Elecciones y desigualdad

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Luis Molina Temboury es economista y miembro de Economistas Frente a la Crisis

La desigualdad juega un papel central en el debate público. Se lo debemos a economistas como Stiglitz, Piketty o Zucman, y a otras personas más influyentes como el Presidente Obama, que la considera el mayor desafío de nuestro tiempo. También al Papa Francisco, que coincide en esa opinión, aunque hace poco confundió ricos y pobres al denunciar que la pobreza alimenta el terrorismo. No parece que sea así. Lo que nutre el terror es la desigualdad. El terrorismo es la punta de lanza de negocios que utilizan la religión y otros medios para atraer descontentos, ricos o pobres, a una causa que no es otra que esos mismos negocios, sean económicos o políticos. Y esos negocios no están organizados por pobres. Es la desigualdad lo que alimenta el terrorismo, como sustenta y potencia también la pobreza, la destrucción ecológica, la guerra, la violencia, la injusticia, la corrupción, las dictaduras, los refugiados o la emigración.

Frente a la desigualdad, aparte de algún despistado que la niega porque no ve pobreza en su barrio, hay dos claras posiciones ideológicas que retratan a los partidos que concurren a las próximas elecciones. Para unos, la desigualdad es un problema cuya solución pasa por aplicar mayor progresividad fiscal, por exigir la contribución de los de arriba para aliviar a los de abajo, por crear riqueza, pero también repartirla. Para los otros, la desigualdad no es un problema de por sí, porque dinamiza la economía creando riqueza y empleo. Hay que ocuparse de sus consecuencias indeseables, como la pobreza, pero no del reparto. La riqueza se reparte sola mejor. Por eso, en vez de subir los impuestos a los ricos hay que bajarlos a todos. Los pobres lo notarán más y estaremos repartiendo mejor. Hace poco, un candidato defensor de este segundo enfoque resumía ante las cámaras “no me importa que haya muchos ricos, sino que haya muchos pobres”. Ambos planteamientos, pues, reconocen que la pobreza es un problema, pero para unos la desigualdad también lo es y para los otros no.

reparto de la riqueza

Para decidir si la desigualdad es o no es un problema, lo mejor es analizar los datos. Tenemos ya disponibles los de 2015 en el informe sobre la riqueza en el mundo que cada año publica Credit Suisse, el Global Wealth Report (GWR) y su complementario “databook”. Son datos de lo que se tiene, no de lo que se gana, de patrimonio y no de rentas, del auténtico poder económico que crece concentrándose, y no de flujos más volubles que vienen y van. Y son los mejores datos, porque son los únicos disponibles. No existen estadísticas oficiales de patrimonio, pues los gobiernos y las instituciones internacionales desconocen lo que se oculta en los paraísos fiscales, que a juzgar por los informes de Oxfam Intermón no debe ser poco.

Los datos de España en 2015, un país rico de mediana población y una desigualdad extrema pero no tanto (los hay mucho peor), figuran en el gráfico, similar al que expliqué en este otro artículo con datos de 2014. Mi opinión es que cuando hay un problema de pobreza, como es el caso de España, necesariamente lo hay de desigualdad. Lo dice el sentido común, pues sin ricos no hay pobres, y sin pobres no hay ricos. Todos ellos son parte indivisible de lo mismo: la desigualdad. Pero por si alguien necesita más prueba, ahí está. No es que haya muchos ricos, como intuye el joven aspirante a gran timonel, sino que hay muy pocos que tienen muchísimo y demasiados que tienen muy poco. Se mire como se mire, y a todos los efectos prácticos, un trasvase de la riqueza desde arriba hacia abajo es de cajón. Pretender que bajar los impuestos es buena receta porque los pobres tendrán más, tiene poco fundamento. La riqueza se concentra muy arriba, justo donde hay menor presión fiscal. Si los de más arriba pagan menos aumentará la desigualdad y la riqueza seguirá concentrándose hacia arriba.

