Corrupción, drama en cuatro actos

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Por Juan Ignacio Bartolomé y Mauro Lozano, economistas y miembros de Economistas Frente a la Crisis

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El escenario simula una cárcel donde Luis medita en actitud que recuerda a “El Pensador” de Rodin.

NARRADOR. – Espectador que amablemente asistes a esta representación, no te inquietes. El teatro es ficción y los hechos y personajes que aquí se narran son solo producto de la imaginación desmedida del autor. Su propósito es que pases una agradable velada, asumiendo que el espacio y el tiempo en que se sitúan son tan irreales como la Atlántida de Platón o la Ínsula Barataria de Cervantes. La obra aborda el fenómeno de la corrupción y aunque contenga elementos que te inclinen a ello no caigas en la depresión, antes bien, relájate y disfruta. No obstante, te ofrecemos previamente una breve sinopsis para que tengas la oportunidad de abandonar tu asiento en el caso, probable, de que te resulte insoportable la sensación de que reflejan acontecimientos que te parecen cercanos.

Añadiendo un aviso adicional, es preciso informarte, espectador, de que la obra carece de originalidad. De hecho, son varios los autores que, con formatos diversos, incluyendo el teatro y el celuloide, han tratado este asunto. Es lógico. Su trascendencia ha acaparado la atención de los ciudadanos y, al fin y al cabo, la literatura, ya tratando hechos reales, ya imaginarios, pretende aportar claves que propicien su comprensión.

SINOPSIS.

PRIMER ACTO.–(Escenario: celda de una prisión) La celda es confortable pero nada que ver con los lujosos espacios a los que Luis está acostumbrado. El es el tesorero de su partido, el hombre de confianza de la cúpula, y ha sido senador. Su situación le parece absurda. ¿Por qué no le sacan de allí? Al fin y al cabo, la acusación contra él solo se basa en el patrimonio, unos cuarenta millones de euros, que han detectado en un paraíso fiscal. El ha explicado su procedencia aunque, al parecer, de forma poco convincente. Ha recibido mensajes reconfortantes del presidente, “resiste Luis”, y supone que el poder cuenta con mecanismos para ponerle en libertad. Pero el encierro se prolonga demasiado y empieza a sospechar que le van a utilizar como cabeza de turco. El conoce todos los movimientos de fondos del partido, su origen y su destino, y sabe que su fortuna es la retribución, pactada y por tanto legítima, de su gestión. Por supuesto no lo puede contar, agravaría su situación, pero si puede enviar un mensaje, una amenaza que incite al poder a actuar decididamente en su favor. De hecho, el juez que destapó el caso ha sido expulsado de la judicatura. Podrían apartar del procedimiento, piensa, al fiscal y al juez que le han encarcelado.

Luis decide enviar el aviso. A través de un buen amigo, filtra a los medios sus anotaciones sobre cantidades que ha abonado, en negro, a los dirigentes del partido. Son cantidades pequeñas, unos cientos de miles, que no implican responsabilidades penales y que en su mayor parte han prescrito, pero tal como imaginaba el escándalo es enorme. Para los contribuyentes es inadmisible que los encargados de cobrar sus impuestos perciban dinero sin declarar. El aviso es contundente.

SEGUNDO ACTO. – (Escenario: Una sala de reuniones). Su partido acusa el golpe y decide pasar a la ofensiva. Niega la evidencia y pone en marcha una campaña para desacreditar a Luis. “Los papeles son mentiras inventadas por un delincuente que ha estado robando durante años”. Simultáneamente, destruyen el disco duro de su ordenador, conscientes de que Luis, como buen contable, puede haber anotado todas las cifras, la auténtica dimensión de los movimientos de fondos. Suponen que existen otras copias, pero este ordenador está al alcance de algún juez.

Las cartas están sobre la mesa. Luis puede desvelar todo el entramado poniendo al partido al borde del precipicio, pero se enfrentaría a un poder que le ha enseñado los dientes y, además, el aparecería como el principal responsable. Sería una guerra en que todos perderían. Es el momento de negociar.

Luis sale de la cárcel en libertad provisional. Mantiene la veracidad de las anotaciones que ha filtrado pero no va más allá. Los cargos contra él se van diluyendo. Tal vez acabe condenado a una pena leve pero, dado el periodo que ya ha cumplido, puede ser asumida. Por supuesto, su partido no presentará una denuncia contra él por apropiación indebida. Podrá disfrutar en libertad de su fortuna. El tiempo, ese gran aliado según la filosofía gallega, acabará solucionando el problema.

