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El Banco de España y la subida del Salario Mínimo

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En la presentación del Informe anual de 2017, el nuevo Gobernador del Banco de España lanzaba una advertencia que enseguida propagaron los medios: una subida excesiva del salario mínimo podría tener un impacto significativo sobre la posibilidad de perder el empleo en determinados colectivos, como los más jóvenes y los mayores.

El informe del Banco de España no comenta los efectos beneficiosos que una subida del SMI podría aportar, como el aumento del consumo, de la demanda interna y de la recaudación de impuestos, la mejora de la cohesión social, de la hucha de las pensiones, o la reducción de los índices españoles de pobreza y exclusión social, entre los peores de la UE. Tampoco el efecto positivo que podría tener sobre el empleo. Todo eso debe ser poco relevante comparado con la amenaza que se cierne sobre el empleo de jóvenes y mayores. La tradición, que más parece una maldición, manda en el Banco de España: cualquier medida que pretenda paliar directamente el malestar económico de los de abajo se volverá contra ellos.

La brecha entre los bajos salarios de los más jóvenes y el resto de los trabajadores es todavía tan grande, con subidas del SMI y todo, como para que los empresarios sigan contratando jóvenes bien formados a precios de saldo

Hay bastantes argumentos a favor de las subidas del SMI, como explica muy bien este artículo, pero conviene verificar también esos supuestos perjuicios que comenta el Informe, no vaya a ser que los efectos de la política sean contraproducentes. Para ello, los ciudadanos de a pie disponemos de un valioso recurso estadístico, la Encuesta de Población Activa, que no debe ser tan certera como el estudio de 2015 -con resultados entre 2005 y 2010, de cuando la Guerra de Irak- que guía la investigación del Banco de España, pero que tiene la ventaja de llegar, a fecha de hoy, hasta el tercer trimestre de 2018. O sea, siete trimestres después de la subida del 8% del SMI en 2017 y tres desde la subida adicional del 4% en 2018. Ambas bajo un gobierno del PP, el mismo partido que vaticina una nueva recesión, si no el apocalipsis, por la tercera subida pactada entre el PSOE y Podemos en el proyecto de presupuestos de 2019.

En el gráfico se han desagregado los colectivos previsiblemente perjudicados, según el Banco de España, por las subidas del SMI, los menores de 25 y los de 60 años y más, para compararlos con el resto de ocupados y con el total, y se ha tomado como referencia el primer trimestre de 2014, cuando ya se notaban los efectos de la recuperación. Cada serie representa lo que ha crecido desde entonces el empleo: un 51,8% el de los jóvenes entre 16 y 24 años, el 41,6% el de los trabajadores de 60 años y más, el 11,9% el del resto de los trabajadores y un 15,2% el empleo total.

Según los datos del gráfico, las subidas del SMI de 2017 y 2018 no perjudicaron el empleo de los más jóvenes ni el de los mayores. Al contrario, desde el primer trimestre de 2017, coincidiendo con la subida del 8%, su situación mejora de manera espectacular, y tras la subida del 4% en 2018 todavía más, en ambos casos.

Llaman la atención en el gráfico los dientes de sierra de la ocupación entre los jóvenes, indicativos de que éstos (también los trabajadores de 60 años y más, aunque en menor proporción) cargan sobre sus espaldas el peso del crecimiento de la estacionalidad del empleo durante la recuperación. A más de otros fardos conocidos, como la precarización de sus condiciones laborales y las copiosas pérdidas de salario, que intentan aliviar, precisamente, las subidas del SMI.

Por lo que sabemos a día de hoy, los supuestos efectos perniciosos de las subidas del SMI sobre el empleo de jóvenes y mayores se han manifestado del revés, en beneficio del empleo de ambos colectivos

El agudo aumento de la estacionalidad del empleo entre los jóvenes puede deparar sorpresas, como que los ocupados bajen desproporcionadamente entre el tercer trimestre de un año y el primero del siguiente. Y también llevar a conclusiones precipitadas. Por ejemplo, un modelo que considere que los jóvenes que venían percibiendo el SMI, y que fuesen despedidos al año siguiente coincidiendo con una subida del SMI, perdieron su empleo como probable consecuencia de la subida, podría estar errando mucho el tiro. Y, por lo que parece, ese es el hilo conductor de la investigación del Banco de España.

Podría ser que la debacle llegase con  efecto retardado, o que la nueva subida prevista en el proyecto de presupuestos cambiase bruscamente la tendencia, pero, por lo que sabemos a día de hoy, los supuestos efectos perniciosos de las subidas del SMI sobre el empleo de jóvenes y mayores se han manifestado del revés, en beneficio del empleo de ambos colectivos.

Igual la brecha que se ha abierto entre los bajos salarios de los más jóvenes y el resto de los trabajadores es todavía tan grande, con subidas del SMI y todo, como para que los empresarios sigan contratando jóvenes bien formados a precios de saldo, o sustituyendo por éstos a trabajadores con más antigüedad y mayor salario. Así que, esperemos que, con el permiso del Gobernador, prosigan las subidas del SMI y sean suficientes como para detener esa otra sangría añadida a la política de devaluación salarial del Gobierno anterior: una precariedad que se extiende y contagia de abajo hacia arriba peligrosamente.

Y esperemos también que el sistema financiero siga tan estupendo y que el Banco de España acierte en su especialidad de supervisión, que no es la del empleo. No sea que los trabajadores con más bajos salarios tengan que contribuir de nuevo a rescatar a la banca, antes de que sus hogares empiecen a notar las subidas del SMI y a percibir que el fin de la crisis también les llegó.

About Luis Molina Temboury

Economista especializado en el análisis estadístico de la desigualdad. Convencido de que para revertir la escalada de la desigualdad extrema tendremos que acordar un límite al patrimonio. Cuanto antes mejor. Miembro de Economistas Frente a la Crisis

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