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El escenario macroeconómico de la temporada de otoño

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Los meses de octubre y noviembre son una época del año que si en lo climatológico se caracteriza por las lluvias, en lo gastronómico por las setas y en lo paisajístico por los tonos ocres, en lo económico se caracteriza por las previsiones macro.

Durante los dos meses mencionados la práctica totalidad de los organismos multilaterales (OCDE , FMI, etc) la Comisión Europea y la mayoría de los estados actualizan sus escenarios de crecimiento a medio plazo. Al elaborarse mediante técnicas estadístico-econométricas contrastadas y usando fuentes de datos conocidas, sus resultados cuantitativos son muy similares. Debido a ello el “análisis de la décima”, ese que se basa en quien corrige a quien porque la previsión de crecimiento para tal país es una décima mayor o menor, y que es tan frecuente en los medios, también es, en cambio, el que menos interés reviste.

Tiene una mayor relevancia prestar atención a como los escenarios se revisan al alza o a la baja respecto a resultados anteriores. El ciclo anual de previsiones macro se caracteriza por realizar dos ejercicios en profundidad, en otoño y primavera. La primera se orienta al contexto mundial y de interrelación de grandes áreas económicas; la segunda presta mayor atención a qué está pasando en cada país. Entre estos dos análisis extensos, se realizan uno o dos ejercicios –dependiendo del organismo- más aligerados donde, por ejemplo, no se llega a un grado de desagregación territorial o de variables tan profundo.

Por último, probablemente el análisis donde hay una mayor riqueza de matices y que, complementariamente a los otros dos, genera una mejor comprensión del escenario, es examinar como los organismos relacionan la evolución de las distintas variables de fondo con los resultados; observar a que fenómenos dan relevancia y prestar atención a que tipo de riesgos se están considerando –comerciales, energéticos, financieros, políticos, al alza, a la baja etc-. Hay que reconocer que este examen es el más costoso en tiempo y, por qué no decirlo, requiere un cierto conocimiento.

Parece que a estas alturas del año hay un claro consenso en que en 2019 el crecimiento económico mundial se va a ralentizar. Esta deceleración –que implica tasas de crecimiento positivas pero menores, y no debe confundirse nunca con una recesión, que acarrea tasas de crecimiento negativas- es más asunto de las economías avanzadas que de las emergentes. De acuerdo con el FMI, por ejemplo, en 2019 la economía mundial crecerá un 3.7% la misma cifra que en 2018. Las economías avanzadas crecerán un 2.1%, tres décimas menos que 2018 y las emergentes lo harán un 4.7%, misma cifra que en 2018.

En principio puede argüirse que las tasas de crecimiento relativamente más altas asociadas a la salida de la crisis, reducen intensidad porque se vuelve al crecimiento potencial. Una cuestión relevante, sin embargo es que los pronósticos señalaban una mayor continuidad  a finales de 2017 y se han ido deteriorando paulatinamente a lo largo de 2018. Esto se debe a que las cifras de crecimiento, en general, han sido más reducidas de manera continua sin dato que las contrarreste.

La tendencia a la revisión a la baja es absolutamente generalizada, lo cual proporciona un indicio acerca de cuan generales son los mecanismos que los grandes centros de predicción coinciden en señalar como desencadenantes de esta ralentización.

Como una pequeña y siempre respetuosa critica estilística, cabe decir que el argumento de “volver al potencial”, es algo vago y poco comprometido. Los ciclos económicos pueden tener duraciones muy diversas sin que se sepa cuando es el momento en el que se va a volver al crecimiento potencial, salvo cuando parece que se ha vuelto, sea dicho crecimiento potencial el que sea.

Sí que resulta más interesante ver como se señalan con claridad tres desencadenantes concretos: retirada de estímulos monetarios, mayores precios del petróleo y escalada en las tensiones comerciales. A lo largo de 2018 estos se han desarrollado con diferente intensidad, por ejemplo en la Euro área el primero se habría desarrollado nada, o en una medida escasa si se incluye la perdida de intensidad de las compras de bonos.

Otros organismos, a lo largo del año, empezaron a añadir a este conjunto de causas lo avanzado del ciclo en algunas economías grandes, por lo que e estarían produciendo restricciones de oferta. Se ejemplifica mucho con el paro: algunas economías han tenido varios años de expansión, sus tasas de desempleo ya son pequeñas y no pueden esperarse grandes adiciones de crecimiento por ahí.

