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Análisis de la EPA: La creación de empleo se acelera

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Análisis de los datos de la EPA del primer trimestre de 2019

La creación de empleo se acelera

El gran reto del nuevo Gobierno es reducir la precariedad laboral. Y la derecha no lo va a hacer

El primer trimestre de cada año es siempre el peor para el empleo, por motivos estacionales, al finalizar la contratación extraordinaria de la temporada navideña. Desde 2008 siempre ha caído la ocupación en este período, y también el paro suele incrementarse. Esto es lo que reflejan los datos de la Encuesta de Población Activa que ha publicado hoy el INE. El número de ocupados descendió en 93.400 personas. Por su parte, el de personas en situación de desempleo aumentó en 49.900,  y la tasa de paro aumenta tres décimas, hasta el 14,7%.

No obstante, como se ha dicho, estas cifras brutas están muy afectadas por la estacionalidad de cada trimestre. Por ello es conveniente acudir a las tasas desestacionalizadas, que intentan corregir el diferente comportamiento de la actividad productiva en cada trimestre y de esta forma poder hacer comparaciones más rigurosas. Tomando estas, se observa que se ha producido un aumento del empleo en el primer trimestre de un 0,76% (en torno a 150.000 personas más) y una reducción del desempleo del 2,92% (unas 100.000 personas menos). Y esto resulta muy parecido a lo sucedido en los primeros trimestres desde 2015, de manera coherente con la fase del ciclo expansivo en la que nos encontramos, que a juzgar por los datos no pierde fuelle.

Pero, además, hay que tener en cuenta que esas tasas desestacionalizadas no corrigen el hecho puntual de que este año el empleo no se ha beneficiado en este primer trimestre del impacto favorable de la Semana Santa (efecto calendario), con lo que su comparación con otros primeros trimestres en los que sí ha sucedido (como 2018, 2016 o 2013) distorsiona negativamente la imagen. Es decir, que los datos en términos homogéneos serían incluso mejores de lo que muestran las cifras que eliminan el componente estacional.

En consecuencia, cabe decir que los datos del primer trimestre entran dentro de lo normal, y que no dan motivo para el sobresalto. Un dato sí resulta indudablemente positivo, y es la aceleración del ritmo de creación de empleo en tasa anual, por segundo trimestre consecutivo, que alcanza el 3,2%, la más elevada desde 2016. En el primer trimestre del año había casi 600.000 ocupados más que hace un año (596.900). También se ha acelerado el empleo asalariado, que ha pasado de crecer un 3,3% a un 3,6%. En cuanto al desempleo, son 441.900 desempleados menos que entonces, una reducción del 11,6%.

Una primera conclusión es clara: en fase expansiva, España posee una tremenda capacidad de creación  de empleo, que incluso se ha acelerado en los últimos trimestres.

En este aumento del empleo, el grupo de edad que más crece en términos relativos es el más joven, de 16 a 19 años, un 22,5%. Y los siguientes son los mayores de 45 años, sobre todo los de más de 55 años (7,4%). Son buenas noticias, porque son algunos de los grupos con mayores dificultades de inserción en el mercado laboral. En el caso del empleo asalariado, el resultado es similar: los que más aumentan son los menores de 20 años (29,4%). Seguidos por los de 60 a 65 años (12%), de 55 a 59 (6,4%) y de 20 a 24 (5,4%).

En este sentido, no parece que se esté produciendo un impacto negativo por la subida del SMI a 900 euros. Aunque es muy pronto para extraer conclusiones al respecto, en el caso de otros cambios legales en el ámbito del empleo y de las relaciones laborales que se han producido en etapas anteriores sí se ha observado con carácter inmediato un impacto visible, que ha generado un efecto escalón en la serie de datos.  En este caso, al menos eso, no se ha producido en absoluto. E incluso en el caso de los menores de 20 años en el primer trimestre se ha producido una notable aceleración en su ritmo de ocupación.

