España: un país desarrollado en declive

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Por Bruno Estrada, miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC

La competitividad de nuestras empresas está basada cada vez más en bajos costes laborales
de actividades industriales homogéneas, o de servicios de baja cualificación como el turismo masivo, la hostelería o el comercio

Las erróneas medidas de política económica tomadas por los gobiernos del PSOE y del Partido Popular a partir de 2010, de austeridad fiscal y devaluación salarial, han acelerado una tendencia que venía caracterizando nuestra estructura económica y productiva desde hace al menos dos décadas. España es hoy un país desarrollado en declive. Los elementos que permiten clasificar así a nuestro país son:

1) su  crecimiento económico es inestable y fluctuante;

2) la competitividad de sus empresas está basada cada vez más en bajos costes laborales de actividades industriales homogéneas, o de servicios de baja cualificación (como el turismo masivo, la hostelería o el comercio);

3) el Estado tiene un peso cada vez más reducido en la actividad económica;

4) los salarios son cada vez más bajos, principalmente entre los trabajadores que se incorporan al mercado de trabajo por primera vez o que se reincorporan tras haber estado en paro, lo que reduce la sofisticación de la demanda;

5) las relaciones laborales cada vez más autoritarias, fruto de las dos últimas reformas laborales y, por tanto, cada vez más conflictivas;

6) hay una creciente desigualdad social; y

7) existe una sobrecualificación de los trabajadores, teniendo en cuenta nuestro actual modelo productivo, lo que supone que exportamos trabajadores cualificados, algo que es propio de países tercermundistas: los formamos en nuestro país con dinero público para que generen riqueza en otros países.

Una política de devaluación salarial que busca mejorar la competitividad de las empresas solamente vía precios es una estrategia errónea para mejorar la posición competitiva de España, ya que incentiva nuestra especialización en la fabricación de productos homogéneos y estandarizados por parte de una mano de obra crecientemente precarizada, descualificada y mal remunerada. Esto se pone en evidencia al analizar la evolución de nuestro país en el Índice de Complejidad Económica elaborado por el Observatorio del MIT Media Lab, perteneciente al Instituto de Tecnología de Massachusetts, como se puede ver en el gráfico adjunto.

Índice de complejidad económica de España 1964-2014


Fuente: elaboración propia a partir de datos de Observatory of Economic Complexty, OEC.

Este Índice intenta medir cuestiones relativas a la calidad de los productos que no se obtienen mediante las tradicionales estadísticas de comercio exterior. Los productos y servicios complejos, como los motores de aviones, son el resultado de un fuerte entramado de trabajadores cualificados, empresas e instituciones públicas de I+D+i,

La evolución de este Índice en España en los últimos cincuenta años es muy preocupante, su valor en 2014 el valor es similar al de 1964. Esto no quiere decir que, en términos absolutos, la complejidad de las empresas españolas de hoy sea la misma que la de hace cincuenta años pero sí en términos relativos, comparándolas con las de otros países desarrollados. Indica una clara tendencia hacía una menor diversificación productiva, lo que tendrá indudables efectos negativos en términos de obtención de futuras Ventajas Comparativas Reveladas.

Las experiencias durante las dos últimas décadas de la Republica Checa, Singapur o de Corea del Sur, un país de tamaño similar al nuestro, muestran cómo algunos países emergentes han impulsado inteligentes y efectivas actuaciones de política industrial que han permitido que sus empresas sean competidoras de primer nivel con las empresas de los países desarrollados en multitud de sectores complejos, incluso en algunos que son intensivos en tecnología.

Aun estamos a tiempo de recuperar el terreno perdido, pero ello exige un gran consenso social entre los agentes económicos y sociales: empresarios, administraciones públicas, universidades, centros de investigación e innovación, del que no pueden estar ausentes los sindicatos. Ya que unas relaciones laborales más democráticas, menos autoritarias, son la clave para crear valor y empleo de forma sostenible.

One Comment

  1. Muy cierto. Nuestras empresas compiten con salarios bajos, no con inversión en I+D+i (de las más bajas de Europa), por que esa es su cultura. Salvo escasas excepciones, nuestro empresarios, al igual que nuestros políticos, son de baja calidad, no invierten en investigación y mantienen a sus empresas con escasez de recursos propios, descapitalizadas y poca reinversión de los beneficios, fiando su financiación a los bancos. Y así les luce el pelo. Cuando las cosas van bien, los bancos dan dinero, pero cuando, como sucede desde 2.008, los bancos cierran el grifo, las pasan canutas o directamente quiebran , ya que poseen una estructura financiera muy endeble. La cultura empresarial de nuestro País se basa en el lucro rápido, no existen verdaderos empresarios que miren a largo plazo, y por encima, mucho de ellos se han convertido en especuladores. Necesitamos buenos empresarios, que capitalicen adecuadamente a sus empresas y no basen el beneficio en la explotación de sus empleados. Por último, necesitamos reindustralizar España. Hemos privatizado y/o vendido a multitud de buenas empresas y sus actuales gestores suelen dejar mucho que desear. Ejemplos: los que queramos. Necesitamos recuperar los sectores estratégicos. Endesa (electricidad), Telefónica (comunicaciones), Enasa (fabricante de camiones), Repsol (energía), la buena banca pública (el Banco de crédito industrial, el Banco Exterior, etc.) Empresas de las que nos hemos deshecho, y que eran de todos los españoles y ahora son de unos pocos. Un sector público potente que marque las pautas, y potencie la industria, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que el sector privado no sea imprescindible. Pero una buena base industrial en sectores estratégicos y bien gestionada (mejor que la privada a ser posible), resulta imprescindible. Muchos de nuestros fabricantes tienen en otros Paises sus centros de decisión. Y ese peligro de que nos abandonen es notorio. Piensen por un momento, en la amenaza de Marie Le Pen, de llevarse de nuevo a Francia sus fábricas de coches Citroen, Peugeot y Renault. Será el desastre absoluto. Necesitamos buenos empresarios y cuanto antes.

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