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Sensibles al cambio

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José Molina, Doctor en Economía,  sociólogo y Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia, es miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC

Decía Platón en “La república” que la tiranía hay que rechazarla porque repugna participar en un sistema que ejerce el poder con temor, inseguridad y relación única. Ante eso tenemos que reaccionar con indignación, vergüenza y rabia. Pero no alcanzaremos esos sentimientos del cambio si no hay sensibilidad ante lo inaceptable e injusto.

Adam Smith, en su “Teoría de los sentimientos morales” nos señalaba bien claro que en los orígenes de la economía liberal se encuentra ese sentimiento de aprobar lo que nos da satisfacción. Es la empatía la que nos conmueve y es la indiferencia la que nos lleva a no sentir nada. Aquello que no nos subleva, que en lenguaje coloquial, se dice que nos deja fríos” es inhumano. Precisamos para vivir en comunidad esos sentimientos que nos hagan partícipes y miembros activos de una comunidad que siente en común y cuando se consigue, contamos con un poder social de cohesión, si no está presente no hay constitución que mantenga lazos, es la indiferencia de unos con los otros. Es la separación por la rotura de no sentir lo mismo, sin embargo, cuando existe ese sentimiento nos encontramos con la fortaleza de las ideas y es en ese punto dónde se reafirman las posiciones y el contrario depende de nosotros. Dominamos al contrario con la empatía, cuando lo desarmamos que es cuando socialmente lo hemos desmoralizado, es decir, cuando lo desnudamos y demostramos que carece de moral. Y es cuando queda en evidencia que viven en la “indiferencia” porque no hace suyo lo que los demás diferenciamos entre el bien y el mal.

Es bueno recordar que en la Grecia clásica el “idiotes” era quien no participaba en los asuntos públicos y prefería dedicarse únicamente a los asuntos privados y recordemos que fue Pericles el que deploraba que hubiera en Atenas indiferentes, “idiotas”, que no se preocupaban por aquello que a todos nos debe concernir.

La perversión del lenguaje, ha convertido el término en una extraña figura y son listos los que van a lo suyo, y los más listos son los que incluso se apropian de lo público, y ante esas conductas -que por desgracia todavía no hemos erradicado de la vida pública- la ciudadanía no siente el suficiente rechazo y todavía están presentes en la sociedad actual.

Esta es una de las amenazas más groseras contra nuestra convivencia pública, porque permitir que entren en el círculo virtuoso de lo público, en la política organizada, quién ha practicado la demolición de la ética y de la moral pública, es abrir la democracia a quienes no valoran ni la justicia, ni la igualdad, ni la solidaridad y desprecia la legitimidad.

La participación es un valor democrático en alza, aunque tiene que recuperar la barrera de un sistema que no ha organizado los cauces apropiados para ejercerla. Hoy hablamos más de participar, que de las vías que tiene la ciudadanía para circular libremente por sus instituciones. Sólo nos hemos atrevido a abrir la puerta del artículo 105b de la Constitución, para dejar que se pida información si no está en los “portales de transparencia” por la política activa de información.

Estamos en tiempos de desafíos, de búsqueda de nuevos horizontes, de cambio de modelo económico, de eliminar muchos tópicos y en especial deseamos superar la confusión con que algunos nos envían mensajes sin descifrar. No queremos vivir en una sociedad de interrogantes y sobre todo si muchos de esos interrogantes son falsos. La vida es un proyecto y la vida en común, nos dice Victoria Caps, es una emoción. Por eso emocionarse nos dice, es bueno, empresarios, trabajadores, políticos, familias, educadores, la ciudadanía, tienen que vivir nuevas experiencias, deben asimilar las recusaciones fuertes y tienen que emocionarse para sentir, como dice Lacroix, y llegar en esa emoción de apogeo del individuo a que nada ni nadie lo derribe. Y es entonces cuando conectaremos con los principios que hace posible gobernar y moderar si sabemos coordinar un ecosistema dónde lo social, cultural, ideológico y jurídico, incluyendo lo institucional se desarrolle en todas sus dimensiones y nos ayude a entender porque actuamos y eso sólo se consigue participando.

Es el reto de la ciudadanía, para no caer en el entumecimiento moral, que Bauman nos alertaba, de correr el grave riesgo de perder nuestra sensibilidad ante los problemas que nos rodean. Una sociedad “sin valor” es una sociedad extenuada, donde la traición no es más que un acto rutinario de romper la palabra dada y mentir, justificado por un cambio constante para lo que se llama “asumir nuevos retos”, en estos momentos que deseamos un cambio, somos muy sensibles a la amistad, la lealtad y la honestidad, porque son las que nos pueden llevar al espíritu de la creatividad.

Publicado en el Diario La Verdad 31/7/2016

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Doctor en Economía y Sociólogo, es Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia y miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC

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