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La marca España de empleo con el Partido Popular: ultra-temporalidad, salarios de pobreza y bajas pensiones

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Luz Rodríguez @LuzPSOE, profesora titular de derecho del Trabajo y la Seguridad Social UCLM, es Secretaria de Empleo de la CEF del PSOE y miembro de Economistas Frente a la Crisis

 

En el último año se han creado 433.900 empleos. Después de 6 años de dura crisis económica, los socialistas nos alegramos de cada empleo que se cree en nuestro país. Pero no podemos compartir ni la complacencia ni la satisfacción que expresan el Gobierno y el Partido Popular. Primero porque todavía hay en España más de 5,4 millones de personas en situación de desempleo y nuestra tasa de paro sigue cercana al 24 por ciento, la segunda tasa de paro más alta de la Unión Europea, donde solo nos supera en este drama Grecia. Y, en segundo lugar, porque el empleo que se está creando es de tan baja calidad que bien podemos hablar de que la marca España de empleo está caracterizada por la ultra-temporalidad.

Hay algunos datos elocuentes al respecto. En el último año, 9 de cada 10 contratos de trabajo fueron de carácter temporal. La tasa de temporalidad, que había descendido durante los primeros años de la crisis por la extinción de millones de contratos temporales, está volviendo a repuntar hasta situarse en un 25 por ciento, de modo que 1 de cada 4 trabajadores tienen hoy un contrato de trabajo con fecha de caducidad. Y lo que es todavía peor, un contrato de corta o muy corta duración. La media de duración de los contratos de trabajo firmados el último año se situó en 53 días y 1 de cada 4 duró menos de una semana. No creo, sinceramente y más allá de los eslóganes políticos, que un contrato de trabajo de 3 días pueda considerarse verdaderamente un empleo, aunque a efectos estadísticos lo sea y el Gobierno lo compute (y lo celebre) como tal.

A este exceso de precariedad viene a sumarse la creciente pujanza del trabajo a tiempo parcial. Siempre hemos sido un país con altas tasas de temporalidad pero poco peso del trabajo a tiempo parcial. Sin embargo, esta tendencia se ha roto y en la actualidad a la dualidad en alza trabajo fijo/trabajo temporal se añade cada vez con más fuerza la existente entre el trabajo a tiempo completo/trabajo a tiempo parcial. En el último año, 4 de cada 10 contratos de trabajo eran de esta última modalidad. Más aún, está empezando a producirse un fenómeno de sustitución del primero por el segundo que es francamente preocupante. Muestra de ello es lo que ha sucedido en el cuarto trimestre de 2014: se han destruido más de 130.000 empleos a tiempo completo para crear 195.600 nuevos empleos parciales, de forma que puede decirse que todo el empleo creado en dicho trimestre ha sido empleo parcial. En algunos casos, además, con jornadas laborales exiguas. Más de 400.000 asalariados de nuestro país trabajan menos de 10 horas a la semana y cerca de 1,2 millones de ellos lo hacen menos de 20 horas a la semana.

Pero la precariedad alcanza su grado sumo cuando se combinan ambas tendencias y el empleo es temporal y a tiempo parcial, cosa que cada vez sucede con más frecuencia. 9 de cada 10 contratos a tiempo parcial celebrados en 2014 fueron, a su vez, contratos temporales, de manera que en este año se firmaron más de 5,3 contratos de trabajo temporales y a tiempo parcial. Una forma de precariedad laboral al cuadrado que produce nocivas consecuencias.

