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Pensar al revés: la importancia de lo público y los cuidados

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La enseñanza más importante de esta pandemia es que la salud y los cuidados son esenciales para que la vida cotidiana funcione y sin ellos no existe bienestar económico ni social.

Termina 2020 y una parte de la población -estudiantes, profesorado, funcionariado- tendrá vacaciones, pero otra parte no las tendrá. Seguirá trabajando en el comercio o la hostelería, seguirá en paro, o en ERTE. Pero tal como evolucionan los datos de la pandemia, nadie podrá organizar celebraciones y festejos típicos de esta época del año.

Ha sido el año del COVID 19, un año en que las vulnerabilidades de nuestro sistema productivo y nuestros servicios públicos han quedado al descubierto, tanto como la urgencia de poner en práctica políticas públicas decididas para superarlas. En plena segunda ola de la pandemia, de vuelta a cierres y toque de queda, hemos aprendido que sin recuperar la salud no recuperaremos la actividad económica.

¿Hay motivos para el optimismo? Los hay, siempre que esto no implique volver a abarrotar bares y restaurantes, centros comerciales, trenes y aviones, sin mascarilla y a voces. Llegan buenas noticias de la ciencia, las vacunas, pero hay que conseguir que lleguen a toda la población mundial. Buenas noticias de las autoridades económicas, tan poco propicias a darnos alegrías. No podemos, en cambio, ser optimistas respecto a las desigualdades económicas y sociales. Según el Banco Mundial la pandemia y la crisis económica han puesto fin a más de dos décadas de reducción de la pobreza extrema en el mundo. Si en 2019 el número de pobres ascendía a 643 millones de personas y se esperaba reducirlo a 586 en 2021, tras la llegada de la pandemia su número crecerá hasta situarse por encima de los 700 millones en ese año. También retrocedemos en las desigualdades de género, porque la pandemia agudiza una división social del trabajo enormemente injusta con las mujeres. Las dos caras, sanitaria y económica, de la crisis, han hecho visible lo que el mercado se resiste a reconocer:  la importancia de los cuidados -tanto pagados como no pagados- y la importancia de los servicios públicos.

Frente al deterioro, la necesidad de contar con sistemas públicos de salud de calidad, con dotaciones de personal suficiente, bajo condiciones justas de contratación y remuneración. La necesidad de mantener reservas estratégicas de productos sanitarios básicos, un cierto porcentaje de producción nacional sanitaria y europea. La importancia del gasto en investigación. Hemos aprendido que para superar la pandemia y la crisis económica es imprescindible luchar contra la pobreza y las desigualdades económicas y sociales, a nivel global. Todo ello se puede resumir en enormes necesidades de inversión y gasto por todas partes, para reinventar las economías y las sociedades.

 

Vacunas en tiempo record, pero sólo estaremos a salvo cuando todas/os estemos a salvo

Las vacunas han llegado en un tiempo record, porque se ha entendido que el COVID 19 no puede abordarse con las reglas del mercado. A los siete días de que China informase oficialmente de la existencia de un nuevo coronavirus que se expandía de forma desatada en la ciudad de Wuhan, sus científicos consiguieron aislarlo y en pocos días más se conocía su genoma, que compartieron con la comunidad científica internacional. Las sugerencias de Bill Gates y científicos como Fauci y colegas en Science[2], (Programa ACTIV para sumar esfuerzos en investigación básica, diseñar y armonizar ensayos clínicos, compartir datos en tiempo real, probar las vacunas en paralelo con protocolos establecidos, sin duda han contribuido a acortar el plazo de obtención de las vacunas desde entre 6 y 10 años de media hasta menos de uno. Las compras por adelantado por parte de los Estados han reducido considerablemente el riesgo empresarial ante la innovación, asegurando la rentabilidad a las empresas.

