La generación del baby boom sí financió sus pensiones futuras

Share

 

El Sistema de Pensiones Públicas ha generado un superávit acumulado en el periodo 1977/2017, que, alcanza, nada menos, que 843.290 millones de euros. Esa es la consecuencia de capitalizar con el rendimiento medio de la deuda pública de cada año, la diferencia entre las cotizaciones y los pagos por pensiones contributivas incluidas en las Cuentas Oficiales de la Seguridad Social. Ese es también el saldo actual de las aportaciones históricas de la generación del baby boom, suficientes para financiar los déficits futuros de la Seguridad Social.

Se trata de una imagen rotundamente opuesta a las tesis de su inviabilidad y que avala la justa oposición a los recortes de la Reforma de 2013. Significa que el legítimo derecho de los pensionistas a no ver recortadas sus pensiones está sustentado por sus cotizaciones además de ser de pura justicia social.

Para entender la situación económica del Sistema de Pensiones y de las aportaciones de la generación del “baby boom” hay que analizarlo viendo su historia completa incorporada en el cuadro 1. En el inicio de su plena implantación (R. D. Ley 36/1978), coincidente con la entrada al trabajo de las generaciones del máximo número de nacimientos en nuestra historia, años 1958 al 1978, con gran aportación de efectivos y relativamente pocos compromisos derivados de los regímenes anteriores, generó cada año importantísimos superávits (en torno al 15% de los Presupuestos Generales del Estado).

En sentido inverso, en la fase final de su ciclo de vida, cuando entre 2023 al 2045 se complete su jubilación ciertamente, se producirá el efecto contrario acentuada por su mayor esperanza de vida y la importante caída de la natalidad en los años 80 y 90. En este periodo se incrementará en torno al 50% el número de pensionistas y también su proporción con los activos, por tanto, se tienen que producir déficits anuales, lo mismo que produjeron superávits anuales en la primera etapa.

Pero si contemplamos el ciclo completo de vida de esta generación los déficits futuros son totalmente financiables con los excedentes generados entonces. Ocurre que, como el Fondo de Garantía (Hucha de Pensiones) se creó muy tarde, en el año 2000, solo capitalizó una mínima parte de los superávits generados, menos del 8%, agotando su saldo en esta primera contingencia. Se olvida con ello que los superávits del Sistema de Pensiones, fueron utilizados indiferenciadamente para financiar los Presupuestos Generales, de modo que ahora, por pura simetría, es lógico reclamar que sean los mismos presupuestos los que deban aportar al Sistema de Pensiones lo que este les anticipó con sus superávits.

Limitar el análisis a esta parte final del ciclo, desde que se inicia la crisis económica, como hacen quienes califican de insostenible el sistema, no es nada neutral, sino una forma interesada de predeterminar un resultado: la inviabilidad de las pensiones sin los recortes de la Reforma. Por tanto, es un planteamiento tendencioso, de medias verdades, que esconde las mayores falsedades.

El superávit generado permitiría financiar las necesidades futuras del Sistema.

De cara al futuro, este superávit acumulado, capitalizado a un modesto tipo de interés real del 2%, estaría en condiciones de financiar los déficits anuales previstos del sistema, como mínimo, hasta 2046 (Cuadro 2), cuando el gasto en pensiones se empieza a reducir de forma importante por el fin de las jubilaciones del “baby boom” y las provenientes de la fuerte inmigración de los años 2000-2010, que coinciden en el tiempo.

Las previsiones demográficas y económicas a más largo plazo están sujetas a tal nivel de incertidumbre, que, más que previsiones razonables, son traslación de ideas preconcebidas y de parte. El propio presidente de la AIREF tuvo que defender este criterio recientemente en el Congreso, frente a las posiciones más catastrofistas.

En los cálculos se han tenido en cuenta:

La previsión del gasto expresada en el Cuadro 2 se ha calculado, excluyendo los recortes de la Reforma, considerando la evolución prevista del número de pensionistas (mayores de 65/67años del INE, en base a la población existente y su esperanza de vida) y el número de pensiones (pensionistas con más de una pensión), así como el efecto del mayor coste de las nuevas pensiones respecto de las que salen del sistema (factor de sustitución).