La comparación de este nuevo gráfico con el señalado de 2014 no contiene sorpresas. Como viene siendo habitual en los últimos años, la desigualdad patrimonial ha crecido. El 1% de más arriba ganó dos décimas en el reparto. No es mucho para su riqueza del 27,2%, pero ya lo quisiera el 20% de más abajo, que sólo posee el 0,8%. Al siguiente 9% de la población, tampoco le fue mal. Subió una décima. Los tres siguientes tramos del 10% se mantienen, y el 60% de abajo, en su conjunto, perdió las tres décimas que se llevaron los de arriba. Abajo del todo las cosas siguen pintando mal: el 10% que menos tiene continúa teniendo menos que nada, unas deudas del -0,3% sobre la riqueza total, como el año anterior.

Cada cual sacará sus propias conclusiones de los datos del gráfico. En mi opinión, ignorar la desigualdad como si no existiera, conocidos sus terribles efectos asociados, tiene mal pronóstico. La desigualdad no es algo que se pueda fragmentar para intervenir sobre una parte. Es un todo al que tratar, porque lo que unos tengan de más, otros lo tendrán de menos. Intervenir sólo por abajo despreocupándose de lo de arriba, donde se concentra la riqueza, no tiene mucha lógica.

Siempre ha habido desigualdad, ahora más que nunca, y nunca se ha corregido por la voluntad de los de arriba, sino por la exigencia de los de abajo. En una sociedad democrática, la fórmula para corregir la desigualdad es aplicar un modelo fiscal progresista y progresivo. No es bajar los impuestos. Ni a los de abajo, que a cambio de unas monedas en el bolsillo arriesgan el estado del bienestar, ni mucho menos a los de más arriba, porque es ahí donde se concentra esa inmensa porción de riqueza que, con muy poco esfuerzo, podría aliviar la situación de la mayoría, que tiene poco o muy poco y todavía va a peor.

La política económica que se aplicará en los próximos cuatro años se decidirá, el 20 de diciembre, en un equilibrio de fuerzas entre creyentes y no creyentes en la desigualdad, entre quienes desean corregir la imagen de ese gráfico de 2015 y quienes prefieren que evolucione a su aire porque no ven problema alguno.

About Luis Molina Temboury

Economista especializado en el análisis estadístico de la desigualdad. Convencido de que para revertir la escalada de la desigualdad extrema tendremos que acordar un límite al patrimonio. Cuanto antes mejor. Miembro de Economistas Frente a la Crisis

8 Comments

  1. golpedefecto el diciembre 5, 2015 a las 1:38 pm

    Tema complejo el que trata usted, ya que la subjetividad juega un papel importante. Yo no creo que ni la pobreza ni la desigualdad, aunque puedan provocar cierta inestabilidad social, sean el origen principal del terrorismo. Más bien creo que el origen, como usted dice, se basa en la manipulación de las masas, más bien incultas, por una minoría en provecho de esta misma minoría, que aprovecha el descontento y la inadaptación a la sociedad para sumarlos a su causa a través del adoctrinamiento, que es a su vez consecuencia de la falta de formación y de oportunidades que les permita desarrollarse como personas.
    Con respecto a la desigualdad, hay que diferenciar como usted dice correctamente, desigualdad de ingresos y de riqueza, siendo esta última mucho mayor que la primera. Sin embargo, indicarle que la desigualdad es algo innato a la sociedad actual, democrática, y con libertad de elegir, ya que la misma libertad de elegir, el distinto esfuerzo, trabajo o simplemente suerte, da resultados distintos y por ello nos hace desiguales. Por tanto el problema principal no es la desigualdad, sino la “cantidad de desigualdad”. Pero aún me atrevería a decir, que mas importante que la desigualdad es la pobreza, y esta se ha ido reduciendo en las últimas décadas a nivel mundial a pasos agigantados. Los pobres de ayer tienen una mayor calidad de vida hoy. Ver: http://golpedefecto.blogspot.com.es/2015/09/la-evolucion-de-la-desigualdad-en-el.html
    En cuanto a las soluciones. Indudablemente la progresividad fiscal es importante. Pero la cuestión es cuanta progresividad fiscal, ya que para unos una determinada progresividad fiscal será excesiva y para otros escasa. La cuestión es que si incrementa mucho, los impuestos pueden llegar a ser requisatorios, es decir, una estafa del estado hacia esos ciudadanos, desincentivando además el crecimiento (curva de Laffer), y si la progresividad es escasa no es redistributiva. Aunque si hubiese una mayor base de sujetos pasivos (el problema de nuestro país), la recaudación aumentaría, la desigualdad se reduciría y los impuestos podrían bajar para todos. Pero esto es un problema de política económica.
    Por otra parte, no creo que la presión fiscal de los ricos sea baja (impuestos de renta, patrimonio, sociedades, no debemos olvidar que las sociedades son de las personas no son entes sin propietarios, y además cran riqueza y “empleos”, y pagan la seguridad social), ni necesariamente que si hay ricos deba haber pobres, todo depende del grado de distribución de renta/riqueza en la población. En cuanto al caso concreto de España, indudablemente la desigualdad se ha incrementado, pero todos han perdido, ricos y pobres (ver: http://golpedefecto.blogspot.com.es/2015/03/la-desigualdad-social-en-la-crisis.html ) , aunque indudablemente más los pobres. Pero aún hay más. Si hay esa diferencia, de quien es la culpa? Puede ser un problema de redistribución, pero también un problema de formación , de I+D+i, y de desincentivación al emprendimiento y al crecimiento empresarial a través de la legislación, de burocracia y los impuestos.
    Las soluciones son variadas y no excluyentes, pasando por una progresividad fiscal adecuada, capitalismo popular facilitando a los trabajadores ser propietarios de las empresas, incrementando la formación, potenciando el emprendimiento. Es decir, llevando a cabo cambios sustanciales en la política económica y educativa del país, que permita un crecimiento no basado en precios y en deflación salarial, sino en calidad y diferenciación.

