De excursión (otra vez) con la «mochila austriaca»

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Cuando parecía que era una idea dormida, ha vuelto a despertar. Según información del pasado día 24 del diario El País, el Gobierno estaría pensando incluir la llamada “mochila austríaca” entre las medidas de un plan económico de calado (Agenda para el cambio) con el que, al parecer, pretende recuperar la iniciativa política en los próximos meses. Es una receta recurrente desde hace años, sobre la que se ha debatido mucho, y sobre cuya valoración no hay consenso ni entre los expertos, ni entre los interlocutores sociales. Es, por ello, una actuación polémica, que podría tener importantes consecuencias sobre el comportamiento de empresas y trabajadores, y sobre la que conviene aclarar su naturaleza y funcionamiento.

¿Qué es la llamada “mochila austriaca”?

Se llama usualmente así a un sistema de aseguramiento (indemnización) del despido por el que las empresas aportan obligatoriamente cada mes una determinada cantidad a cuentas de ahorro individuales a nombre de cada uno de sus trabajadores, que estos pueden rescatar cuando se produce su cese. La denominación de “mochila” obedece a que el importe de cada cuenta no se pierde si el trabajador se cambia de empresa de manera voluntaria, sino que le acompaña durante toda su vida laboral, incrementando la cuantía de su pensión cuando se jubila. Y se apellida “austriaca” porque fue en Austria donde se implementó en 2003, tras un proceso de negociación con acuerdo entre los interlocutores sociales.

¿Cómo funciona?

No existe una única concreción del modelo. Depende de si sustituye total o parcialmente al pago de una indemnización en el momento del despido (que es lo que existe ahora en España y en la mayoría de países de la Unión Europea), de la cuantía de las aportaciones empresariales a las cuentas individuales o de los criterios que permiten la utilización de esos fondos. En función de todo ello, el sistema será más o menos puro, y cumplirá mejor o peor con los objetivos que se pretenden conseguir.

Por ejemplo, en Austria el sistema se implantó en 2003 y sustituyó totalmente al sistema anterior, la contribución es del 1,53% del salario bruto mensual de cada trabajador, y los fondos acumulados en las cuentas individuales están exentos de impuestos y pueden ser utilizados por el asalariado de manera voluntaria en caso de despido (siempre que haya aportado fondos durante tres años consecutivos), o percibirlos al final de su vida laboral en un único pago (pagando un impuesto del 6%) o como complemento anual de su pensión (exenta de impuestos). Todas estas cuestiones son las que habría que analizar de manera minuciosa y transparente antes de proponer la implementación de un sistema similar en cualquier país.

¿Quién gestiona las cuentas individuales de cada trabajador?

En Austria las cuentas son gestionadas por entidades privadas autorizadas por la Administración para esta función. Las cuantías acumuladas se invierten en el mercado de capitales para obtener una rentabilidad, que incrementa el saldo de la propia cuenta. Las entidades cobran comisiones de administración y gestión de los fondos, de donde proviene su lucro. A los trabajadores se les garantiza, en el peor de los casos, el cobro íntegro del capital aportado por las empresas a su nombre.

¿Qué objetivos tiene su aplicación?

Tres son los objetivos esenciales de este modelo indemnizatorio: reducir el coste del despido a las empresas, incentivar la movilidad voluntaria de los trabajadores y reforzar el sistema de pensiones. En Austria, además, se buscaba extender a todos los trabajadores la garantía de una indemnización, porque hasta 2003 no estaban incluidos quienes tenían menos de tres años de antigüedad. En España esto no es necesario, porque todos los asalariados poseen derecho a indemnización por despido (excepto durante el período de prueba).

¿Cuáles son los efectos reales de la medida?

