Mega-ricos: la gran evasión

Evadiendo, sin tregua

El debate sobre los impuestos es recurrente en política económica. No desaparece, ni se diluye. Se van publicando artículos de divulgación y otros de investigación sobre el tema, desde perspectivas distintas. La controversia se ha generado con más intensidad a raíz de la propuesta del economista Gabriel Zucman: gravar con un 2% el patrimonio de las rentas multi-millonarias (superiores a 100 millones de euros). Zucman lleva años trabajando sobre este tema, junto a sus investigaciones relativas a la evasión fiscal de los más ricos y su refugio en paraísos fiscales (imprescindible: Gabriel Zucman, La riqueza oculta de las naciones, Pasado&Presente, Barcelona, 2014). Este trabajo analiza cómo funcionan los paraísos fiscales, al tiempo que anota una cuantificación: 6 billones de euros, el 8% del patrimonio financiero global. He aquí el monto considerable y concreto. La contribución de Zucman se sustenta sobre fuentes oficiales, y se confronta con las estimaciones de Tax Justice Network, que cifra en 29 billones esa evasión. El dato de Zucman es un punto de partida, por tanto, muy plausible para trabajar esta cuestión. El economista francés plantea tres medidas concretas para enfrentarse a esa lacra fiscal: crear un catastro mundial de activos financieros, agilizar al máximo las informaciones e intercambiarlas y concretar un impuesto global sobre el capital. Para acabar con las resistencias de los paraísos fiscales que no aplicaran las medidas descritas, el autor recurre a una herramienta que se ha puesto muy en boga últimamente: la política arancelaria. Por ejemplo, si Francia, Alemania e Italia se pusieran de acuerdo, podrían doblegar a Suiza –un nodo neurálgico de la evasión fiscal– con una tasa arancelaria del 30%. Para atacar enclaves offshore como Bahamas e islas Caimán, sería clave con que Estados Unidos y Canadá les aplicaran una tasa arancelaria del 100%. Zucman concluye que el tema es político, de manera eminente. Mucho más que técnico. Está sobre la mesa de la Asamblea francesa, y no es arriesgado pensar que pueden estar esta u otras propuestas similares en otros países.

Las tesis de Zucman, reverdecidas con este proyecto de un impuesto del 2% sobre patrimonios multi-millonarios, tiene defensores no solo en las fuerzas de izquierdas; también sectores de rentas acomodadas no ven con malos ojos un proyecto que grave a aquellos que disponen de mayores capacidades en renta y patrimonio, y que no están cotizando en clave de fiscalidad progresiva. Por otra parte, los detractores de Zucman enlazan sus protestas a un axioma harto reiterado –y fallido–: que subir los impuestos a los más ricos es un error en política tributaria, que conducirá a una menor recaudación. Para algunos analistas y profesores de economía enmarcados en las coordenadas de la economía neoclásica, una subida de impuestos a esa franja de la población llega incluso a constituir un ataque a la propia libertad económica, y un peligro para la estabilidad de los capitales al atacar el ahorro, la inversión, la acumulación de capital y la creatividad empresarial. Sin prueba empírica alguna. Al tiempo, se asevera que medidas como las propuestas por Zucman van a condicionar negativamente el crecimiento económico y el desempeño de la productividad.

 

La historia económica responde

Ahora bien, estas afirmaciones no se avienen con los datos disponibles para el período 1945-1980. Observemos el Gráfico 1. El tipo máximo del impuesto sobre la renta fue del 23% en promedio en Estados Unidos entre 1900-1932, del 81% entre 1932-1980 y del 39% entre 1980-2020. En los mismos períodos, el tipo máximo fue, respectivamente, del 30%, 89% y 46% en Reino Unido; del 26%, 68% y 53% en Japón; del 18%, 58% y 50% en Alemania; y del 23%, 60% y 57% en Francia. La progresividad fiscal alcanzó su punto álgido a mediados de siglo, sobre todo en Estados Unidos y Reino Unido.

 

Gráfico 1. Tipo aplicable a las rentas más elevadas, 1900-2020

FUENTE: Thomas Piketty, Capital e ideología, Deusto, Barcelona, 2020.

