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Asentando bases en pro de la renta básica

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Mónica Melle Hernández, Profesora Titular de Economía Financiera de la UCM, es miembro de Economistas Frente a la Crisis

Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social.

Franklin D. Roosevelt

 A pesar de la incipiente recuperación económica, medida en las grandes cifras macroeconómicas de crecimiento del PIB, España mantiene un problema estructural de desempleo.

Con una tasa de paro superior al 20% en España, cuando el porcentaje de desempleados en la zona euro se sitúa en el 10%. Con una calidad del empleo entre las más bajas de la OCDE y una inestabilidad laboral de las más altas del continente europeo. Con más de tres millones de desempleados de larga duración, esto es llevan más de un año buscando empleo. Y con muchas carencias formativas de muchos de esos desempleados, España tiene un problema.

 ¿Cómo revertir esta situación? Son fundamentales las políticas activas de empleo para recualificar a muchos de los desempleados y lograr así un mejor ajuste de la oferta y demanda en el mercado laboral. Sobre todo considerando los fenómenos actuales de la globalización, que lleva a las empresas a deslocalizar su fabricación en función de los costes laborales, y de la digitalización y robotización que están transformando el mercado de trabajo. Destruye cierto tipo de empleo y a la vez genera oportunidades en nuevos nichos de empleo.

 Se están produciendo cambios estructurales en nuestro mercado de trabajo que van más allá de la crisis. Se trata de una redefinición del mercado laboral. La formación es clave. Quizá no sea suficiente, al menos en el corto plazo.

 Cuando un 28,6% de los españoles está en riesgo de pobreza y exclusión social y cuando vemos que aumenta hasta casi el 15% la cifra de trabajadores pobres en España, debemos pensar en buscar un nuevo pacto social entre los ciudadanos y el Estado.

 Por supuesto que se debe elevar el Salario Mínimo Interprofesional, no sólo para dignificar el trabajo y lograr mejores cotas de redistribución de la riqueza, sino también como medida incentivadora del consumo y la demanda interna, y por ende la actividad y crecimiento económico.

Al propio tiempo debemos plantear cómo evitar la exclusión social y la marginalidad. La pobreza se puede resolver por mecanismos de trasferencias, y la renta básica puede ser un buen instrumento.

 La renta básica convierte a los hogares en unidades mínimas de consumo garantizado. Sin embargo no está exenta de críticas. Puede conducir a la marginalidad y cronificación de la exclusión social. O desincentivar la incorporación al mercado de trabajo de determinados colectivos.

 La renta básica no debe constituir un ariete para destruir el Estado del bienestar. Es una medida contracíclica que en épocas de recesión económica puede contribuir a reducir las desigualdades, la pobreza y la exclusión social.

 Aunque nadie puede discutir las bondades del trabajo. Tener un empleo es fundamental para el bienestar del individuo. Asegura un acceso al reparto de las rentas, es el principal vehículo de socialización e integración en la sociedad, refuerza la autoestima, la autonomía y el sentimiento de realización, tiene un impacto positivo en la salud mental y es el mejor instrumento para luchar contra la exclusión y la pobreza.

 Las propuestas sobre renta básica no ignoran ese punto. Y como todo avance seguramente va a ser incremental, quizá sea más realista comenzar implementando una medida intermedia de consenso: el Ingreso de Participación. Se trata de recibir una renta pero a cambio de “participar” en tareas para la comunidad. Requiere un diseño descentralizado con participación de las Entidades Locales para identificar de manera eficiente las tareas a desarrollar, como por ejemplo atención y cuidado a mayores.

 Puede contribuir a incorporar al mercado de trabajo a los colectivos excluidos (mujeres, jóvenes sin experiencia laboral previa, parados de larga duración, minorías raciales, personas con bajo nivel de estudios) y evitar algunas malas prácticas de contratación.

 No olvidamos que el debate sobre la renta básica se ha planteado muchas veces desde posturas maximalistas de universalización e incondicionalidad, que han contribuido a que se rechace sin demasiada discusión. Pero tal vez haya que dar estos primeros y tímidos pasos de redefinición del mercado laboral, aunque sean parciales y condicionados, para acumular argumentos y experiencias en pro de mayores objetivos y alcance. No es sólo cuestión económica, sino de justicia social.