  • De entrada, la “mochila” supone un aumento de los costes laborales de todas las empresas, en la cuantía de la aportación a las cuentas de cada trabajador.
  • Facilita financieramente los despidos puesto que, al realizarse las aportaciones al fondo gradualmente, no existen cuantiosos desembolsos en el momento efectivo del despido.
  • En conjunto, su funcionamiento diluye (socializa) los gastos de despedir, ya que la creación de las nuevas cuentas afecta a todas las empresas, despidan o no. Con nuestro sistema actual, solo afrontan el coste de despedir aquellas empresas que lo hagan efectivamente.
  • En este sentido, cabe decir que la “mochila” trivializa (o descausaliza) un el despido, e introduce un sistema de incentivos perverso, que puede reducir la búsqueda por parte de las empresas de soluciones a sus problemas diferentes a los despidos, basadas en la flexibilidad interna (rebajas de salario y jornada, reorganización de tareas, etc.). Puesto que el gasto de despedir ya está realizado, no hay razones económicas para no ejecutarlo.
  • Aunque depende de cuáles sean las cuantías y criterios establecidos para el sistema, lo normal es que su introducción suponga una reducción de las indemnizaciones por despido que perciben los trabajadores, que se limitan a las cuantías disponibles en las cuentas individuales. Para acercar su importe a las cuantías actuales en nuestro país, las aportaciones empresariales cada mes deberían ser elevadas, lo que encarecería enormemente el coste del trabajo.
  • Como efecto positivo, puede aumentar la movilidad laboral voluntaria de los trabajadores, puesto que estos no pierden los derechos indemnizatorios acumulados durante una relación laboral al cambiarse de empleo.
  • En materia de pensiones, la mochila puede servir para reforzar el sistema, siempre que los fondos no hayan sido rescatados antes como indemnizaciones de despido, y que su introducción no se utilice como coartada para recortar, de un modo u otro, el sistema público vigente.
  • Por último, es preciso destacar que, aunque en ocasiones se pretende relacionar la introducción de la “mochila austríaca” con la eliminación de la contratación temporal, dando paso a un sistema de contratación únicamente indefinido, esto no tiene por qué ser así. La “mochila austriaca” es, en sí misma, completamente independiente de esta cuestión.

¿Es factible aplicarla en España? ¿Y útil?

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero creó una comisión para estudiar la implantación de este sistema en España. Una de sus conclusiones fue que el coste de transición de nuestro sistema actual a uno como el austríaco sería inasumible, sin llevar a cabo una drástica reducción de las indemnizaciones legales por despido actualmente existentes. Y en todo caso, la transición debería hacerse de manera progresiva, respetando los derechos adquiridos con el sistema actual por los trabajadores y trabajadoras con empleo, y aplicándolo solo a las nuevas incorporaciones.

Asumiendo la imposibilidad de aplicarlo de manera integral, por su elevado coste, lo que se ha venido planteando en España de manera recurrente (y lo que parece que ahora vuelve a surgir) es su posible aplicación parcial, es decir, sustituyendo solo una parte del pago indemnizatorio actual por una cuenta al estilo de la formulada en el modelo austríaco. Quedaría, por tanto, un sistema mixto de indemnizaciones.

Si la parte destinada a la cuenta de cada trabajador y trabajadora es pequeña respecto del total de la indemnización, la propuesta sin duda sería factible financieramente, pero reduce el grado de cumplimiento de sus teóricos objetivos. Por ejemplo, es muy probable que se pierda el incentivo a la movilidad que se deriva del sistema pleno, porque al cambiar voluntariamente de empleo el trabajador seguirá teniendo que renunciar a la mayoría de la indemnización potencial que le correspondería en caso de ser despedido (la que le pagaría la empresa en el momento del despido). Tampoco se fortalecería mucho el sistema de pensiones, al ser los fondos disponibles en la cuenta individual reducidos en el momento de la jubilación.

En definitiva, es preciso plantear de manera transparente qué objetivos se quieren alcanzar con la posible implantación de la llamada “mochila austríaca”, para analizar, sin trampas ni demagogia, los criterios y condiciones que implicaría, y sus consecuencias, que son muchas y muy relevantes. Pero, de entrada, en absoluto debería venderse como una vía de solución a los problemas endémicos de nuestro mercado laboral, y que tienen que ver, sobre todo, con la excesiva temporalidad y precariedad del empleo y con el uso del despido como vía de ajuste prioritaria en las empresas; porque ni lo es ni puede serlo.

