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La tercera réplica de la crisis: no podemos exportar a Marte

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Por José Moisés Martín Carretero, miembro de Economistas Frente a la Crisis

Un fantasma recorre los mercados: el fantasma de la tercera recesión. Desde enero, el IBEX35 ha perdido un 17% de su valor, acompañando al desplome de la mayoría de las bolsas europeas. Los diferenciales de las primas de riesgo vuelven a estirarse, y han vuelto a aparecer dudas sobre la solvencia de varios sistemas financieros, incluyendo en el paquete a bancos de otrora reconocido prestigio como el Deustche Bank o Societé Generale. Las turbulencias en los mercados chinos han dejado al sistema financiero internacional con hipo, y Europa mira con preocupación la desaceleración de los indicadores de crecimiento económico para 2016. ¿Estamos al borde de una nueva crisis?

En realidad, no. No estamos al borde de una tercera crisis porque seguimos en la crisis sistémica de 2007-08. Lo que estamos viviendo no es sino una nueva réplica del terremoto financiero que asoló la economía internacional hace ahora ya la friolera de nueve años. Y es que mientras para las recesiones existe una revisión oficial expost que indica cuándo se sale de ella (tradicionalmente se considera recesión a dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo, aunque hay otros indicadores que se tienen en cuenta, como el empleo o la inversión), no hay una versión oficial para certificar cuándo se ha salido de una crisis: no hay una fecha clara de salida de la crisis de 1973, o de la de 1929. La sensación de crisis suele diluirse en el imaginario al cabo de los años, pero lo que provocan las crisis es lo que algunos economistas como Nouriel Roubini denomina la “nueva normal”, es decir, un cambio en los fundamentos sobre los que se basa el desarrollo de la economía y los mercados.

Esta transición hacia una nueva normal ha tenido –hasta el momento- tres episodios: el colapso financiero y económico de 2007-2008, con el hundimiento de los mercados debido al fallo sistémico de los derivados de crédito y la banca en la sombra, la crisis del euro, con la puesta en marcha de políticas de austeridad y sus perniciosos efectos en las capacidades productivas y de crecimiento a largo plazo de la economía europea, y ahora nos enfrentamos a una nueva réplica, situada en los mercados emergentes, con sus propias características y condiciones.

En efecto, desde 2009 y hasta 2014, los mercados financieros utilizaron a buena parte de los mercados emergentes como valor refugio donde poner a salvo de las turbulencias sus fondos. Esto supuso una importante entrada de capitales en dichos países, que relanzó su crecimiento, unido al precio de las materias primas. Sin embargo, el año 2015 fue el primer año desde 1988 en el que los mercados emergentes experimentaron salidas netas de capital hacia los países desarrollados, tendencia que se ha acelerado en el primer trimestre de 2016. La mejoría de las condiciones económicas en Estados Unidos y la salida de Europa de la recesión han hecho que los capitales “miedosos” vuelvan a los mercados tradicionales, provocando numerosos daños en las condiciones financieras de los países emergentes. A esta salida neta de capitales hay que unir, además la bajada de los precios de las materias primas, principal fuente de ingresos fiscales de muchos de estos países –particularmente el petróleo- y los efectos de cierta desaceleración china provocada por sus ajustes internos –una economía más basada en servicios y menos en industrias de exportación de bajo coste- que han arrastrado también a los países que exportan hacia el gigante asiático. En 2015, el sector industrial chino creció un 1,5%, mientras que el sector servicios lo hizo un 11%.

El empeoramiento de las condiciones fiscales de algunos países emergentes en dificultades ha llevado a que algunos fondos soberanos –fondos de titularidad pública donde los estados invierten los beneficios de sus ventas de petróleo u otras materia primas- se hayan visto obligados a vender títulos para ofrecer liquidez a sus países. Muchos de estos fondos tenían su dinero invertido en valores europeos y norteamericanos, por lo que ha impactado negativamente en la tendencia de estos mercados.