Merece la pena destacar también el diferente grado de protagonismo que según la institución adquieren unas zonas económicas u otras, o unos países sobre otros. Por ejemplo una institución señalaba a la expansión fiscal llevada a cabo por el gobierno de los EEUU, como un factor sostenedor en parte de un mejor tono mundial, sin dejar de achacarle las tensiones en el comercio internacional, que eso es una conclusión unánime.  Sin embargo otras previsiones apuntan como zona especialmente en deceleración a la Euro Área.

Lógicamente si el comercio se resiente, la Euro Área, que en su conjunto tiene un na desdeñable superávit por cuenta corriente de más del 3.0% de si PIB, ve mermadas sus previsiones de crecimiento. Sin embargo la misma institución que pone en solfa a la Euro Área menciona que algunos países con posiciones fiscales saneadas y superávit exterior podrían tener un papel activo a la hora de influir en el crecimiento. No se detienen ahí sino que dan el nombre –Alemania-.

No obstante, interpretar que hay una incitación general a las expansiones fiscales seria completamente erróneo. Todos los organismos coinciden en señalar, comprensiblemente, que deben eliminarse endeudamiento. Otra apelación general que se detecta es a que se hagan reformas “que permitan impulsar el crecimiento a largo plazo”, o reformas estructurales”, según la terminología más al uso en cada sitio.

Comparado con estas alturas de 2017, casi no hay ningún debate sobre la evolución salarial, que había sido inesperadamente baja, y gran protagonista, o coprotagonista de las predicciones del otoño pasado. A pesar de que están conviviendo unas tasas de paro históricamente bajas y una ausencia generalizada de presiones inflacionistas, este ciclo de previsiones no entra muy profundamente en el particular. Esto puede deberse a que los datos de crecimiento salarial han sido algo mejores que el año pasado. Tampoco hay una mención muy analítica, por el momento, al relativo bajo crecimiento de la inversión, aunque se reconoce que parece haber otra senda de crecimiento medio, de esta magnitud más lenta que antes de la crisis.

Por el lado de los riesgos, hay una coincidencia extensa en señalar si la vuelta a unas políticas monetarias menos laxas no se producirá de forma demasiado acelerada, y si podría haber contagio de EEUU hacia el resto del mundo. Lo que unánimemente se señala es una escalada en la guerra comercial. Desde fuera resulta llamativa la completa ausencia de las palabras “populismo” o “gobiernos populistas”, que sí fueron más corrientes en anteriores ciclos de previsión. Es posible que la victoria de Trump en los EEUU haga recomendable atemperar la terminología, pero cabría esperar que hubiera alguna mención a las expectativas electorales en algunos países europeos.

Por último que en casi todo ciclo de previsiones suele haber algún concepto de otro orden a las variables macro tradicionales que cobra especial presencia en el debate. En este caso parece haber un acuerdo bastante generalizado acerca de “Desajuste de competencias” o en inglés “Skill-mismatch”. Según se señala, las empresas tienen dificultades para encontrar mano de obra con las capacidades que requieren, lo cual desencadena toda una serie de interesantes debates asociados sobre formación, educación y cuestiones de mercado laboral.

Es en cierta manera curioso como, cuando el año pasado se hablaba del bajo crecimiento salarial, una de las razones argüidas es que la alta competencia global los mantenía bajos. Este año en cambio, la misma competencia global no estaría actuando suficientemente para contrarrestar de manera apreciable el desajuste de competencias. Estas pequeñas contradicciones, no obstante, son perfectamente frecuentes cuando hablamos de análisis tan globales y transversales como los que caracterizan a las previsiones de otoño.

Por tanto, el panorama mundial para 2019 es de crecimiento más lento, especialmente en la Euro Área, se dejará sentir más en los sectores exportadores y deberemos estar atentos a que no se produzca un recrudecimiento en las tensiones comerciales, porque, conociendo nuestro entorno, no parece probable una expansión fiscal Alemana que lo contrarreste.

About José Domingo Roselló

Economista especialista en macroeconomía, previsiones económicas y análisis cuantitativo.

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