About Alberto del Pozo Sen

Economista. Miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC. Trabaja en el Gabinete Técnico Confederal de UGT. Fue asesor del Ministro de Trabajo y Seguridad Social (2007-2011) y profesor asociado en la Universidad Carlos III de Madrid (1997-2007). Sus campos de análisis fundamentales son el mercado de trabajo y la política fiscal y tributaria. @adelpozos

6 Comments

  1. Demetrio Vert el enero 27, 2019 a las 5:58 pm

    Lo que saco en conclusión es que todo es dar vueltas para no afrontar la realidad. 1. Que todo el mundo tiene derecho a una vida digna, pues ha venido a esta sin su permiso. 2. Que el asunto fundamental es la distribución de la riqueza y del trabajo. 3. Que dejar en manos privadas el ahorro (forzado o no) del trabajador de cara a su futuro no solo es correr un riesgo sin garantías, sino agravar el problema del dominio de la riqueza, dejándolo cada vez más al albur de la decisión de pocos. Solo es Estado, es decir, la Sociedad, puede garantizar el reparto de la producción en cada momento de la historia y garantizar un bienestar mínimo a las personas.
    Por otro lado entiendo el esfuerzo del articulista por explicar en que cosiste la tal “mochila austriaca”, sus pros y sus contras, pero parece un análisis hecho para el Pís de Jauja, es decir, un mundo donde siempre haya pleno empleo y los trabajadores puedan movilizarse a voluntad propia, lo que no se coreesponde para nada con la realidad. Porque ¿quién cargará la mochila de los parados? ¿Quién cargará la mochila de las madres, de los enfermos, de los discapacitados, de los que no tienen trabajo o no pueden rendir como otros?
    Veo solo un análisis técnico, del cual se ha excluido la parte más importante: la social. Todo son enfoques sobre a quién cargar los gastos sociales, cuando estos, se hagan cómo se hagan técnicamente, solo puede soportarlos la Sociedad repartienda la riqueza producida y repartiendo el trabajo necesario para producirla.

  2. Pedro el enero 28, 2019 a las 1:40 pm

    Yo trabajo en Austria desde el año 1999 y la mochila austriaca sólo afecta a los contratos realizados posterior a la entrada en vigor de dicha ley.
    Por lo tanto, no creo que resuelva el gran problema que existe en España, la gran diferencia de salario entre los trabajadores que llevan muchos años en la empresa y los nuevos.

    Para añadir un poco más de información. Si mi empresa me despide hoy, tras 19 años, de trabajo, me corresponde 6 meses de indemnización. Tras 20 años 9 meses y como mucho 1 año de indemnización tras 25 años de trabajo en la misma empresa.

  3. juan el enero 29, 2019 a las 1:41 pm

    El inconveniente que le veo es que es un importe muy pequeño ese 1,53 %, unos 6 días al año. Si este importe se aumentase a unos 12-15 días por año y el sistema fuese mixto (aunque no sumasen los 33 días por año del despido improcedente) yo lo vería como un paso positivo. Si bien estoy de acuerdo con el autor de que el sistema mixto reduce la movilidad voluntaria, el problema es que es demasiada diferencia en días/año como para pasar de un sistema a otra sin fuerte contestación social. Igual hay que ir poco a poco.

    Muchos trabajadores una vez alcanzados los 15 años de antigüedad acumulan una mochila virtual indemnizatoria que les hace rechazar otras ofertas o continuar en el trabajo actual aunque puedan tener otras opciones «por lo que pierdo si me despidiesen»…muchas veces sobretodo en pymes a quienes no rescata nadie, indemnizaciones de virtuales de 60.000 euros se convierten en 18.000 del FOGASA y punto, por tanto se han tomado decisiones y rechazado oportunidades por una supuesta protección que tampoco era real cuando llegó el momento de materializarse.

  4. Pau el enero 29, 2019 a las 11:06 pm

    La idea es buena en un país con pleno empleo y una sociedad empresarial concienciada y potente. En España, un país con un índice de precariedad abrumadora y con más contratos temporales que indefinidos, eso es imposible o fatal.
    En un país en el que el contratador tiene en cuenta el coste del despido en su balance de manera sincera, eso no reviste ningún problema. En uno en el que el contratador lo introduce con la voluntad de desviarlo, eso lo convierte en un coste difícil de asumir.
    Y, por último, en un país de pequeñas empresas, que mantienen como trabajador al mismo empresario y como media a tres o cuatro más, casi siempre hasta el día de su jubilación, que resuelve los conflictos con una conversación, imponer este sistema representaría un castigo económico y facilitar una movilidad innecesaria.

  5. Riperito el enero 30, 2019 a las 6:13 am

    Muy interesante, creo recordar que Upyd llevaba en su programa algo similar a esto

  6. P. González el febrero 13, 2019 a las 9:59 am

    D. Demetrio Vert, con su mentario, me ha ahorrado el tener que expresar mi opinión por escrito.
    Lo suscribo en todos sus extremos.
    Saludos.

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Medio asociado a eldiario.es
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