 

El período analizado es de largo plazo: entre 1900 y 2020, sustentado en fondos oficiales y a partir de las sólidas investigaciones de Thomas Pikett y su equipo. Las evoluciones de los países considerados determinan que desde la década de 1940 y hasta la de 1980, los tipos impositivos a las rentas más elevadas fueron creciendo hasta llegar –véanse los ejemplos de Estados Unidos y Reino Unido– hasta cotas que rebasan el 90%. A su vez, se aprecia cómo a partir de 1980 la laxitud tributaria es generosa con los más ricos, que ven reducir sus pagos impositivos. Se abría así la fase neoliberal de la economía, se derruía la curva de Philips y se abrazaba sin recato la servilleta de Laffer. Un cambio radical que ha afectado –que está afectando, de hecho, la enseñanza de la economía como disciplina en las facultades–. Pero la pregunta clave es, con esta elevada tributación a los más ricos, ¿es cierto que se retrajo el crecimiento económico y la productividad, como se está diciendo si ahora se aplicaran medidas similares? La respuesta es meridiana: no. Y eso es lo que se recoge en los Gráficos 2 y 3. Los modelos de futuro son todo lo predictivos que queramos; los datos tangibles, tozudos, que aporta la economía retrospectiva no tienen réplica.

 

Gráfico 2. Crecimiento económico en países escogidos, 1950-2008

FUENTE: Angus Maddison, Statistics on World Population, GDP and Per Capita, 1-2008 AD, 2010. Ver: http://www.ggdc.net/maddison.

 

En efecto, entre 1950 y 1973, el crecimiento del PIB en Europa occidental fue del 4,1% de media, junto a una tasa de paro cercana al 3% y una inflación del 4,3% (en pleno auge de la política tributaria alcista sobre las rentas más elevadas), para caer el avance del PIB al 1,9% cuando esa tributación se desmorona (tal y como se refleja en el Gráfico 1). La puesta en funcionamiento de esa política impositiva progresiva, junto a un planteamiento keynesiano en política económica, tuvieron como corolarios importantes los incrementos de la productividad del trabajo: salarios aceptables, mejoras tecnológicas, apuesta inequívoca del Estado para preservar los resortes básicos de la economía y la sociedad, menos rigidez en las normas presupuestarias, mayor relajación monetaria con incrementos constantes de la oferta de dinero.

 

Gráfico 3. Tasa de crecimiento de la productividad en países escogidos, 1950-2000

FUENTE: Angus Maddison, Statistics on World Population, GDP and Per Capita, 1-2008 AD, 2010. Ver: http://www.ggdc.net/maddison.

De hecho, la oferta monetaria se expandió entre 1950 y 1970 un 10% en Alemania (5% entre 1971 y 1985), 4% en Estados Unidos (2,8% entre 1971 y 1985), cerca del 8% en Francia (3,9% entre 1971 y 1985), 10,5% en Italia (4,2% entre 1971 y 1985) y 14,2% en Japón (4,3% entre 1971 y 1985), según los cálculos de Stephen Marglin y Juliet B. Schor (The Golden Age of Capitalism. Reinterpreting the Postwar Experience, Clarendon Press, Oxford, 1990).

Las cifras rubrican entonces que, con ese incremento de impuestos a los más ricos, una decisión coronada por presidentes demócratas y republicanos en Estados Unidos y gobiernos laboristas y conservadores en el Reino Unido –por citar los dos países emblemáticos en el gran giro que suponen las políticas tras 1980–, las capacidades de los ejecutivos se incrementaron para abordar los grandes desafíos para vertebrar el Estado del Bienestar. ¿Qué se hizo con esos ingresos? Esta es otra de las preguntas-nodriza que suele formularse cuando se habla de impuestos. Los datos de la siguiente tabla dan respuesta agregada: se incrementó el gasto público, en forma de inversión pública, subsidios a empresas, transferencias sociales, consumo final y gasto militar.