La primera es que, en no pocas ocasiones, encubre la realización de trabajos a tiempo completo y, por supuesto, de carácter indefinido. Aunque no lo parezca por el volumen que posee en nuestro país la contratación temporal, la misma es únicamente posible cuando el trabajo que se va a desarrollar es igualmente de carácter temporal. Pues bien, ¿alguien puede en verdad pensar que en 9 de cada 10 ocasiones el trabajo contratado el último año era realmente de naturaleza temporal? No, probablemente no. Lo que sucede es que se están realizando contratos temporales sin respetar las causas para los que fueron establecidos y que, por tanto, hay en este ámbito un profuso incumplimiento de la legalidad. Lo mismo sucede con el contrato de trabajo a tiempo parcial, que muchas veces actúa de “tapadera” de un contrato a tiempo completo, de forma que se contratan oficialmente x horas y se realizan de facto x multiplicadas por 2 ó por 3 hasta completar la jornada a tiempo completo e, incluso, hasta rebasarla de manera claramente ilegal. Es sabido, en este sentido, que cada semana se realizan en nuestro país algo más de 10 millones de horas extraordinarias ilegales, que, en más de la mitad de los casos, ni siquiera se cobran por parte de los trabajadores que las realizan. Existe, por tanto, también en este ámbito, un profuso incumplimiento de la normativa laboral. Mientras esto sucede y el Estado de Derecho es casi una excepción en el terreno de las relaciones de trabajo, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social –convertida por orden del Ministerio de Empleo en una especie de “policía de parados”- se dedica principalmente a perseguir perceptores de prestaciones por desempleo y no los incumplimientos más que flagrantes de las leyes.

Esto último produce una fuerte sensación de impunidad y desprotección ante comportamientos ilícitos por parte del empresariado y ampara, no pocas veces, situaciones de verdadera explotación laboral. Pero aún hay más. La suma de temporalidad y trabajo a tiempo parcial, junto con la reforma de la negociación colectiva y de los mecanismos para la modificación de las condiciones de trabajo llevada a cabo por el Partido Popular, está provocando una caída de los salarios y, con ella, un empobrecimiento generalizado de los trabajadores. Esta es, con toda seguridad, la segunda característica de la marca España de empleo: los salarios de pobreza. El 34 por ciento de los trabajadores perciben salarios equivalente al salario mínimo interprofesional, es decir, 648 euros al mes, y casi la mitad de ellos perciben salarios de poco más de 900 euros. Se entenderá ahora por qué casi el 12 por ciento de los trabajadores viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza, 2 millones de ellos son pobres y casi 3 millones de niños sufren riesgo de exclusión social. La falta de trabajo o el trabajo de mala calidad son hoy los padres de la pobreza en España.

Todo lo anterior tiene su puntual reflejo en el espacio de la Seguridad Social. La fuerte caída del empleo pero también la temporalidad, la parcialidad y los bajos salarios del existente, así como la no cotización por millones de horas de trabajo que se realizan al margen de la ley, están reduciendo considerablemente los ingresos de la Seguridad Social. Un ejemplo de ello: si se hubiera cotizado por las horas extraordinarias no declaradas, los ingresos de la Seguridad Social se habrían incrementado en 2.400 millones de euros. Debe sumarse, además, que la única política de empleo que el Partido Popular practica con fruición consiste en la reducción o bonificación de cotizaciones o “tarifas planas”, ineficaces para la creación de empleo, pero muy dañinas en relación con la merma de ingresos que suponen para la Seguridad Social. Así, el año pasado, un incremento de 300.000 cotizantes, que en otros momentos hubiera significado una entrada de ingresos a la caja de las pensiones de más de 1.800 millones de euros, supuso poco más de 300. Y lo peor es que este desplome de ingresos, dado el enfoque economicista de la política de Seguridad Social, según el cual “tanto tienes tanto repartes”, puede convertirse en la excusa perfecta para una reducción paulatina de las pensiones y, así, para un empobrecimiento de los pensionistas de hoy, pero sobre todo de los de mañana.

Este es, en pocas palabras, el modelo de país que está construyendo el Gobierno del Partido Popular. Pobres hoy porque los trabajados son ultra-temporales y de bajos salarios. Y pobres mañana, porque las pensiones resultantes de estos trabajos no darán más que para mal vivir.

