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Repensar el capitalismo (y 2)

  1. Las misiones económicas

La profesora Mariana Mazzucato (Misión Economía. Una guía para cambiar el capitalismo, Taurus, Madrid, 2021) ha propuesto, para encarar estos desafíos, la idea de trabajar con la perspectiva de lo que denomina “misiones” económicas. Estas misiones se sustentan sobre tres pilares básicos:

  1. Información fluida, identificar la información más relevante, asegurarse de que pueda desarrollar el proyecto la gente más preparada.
  2. Liderazgo, asunción de riesgos y adaptación; importancia de la captación de talento.
  3. Coordinación de políticas de distintos campos, para encontrar sinergias.

Esta trilogía es contraria a lo que Mazzucato denomina “paradoja de la complejidad”: cuanto más complejos son los asuntos de una política, más se compartimenta su elaboración y se divide entre diferentes departamentos, que llegan a competir entre sí. Además, esto puede producir una tentación por parte de los gobernantes: externalizar procesos que podrían ser asumidos, a costes más ajustados, por las propias administraciones. El miedo a la toma de decisiones, el temor al fracaso, a caer con estrépito en algunos temas, hace rehuir del compromiso público y traspasar la responsabilidad a consultoras privadas. Éstas tarifan con precios a menudo mucho más elevados. Se escudan en vender mayores eficiencias que no siempre se cumplen: por ejemplo la privatización de los servicios ferroviarios en Gran Bretaña, un fracaso sin paliativos que obligó a re-nacionalizar la empresa, tras encarecimientos de tarifas, incumplimiento horario y falta de inversiones en mantenimientos; o los primeros pasos en la gestión de la COVID-19 en Estados Unidos y Gran Bretaña, con fracasos monumentales que se vieron en la mayor incidencia de contagios, por la obsesión en externalizar procedimientos sanitarios. Y a costes tremendos para el erario público.

Las misiones actuales exigen mayores compromisos por parte de los ciudadanos que las misiones tecnológicas, que van más de arriba-abajo. Las misiones deben formar parte de un consenso social: he aquí un gran objetivo de carácter socio-económico. Se necesita este enfoque, esta gobernanza, que infiere asociaciones entre el sector público y el privado, cuyo objetivo sea resolver los problemas acuciantes de la sociedad. Y no centrarse en la preocupación empresarial por pagar dividendos a los accionistas, siguiendo las teorías de Milton Friedman: empresas centradas en beneficios inmediatos que, mediante la compra de sus propias acciones, pueden incrementar su precio y pagar bonus generosos a sus directivos; a la vez, reclaman auxilios a las ubres públicas. Otro despilfarro en aras de una supuesta libertad de mercado. Steve Keen (¿Podemos evitar otra crisis financiera?, Capitán Swing, Madrid, 2021) nos ofrece páginas luminosas sobre todo esto.

Las políticas deben recuperar el propósito público, es decir, generar beneficios para la ciudadanía y establecer objetivos que superen la estricta lógica de la ganancia crematística. Urge catalizar la inversión, la innovación y la colaboración entre los agentes económicos. Irrumpe Joseph Allois Schumpeter. No implica escoger sectores individuales a los que ayudar; se deben identificar problemas que puedan canalizar colaboraciones entre muchos sectores distintos. Tenemos esto ya encima: los desafíos inherentes al Next Generation. Y aquí hay otro reto intelectual para las ciencias sociales en general y la economía en particular: no se trata solo de corregir mercados, sino de crearlos. Nos lo están enseñando las investigaciones de Mazzucato (ya citada), de Stephanie Kelton (El mito del déficit, Taurus, Madrid, 2021) y de Ann Pettifor (La producción del dinero. Cómo acabar con el poder de los bancos, Los Libros del Lince, Barcelona, 2014). La diferencia con la economía mainstream es evidente: para ésta, la intervención pública solo debe aparecer para resolver errores de los mercados; la creación de los mismos ni se plantea, al considerarse casi como una aberración económica, cuya sola formulación haría palidecer a Von Hayek. Por el contrario, se necesita un sector privado con el que pueda interactuar el gobierno. Esto afecta también a la sociedad civil: creación de valor, entendido como esfuerzo colectivo.