Esta situación descrita no pasaría de ser un pequeño resfriado en la economía internacional si no fuera por la debilidad en la que esta se encuentra. Las turbulencias de las semanas pasadas actúan como un virus “oportunista” en el cuerpo debilitado de un enfermo crónico, que es la economía internacional. La salida de la crisis y la ineficaz respuesta obtenida entre 2010 y 2015 por parte de las autoridades ha dejado a la economía mundial muy debilitada, con crecimientos muy bajos y con fuertes vulnerabilidades sin resolver. Seguimos teniendo una demanda global muy debilitada (FMI dixit), un volumen global de deuda que amplifica mucho cualquier perturbación económica, no se ha producido una adecuada gestión de los riesgos inherentes a un mercado financiero que sigue ampliamente desregulado, y la ideología de la austeridad ha tirado al mar la llave que abre la política fiscal justo cuando la extrapermisiva política monetaria muestra signos de agotamiento en sus efectos, alcanzando tipos de interés negativos.

Esta situación ha generado que el sistema financiero europeo se encuentre muy debilitado. Todavía carga con numerosa deuda, y se enfrenta a tipos de interés muy bajos que hacen que sus beneficios sean muy limitados, en un contexto en el que prestar sigue siendo difícil –no tanto porque no haya liquidez, sino porque no hay quien invierta- y tienen que mejorar sus condiciones de solvencia. La sospecha de existencia de activos tóxicos en sus balances no invita a confiar en su solidez, y los esfuerzos desarrollados por la unión bancaria europea son de un alcance tan limitado que casi podríamos obviarla.

Las condiciones estructurales no son mucho mejores. El envejecimiento de la población y el estancamiento en el crecimiento de la productividad, en un contexto de demandas muy débiles, como se ha encargado de señalar el Fondo Monetario Internacional, nos conducen a lo que Larry Summers, poco sospechoso de “dovish” (término que en inglés se refiere a las “palomas”, aquellos que son menos entusiastas de la austeridad) ha caracterizado como el estancamiento secular, esto es, un largo período de crecimiento débil y vulnerable. Su solución pasa por realizar un estímulo focalizado que permita a corto plazo incrementar la demanda agregada y a largo plazo fortalecer las condiciones de mejora de la productividad, invirtiendo en sectores como la I+D, las infraestructuras o la formación[i].

Los gestores de la economía internacional, reunidos en el G20, se propusieron en 2008 reformar el sistema financiero internacional, con escasos resultados. En 2012 propusieron favorecer un reequilibrio macroeconómico global, haciendo seguimiento de los países con mayores desequilibrios, con un resultado nulo, y en 2014 lanzaron sus ideas para promover estrategias de crecimiento, sin que se conozca efecto alguno. En realidad, la agenda del G20 es la correcta: rediseño del sistema financiero, reequilibrio de las relaciones económicas internacionales, y fomento del crecimiento. Pero más allá de sus declaraciones, poco o nada se ha hecho. Con las palancas de la política monetaria prácticamente agotadas, y con la llave de la política fiscal expansiva en el fondo del océano, es muy probable que los augurios de Summers se conviertan en realidad.

Para enfrentar adecuadamente esta situación, lo primero que debemos hacer es resistir los cantos de sirena de chamanes varios que insisten en el ajuste como vía de salida de la crisis. Entre estos chamanes del ajuste, la palabra de moda ahora es “sobrecapacidad”, esto es, que el sistema productivo global tiene más capacidad de producción que de venta. Otra forma de nombrar (sin hacerlo) la debilidad de la demanda global, porque con todos los países empeñados en vender más que en comprar, el resultado no podría ser más catastrófico. Para vender, alguien tiene que comprar. Lo que le pasa a la economía global es que su demanda es muy débil. Por ello es necesario recuperar estímulos coordinados para incrementar la demanda y reactivar la economía internacional. Si la economía global funciona como un todo, y mientras no tengamos relaciones comerciales con Marte, deberíamos fijarnos más en las recomendaciones de Keynes y menos en las de Hayek.

[i] http://www.ft.com/intl/cms/s/2/9b591f98-4997-11e4-8d68-00144feab7de.html#axzz40PRIjVQg

++++++

*Este artículo se publicó inicialmente en ctxt.es y se reproduce aquí con la autorización del autor. 