    • Luis Molina el diciembre 7, 2015 a las 6:40 pm

      Muchas gracias por su comentario. En el caso del terrorismo yihadista, creo que la desigualdad lo fomenta y lo potencia. Las guerras por los recursos de Oriente Medio, los negocios del petróleo y del gas, o los ejércitos que intentan imponer allí su voluntad, tienen mucho que ver con la desigualdad global.
      A mí me parece que las masas (yo no he utilizado tal término) son más manipulables por descontentas que por incultas (véase el último resultado electoral en Francia).
      Me congratula que estemos de acuerdo en que es necesario alcanzar una progresividad fiscal adecuada, porque es la tesis del artículo. Pero creo que los grandes ricos no pagan mucho en impuestos, por grande que sea la cifra en valor absoluto. Pagan menos de lo que les corresponde.
      Tampoco me parece que la igualdad de oportunidades, que no se da por generación espontánea, sea ahora una realidad. Precisamente por ello, los de muy arriba deben contribuir para que la gran mayoría de abajo pueda encontrar su oportunidad en condiciones más razonables que las dea ahora, que son muy difíciles o imposibles.

      • golpedefecto el diciembre 9, 2015 a las 7:19 pm

        Muchas gracias por su respuesta, pero reconozca que está llena de subjetividades.
        Por otra parte sigo pensando que los ricos no pagan pocos impuestos (además depende de la legislación de cada país), y con respecto al último punto , en el que estoy plenamente de acuerdo, la cuestión es cual es el modo de llevarlo a cabo mas apropiado, cuestión que también puede ser subjetiva. Gracias.

  2. Curro el diciembre 6, 2015 a las 7:29 pm

    Algo tan sencillo como tomarse una caña con los amigos puede darnos toda una lección sobre el sistema tributario español y la reflexión que lleva aparejada.
    Todos los viernes 10 personas se reúnen en un bar para charlar y tomar unas cervezas. La cuenta total de los diez es de 100€. Acuerdan pagarla de la manera proporcional en que se pagan los impuestos en nuestra sociedad, con lo que la cosa sería más o menos así, según la escala de riqueza e ingresos de cada uno:
    Los primeros 4 (los más pobres) no pagan nada, el 5º paga 1€, el 6º paga 3€, el 7º paga 7€, el 8º paga 12€, el 9º paga 18€ y el 10º (el más rico) paga 59€.