El virus, sin embargo, no conoce fronteras y, si no protegemos a los demás, además de a nosotros mismos, estaremos avanzando en falso. Ayudar a los demás no solo es más justo, sino también más eficaz. El reto para 2021 es alcanzar la cobertura clínica de toda la población mundial. Fabricar a gran escala las vacunas, utilizando toda la capacidad mundial de producción, y conseguir financiación para garantizar la cadena de frio del sistema de distribución.

Como señalan Mazzucato y Torreele[3], para enfrentar esta pandemia, y otras que vendrán, se impone un enfoque de la innovación que dé prioridad al interés público. Construir inteligencia colectiva es incompatible con la obtención de beneficios a partir del secreto y la ciencia propietaria. El riesgo tecnológico y financiero de la fabricación solo puede superarse con la ayuda de estados emprendedores, respaldados por financiación colectiva impulsada por el interés público (bancos de desarrollo nacionales y regionales, Banco Mundial, fundaciones filantrópicas) que intervengan en los mercados no solo apoyando al sector privado, sino organizando el propio mercado para que el precio no lo establezca un reducido grupo de oferentes frente a una demanda que puede exceder varias veces el tamaño de la población mundial.

Los países más ricos del planeta, Estados Unidos, Canadá, Japón y la Unión Europea, han contribuido con cuantiosos recursos públicos a la investigación sobre las vacunas, y se han comprometido a comprarlas en grandes volúmenes. En estos momentos tienen garantizado algo más de la mitad de las dosis que se van a producir, aunque solo representan el 14% de la población mundial. Mientras tanto, la India y Suráfrica, menos ricos pero muy poblados, lideran las demandas de los países con rentas más bajas que no tienen capacidad para comprarlas, y reclaman a la OMC que se suspendan los derechos de propiedad intelectual sobre cualquier tecnología, medicamento o vacuna contra el COVID-19 mientras dure la pandemia, y que las patentes y toda la tecnología para fabricar y poner a disposición las vacunas sean de libre acceso.

Si los países donantes de ayuda oficial al desarrollo no son capaces de aportar recursos suficientes, no será fácil conseguir los objetivos del Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (COVAX) de garantizar a los países de menores ingresos y renta el acceso a 2.000 millones de vacunas para finales de 2021. Por el momento se reconoce que una expectativa realista sería contar con 65 millones para empezar a vacunar en marzo.

Aunque la población de los países ricos se vacune y adquiera la inmunidad de grupo, si en el resto del mundo el virus continúa su carrera frenética de infección y muerte, no será posible controlar su expansión y, en consecuencia, tampoco es esperable que la producción mundial se recupere, porque persistirán la ruptura de las cadenas de suministro, la paralización del turismo y la incertidumbre.

Pensar al revés: Gasto e inversión públicos para superar la recesión

La llegada de las vacunas nos induce a creer que la superación de la recesión económica está cercana. Sin embargo, la crisis sanitaria y económica se está cebando con las personas, familias, países y regiones más desfavorecidas, consolidando la pobreza estructural, al mismo tiempo que, en la otra cara de la moneda, las fortunas de los más ricos se multiplican por efecto de la misma crisis.

Es necesario invertir la lógica de nuestro pensamiento. La crisis económica global no es consecuencia de la pandemia. Muy al contrario, es nuestra manera de luchar contra ella. Correia y colegas (2020)[4] nos recuerdan, a partir del estudio de la gripe de 2018, que en tiempos de pandemia la lógica económica cambia. La magnitud de los shocks de oferta y de demanda hace necesarias medidas restrictivas bien diseñadas para que el golpe sea menor. Parar el aparato productivo no imprescindible para evitar los contagios. Confinamiento para evitar el colapso de los sistemas sanitarios.

 De los tres motores de la economía mundial, el sector privado (familias y empresas) y el sector exterior (turismo y exportaciones) funcionan al ralentí, por lo que corresponde el Estado asumir el protagonismo, gastando e invirtiendo. Hay sectores económicos más afectados que otros, particularmente los servicios que implican una relación cara a cara con el cliente, como el comercio y la hostelería; los relacionados con grandes movimientos de personas como el turismo y el transporte, también.