El cuadro 2 aporta una síntesis de este replanteamiento del capitalismo. Aquí se detalla, en definitiva, la configuración de un nuevo mainstream, parejo a los tiempos de cambios que, al parecer, se están produciendo. Transformaciones que la crisis de la COVID-19 ha empujado, a pesar de las enormes reticencias de los postulados convencionales en economía. Un orden nuevo que descansa sobre seis fundamentos:

  • Una política de estímulos fiscales,
  • La preocupación por la deflación,
  • La progresividad fiscal,
  • La regulación de los movimientos de capital,
  • La existencia de déficits públicos,
  • El incremento de la deuda pública.

La inquietud es la misma que presidió la revisión del paradigma del patrón oro en los años 1930: la caída de rentas, el desplome de la demanda agregada, el retroceso inversor y el incremento del paro, podían poner en peligro la estabilidad del sistema. Entonces, las tesis de Keynes y de sus seguidores eran eso: tesis tentativas, no probadas, que provocaban resquemor, como indica Zaharias Carter en su reciente trabajo sobre el economista de Cambridge (El precio de la paz, Paidós, Barcelona, 2021). Pero ahora ya tenemos suficientes pruebas empíricas para saber qué funciona y qué no. Y cuáles son las afectaciones sociales.

FUENTE: elaboración personal a partir sobre todo de las aportaciones de Mazzucato, complementadas con las de Keen, Kelton y Pettifor, citadas en el texto.

  1. Repensar y recuperar: inversión para re-direccionar la economía

El desafío de los fondos europeos, que deben llegar próximamente, va a ser una prueba crucial, en un contexto de crisis. Recordemos que los principales determinantes de una recesión se hallan en la inversión y el consumo, y se derivan de cambios en la demanda agregada. Así, el efecto acelerador y el efecto multiplicador son los vectores que inician la recesión, debido al papel que juegan los componentes autónomos de la demanda agregada. La cadena secuencial que proponemos, y cuyas inter-relaciones estamos investigando a partir del estudio de la economía de Estados Unidos, es la siguiente (investigación en proceso: C. Manera-J. Pérez Montiel-F. Navinés-J. Franconetti: Autonomous demand and the wage share: A Classical Keynesian explanation of the Great Moderation):

               La caída de la tasa de crecimiento de la demanda autónoma (en el caso de Estados Unidos, inversión residencial y consumo a crédito) inicia la recesión (caída de la tasa de utilización de la capacidad productiva). Esto se traduce, en primer lugar, en un desplome de la inversión privada (a través del mecanismo acelerador, con pérdidas de productividad del capital), lo que tiene efectos sobre la demanda agregada, la ocupación y el consumo inducido, arrastrando este último, de nuevo, a la demanda agregada. Adicionalmente, la inicial caída de la tasa de utilización comporta una disminución del wage share, que hace contraer el consumo inducido y, de nuevo, la demanda agregada. Este círculo vicioso solo puede resolverse cambiando el signo de crecimiento de la demanda autónoma, tal y como hizo Estados Unidos a partir de 2008: política fiscal expansiva con la Reserva Federal actuando de prestamista de última instancia. El contraste: el caso de España. Aquí se deprimió la demanda interna por la vía de la reducción del gasto público y la devaluación salarial, de manera que se retrasó la recuperación (véase sobre esto: L. Cardenas-P. Villanueva-I. Álvarez-J. Uxó (2020): “Peripheral Europe beyond the Troika: assessing the ‘success’ of structural reforms in driving the Spanish recovery”, Review of Keynesian Economics, vol. 8, núm. 4, que presenta también una cadena en la que el wage share es un factor exógeno).

