Aborto: Confusión en las alturas

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A finales de 1966, Ceausescu, el siniestro dictador, suprimió de golpe el derecho al aborto que antes imperaba en Rumanía. La consecuencia fue que, en 1967, se alcanzó allí un récord de nacimientos. Es el único caso conocido que permite ligar el aborto con la natalidad. Naturalmente, el auge de los nacimientos no duró. Pasada la sorpresa, las mujeres recurrieron a otros métodos, que, en algunos casos, ponían su vida en peligro y las obligaban a la clandestinidad. El resultado más perenne fue la existencia de una generación desmesurada, la de 1967, que viene planteando en Rumanía problemas a medida que llega a las diferentes edades: guarderías, escuelas, universidades, mercado laboral. En España, la idea de limitar el derecho al aborto ni siquiera tendría el efecto de sorpresa que tuvo en Rumanía, porque aquí llevaría un tiempo cambiar la ley.

¿Cuál es la situación actual y qué sentido tiene replantear hoy la cuestión de la interrupción voluntaria del embarazo en España? La percepción más generalizada es que el aborto es el último recurso que tienen las mujeres, cuando todo lo demás ha fallado. Este derecho de las mujeres no se ejerce en la modalidad de “barra libre”. La Ley actual, una ley de plazos, como en la mayoría de los países de nuestro entorno, marca los límites médicos y morales que la sociedad acepta mayoritariamente, dentro de los cuales se ejerce la libertad de las mujeres y el derecho a su propio cuerpo. Y no hay ningún abuso, con 11 abortos por mil mujeres, España se encuentra en la media de los países europeos con una legislación similar a la suya y muy lejos de algunos países, como Suecia, donde se producen el doble. La propuesta de revisar la Ley del aborto significa estrechar las limitaciones impuestas a esta libertad y a este derecho de las mujeres y romper un equilibrio que, hasta ahora, recogía un consenso muy amplio tanto en nuestro país como en la mayoría de los de la Unión Europea.

Cualquier persona con sentido común, a la que, por consiguiente, importara la convivencia, dejaría en paz una ley ampliamente aceptada. Los inconvenientes de reabrir una polémica sobre el aborto son, en primer lugar, políticos. No olvidemos que el último intento involucionista le costó la dimisión al ministro Gallardón, hace unos años. En realidad, se estaría reactivando un antiguo motivo de conflicto, hoy apaciguado, para beneficio de una exigua minoría de fanáticos y atentando contra lo que las mujeres consideran un derecho, aunque acepten ejercerlo dentro de los límites que garantiza el consenso social. ¿Existen ventajas incuestionables que justifiquen una empresa tan arriesgada? Una de las motivaciones, no reconocidas, podría ser la búsqueda de votos en el caladero de la extrema derecha, pero es difícil contabilizar como ventaja la satisfacción de unos grupos políticos que, en materia de igualdad de género y de derechos de las mujeres, se acercan peligrosamente al islamismo radical. De forma más explícita se liga la restricción del aborto a un aumento del número de nacimientos, como forma de resolver el problema de las pensiones. Veamos por qué este encadenamiento es un puro disparate. Salvo el peregrino caso de Ceausescu, nada indica que dificultar el aborto se vaya a traducir en más nacimientos.

La experiencia muestra que, si aumentan las trabas legales, aumentarán las intervenciones clandestinas o realizadas en el extranjero. ¡De vuelta con los viajes a Londres! Para las que puedan, porque sí es verdad que algunas mujeres, las de menos recursos, las más vulnerables, se verán atrapadas y tendrán un hijo no deseado. ¡Con ellos se cuenta para solucionar el problema de las pensiones! Poco importa que, para los padres, y sobre todo las madres, y hasta para el propio hijo, pueda ser un problema angustioso, por lo visto se está dispuesto a crear cotizantes a cualquier precio. Pero ¿resolvería esto el problema? Incluso si, por arte de varita mágica (varita Ceausescu), los algo más de cien mil abortos anuales se convirtieran en nacimientos mantenidos cada año, ello solo supondría un aumento de 0,5% del número de cotizantes, a partir de 2040-45: precisamente cuando empieza a remitir la llegada a la jubilación de los baby-boomers. Porque un aumento, incluso sustancial, de los nacimientos actuales, no tendría ningún efecto positivo (más bien el contrario) sobre los problemas a corto plazo de la seguridad social, provocados por la depresión salarial, fruto de la reforma laboral, o los a medio plazo por la llegada de los numerosos cotizantes de las generaciones del baby-boom. Se tarda entre veinte y veinticinco años en crear un cotizante y ello supone un coste elevado para las familias y el gasto público.

Es deseable que aumente la fecundidad porque las familias tienen ahora menos hijos de los que quisieran, pero no por la vía, aunque fuera eficaz (que no lo es) de obligar a las mujeres a tener los hijos que consideran que no deben tener. Parece paradójico que una derecha que defiende anteponer siempre lo privado a lo colectivo, esté dispuesta a coaccionar a las mujeres en sus decisiones más íntimas. Si se quiere que haya más nacimientos, cualquiera que sean las motivaciones, es necesario suprimir los obstáculos que explican la baja fecundidad: la precariedad laboral de los jóvenes, las vicisitudes para acceder a una vivienda y la enorme dificultad que supone criar a una criatura cuando los dos genitores trabajan. Tal vez, si mejoran estas condiciones podría disminuir el número de abortos.

Confío en que los muchos militantes y votantes del Partido Popular que no carecen de sentido común estén ahora diciendo o pensando que no es bueno crear conflictos donde no los había y que no se puede retroceder cuarenta años de golpe. Y espero que eso ayude a su principal dirigente, alguien que puede llegar a ser presidente del Gobierno, a centrarse y reflexionar o informarse, antes de hablar, No todo vale.

About Juan Antonio Fernández Cordón

Juan Antonio Fernández Cordón es Doctor en Ciencias Económicas y Experto-Demógrafo por la Universidad de París. Ha sido Profesor de las Universidades de Argel y de Montreal e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en el que fue Director del Instituto de Demografía. Ha ejercido también como Director de Estudios y Estadísticas del Ayuntamiento de Madrid y Director del Instituto de Estadística de la Junta de Andalucía. Ha sido miembro, como experto independiente del Grupo de Expertos sobre demografía y familia de la Comisión Europea y miembro del Consejo Científico del Instituto Nacional de Estudios Demográficos de Francia. Miembro de Economistas Frente a la Crisis

1 Comment

  1. Jaime Hevia el febrero 20, 2019 a las 9:06 am

    Una vez mas, separando la paja del trigo, el profesor Cordón, siempre pone un punto de luz, led, allí donde alguien se obstina en oscurecer y confundir con malas artes o como simple reflejo de la propia confusión e impaciencia.
    Enhorabuena.

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