En cuanto al tipo de empleo creado, como suele ocurrir en los primeros trimestres, ha sido íntegramente indefinido (+89.900), mientras que el temporal ha caído (-185.800). Es el efecto, básicamente, de la rescisión de los contratos temporales en los sectores de comercio y hostelería que obedecen al pico de demanda del período navideño. Por eso la tasa de temporalidad se ha reducido en un punto porcentual, hasta el 25,9%.

En este ámbito hay que destacar muy favorablemente dos datos: primero, que en este trimestre, por primera vez en los últimos diez años, la tasa de aumento del empleo indefinido supera a la de los temporales (3,9% frente a 2,7%); y segundo, que se ha alcanzado el mayor número de asalariados con contrato indefinido de toda la serie histórica (12.124.000).

Sin embargo, en materia de calidad del empleo no hay ningún motivo para la celebración. La tasa de temporalidad sigue siendo muy elevada, la segunda mayor de toda la UE, señalando uno de los problemas fundamentales de nuestro mercado laboral, que arrastramos desde hace más de 30 años, y que tiene unas causas conocidas: el fraude en la contratación, en la medida que las empresas realizan masivamente contratos temporales para cubrir puestos de trabajo permanentes, incumpliendo la legislación.

Y a esta circunstancia estructural se añaden otras que reflejan un nivel de precariedad laboral en nuestro país insoportable, que está lastrando nuestras capacidades de desarrollo y perjudicando de manera muy directa la calidad de vida de millones de personas y sus familias. Además de la temporalidad, un millón y medio de trabajadoras y trabajadores tienen un empleo a jornada parcial cuando desearían tener uno a jornada completa (el 52% de todos los ocupados a tiempo parcial); cada vez es más habitual la figura del trabajador falso autónomo, que depende de un único pagador, participando de lo peor de ambas realidades laborales (empleado por cuenta ajena y propia); los empleos indefinidos son cada vez más inestables, puesto que es más fácil y barato despedir; las empresas multiservicios insisten en competir por la vía de tirar presionar a la baja permanentemente los costes laborales y empeorar las condiciones de trabajo; la plataformas digitales buscan dar carácter de modernidad a la explotación laboral de siempre, sin pagar además en nuestro país los impuestos que se derivarían de sus pingües beneficios; etc.

En definitiva, pese a los buenos datos de creación de empleo en términos anuales en este trimestre (y durante los últimos años), la situación del mercado laboral no mejora en el resto de las dimensiones. Hay más empleo, y eso es muy positivo, pero se consigue exactamente a costa de su pésima calidad.

No tendría por qué ser así, pero es la consecuencia de una mala regulación (reforma laboral de 2012) que ha agravado considerablemente un mal funcionamiento, que viene de atrás, de las principales instituciones laborales:

  • El fraude sistemático en la contratación temporal y la extensión del tiempo parcial desregulado han hecho que el empleo más precario haya crecido considerablemente. El empleo indefinido a tiempo parcial multiplica por tres los niveles de 2002. El empleo temporal a tiempo parcial prácticamente se duplica. Y todo el empleo temporal va camino de alcanzar máximos.
  • El despido ha sido doblemente descausalizado, en el aspecto normativo y en el de su coste para las empresas (bajando radicalmente, primero en 2002 y luego aún más en 2012, el coste del despido injustificado), lo cual ha sobredimensionado la utilización del despido con graves efectos sobre la estabilidad del empleo, la caída de la inversión en formación (que lógicamente también se produce en el empleo temporal y en el tiempo parcial) y una altísima externalización por parte de las empresas de costes sociales al conjunto de la economía.
  • La negociación colectiva ha sido desarbolada por la reforma de 2012 y carece de capacidad para cumplir con sus funciones tradicionales de adaptación negociada de las relaciones laborales y de los salarios a las condiciones de la economía y a los grandes cambios tecnológicos y de los mercados.
  • La devaluación de los salarios se ha convertido en un elemento permanente (y no coyuntural) de la evolución de los mismos, de forma independiente a las condiciones económicas y a la marcha de las empresas (facturación y beneficios) debido nuevamente a la reforma de 2012.
  • El descontrol, en consecuencia, en el funcionamiento del mercado de trabajo y en el cumplimiento de las normas, con graves consecuencias económicas (modelo de competitividad, inversión tecnológica y modernización de las empresas) y, no menos graves, sociales, tiende a extenderse aquejando a todas las dimensiones del empleo. Y extendiendo esos efectos sociales sobre capas cada vez más amplias de la sociedad.