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Mónica Melle Hernández es Profesora Titular de Economía Financiera de la UCM y miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC

1 Comment

  1. XAVIER HOMS el diciembre 9, 2016 a las 12:45 am

    La Renta básica sera una opción plausible cuando se hayan despejar algunas dudas previas.

    Primera y casi la más importante. Los subsidios tienden a solucionar los problemas?

    Pues si nos centramos en los resultados, más bien la respuesta es NO.

    El PER poco ha arreglado el problema en el campo andaluz-extremeño. O los mineros en Leon´-Asturias. O los agrarios en las zonas rurales de la UE.

    Incluso el Subsidio por desempleo, que a primera instancia parece muy eficaz. En realidad ha dejado muchas veces a más gente sin derecho a subsidio que antes de que este se implantará en España.

    Incluso en países donde hay politicas equiparables, USA, p.e., la desigualdad no sólo no se ha frenado, sino que no ha parado de aumentar.

    Luego, antes de ver la viabilidad de esa medida, habría que asegurar que su eficacia esta probada. No en el Corto Plazo, que se entiende que por ser contraciclica es simplemente evitar que se desangre el enfermo, pero si en el Medio o Largo Plazo, pq de no ser así, esos subsidios no sólo son inviables a nivel económico, es que carecen de sentido sino contribuyen a solucionar el problema que crea esas bolsas de pobreza.

    El segundo tema es el contexto global. La globalización evidentemente ha empobrecido a los países de la OCDE. El que miles de millones de personas de otrohora el tercer mundo ahora tengan condiciones de vida, al menos «soportables», tiene un coste en nuestras, antes, opulentas sociedades.

    Pero es difícil defender políticas de expansión de gasto, cuando uno de los mayores problemas es que simplemente nos hemos vuelto más pobres pq buena parte de la riqueza ha migrado del Atlántico Norte, al Pacifico.

    Como se van a financiar esas politicas mal llamadas neokeynesianas con unas finanzas públicas más endeudadas que jamás en la historia(Deuda Pública 90% del GDP mundial)?

    Más impuestos? Pues incrementar el GAP de la competitividad con los países en desarrollo no parece la mejor forma de luchar contra los efectos de la globalización,

    Si algo se ha demostrado con la creación del € y con el banco central Europeo, es que de poco sirven las politicas monetarias «comunes», si la politica fiscal no es tb común.

    Luego plantear un Gasto de esa magnitud, si las politicas de Ingresos, no depende sólo de un gobierno sino que han de consesuarse a nivel regional-mundial sino se quiere que en vez de crecer los ingresos, «migren» a otros países las inversiones(Y los puestos de trabajo).

    Después lo de plantearlo como empleo público encubierto, temporal, etc, si se analiza con frialdad, o es sustituir empleo público «oficial», y estaría simplemente rebajando las condiciones laborales-coste-prestaciones de los trabajadores públicos.

    O estaría planteando una especie de planes E, pero en vez de levantar aceras, limpiando bosques.

    Que por otro lado. Pq alguien que recibe una Renta Básica, si ha de realizar ese trabajo. Y no alguien con subsidio de desempleo?

    Y finalmente, como se puede decir que no es una cuestión económica?

    Como no va a ser una cuestión económica? Como una profesora de Economía financiera de una facultad de Económicas, puede decir que no es una cuestión económica?

    Increíble como ha calado ese mantra de que la Economía es una ciencia social y ha de estar al servicio de las personas.

    Y la medicina no es una ciencia social? No ha de estar al servicio de las personas?

    Pues cuando a un oncólogo se le muere un niño de 3 años, no dice que es una injusticia social. Sigue investigando hasta encontrar la forma de curar al próximo niño enfermo.

    Pues la economía no es ni más ni menos social que la medicina. Por mucho que se empeñen en salvar a todo el mundo y siempre, sin encontrar la forma en que económicamente sea viable, no se logrará salvar a nadie, nunca.

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