TERCER ACTO.- (Escenario: sala de un juzgado). Entra en escena un nuevo personaje, Francisco, el principal acusado en el “caso Gurtel”, sobre el que se cierne la amenaza de una condena severa. Como parte de una meditada estrategia de defensa decide poner en marcha el ventilador. En su declaración ante el tribunal Francisco denuncia, sin aportar pruebas, el cobro de una comisión del 3% sobre toda la obra pública, autopistas, aeropuertos, AVE….., a cambio de las adjudicaciones. En el hipotético caso, el tesorero del partido en el gobierno sería, supuestamente, el encargado de hacer las gestiones correspondientes, el origen de fondos y su aplicación.

Las cifras a que hace referencia Francisco, sin ofrecer ninguna prueba, tendrían un volumen abrumador. El gasto en obra pública durante ocho años supera los 40000 millones de euros, con lo que el 3% se situaría por encima de 1200 millones. A su vez, el 3% de este 3% se acercaría a los 40 millones.

Mientras Francisco abandona la escena, una voz en off anuncia la constitución de una comisión que investigue la financiación del PP.

NARRADOR.–No se te oculta, espectador perspicaz, que la declaración de Francisco y la comisión de investigación sitúan el discurso en una nueva dimensión. Ya no se trata de un juego entre responsables políticos carentes de ética y empresarios a la búsqueda de beneficio fácil que, en un ambiente de impunidad, se distribuyen recalificaciones y asignaciones predeterminadas de contratos de pequeña importancia relativa. Se trataría de un problema de Estado, en que los jugadores no son meros aficionados sino auténticos profesionales. Ello da pie a la aparición en escena de dos nuevos personajes, el sociólogo y el economista que, con el formato de ponencias académicas y basándose en los supuestos imaginarios contenidos en los Actos que anteceden, exponen ante los asistentes sus respectivas teorías.

Es consciente el autor de la obra de que este formato puede resultar farragoso y que su empeño en desgranarlo, a través de un diálogo fluido, es probablemente baldío. No obstante, ha asumido el riesgo con la esperanza de no aburrir en exceso.

CUARTO ACTO.-(Escenario: aula de una universidad) En su intervención, el Sociólogo argumenta que la corrupción en sus múltiples variantes no es, obviamente, un fenómeno reciente y que probablemente ha constituido un factor determinante en la historia del mundo y, sin ninguna duda, del país imaginario en que se sitúa la acción.

El “problema” de la corrupción, al margen de consideraciones éticas, es su carácter caótico e incontrolable que genera múltiples efectos negativos y, a la postre, determina la inviabilidad de la organización social hasta llegar al Estado fallido.

La corrupción cumple una doble función: Por un lado, es una herramienta “ideal” para consolidar las relaciones entre los grupos extractivos instalados en las estructuras políticas y los grupos de poder económicos de carácter oligopolístico. Saben que en sociedades abiertas y democráticas, en las que existen múltiples centros de decisión, se incrementan los controles y que  factores tales como competitividad y eficiencia se convierten en elementos de referencia del éxito de una sociedad. Y no están dispuestos a arriesgar el dominio del mercado compitiendo en una economía abierta de libre competencia. Por otro lado, permite la sobrefinanciación de las estructuras políticas (y de sus integrantes) que posibilitan el control social.

Se trata, por tanto, de potenciar y facilitar el desarrollo de esta preciosa herramienta, pero con la condición de evitar sus efectos negativos (caos, ineficiencia, luchas internas entre grupos, escándalos, …) que pueden poner en peligro el orden y la estabilidad social. El objetivo es el control del Estado más allá de las servidumbres del juego democrático, de poner el Sector Público al servicio de los grupos dominantes pero sin poner en riesgo la estabilidad del Estado.

Precisamente, la gran aportación en este caso ha sido la organización de la corrupción, aplicando una metodología de trabajo inspirada en Lucky Luciano y los pactos de “familia”.

Por supuesto, la gestión de la corrupción se debe adaptar a las estructuras de gobierno del Estado Autonómico (Gobernanza Multinivel).En efecto, la gobernanza del Estado se articula en tres niveles: Administración General del Estado, Comunidades Autónomas y Entidades locales. Al margen de la complejidad del sistema y de los problemas competenciales existentes entre administraciones, no cabe duda de que una buena organización de la corrupción debe adaptarse al máximo a este esquema.

En lo que se refiere a la Administración General del Estado, el objetivo se centra en los Ministerios y entes inversores. El gran bocado es el Ministerio de Fomento y lo lógico sería poner al frente de este Ministerio a una persona con amplia experiencia en la Secretaría General del partido y, por tanto, en el control de su tesorería y de su financiación. Considerando que la práctica totalidad de la obra pública del Ministerio de Fomento la ejecutan empresas multinacionales, la operación es sencilla, no requiere muchos interlocutores, no hace ruido y permite situar las comisiones fuera de España sin grandes problemas.

