La economía da nuevas oportunidades al belicismo

Ignacio Muro Benayas @imuroben, miembro de Economistas Frente a la Crisis

El primitivismo de gestos de Trump y la puesta en marcha de los discursos del odio y la intimidación en un grado desconocido pudiera alimentar la impresión de ser un accidente, o mas aún, un estorbo para el desenvolvimiento del nuevo capitalismo. Craso error.

Aunque así lo pareciera o, incluso, aunque así lo fuera para algunos sectores económicos, el paso del tiempo lo está convirtiendo en una oportunidad para corregir determinados rumbos que aprovecharán las fuerzas económicas más reaccionarias para forzar un nuevo consenso fruto de un nuevo equilibrio de fuerzas. La urgencia de revertir la regulación del sistema financiero impulsada por Obama es solo un anticipo de una nueva agenda desreguladora. Y lo mismo puede decirse del consenso explícito en el ámbito internacional para aumentar el gasto militar, el camino elegido para revitalizar la OTAN.

Sin un peligro cierto que lo justifique la UE se muestra dispuesta a situarlo en el 2% del PIB siguiendo la lógica expansiva ya implantada en EEUU, Rusia, China, Turquía, Corea, Japón, el Reino Unido. ¿Alguien duda que la magnitud de esta carrera armamentística anticipa el tamaño de los conflictos bélicos que se avecinan? ¿Alguien duda que la contrapartida en el gasto en defensa de la UE es la continuación de las políticas de ajuste? En EEUU los recortes sobre el Obamacare y el gasto social se consolidan y no parece que la UE se vaya a alejar de esa lógica.

Una vez más, la incapacidad para resolver los problemas económicos da nuevas oportunidades al belicismo mientras retornan, en todo el mundo, formas de poder y control social de perfiles duros.

Recordemos los antecedentes. Entre 1937 y 38, cuando se cumplían diez años de la crisis del 29, rebrotó una durísima recesión que elevó el desempleo al 19% en EEUU mientras se agotaban los instrumentos de expansión de la demanda basados en inversión en infraestructuras En ese contexto, en 1939, el keynesianismo adoptó formas militares. FD Roosevelt optó por duplicar la inversión en defensa anticipando y alimentando lo que sería la segunda gran guerra.

Superadas la época de guerras asimétricas, el belicismo apunta más alto

No nos engañemos. En este terreno Trump no es una ruptura con el pasado. A pesar de los esfuerzos por frenar el poder del lobby militar-industrial, los ocho años de Obama han consolidado los efectos brutales de las llamadas “guerras asimétricas” iniciadas en las anteriores administraciones republicanas.

Aunque la neolengua las califica de “baja intensidad” las guerras que el mundo ha conocido en los últimos 20 años, han sido, en realidad, de altísima intensidad, con efectos devastadores para las estructuras estatales de Irak, Libia o Siria. La destrucción económica de la orilla sur del Mediterráneo ha alimentado, como nunca antes, las excisiones tribales y religiosas, el terrorismo sectario y millones de refugiados.

Aunque se presentan como actuaciones defensivas imprescindibles en la “guerra contra el terror”, muestran un perfil implacable que debe asociarse a la hegemonía absoluta de EEUU y conecta con intereses concretos de la industria de defensa y con doctrinas militares que defienden las “demostraciones de fuerza decisiva o abrumadora” (doctrina Powell) junto a estrategias de “conmoción y pavor”.

No son guerras como las otras. Se trata de una nueva forma de dominio que no tiene reparos en destruir a los Estados en lugar de someterlos o corromperlos, como hicieron siempre las potencias coloniales. Responden a un nuevo fenómeno que el filosofo francés  Alain Badiou describe con el término zonificación, que consiste en crear zonas infraestatales que son, en realidad, zonas de saqueo sin estado en las que las industrias extractivas imponen su ley.

Lo que permite la llegada de Trump es un nuevo salto en la misma dinámica. De momento las palabras apuntan más alto y ponen el foco en piezas mayores que incluyen la desestabilización de Irán, la guerra comercial con China o las tensiones en la frontera norte de Europa con Rusia.

Otro camino para resolver la crisis de legitimidad

Se trata de una estrategia que responde a una determinada lógica económica. La administracion Trump no tiene un discurso acabado pero ha decidido tomar la iniciativa y cabalgar sobre el descontento social de la desigualdad y atajar la crisis de legitimidad de los valores y pautas de la globalización neoliberal. El mensaje que nos lanzan es que se necesita un nuevo diseño del largo plazo que redefina lo que se quiere hacer con la administración, la justicia y la educación, la economía.

Lo que nos dicen es que el soft-power, que ha estado muy conectado con las administraciones demócratas de Clinton y Obama y con el discurso optimista de las nuevas tecnologías no les representa. Que debe retornar las lógicas de poder duro, que esa es la única forma de recuperar apoyos entre los desfavorecidos, sean obreros desplazados por la deslocalizacion de actividades o industrias incapaces de sobrevivir a la competencia china en un entorno de librecambio y reclaman el retorno hacia un neo-mercantilismo como reflejo proteccionista conservador.

Como señala Paul Krugman, “lo raro es que la reacción a la globalización haya tardado tanto”. Lo peor es que en ausencia de una salida democrática y de progreso se imponen las soluciones y los valores económicos de las elites extractivas y las lógicas basadas en planteamientos rentistas y de apropiación de valor que actúan como si la riqueza fuera finita y debiera ser explotada en una carrera contra el reloj para apropiarse del máximo beneficio en el menor plazo posible. Lo peor es que el belicismo y las restricciones democráticas pasen a formar parte de la mueva lógica de poder.

Significa un nuevo salto en tendencias que se vienen consolidando en los últimos 20 años que sancionan el dominio de lo fáctico, lo unilateral y lo privado sobre lo institucional, lo multilateral y lo público. Pero debe entenderse, ante todo, como un ensayo general de nuevas formas de ejercicio del poder que tienen que ver con la necesidad percibida por una parte de las élites globales de testar mecanismos de coerción y de limitación democrática adecuadas a la desazón social que provoca la desigualdad en el mundo.

 

 

 

One Comment

  1. Me parece un buen análisis Ignacio. Trump está actuando en Siria para frenar las investigaciones sobre sus relaciones con el entorno de Putin, que podrían derivar en su destitución. El recurso al belicismo aquí se puede entender así y también de acuerdo a lo que señalas sobre el poder fuerte.

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