El Estado asume un protagonismo económico propio de las economías de guerra. Pero en nuestras democracias avanzadas el protagonismo del Estado es incompatible con el modelo chino de control férreo de la economía y de la población que se ha mostrado tremendamente eficaz para el control de la enfermedad. También ha sido muy eficaz para la recuperación económica. En plena pandemia, China ha consolidado su hegemonía sobre el área del océano Pacifico con el nuevo acuerdo RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership) que incluye a los diez miembros de la Asean además de China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Un tercio de la población mundial y el 29% del Producto Interior Bruto del planeta. Mayor tamaño que la Unión Europea y que el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.

En la Unión Europea, la estrategia de superación de la crisis ha dejado de lado la ortodoxia neoliberal. Las voces que reclamaban austeridad expansiva tampoco encuentran eco en un mundo en el que las instituciones de gobernanza económica que ayer la defendían, hoy recomiendan impulsar el gasto público sanitario, gasto también para contener el desempleo, ayudas a empresas y autónomos, para intentar que sus problemas de liquidez no deriven en problemas de solvencia y cierres definitivos. El Banco Central Europeo aumenta su apuesta por la liquidez, insistiendo en que llegue a las familias y las empresas.

Aumento sin miedo del déficit público porque, como Gaspar y colegas (2020)[5] publican en el Blog del Fondo Monetario Internacional (gráfico adjunto), cada punto de aumento de la inversión pública podría impulsar el PIB en un 2,7%, la inversión privada en un 10,1% y el empleo en un 1,2%. Inversiones de alta calidad y urgentes en sectores críticos para controlar la pandemia, como la atención médica, la educación, la seguridad del transporte y la infraestructura digital. Aprovechar los bajos tipos de interés a nivel mundial para invertir también en investigación y desarrollo, electricidad verde y edificios eficientes. El Fondo Next Generation EU movilizará 750.000 millones de Euros para la sostenibilidad medioambiental y la transición digital.

Tras la durísima experiencia de nuestro país en la crisis financiera y la Gran Recesión, resulta muy oportuno el estudio de Deleidi y colegas (2020)[6] que estiman el impacto de los multiplicadores de la inversión pública sobre el aumento del PIB en 11 países de la Unión Europea en el periodo 1970-2016. Sus efectos fueron superiores a 1 punto del PIB en el primer año y a 2 puntos a los 5 años. Además, dichos multiplicadores fueron mayores en los países del Sur que en los del Norte.

De esta manera, las políticas de austeridad expansiva impuestas a España, Grecia, Portugal, Irlanda e Italia, fueron especialmente erróneas porque no permitieron reducir el porcentaje de deuda sobre PIB, sino todo lo contrario. Para reducir la deuda actual y futura tenemos que actuar hoy exactamente al revés de lo que se nos recomendaba en la crisis anterior: gastar e invertir de forma inmediata, aunque nos endeudemos más, para mantener el nivel de consumo y el crecimiento, de manera que el aumento del PIB sea superior a la deuda.

La importancia de los cuidados: los servicios públicos y la contribución de las mujeres

La enseñanza más importante de esta pandemia es que la salud y los cuidados son esenciales para que la vida cotidiana funcione y sin ellos no existe bienestar económico ni social. En los hogares, las mujeres gestionan casi en exclusiva -con ayuda de los hombres- la sustitución de aquellos servicios públicos cerrados o funcionando al ralentí, como los centros educativos, los centros de día para mayores, las guarderías, etc. Pero las mujeres también están en primera línea en los servicios públicos de atención sanitaria, en servicios sociales y atención a dependientes, en residencias de mayores, en limpieza -además de en otros servicios clave como el comercio y la hostelería.