Todo lo cual está, en la perspectiva distributiva (aunque lógicamente tiene más dimensiones), en el origen de las grandes desigualdades en la distribución de la renta.

En definitiva, la favorable evolución del empleo no puede oscurecer la necesidad de restablecer un funcionamiento del mercado de trabajo basado en una buena regulación, en el cumplimiento general de las normas y en un empleo de calidad en su estabilidad (contratación temporal y despido), en la jornada de trabajo y en las retribuciones.

Aunque a duras penas -por el continuo ruido, las salidas de tono y las extemporáneas apelaciones a los asuntos territoriales-, en esta campaña electoral hemos podido escuchar algunas de las propuestas de la derecha para, supuestamente, reconducir los problemas evidentes de nuestro mercado laboral.

El PP ha repetido una retahíla de datos adaptados a su conveniencia -o, directamente, falsos- intentando la trasladar la idea de que la gestión de sus gobiernos en materia de economía y empleo fue sobresaliente, y que en consecuencia, hay que profundizar en aquella estrategia y, en particular, en la reforma laboral. Pero la realidad desmiente su fantasía.

Con los gobiernos de su signo en España se creó mucho empleo cuando el PIB crecía; ni más ni menos que lo que sucede siempre, con cualquier gobierno. Pero el empleo no solo fue de muy baja calidad, como tradicionalmente ocurre, sino que su reforma laboral de 2012 supuso el mayor recorte de derechos laborales de nuestra historia democrática moderna, contribuyendo decisivamente a facilitar y abaratar los despidos, elevar la precariedad en el empleo, desplomar los salarios, recortar las prestaciones por desempleo y desequilibrar la negociación colectiva en favor de los empresarios. Por eso, cuando propone profundizar en las políticas que aplicó, y en especial en insistir en la vía de la nefasta reforma laboral de 2012, sabemos lo que implicaría: más precariedad laboral y menos derechos laborales.

Por su parte, Ciudadanos insiste en un mantra al que se aferra como bálsamo de fierabrás: el llamado contrato único, que significa eliminar la causalidad en la contratación, igualando a la baja los derechos y condiciones de temporales e indefinidos, y otorgando total discrecionalidad a las empresas a la hora de contratar, lo que hace imposible detectar el fraude y la rotación laboral. Todos con un mismo contrato, fijo de nombre, pero precario de facto.

En suma, no serán las fuerzas políticas de la derecha las que solucionen los problemas del empleo en España; al contrario.

El gran reto del nuevo Gobierno es abordar de inmediato unas reformas que devuelvan el mercado laboral a un funcionamiento como el que tienen la mayoría de los países del entorno europeo. Y superar de una vez el dudoso honor de tener el peor y más precario modelo laboral, social y de competitividad de la UE.

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Asociación de Economistas Frente a la Crisis

2 Comments

  1. […] en el que aquí no me detendré, tiene que ver con una urgente contrarreforma de la rampante devaluación laboral y salarial que está amplificando la brecha entre los que más y menos ganan dentro de cada empresa (hoy ya es […]

  2. Laura el mayo 22, 2019 a las 6:31 pm

    Excelente análisis. Tienes alguna comparativa del empleo autónomo en Europa? Gracias.

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