About José Moisés Martín Carretero

Economista y consultor internacional. Dirige una firma de consultoría especializada en políticas públicas y desarrollo económico y social. Autor del libro: "España 2030: Gobernar el futuro". Miembro de Economistas Frente a la Crisis

6 Comments

  1. Luis el febrero 29, 2016 a las 12:58 pm

    Estoy interesado en recibir noticias suyas

  2. LuisC el febrero 29, 2016 a las 12:59 pm

    Ruego me manden noticias de Economistas

  3. […] La tercera réplica de la crisis: no podemos exportar a Marte […]

  4. XH el marzo 5, 2016 a las 1:43 am

    Vaya otro gran Economista que resulta que ni siquiera después de 8 años de crisis y 25 de globalización se ha enterado de por donde le da el aire.

    Sobrecapacidad? Estamos en el 2016 por si no se ha enterado, la primera crisis profunda del capitalismo se produjo hace más de 125 años y allí ya nos dimos cuenta que la capacidad de producción era muy superior a la de consumo.

    Por tanto, claro que hay sobrecapacidad, ahora y desde hace más de 100 años.

    Sólo en tiempos de guerra la sobrecapacidad deja de ser un problema. No creo que este proclamando la necesidad de montar una guerra para asegurar la Demanda? O si?

    Keynes, que se olvidan frecuentemente que era liberal, simplemente postulo algo de sentido común, si hay ciclos económicos como Schumpeter había demostrado el Estado Puede-Debe reducirlos, intentando frenar el crecimiento en épocas de bonanza para poder gastar más en épocas de crisis.

    Ese pequeño detallito de la hormiguita en tiempos de bonanza y el gobierno como freno al sobrecalientamiento de la Economía se les suele olvidar a los Neo-Keynesianos(Que tienen mucho más de Neo, que de Keynesianos pq dudo que Keynes o siquiera JK Galbraith).

    En realidad puestos a olvidar se les olvida algo que el propio Marx, que muchos de Ustedes aún nombran de vez en cuando, ya predijo sobre el capitalismo hace más de 150 años.

    De hecho de las pocas cosas en las que Marx y Keynes estaban de acuerdo, la tendencia decreciente de la Eficacia Marginal del Capital.(Por mucho que Piketty nos quiera convencer de lo contrario).

    En Plata, que por mucha Innovación que cree nuevos paradigmas, la tendencia a rendimientos más moderados de las Inversiones, es un hecho inexorable. O al menos un problema, continuado.

    Otra vez en plata, que nos realista pensar que se pueden mantener incrementos del PIB constantes y altos.

    Hablando de España. Hay algún Keynesiano que niegue que parte del problema español actual no esta relacionado, p.e., con el exceso de gasto público en Infraestructuras en España durante la década prevía?

    Infraestructuras que en buena parte aún debemos y que como estamos viendo no crearon empleo estable y duradero, sino más bien lo contrario(Han creado para estable y duradero para buena parte del sector de la construcción).

    Y la Globalización, que hace como 25 años que es un hecho imparable, implica además que la riqueza del mundo se reparte de forma distinta. Hasta hace 30-40 años esta se repartía entre poco más de 500 Millones de personas, que eran los habitantes de los países de la OCDE. Ahora se han añadido a la tarta como 2000 Millones más.

    Y sí, es muy probable que eso implique que el trozo de carta de los países ricos(Mejor dicho de sus habitantes, al menos de la mayor parte de ellos), será algo más pequeño.

    Lo que es un disparate es proponer las mismas medidas que han llevado a la crisis como solución para la crisis. Pq fue el Keynesianismo del Gasto Público y el Monetarismo expansivo privado el que creo la burbuja inmobiliaria.

    De verdad eso va a ser la solución? Hemos de volver a hacer autopistas sin aviones, AVES sin pasajeros, dar Hipotecas a quienes no van a poder pagarlas? De verdad me están diciendo eso?

    Aparte del pequeño detallito de quien va a pagar eso? Con una Deuda Pública global del 90% del PIB Mundial, con una Economía Privada(Empresas y Particulares) que sigue estando muy apalancada-endeudada la solución es patada a seguir y hacer la bola más grande.

    Amos no me jodan.