La Gran Recesión de 2008, afectó inicialmente al empleo masculino (Mancession) en construcción, transporte, industria. En España las mujeres reaccionaron aumentando sus tasas de actividad y empleo para hacer frente a la caída de ingresos de sus hogares por el desempleo masculino. Por cierto, lo hicieron en condiciones extremadamente precarias. La Reforma Laboral de 2012 las condenó a empleos temporales y jornadas parciales con horas extras no pagadas. Por otra parte, la reducción de la oferta de servicios públicos propia de la austeridad expansiva (Sheausterity) las obligó a ofrecer estos servicios alternativamente en sus hogares.

Sobre esta situación ya muy crítica, la explosión del virus, por una parte, las ha expuesto al contagio y al estrés en mayor medida que a los hombres, ya que ellas son mayoritarias en las actividades clave. Según la cuarta ronda del Estudio de Seroprevalencia ENE-Covid[7], con datos de las últimas semanas de noviembre pasado, entre los trabajadores en activo el segundo grupo más afectado -después del personal sanitario en su conjunto con un índice de prevalencia global del 16,9%- son las mujeres que cuidan dependientes en el domicilio (16,3%), las mujeres ocupadas en tareas de limpieza (13,9%) y mujeres trabajadoras del sector socio sanitario (13,1%).

Por otra parte, para esas mismas mujeres, la combinación de teletrabajo y teleeducación, la limpieza de la ropa y la preparación comidas cada día para toda la familia, han incrementado de forma desproporcionada el ya ingente volumen de tareas de cuidados al que han de hacer frente. Todas las mujeres, pero particularmente las más vulnerables, cabezas de familias monoparentales, mujeres jóvenes con escasos recursos educativos, inmigrantes, sufren esta situación insostenible, que pone en riesgo su permanencia en el mercado laboral. Un problema cuya gravedad no se está teniendo en cuenta de forma suficiente. En las respuestas a la doble crisis, sanitaria y económica, se echa de menos más liderazgo femenino y más perspectiva de género. Las políticas fiscales para hacer frente a la crisis han de incorporar como objetivo específico a las mujeres, que han de ser beneficiarias prioritarias del Ingreso Mínimo Vital, combinando esta renta con el empleo remunerado para que no abandonen el mercado de trabajo. La necesaria regulación del teletrabajo ha de evitar que se ahonden las desigualdades existentes de género.

Repensar el modelo poniendo a las personas en el centro

A la hora de repensar nuestro modelo de crecimiento, es evidente la necesidad de aumentar nuestro esfuerzo en ciencia, aumentando el gasto en I+D+i. Pero más allá de la investigación básica y la innovación, más orientadas al objeto, es necesario centrarse en el sujeto, en las personas, y hacer mucho mas intensivas en conocimiento y en habilidades digitales todas nuestras actividades productivas de bienes y servicios. Particularmente las más esenciales como la educación, la sanidad, los servicios sociales y asistenciales, que además son actividades intensivas en otras habilidades sociales y personales muy necesarias, como estamos comprobando en la pandemia, que reciben menos consideración social y económica por estar feminizadas. Es necesario incorporar las herramientas digitales a estas actividades y adecuar sus niveles salariales al conocimiento, habilidades y responsabilidades que conllevan, para volver a hacerlas atractivas.

  

La transición digital es mucho más que extender la conectividad y los equipos de acceso a la totalidad de la población. De nuevo, no basta con proveer los objetos, hemos de centrarnos en las personas. Ante los retos de la Cuarta Revolución Industrial en términos de sustitución, creación y transformación de empleos, el objetivo de la formación digital de profesorado y alumnado en todos los niveles educativos, de la población ocupada y en paro, del empresariado y particularmente titulares de pymes, microempresas y autónomas, ha de orientarse no solo al aprendizaje del manejo de las tecnologías digitales sino a la comprensión de su funcionamiento, de manera que las personas, con su diversidad de intereses y necesidades, se apropien de las tecnologías para resolver problemas. La adquisición de habilidades digitales ha de acompañarse, asimismo, de otras habilidades clave -por ejemplo, de lectoescritura, a veces deficientes en una parte no desdeñable de nuestra población- así como de competencias estratégicas, y transversales, como la creatividad, la capacidad para resolver problemas y el pensamiento crítico.  La transición digital no será completa si no favorece y alienta a las mujeres a desarrollar carreras y ejercer su liderazgo en el ámbito tecnológico. La gobernanza digital no puede reducirse a un reducido grupo de tecnólogos urbanos, varones, sino que ha de incorporar la perspectiva de la diversidad y de la convergencia de saberes, en equipos híbridos que aporten una perspectiva humanística de la tecnología