Todo esto no es consecuencia de la crisis económica. Es consecuencia de opciones políticas que revelan una ideología conservadora que pueden cambiarse cuando los socialistas lleguemos al poder. Derogar la reforma laboral del Partido Popular y elaborar un nuevo Estatuto de los Trabajadores es el primer paso. Pero habrá que hacer mucho más. Para empezar una política audaz contra la excesiva temporalidad de nuestro mercado de trabajo. Hemos dicho ya que no vamos a avalar el “contrato único”, una fórmula con presuntos poderes mágicos que en verdad convertiría en temporales todos los contratos de trabajo. Pero sí debemos ir mucho más allá del consabido refuerzo de la causalidad de los contratos temporales y pensar en qué dosis (baja) de temporalidad estamos dispuestos a asumir como sociedad. Debe regularse de nuevo el trabajo a tiempo parcial para impedir que encubra situaciones de trabajo a tiempo completo mediante los pactos y ofertas de horas complementarias y no se convierta sin más en una forma de fragmentar contratos de trabajo. La Inspección de Trabajo y Seguridad Social debe dejar de ser una “policía de parados” y empezar a controlar la degradación de las condiciones de trabajo. Para ello se necesitan más efectivos, pero también una mejor planificación de la actividad inspectora y una reforma de las leyes sancionadoras que penalice como se merecen, entre otros, los excesos de jornada de trabajo. Tenemos que subir el salario mínimo interprofesional hasta el 60 por ciento del salario medio del país y recuperar la fortaleza de la negociación colectiva como instrumento de redistribución más equitativa de los beneficios de la actividad económica. Y hay que actualizar las pensiones de manera que no pierdan poder adquisitivo y buscar fuentes de financiación alternativas (mediante impuestos) para nuestro modelo de protección social.

Apasionante tarea la que tenemos los socialista por delante ¿verdad?

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Este artículo ha sido publicado en la Revista «Temas». Lo reproducimos en este blog con autorización de la autora

About Economistas Frente a la Crisis

Asociación de Economistas Frente a la Crisis

4 Comments

  1. […] La marca España de empleo con el Partido Popular: ultra-temporalidad, salarios de pobreza y bajas p… […]

  2. Alfonso Prieto el marzo 28, 2015 a las 6:37 pm

    Enhorabuena por el excelente artículo Mari Luz. Todo lo que dices es el perfecto retrato de lo que está pasando en el mercado de trabajo, como resultado de las nefastas políticas del Gobierno del PP. Espero que el próximo Gobierno de izquierdas que necesitamos aborde desde el primer día la derogación de la legislación laboral de la derecha más reaccionaria de Europa.
    Un fuerte abrazo.

  3. Eduardo Hernandez el marzo 30, 2015 a las 10:10 am

    He quedado sorprendido por su artículo. Sorprendido gratamente, y si esta es la política laboral y económica que van a llevar en su programa, y en su gobierno futuro, es esperanzador. Devolver la confianza les costará, pero es un primer paso…no?

  4. Miguel Ángel Malo el abril 4, 2015 a las 10:31 am

    Gracias por el post, muy interesante. Señalaría dos cuestiones:
    1) Creo que el gran problema de la extensión de la parcialidad es, como se dice, permitir las horas extraordinarias. Esto ha abierto una puerta hacia una gran bajada de hecho de los salarios/hora. Hay que cerrar esta puerta, para que el contrato a tiempo parcial pueda cumplir sus funciones. Creo que también hay que considerar una definición más precisa del tiempo parcial y no sólo respecto de lo que se considere jornada normal en la empresa.
    2) Se ha creado también otra vía hacia la precariedad que conviene controlar rápidamente. Se trata del autoempleo dependiente. La figura del TRADE debería perfilarse mejor y asimilar más su protección a la del asalariado o impedir a las empresas «clientes» que trabajen para otras empresas clientes.
    Saludos.

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