  5. Jose Poncela el marzo 10, 2016 a las 3:35 pm

    Ocurre, como siempre, que las declaraciones finales son siempre lo suficientemente ambiguas como para que todo el mundo pueda sentirse comodo con ellas. Por rediseño del sistema financiero la mayor parte entendia limitar los bonos por objetivos a corto plazo porque eran un escandalo social que estaba haciendo bastante dano politicamente. Unos pocos entendieron gravar las transacciones financieras con un espiritu parecido al anterior ante el coste de los rescates y nadie desandar el camino en la liberalizaci’on de la banca emprendido en los 80 para limitar la concentraci’on de riesgos. El reequilibrio de las relaciones económicas internacionales se supone que deben hacerlo los paises con deficit mientras que para los de superavit baste solamente una pequena reprimenda moral de tarde en tarde pero nada parecido a los mecanismos de control y sancion del «procedimiento de deficit excesivo» europeo que, por cierto, ultimamente la UE intenta que pase lo mas desapercibido posible no sea que recuerde las meteduras de pata del pasado. Fomento del crecimiento para unos es mas recortes estruturales (perdon, reformas aunque pocas veces se reforma algo) y para otros reactivaci’on de la demanda.
    Al final, todos contentos

    • XH el marzo 12, 2016 a las 11:48 am

      Centrar todo el problema en la parte financiera-monetarista, me parece una reducción innecesaria.

      Crisis financieras a lo largo del capitalismo ha habido continuamente. Sin irnos muy lejos en el 87 hubo un crack bursátil sólo comparable con el crack del 29.

      Pq en un caso tuvo consecuencias devastadoras y el otro mucho menos.

      Pq en el fondo no es lo mismo cuando el problema es fundamentalmente financiero, que es grave, pero solucionable. Cuando el problema financiero sólo es la punta del iceberg del problema económico. Y eso y es harina de otro costal.

      Desregulación bancaria? Bueno eso es discutible, en cosas si, en otras no. Algunas crisis que fueron provocadas por «lagunas» en la regulación financiera, la crisis del 87, fue motivada por la posibilidad de comprar empresas, pagando esas acciones con deuda de las propias empresas. O sea comprar empresas sin pagar nada por ellas, simplemente debilitando su equilibrio financiero. Eso provocó una ola de fusiones y adquisiciones, tiburones que se hicieron multimillonarios y multitud de empresas que estaban en situación financiera límite y que acabó con el mercado bursátil mundial cayendo vertiginosamente.

      Crisis financieras las ha habido siempre. Y siempre las habrá, pq siempre se buscarán subterfugios para especular.

      El problema es la diferencia entre una crisis especulativa y una crisis económica real y de crecimiento como la que tenemos ahora.

      Lo de bancos demasiado grandes para dejarlos caer, concentración del riesgo. Si pero no. Fueron los bancos locales-regionales pequeños incapaces de soportar la crisis los que agravaron muchísimo la depresión de los 30. Por otro lado, los bancos más grandes deberían ser más fáciles de controlar-seguir, que una multitud de pequeñas entidades financiera(Ejemplo cajas, cooperativas de crédito, etc, que son las que menos han soportado esta crisis).

      Es obvio que hay que controlar la especulación financiera, pq es muy dañina-peligrosa.

      Como tb lo es, que nuestro problema va mucho más allá del financiero y tiene que ver con el modelo económico de España(Y tb de Europa), en un mundo global.

      Como hacer compatible un modelo social muy caro con el Estado del Bienestar con la competitividad de las Economías(O sea de las Empresas) de esos países.

      Como logramos que los países en desarrollo puedan salir de la pobreza sin que su competitividad vía precios hunda indirectamente la competitividad-salarios de los países desarrollados.

      Como logramos que haya un crecimiento económico real(Sin especulación financiera), que sea suficiente para poder salir de la miseria a miles de millones de personas de países pobres sin que tenga repercusión en los standares de vida de los países ricos(Al menos de la mayor parte de la población).

      Como podemos sostener políticas públicas expansivas con una Deuda Pública Global del 90% del PIB mundial.

      Son muchas más las preguntas que las respuestas. Ese es el problema.

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