La normalidad no puede ser la vuelta a un consumo sin restricciones; que el PIB crezca a costa de acrecentar la vulnerabilidad de nuestro modelo económico, a la espera de una nueva crisis u otra pandemia. No podemos desaprovechar la oportunidad de la Transición Ecológica para invertir masivamente en sistemas de energías renovables, construcción de edificios e infraestructuras verdes, apostar por el coche eléctrico, acelerar la transición de la industria de combustibles fósiles y apoyar las actividades innovadoras bajas en emisiones de carbono. Para que lo anterior sea posible es necesario reforzar las regulaciones y, en la medida de lo posible, condicionar el apoyo a las empresas a su compromiso climático.   Reivindiquemos cierta destrucción creadora hacia una economía más sostenible, con menos consumo de energía, de territorio, de recursos naturales, y que genere más empleos ligados al medioambiente, tan necesarios socialmente. Inversiones masivas de infraestructura para transporte, agua potable, saneamiento, especialmente en los territorios alejados de los grandes centros económicos, la llamada España Vacía, pero también en las economías emergentes y en desarrollo.

Más allá de las políticas fiscales y monetarias, de la digitalización y la transición ecológica, es el momento de las políticas redistributivas y sociales orientadas a la sostenibilidad de los sectores más vulnerables de la población, al refuerzo del sistema sanitario y los servicios públicos de asistencia. Las políticas de organización social de los cuidados, desarrollando y dotando la Ley de Atención a la Dependencia; una ley de cuidado a la infancia; más regulación y control sobre cómo se ofrecen los cuidados, concebidos como espacio para la innovación social y apuesta por la igualdad de género.

[2] Corey, L., Mascola, J.R. , Fauci, A.S. , Collins, A.S. (2020) A strategic approach to COVID-19 vaccine R&D Science 29 may 2020 • vol 368 issue 6494, 948-050 disponible en

https://science.sciencemag.org/content/sci/368/6494/948.full.pdf

[3] Mazzucato, M. y Torreele, S. (2020) How to develop a Covid-19 vaccine for all Project Syndicate disponible en https://www.socialeurope.eu/how-to-develop-a-covid-19-vaccine-for-all

[4] Correia, S. and Luck, S. and Verner, E. (2020) Pandemics Depress the Economy, Public Health Interventions Do Not: Evidence from the 1918 Flu (June 5, 2020). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3561560

[5] Gaspar, V., Mauro, P., Pattillo, C., Espinoza, R. (2020) “Inversión Pública para la recuperación” Diálogo a fondo. El Blog del FMI sobre temas económicos de América Latina. Disponible en  https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=14270

[6] Public investment fiscal multipliers: An empirical assessment for European countries

Deleidi, M., Lafrate, F., Levrero, E. (2020) Structural Change and Economic Dynamics, vol. 52, issue C, pp. 354-365. Los autores estiman los multiplicadores fiscales en once países de la zona euro, utilizando los datos anuales proporcionados por la OCDE para el período 1970-2016 para evaluar si un aumento en la inversión del gobierno genera un «efecto keynesiano» en el nivel del PIB.

Disponible en https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0954349X19304382

[7] https://www.mscbs.gob.es/gabinetePrensa/notaPrensa/pdf/15.12151220163348113.pdf

About Cecilia Castaño

Catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid (UCM.) Miembro de Economistas Frente a la Crisis

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