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La herencia cultural franquista y el Estado de Bienestar

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En estos días que tanto se habla de la herencia franquista en las actuales culturas políticas de los españoles, quisiera resaltar cómo se creó la ficción, presente en ellas, de que la familia es un colchón elástico frente a las incertidumbres de la economía, especialmente de las incertidumbres relacionadas con la vivienda. Un amortiguador, sustentado hasta hoy por la mujer cuidadora, que, de tanto salvar baches, está a punto de perder el fuelle. [i]

Todo empezó con la Victoria de 1939, cuya magnitud alimentó en el franquismo la convicción de que podía reeducar a las masas republicanas, convirtiendo el país en un inmenso reformatorio. La misión pedagógica del nuevo Estado sería la transmisión de un modelo patriarcal de nación, instituido sobre las familias. Convertido pronto en nacional-catolicismo, apoyó su estrategia cultural sobre la división doméstica del trabajo, donde la mujer adquiría el doble papel de cuidadora y educadora del hogar.

En esa división de tareas, la identidad masculina se identificaba con la provisión de ingresos económicos al hogar. Según Rebeca Arce: la cultura patriarcal se mostraba claramente en el hecho de que los hombres de clase media o trabajadora, “cuando conseguían que su mujer permaneciera en el hogar, lo consideraban un símbolo de su capacidad para obtener un salario digno y estable.”[ii]

Pero el adoctrinamiento oficial chocaba con una población agobiada por la miseria, y en parte analfabeta y la propaganda directa no creaba opinión. El régimen necesitó el recurso de la radio que, junto a la Iglesia, fue el medio más eficaz de influencia cultural sobre la mujer. Como dice Juana Guinzo[iii], la radio proporcionaba “una gran evasión, una realidad inventada”. A las cinco de la tarde, antes de la salida escolar de los niños,  se emitía El Serial, un género importado en 1947 por la SER desde Argentina.

Los seriales ofrecían en sus tramas un mundo ideal y proclive al régimen, en el que los señoritos se casaban con las criadas (como los príncipes se casan con las aldeanas en los cuentos de hadas); con ellos, el ama de casa podía evadirse durante cuarenta y cinco minutos, de la realidad que vivía. Pero en las clases trabajadoras, la división patriarcal de las tareas familiares  chocaba con la realidad diaria de cuadrar el presupuesto del hogar, haciendo recaer una doble carga en la mujer. Esta contradicción no escapaba a la percepción de las asistentes sociales falangistas o católicas, que en la Semana del Suburbio de Barcelona de 1958, comentaban las visitas realizadas a infraviviendas del suburbio barcelonés:

Luisa tiene mucho trabajo en su casa, pero ha tenido que aceptar el trabajo de repartir leche (….) Otras madres de familia trabajan en la casa Batlló, o en la España Industrial. Pocas veces se las encuentra en casa.. “[iv]

Las clases medias, vivían el patriarcado de forma diferente, como podemos ver en “La Vida por delante”, película de Fernando Fernán Gómez: en ella aparece Josefina (Analía Gadé) médico y con mejor expediente que Antonio (Fernando Fernán), abogado sin clientes. La mujer tiene que dejar la consulta que tenía abierta y quedarse en el hogar a causa de los celos del esposo. La autoestima varonil aparece, junto al piso, deseado y minúsculo, como desencadenante  de los acontecimientos que, de forma reiterada, crean incertidumbre económica en la pareja, necesitada de los buenos ingresos de la esposa.

Pero la situación más difícil la vivían las mujeres emigrantes. Recluidas en el suburbio, ponían a prueba todos los recursos de su carácter, pues se vieron en la necesidad de fortalecer las redes relacionales del suburbio para sobrevivir. Aunque la solidaridad del barrio ayudaba para echar una mano en el cuidado de los niños vecinos, cuando crecía la familia!, el problema se volvía insoluble. La escasez de los salarios, unida a la casi imposibilidad de conjugar el trabajo fuera del hogar y la atención a la familia, condenaba a las mujeres a quedarse encerradas en una infravivienda con la prole. Porque como se quejaba otra asistente social, en el mismo foro de Barcelona:

“No existen Dispensario, ni jardín público donde mandar a los niños (…) faltan parvularios y escuelas maternales. La madre obrera inmigrante se ve obligada a tener los niños pequeños encerrados en casa todo el día…”.