 

Gasto público como porcentaje del PIB, 1950-2011

19501970-731980-841995-992007-11
Alemania30,4424849,745,8
Estados Unidos21,431,131,735,640,5
Francia27,638,84753,655,1
Japón19,822,931,137,941,2
Media OCDE2536,644,641,143,6
Reino Unido34,241,544,14149,9
Suecia16,242,963,161,152,5

FUENTE: Stephen Marglin y Juliet B. Schor (The Golden Age of Capitalism. Reinterpreting the Postwar Experience, Clarendon Press, Oxford, 1990).

Las cifras subrayan que la participación estatal en la economía fue determinante para superar la crisis derivada de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, hasta prácticamente el cambio de paradigma económico, concretado en la irrupción del neoliberalismo con los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, los porcentajes de participación pública en el conjunto económico se duplicaron, en relación a períodos precedentes. Y con una particularidad, nada desdeñable: la contracción de la deuda pública, tal y como se dibuja en el Gráfico 4 con datos del Fondo Monetario Internacional.

Gráfico 4. Evolución de la deuda pública, 1946-1970

FUENTE: elaboración personal con datos del FMI.

 

Conclusión

Ser obscuro para no ser profundo suele ser un axioma de muchos economistas. En el caso de los impuestos a los más ricos, el aserto es pertinente: la jerga ampulosa acaba dominando sobre el dato estricto, robusto, contrastado. Se navega siempre en preceptos más bien ideológicos, y suposiciones que no se hallan rubricadas, en muchas ocasiones, por la historia económica: el laboratorio veraz en el que se debe bucear para conocer los resultados de las políticas económicas desplegadas. En el momento actual, caracterizado por una gran incertidumbre, nos hemos adentrado en cinco multi-escenarios: el avance de la des-globalización, de los nacionalismos excluyentes, del proteccionismo económico, de la ruptura del multilateralismo y de la emersión de nuevos liderazgos en el panorama económico mundial.

En tal contexto, y ante la relevancia por apuntalar los resortes básicos del Estado del Bienestar, seriamente amenazados por la dislocación que suponen los cinco factores enunciados, pensar en gravar fiscalmente a las grandes corporaciones y a las rentas multi-millonarias no obedece a un pensamiento de ningún radicalismo económico. Esas empresas están obteniendo unos beneficios enormes: un crecimiento del 16% en 2025, con tendencia alcista observable desde 2010, según los datos de EPB (https://www.epbresearch.com/: “Economy-Wide After-Taz Corporate Profit Margin”); o, según las series históricas de Corporate Profits en Estados Unidos (https://www.bea.gov/data/income-saving/corporate-profits–), las ganancias empresariales han aumentado de manera constante desde 2019, con 2,5 billones de dólares, hasta 4 billones en 2025. Pero sí son negativamente radicales las posiciones que:

  • Se presentan como anti-sistema, cuando lo que hacen es consagrarlo. Podríamos denominar a esto un nuevo neoliberalismo;
  • Abogan por un mercado sin cortapisas, sin intervenciones del Estado. Este solo va bien cuando debe hacer “correcciones de mercado”, nada más;
  • Buscan rebajar al máximo los impuestos a los más poderosos, con el argumento de que, de lo contrario, huirán a otros lares;
  • Defienden las grandes corporaciones tecnológicas;
  • Infieren lo que podemos tildar como capitalismo en vigilancia: el poder sobre el control de la información privada.

Trabajar en nuevas cestas tributarias va a ser una línea de investigación importante para la economía aplicada, bajo el paraguas del gran objetivo que es mantener e impulsar lo que ya se tiene de bienestar colectivo y emplazar otros desafíos de gran transcendencia para el bien común.

 

About Carles Manera

Catedrático de Historia e Instituciones Económicas, en el departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears. Doctor en Historia por la Universitat de les Illes Balears y doctor en Ciencias Económicas por la Universitat de Barcelona. Consejero del Banco de España. Consejero de Economía, Hacienda e Innovación (desde julio de 2007 hasta septiembre de 2009); y Consejero de Economía y Hacienda (desde septiembre de 2009 hasta junio de 2011), del Govern de les Illes Balears. Presidente del Consejo Económico y Social de Baleares. Miembro de Economistas Frente a la Crisis Blog: http://carlesmanera.com

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