (o 1,5 a 2 pero con base de cotización inicialmente menor al recién jubilado) sale que de las cotizaciones de cada 2,6 años del reción jubilado debería pagarse 1 año de pensión, lo cual es de entrada imposible con las bases de cotización actuales que son de las más altas de la UE, más si tenemos en cuenta que el promedio no se hace sobre la cotización histórica real (media total) sino sobre lo últimos años lo que ha facilitado la ingeniería previsional por parte de muchos cobrando mucho más de lo cotizado. De ahí es disgusto de Nicolás Redondo con la reforma de 1984 que acababa con el cálculo a 2 años que permitiá a muchos sindicalistas negociar 2 años “de paz” con sus empresarios a cambio “de arreglar lo suyo”. Los que somos de pueblo industrial esto lo hemos visto de cerca.

    Igual hay que cambiar el chip y considerar lo progresista la reforma de Suecia, con un sistema nocional que desincentiva la elusión previsional al principio de las carreras laborales (parte del sueldo en B muy común en España), que no discrimina a los que habiendo cotizado muy bien al principio tienen al final de su vida laboral mala suerte, que permite en momentos de expansión revalorizaciones superiores al IPC, que tienen un mínimo en PPP mejor que España y donde el sistema para poderse jubilar a partir de los 61 años es por coeficientes actuariales y no coeficientes arbitrarios como en España que impiden a mucha gente jubilarse un poco antes a pesar de haber tenido trabajos duros.

    Un sistema que permite que 2 trabajadores cotizando lo mismo pero simétricamente (uno mejor al principio y peor al final y otro al revés) permitan diferencias de pensión neta de 3 a 1 como en España es injusto y convertir la pensión en un lotería.

    • Antonio González el enero 9, 2019 a las 12:40 pm

      Muchas gracias, Juan por sus comentarios, que la verdad es que son interesantes aunque creo que exceden con mucho el ámbito temporal y la problemática actual del sistema de pensiones sobre la que se concentra el artículo para adentrarse en cuestiones que no hay duda de que habrán de ser tenidas en cuenta en el futuro, pero que habrá que hacerlo en mi opinión un poco más adelante, cuando sepamos algo más de cómo evolucionan los factores y los acontecimientos. Si nos está costando hacer entender a muchos que las proyecciones a treinta años ha de tomarse con prudencia y realizar previsiones sobre la base de supuestos sensatos y razonables y no sobre construcciones catastrofistas que tienen escasa probabilidad de cumplirse (y que a menudo esconden la ansiedad por llegar a unas conclusiones predeterminadas), si esto cuesta, creo que no debemos ir más allá: en 50 años puede cambiar el mundo entero. Me parece prudente concentrarnos en el problema demográfico real, que no es otro más que la jubilación de la generación del baby boom: ese es el que tiene una repercusión financiera de entidad suficiente como para plantear la necesidad de buscar un reequilibrio futuro entre ingresos y gastos.
      Respecto a la cuestión de un cambio radical del sistema de pensiones para implantar un sistema de cuentas nocionales, a mi juicio no existe consenso para producir un cambio de tal naturaleza, que además muy pocos defienden. Por un lado, el sistema de cuentas nocionales no resuelve la cuestión demográfica. Por otro, es un sistema basado en una filosofía más parecida a los sistemas de capitalización (aunque no se disponga un depósito real de lo cotizado) que a los sistemas de reparto y tiene muchas desventajas respecto a estos, especialmente para la mayoría de los futuros pensionistas que son trabajadores de bajos ingresos, frente a los claros beneficiados que serían los de altos ingresos.

      • juan el enero 9, 2019 a las 3:57 pm

        Cuentas nocionales es un sistema de reparto donde se refuerza la contributividad ya que nadie puede ganar la máxima sin cotizar la máxima todo el periodo y se puede aplicar la solidaridad fijando un mínimo generoso aunque algunos no lo alcancen con lo cotizado.
        Para mi los que tienen que perder con un sistema de cuentas nocionales son aquellos que tienen una pensión inflada con ingeniería previsional que en España han sido muchos.

        Ojo, y el problema lo tenemos hoy ya sin esperar a tener la generación del baby boom jubilándose. El sistema español se quiera o no genera unas tasas de reemplazo muy altas y no sostenibles mientras se incentiva que el ahorro privado vaya al ladrillo (con poca liquidez) de forma que hay mucha gente que se jubila con poco, tiene bienes poco líquidos (solo para dejar en herencia) y en vez de en vida ayudar a financiar un nuevo modelo productivo lo que ha hecho ayudar a que los precios de la vivienda suban perjudicando a las generaciones posteriores entre ellos a la de sus hijos.

        No se trata solo de números y pensiones, se trata de mentalidad de país.

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