Según un relato sociológico de 1958 de Miguel SIGUAN, investigador CESIC[v]:

La mujer emigrante tiene que reconstruir un mundo de relaciones que le permita salir de las cuatro paredes. Aprender a controlar los ingresos del marido, defender la prole contra la taberna, etc. No es difícil imaginar la necesidad angustiosa de un anclaje; un piso con cocina, luz  y agua corriente. Y una radio para evadirse.

Los seriales radiofónicos ofrecían una galería tópica de personajes femeninos. En el serial de más éxito en los cincuenta[vi], se enfrentan dos condiciones falseadas de la mujer, la madre, Rosa, viuda pobre, sin medios para sacar adelante a su hijo, y la hermana soltera de la familia rica, Marta. En este serial, vemos las dificultades de la “solterona” de la época para construir una identidad. Cuando no descarga su frustración sobre otros más débiles, intenta ejercer de madre educadora de los hijos de las otras mujeres de la familia, creando conflictos de rol.

El personaje de Marta en “Ama Rosa” es de una pieza, sin matices. Ilustra los males que esperan a la mujer de clase media que no se casa, envidia la felicidad de los demás y es indiferente a sus desdichas. En las familias pobres la hermana que no se casaba suponía una boca más, de la cual se esperaba reciprocidad agradecida. Pero raras veces la mujer soltera de clase trabajadora podía hacer suyo su destino.

El gravado inverso del serial radiofónico, aparece en la novela de Carmen Martín Gaite “Entre visillos”[vii]. Un conjunto de mujeres, entre los 16 y los 30 años, cuya condición de clase media muy acomodada no las excluye de la amenaza patriarcal. La rebeldía de la protagonista adolescente no impide que asista impotente al “sacrificio” nupcial de su amiga a un militar. El joven capitán, que quiere casarse con una chiquilla, para ser el primero en tocarla y conformarla culturalmente. Reflexiona con un amigo,

“Ya ves, dieciséis años, una adolescente que no haya aprendido aún nada de la vida.”

y ordena la existencia de su novia:

“- Está dicho. Para casarte conmigo no es necesario que sepas ni latín ni geografía…”

La protagonista observa la búsqueda por las mujeres de su entorno de la felicidad en el matrimonio y percibe la trampa de que la mujer no tenga otra alternativa vital. Si alguna lo intenta, no puede siquiera abandonar la familia, algo que no seria legal antes de los 25 años. A partir de esa edad, la cultura patriarcal paraliza las decisiones, y a los treinta años el destino es la soltería. Calco de la Marta de “Ama Rosa”, o negativo literario del realismo del folletín, la solterona es definida por Martín Gaite con los mismos parámetros.

… Me da pena Mercedes, aunque no la quiero mucho,… cada vez más amargada, intransigente como la tía. Son treinta años los que cumple …

Aún había un designio peor. De antiguo, la joven madre soltera era vista en las familias tradicionales como una vergüenza. El franquismo profundizó en esa tradición creando las Casas de Maternidad, donde las hijas embarazadas solteras eran internadas por la familia, ocultada a vecinos y conocidos, y normalmente terminaban dando en adopción al hijo o la hija, o se les arrebataba con un falso certificado de defunción.

La madre que enviudaba no recibía el estigma social, pero su condición tampoco era envidiable; Ama Rosa,  personaje que encarna los valores de abnegación y sacrificio, se ve obligada a renunciar a su hijo y darlo en adopción al enviudar embarazada. Luego consigue entrar como ama de leche en la familia, lo que supone la base del melodrama.

En cuanto a la mujer inmigrante, soportaba ella sola el esfuerzo familiar de asimilar la vida urbana. Cargadas con la mayor parte de las responsabilidades del bienestar familiar, fueron muy activas en la obtención de información para acceder a beneficios sociales y ayudas públicas, y especialmente en la búsqueda de vivienda. La falta de condiciones de vida (guarderías, luz y agua en las chabolas, viviendas o habitaciones realquiladas) convirtió la consecución de una vivienda adecuada en el objetivo más apremiante de la mujer emigrante casada y con familia[viii].

