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Hacia un nuevo contrato social global

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Las medidas que ha venido adoptando nuestro Gobierno van en la dirección de reforzar la actuación pública en la sanidad, los servicios sociales y la seguridad, potenciando la investigación científica y estableciendo un escudo de protección social en apoyo de los trabajadores, de las pymes y de los autónomos

Mientras escribo estas líneas, todavía no se ha reunido el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para declarar la pandemia del Covid19 como amenaza mundial; lo hizo, en su momento, a propósito de la expansión del virus del ébola, que mereció también una declaración específica por parte del G-20. Por cierto, España ha impulsado la celebración de la próxima reunión del G-20, desde la convicción de la necesidad imperiosa de una mayor cooperación y coordinación internacional, en particular entre los países con mayor capacidad para hacer frente a la actual pandemia.

La historia nos enseña que las grandes catástrofes, tanto bélicas como sanitarias, han modificado profundamente la organización de las sociedades. La peste  del siglo XIV, que redujo a un tercio la población en Europa, reforzó el poder civil sobre el religioso, como respuesta a una mayor exigencia de seguridad y de orden público, abriendo paso a la construcción de los ordenamientos jurídicos así como al impulso a las artes y a las ciencias que caracterizaron el Renacimiento.

Y la devastación provocada por las dos guerras mundiales del siglo XX comportó la creación de organismos internacionales con el objetivo de garantizar la paz y la reconstrucción económica. En ese contexto, se consolidó en numerosos países el denominado “contrato social”, fundamentado en la alianza entre la democracia como sistema político garante de los derechos individuales y el libre mercado como eficaz proveedor de bienes y servicios. El ‘Estado del Bienestar’ nació precisamente de la demanda social de una actuación pública potente en el ámbito de las fronteras de cada país, mientras los organismos multinacionales facilitaban el comercio internacional y la libertad de movimiento de los capitales, conforme al paradigma económico dominante. La creación de la Unión Europea se ha considerado, hasta ahora, la experiencia más exitosa de la combinación de democracia y mercado.

Sin embargo, la creciente globalización financiera –debilitando la capacidad de decisión de los gobiernos nacionales–, y el progresivo deterioro de los equilibrios ecológicos, han generado desigualdades en las sociedades más avanzadas, también en la Unión Europea, y han puesto de manifiesto los costes sociales y ambientales de determinadas políticas económicas, así como la importancia de tener en cuenta la ineludible interdependencia entre todos los ciudadanos del mundo. El nuevo “contrato social” que surgirá tras la actual pandemia requerirá de la existencia de una auténtica gobernanza global, de un “constitucionalismo planetario” (como lo denomina el filósofo Luigi Ferrajoli): la conciencia general de nuestro común destino, que requiere un sistema también común de garantía de derechos y de exigencia de responsabilidades.

Frente a la necesidad de proteger la vida en todos los rincones del planeta, el más peligroso de los virus es el del individualismo, alimentado por la ignorancia y por la codicia, como podemos comprobar en estos días. La interdependencia significa que la resistencia (o mejor aún, la resiliencia) de cada eslabón de la cadena de la vida –de los seres humanos y del resto de los seres vivos– es necesaria para evitar el colapso social, económico, ecológico… La comunidad científica nos alerta precisamente del riesgo de aparición y propagación de nuevos virus a causa del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad.

Así, hoy podemos comprobar cómo el actual paradigma economicista ha propiciado la producción y el consumo de determinados bienes y servicios sin tener suficientemente en cuenta ni su impacto ambiental ni las auténticas necesidades sociales. Ello comporta, entre otras cosas, que nuestros profesionales de la salud, de la educación, de la seguridad… los que investigan, los que garantizan la producción de alimentos…, reciben remuneraciones ridículas frente a las obtenidas por efímeros protagonistas de espectáculos de masas o por quienes especulan en los mercados de capitales.

Se impone un nuevo contrato social global, capaz de garantizar el acceso a los bienes básicos a todos los ciudadanos del mundo, a los que viven hoy y a los que vivirán mañana.

Esta pandemia nos ha obligado a reestructurar nuestra jerarquía de valores, a combatir el egoísmo y a confiar en la ciencia y en la importancia de la precaución y de la prevención a la hora de tomar decisiones políticas. Y todo ello marcará las características de los nuevos liderazgos sociales y políticos, capaces de impulsar un progreso más justo, más seguro, más duradero.

Las medidas que ha venido adoptando nuestro Gobierno van en esta dirección, reforzando la actuación pública en la sanidad, los servicios sociales y la seguridad, potenciando la investigación científica y estableciendo un escudo de protección social en apoyo de los trabajadores, de las pymes y de los autónomos. Pero, para conseguir los mejores resultados necesitamos mayor implicación de la Unión Europea –en línea con las decisiones que van lentamente adoptándose–, y la máxima corresponsabilidad de todas las instancias públicas y privadas.

La tarea es titánica, pero supone la oportunidad de reconducir a tiempo el rumbo de la humanidad.

About Cristina Narbona

Economista. Ministra de Medio Ambiente (2004-2008). Embajadora ante la OCDE (2008-2011). Presidenta del PSOE. Vicepresidenta primera del Senado. Miembro de Economistas Frente a la Crisis

2 Comments

  1. Jose Candela Ochotorena el marzo 27, 2020 a las 4:21 pm

    No deja de sorprender el carácter solemne de las declaraciones de quien fue una ministra modelo, más sabiendo que su compromiso con el medio ambiente y la protección de la costa le supuso la no renovación de contrato.
    No siendo ministra no necesita dorar la píldora a la Unión Europea cuyas decisiones hasta hoy son todo menos la correcta dirección m. Tampoco necesita alabar el libre mercado de capitales del cual ya sabemos ser la herramienta que bloquea todo progreso social, favorece la competencia fiscal y con ella las rebajas de impuestos que debilitan el Estado del Bienestar o por lo menos obliga a que sean los trabajadores con su salario los que paguen el grueso de la factura vía IVA

  2. Marcos el marzo 27, 2020 a las 6:33 pm

    Buenas tardes,
    ¡ Qué buen artículo !… cuanta razón lleva…, si

    » Ello comporta, entre otras cosas, que nuestros profesionales de la salud, de la educación, de la seguridad… los que investigan, los que garantizan la producción de alimentos…, reciben remuneraciones ridículas frente a las obtenidas por efímeros protagonistas de espectáculos de masas o por quienes especulan en los mercados de capitales.»

    Saber quisiera esta ilustre Sra. dónde se enmarcará si entre los efímeros de las masas o entre los que especulan en los mercados de capitales … que de otra cosa menos elevada que la gloria se revestión en su período de ministra de medio ambiente y a las claras se ve que es otra ‘especialista’ en vivir del mercado político pues se ignora en qué empresas privadas ha podido desempeñar su sabiduría – vulgo trabajar-.

    Gracias
    Un saludo

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