            Es decir, la inversión pública acaba induciendo la inversión privada y la demanda; su retroceso genera efectos negativos sobre el gasto privado y el consumo. Esto es lo que empíricamente demuestran estudios de investigación (el citado antes de Cardenas et alter; y el de C. Manera-F. Navinés-J. Pérez Montiel-J. Franconetti (2021): “Capital productivity and the wage share in the United States: a keynesian approach”, Journal of Post-Keynesian Economics, trabajo aceptado, de publicación inminente). Pero debe hacerse una advertencia esencial: los gobiernos inducen y también invierten en el sector privado; por tanto, no sería desaconsejable que esa inversión pudiera tener algún retorno, algún rédito, en función de las acciones o de la cuota inversora. Esos retornos podrían utilizarse para financiar nuevas innovaciones en el futuro. Los gobiernos deben marcar más sus reglas del juego, sus exigencias ante su planificación inversora que redunda en el tejido privado, máxime cuando se trata de subvencionar, ayudar o rescatar empresas e incluso sectores casi enteros. Entre estas exigencias, cabe citar formar a los trabajadores, más inversión privada en I+D y reducir externalidades ambientales. La inversión pública, por tanto, una herramienta decisiva para la recuperación económica. Un instrumento esencial para repensar el capitalismo. La sombra de Keynes sigue siendo alargada.

  1. Apunte final

            Un aspecto queda pendiente de interpretación en este replanteamiento del capitalismo: el vector financiero. Los retos que se infieren de esta nueva etapa de desarrollo capitalista, que hemos enumerado, suponen incrementos importantes en el gasto público y, por consiguiente, en la expansión de la deuda pública mientras el crecimiento económico se sitúe por debajo de su capacidad real. Este va a ser un tema importante en los años venideros, por la dimensión del cúmulo de deudas públicas que, además, asumen una parte de las privadas. Los bancos centrales deberán encarar el tema, al margen de la progresión de la economía, de la misma manera que trabajan en esferas que podían parecer inhóspitas para los reguladores (como por ejemplo, los impactos del cambio climático o los desafíos demográficos: S. Dikau-U. Volz: “Central bank mandates, sustainability objectives and the promotion of green finance”, Ecological Economics, vol. 184, junio 2021).

            Porque repensar el capitalismo para evitar unos desequilibrios que son intrínsecos al propio sistema (esto nos lo enseñó Hyman Minsky: Estabilizando una economía inestable, Profit, Madrid, 2018), va a remarcar la perentoriedad por variar las pautas, las reglas y los condicionantes. Un cambio de paradigma para replantear el sistema económico…¿hasta cuándo?

About Carles Manera

Catedrático de Historia e Instituciones Económicas, en el departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears. Doctor en Historia por la Universitat de les Illes Balears y doctor en Ciencias Económicas por la Universitat de Barcelona. Consejero del Banco de España. Consejero de Economía, Hacienda e Innovación (desde julio de 2007 hasta septiembre de 2009); y Consejero de Economía y Hacienda (desde septiembre de 2009 hasta junio de 2011), del Govern de les Illes Balears. Presidente del Consejo Económico y Social de Baleares. Miembro de Economistas Frente a la Crisis Blog: http://carlesmanera.com

1 Comment

  1. Hércules el junio 23, 2021 a las 12:30 pm

    Tanta verborrea para volver a sacar el mismo conejo del sombrero. Keynes cabalga de nuevo para salvar al capitalismo. Eso sí, todo tiene que ser muy sostenible y, lo mejor aún, ejecutado por gente con talento (!). Si es que hasta ahora los que llevaban la gobernanza eran unos piernas, incapaces de resolver los tres o cuatro fallitos del sistema. Pero con un par de hojas excel lo arreglamos.
    Ya hace 150 años que Marx describió en detalle como funciona una crisis capitalista: es la sobreproducción, estúpido! Pero venga a darle vueltas con la falta de demanda agregada y de inversión. Como siempre, confundiendo las consecuencias con las causas. Lo que sea con tal de reconocer que los fallos son endógenos, es el capitalismo mismo el que está errado.
    Las circunstancias que salvaron al capitalismo en la posguerra usando recetas keynesianas ya no se volverán dar. Se acabó el mundo de la energía barata que hizo posible el capitalismo (lean Petrocalipsis, de Antonio Turiel). Por no hablar del cataclismo que se nos viene encima por el cambio climático. Se acabó el crecimiento, ergo fin del capitalismo. Les aconsejo que vayan comprando libros de Marx y empiecen a pensar en el mundo real, el que hay (materialismo) y se dejen de ensoñaciones de una vez.

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