La casa dejada en el pueblo podía ser una cabaña, una choza en el monte o un cuarto en el cortijo, pero allí tenían una identidad, conferida por el patronímico y la tradición compartida, mientras en el arrabal la  mujer no era nadie; no disponía de ritos para transmitir su personalidad al vecindario, no podía comprar a crédito (rayitas) en los comercios cercanos y su trabajo, cuando lo tenía,  implicaba el abandono de los hijos en un territorio, como mínimo desconocido y normalmente peligroso[ix]. La dureza de la vida ponía en valor los esfuerzos de la mujer para alimentar y vestir a la familia, y la radio proporcionaba compañía en la soledad del hogar.

Por esa razón, los seriales difundidos por la radio constituyen un magnífico documento sobre los sentimientos de las gentes pobres durante el franquismo[x]; resumen los deseos de esos grupos de chicos y chicas jóvenes que acudían los domingos a los merenderos del Jarama en la novela de Sánchez Ferlosio[xi]: crear una familia, tener una casa, trabajar.

La condición de la mujer la llevaba hacia la aceptación de los valores patriarcales y por lo tanto al deseo de una vivienda propia que, como el matrimonio, fuera para toda la vida. Y todos aquellos ciudadanos, agotados por una larga posguerra, apartados de lo público por la represión, que además había provocado la desaparición institucional, y en gran parte física, de la inteligencia democrática; se refugiaron en la familia y el vecindario, retroalimentado la cultura conservadora del hogar tradicional y la vivienda en propiedad. Más tarde, cuando el régimen vio que su única salida era el anclaje a Europa, aprovechó que  la guerra fría admitía la exclusión de las instituciones democráticas en ese anclaje; y el capitalismo español fue empujado por el continente hacia el auge económico más largo de su historia. Entonces, la familia jugó el rol que el raquítico Estado del Bienestar no podía desempeñar. Aún hoy la familia sirve de coartada para algunos gobiernos de la democracia, los cuales piensan que, como la plastilina, el bienestar se puede adelgazar con solo apretar el puño.

.

[i] Las opiniones aquí presentadas, resumen los capítulos de mi libro, “Del Pisito a la Burbuja Inmobiliaria”, en los que se describe la ideología difundida desde la radio por el régimen franquísta, en torno al  modelo de familia y de mujer que subyace a la cultura de la vivienda en propiedad.

[ii] ARCE PINEDO, Rebeca (2005) “De la mujer social a la mujer azul. La reconstrucción de la feminidad por las derechas españolas durante el primer tercio del siglo XX”. En Ayer nº 57, pp. 247-272

[iii] GUINZO, Juana , Mis días de radio. La España de los 50 a través de las Ondas, Madrid, Ed. Temas de Hoy, 2004.

[iv] “SEMANA DEL SUBURBIO DE BARCELONA”, en Padre Rogeli Duocastella, (editor), Suburbio 1957, Barcelona, Edita Arzobispo-Obispo de Barcelona: intervención de Patau: “Testimonio de una asistente social de Cáritas”.

[v] SIGUÁN, Miguel, Del campo al suburbio. Un estudio sobre la inmigración interior en España. Madrid, C.S.I.C. (Junta de Estudios Económicos, Jurídicos y Sociales), 1959.

[vi] Hay edición novelada: SAUTIER CASASECA, G. y BARÓN, R., Ama Rosa, Madrid, 1991, Ed Bruguera, p. 209.

[vii] MARTÍN GAITE, Carmen, Entre visillos, Barcelona, Nadal, 1957.

[viii] OFER, Imbal, “Formación identitaria y construcción de la casa familiar en los suburbios de Madrid”. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, 2010, seminariodehistoria@gmail.com, p. 12.

[ix] PUIG i Valls, Angelina, “Torre-Romeu. La inmigració fa naixer un barri”, en Martí Marín (Coordinador), DOSSIER: “Inmigració a Catalunya, Els anys del franquisme”,  en L´Avenc, nº 289, Gener, 2005, pp. 32-37.

[x] VAZQUEZ MONTALBÁN, Manuel. Crónica Sentimental de España, Barcelona, Lumen, 1971

[xi] SANCHEZ FERLOSIO, Rafael. El Jarama, Barcelona, Destino, 2012

About Jose Candela

José Candela Ochotorena, Doctor en Economía y en Historia Contemporánea, es miembro de Economistas Frente a la Crisis.

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