    A partir de entonces, todos se divertían y mantenían este acuerdo entre ellos, hasta que, un día, el dueño del bar los puso en un brete, queriendo mejorarlos: “Ya que ustedes son tan buenos clientes,” les dijo, “Les voy a reducir el costo de sus cervezas en 20€. La cuenta será ahora de 80€.”
    El grupo, sin embargo, planteó seguir pagando en la misma proporción que lo hacían antes. Los cuatro primeros siguieron bebiendo gratis; la rebaja no les afectaba en absoluto. ¿Pero qué pasaba con los otros seis bebedores, los que realmente abonan la cuenta? ¿Cómo debían repartir los 20€ de rebaja de manera que cada uno recibiese una porción justa?
    Calcularon que los 20€ divididos en 6 eran 3,33€, pero, si restaban eso de la porción de cada uno, entonces el 5º y 6º estarían cobrando por beber. Entonces el barman sugirió una fórmula en función de la riqueza de cada uno, y procedió a calcular la cantidad que cada uno debería pagar.
    El 5º bebedor, lo mismo que los cuatro primeros, no pagaría nada: (100% de ahorro). El 6º pagaría ahora 2€ en lugar de 3€:(ahorro 33%). El 7º pagaría 5€ en lugar de 7€:(ahorro 28%). El 8º pagaría 9€ en lugar de 12€:(ahorro 25%). El 9º pagaría 14€ en lugar de 18€:(ahorro 22%). El 10º pagaría 50€ en lugar de 59€:(ahorro 15%).
    Cada uno de los seis “paganos” estaba ahora en una situación mejor que antes: los primeros cuatros bebedores seguían bebiendo gratis y el quinto también. Pero, una vez fuera del bar, comenzaron a comparar lo que estaban ahorrando.
    “Yo sólo recibí 1€ de los 20 ahorrados,” dijo el 6º hombre y señaló al 10º bebedor, diciendo “Pero él recibió 9€”. “Sí, es correcto,” dijo el 5º. “Yo también sólo ahorré 1€; es injusto que él reciba nueve veces más que yo.” “Es verdad”, exclamó el 7º: “¿Por qué recibe 9€ de rebaja cuando yo recibo sólo 2? ¡Los ricos siempre reciben los mayores beneficios!”
    “¡Un momento!”, gritaron los cuatro primeros al mismo tiempo. “¡Nosotros no hemos recibido nada. El sistema explota a los pobres, no es justo!”.
    Los nueve rodearon al rico y lo pusieron a parir, insultándolo y diciéndole de todo menos bonito. Inexplicablemente éste se enfadó por el trato recibido y el viernes siguiente no acudió a la reunión, así que los nueve restantes tomaron sus birras sin él. ¡Que le den! Dijeron todos. Pero a la hora de pagar descubrieron algo preocupante: Entre todos ellos no juntaban el dinero para pagar ni siquiera LA MITAD de la cuenta.
    Y así es, amigos y amigas, políticos, periodistas y profesores universitarios, gremialistas y asalariados, profesionales y gente de la calle, la manera en que funciona el sistema de impuestos. La gente que paga los impuestos más altos son los que se benefician más de una reducción. Póngales impuestos muy altos, atáquenlos por ser ricos, y lo más probable es que se vayan a otro lado. De hecho, es casi seguro que comenzará a beber con otra pandilla que lo trate mejor o que, al menos, no lo insulte.
    Moraleja: El problema con el socialismo y el populismo es que se termina quedándose sin el dinero de los demás”
    Fuente: ¿José María? ¿Internet?

    • Luis Molina el diciembre 7, 2015 a las 6:53 pm

      No me cuadra su cuento moral. Pagar impuestos no es como irse de cañas porque a uno le apetece. Y expresar en democracia que quienes tienen mucho y pagan poco deberían pagar un poco más, no es insultar a nadie. Algunos muy ricos sobreactúan el pago de sus impuestos como si los demás no pagásemos también. Otros, igual de ricos, no tienen problema en pagar, y otros, como Warren Buffet, hasta se sorprenden de lo poco que pagan. Organizar una sociedad más justa y solidaria no consiste en contentar a todos, sino a la gran mayoría, sean ricos o pobres.

  3. Elececciones y desigualdad el diciembre 7, 2015 a las 9:13 pm

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  4. Elecciones y desigualdad | No más de un millón el diciembre 10, 2015 a las 1:18 pm

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