Probablemente, esta inocente hipótesis permitiría explicar los “silencios” de Luis y el hecho de que sus dineros en paraísos fiscales no sean recuperables. Y aflora la pregunta sobre el destino y la titularidad de fondos que, en su caso, serían considerables

En lo que se refiere al 2º. Nivel de Gobernanza, Comunidades Autónomas, el esquema se reproduce de la misma manera pero se hace más complejo en función del aumento de interlocutores, de otros destinos inversores (sanidad y educación) y de fricciones constantes con el 3º nivel (Ayuntamientos y Diputaciones). Aparece de forma sistémica y estructural en Cataluña. En cuanto a la Comunidad Autónoma de Andalucía, el gran asunto de corrupción se centra en los ERE, pero no hay datos que apunten a la existencia de corrupción sistemática y estructurada.

En las Entidades locales, sobre todo Ayuntamientos, la corrupción adquirió un carácter endémico centrada en el área de urbanismo. Este tipo de corrupción, apoyada en la burbuja urbanística, se ha desarrollado con intensidad en la Costa Mediterránea, ante la fuerte demanda de vivienda turística, y en las áreas de mayor demanda urbana (Madrid sobre todo). Por su gran capilaridad, el efecto social de esta corrupción ha sido demoledor, hasta el punto de que probablemente es la mayor responsable de la evidente degradación de la ética social.

La intervención del otro personaje, el Economista, se centra en el análisis de la repercusión de estas prácticas sobre el conjunto de la economía. Expone que la corrupción ha afectado gravemente a la eficiencia del gasto público y ha distorsionado la correcta asignación de los recursos productivos, hasta el punto de ser responsable, en grado considerable, del origen de la crisis económica. Ha provocado la construcción de aeropuertos donde nunca ha aterrizado un avión, de autopistas donde no circulan los automóviles que acaban siendo rescatadas con fondos públicos, de viviendas vacías cuya edificación ha contado con ingentes recursos financieros, aportados por bancos que también acaban siendo rescatados por el Estado.

Con un tono que pretende ser pedagógico, señala que la crisis en ese país imaginario comenzó con el colapso del sistema financiero, como consecuencia del desequilibro que en sus balances suponía el exceso de créditos a la actividad del sector de la construcción. A diferencia de lo ocurrido en otros países, los bancos no habían entrado en el mundo de los “activos tóxicos” difundidos en los grupos financieros internacionales. En los mercados internacionales ellos eran prestatarios no prestamistas, no compraban activos pedían préstamos. Los bancos crearon sus propios “activos tóxicos” concediendo préstamos que luego no pudieron ser devueltos. Y si destinaron tanta financiación al sector de la construcción fue porque ofrecía una rentabilidad superior a otros sectores. Ese diferencial de rentabilidad procedía de los beneficios que reportaban las recalificaciones, las asignaciones de contratos públicos…., obtenidas mediante el pago de comisiones. No es exagerado, sostiene, señalar a la corrupción como responsable cualificada de la crisis.

Tras sus intervenciones, se establece un diálogo entre ambos personajes que aborda, sin pretensión de arrogarse capacidades proféticas, la evolución previsible del fenómeno de la corrupción. Coinciden en que este modelo organizativo no es operativo en la actualidad. Sin duda, uno de los efectos colaterales de la grave crisis económica iniciada en 2.008 y aún no superada en su totalidad ha sido el colapso del modelo organizativo descrito. La crisis tiene entre sus causas la corrupción y, al mismo tiempo, paradójicamente, la desactiva. El estallido de la burbuja y la crisis financiera sumieron en la quiebra al sector urbanístico e inmobiliario. Asimismo, los problemas fiscales del Estado obligaron a un drástico recorte del esfuerzo inversor que afectó a todas las Administraciones. La gallina ya no ponía huevos y menos de oro.

Las expectativas frustradas, las promesas incumplidas y las rupturas de compromisos propician un ambiente de venganza y denuncias entre corruptos en el que proliferan los “affaires”, con las consiguientes detenciones e imputaciones de numerosos cargos integrados directamente en el modelo organizado de corrupción.

Ambos personajes concluyen, a la vista de los numerosísimos   procedimientos judiciales en curso, que la corrupción del P.P. respondía a un modelo sistémico de saqueo del Sector Público y que las distintas tramas corruptas se insertaban en una estructura altamente consolidada. Sostienen   también, que este modelo ha dejado de ser operativo. Y no resisten la tentación de dejar en el aire una pregunta destinada al espectador, que tan amablemente ha soportado una representación cuajada de elementos tal vez insoportables. ¿El colapso del modelo supone el fin de la corrupción o simplemente la necesidad de sustituirlo por otro modelo?

 

 

 

 

 

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