Las cifras resultantes son similares a las estimaciones efectuadas por la OCDE antes de incluir los efectos de la Reforma (Pensions at a Glance 2013,).

Para calcular los ingresos previstos, se parte de un crecimiento del PIB real igual a la media de los últimos 40 años (datos INE), que incluye tanto años de crisis como de expansión y un porcentaje de cotizaciones/PIB igual a una media, con escasas oscilaciones, observada en el periodo 2000-2016 (Presupuesto Seguridad Social 2018).

Si cumpliendo estas exigentes condiciones, el superávit generado, permitiría asumir los compromisos de las pensiones como mínimo hasta el año 2046, y la aportación presupuestaria necesaria es una evidente obligación, no hay razón alguna para justificar los recortes de las pensiones. Solo falta arbitrar la forma en que se deba concretar esa financiación que retorna los fondos anticipados en el comienzo del ciclo de vida de los babyboomers: con cuotas sociales, impuestos o una mezcla de ambos.

Los compromisos presupuestarios necesarios, además de obligatorios, son posibles.

Las previsiones expuestas de gasto en pensiones llegan al 13,5% del PIB en el año 2047, disminuyendo desde este año. Este porcentaje está en línea o por debajo, del de algunos de los principales países de la UE para los años 2013/15, como Austria, Finlandia, Francia o Italia, que adelantaron su expansión demográfica, (OCDE, Pensions at a Glance 2017 y Comisión Europea, The Ageing Report 2015) sin que esto impidiese su desarrollo económico, como todos sabemos.

Obviamente el esfuerzo será importante, pero, con un nivel de recaudación fiscal 7 puntos por debajo de la media europea y un gasto publico 5,7 puntos por debajo de la media de la Zona Euro (41,9 frente a 47,6 en 2016, según Eurostat), no cabe duda que hay margen para incrementar los recursos y poder asumir el gasto en pensiones sin los recortes de la Reforma de 2013.

Abordar esta tarea implica, eso sí, un importante cambio de prioridades en política económica, respecto a lo marcado en el Plan de Estabilidad, enviado el pasado abril por el anterior gobierno a Bruselas, que fija el objetivo de equilibrio presupuestario manteniendo el nivel del ingreso público y a base de disminuir aún más el gasto público respecto al PIB (del 41,8% de 2008 al 38,7% en 2021) lo que ensancharía la brecha con nuestros vecinos europeos y disminuiría gravemente la capacidad del sector público para asumir el nivel de gasto social comprometido y que este vaya acercándose al estándar que debe ser nuestra referencia.

En conclusión, defender la capacidad adquisitiva de los pensionistas es una obligación esencial, forma parte de cualquier política frente a la creciente desigualdad y, como se ha evidenciado, es un derecho avalado por sus propias cotizaciones.

About Fernando de Miguel

Economista y miembro de Economistas Frente a la Crisis

8 Comments

  1. juan el julio 2, 2018 a las 9:10 am

    Me parece bastante erroneo utilizar este tipo de argumentaciones:

    1) el superávit se daba por un incremento muy rápido de actividad debido a la incorporación de la mujer al empleo mientras que las jubilaciones eran pocas (de generaciones con menos gente, de la postguerra).
    2) Ese superávit no era para los que cotizaban puesto que el sistema es de reparto intergeneracional, si hacemos ese cálculo igual habría que plantarlo a nivel individual a ver cuántos de los de las prejubilaciones generosas a cargo del erario público o cuantos de los que usaron la ley anterior a 1985 para solo con 2 años con cotizaciones altas alterar muy a favor el importe de su pensión.
    3) El argumento de que financiaron otras cosas como la sanidad es cierto, pero fue “su sanidad”, que sin IRPF difícilmente iba a poder financiarse. Es decir, digamos que las cotizaciones servían también de impuesto finalista ante la falta de otros impuestos. Si ahora se alude a la diferencia de presión fiscal respecto a la media europea, entonces aún había más.

    Creo que el tema de las pensiones hay que abordarlo más seriamente, incidiendo en las mínimas y siendo valientes reconociendo la mucha “ingeniería previsional” que ha habido y hacer lo posible para que un sistema sostenible se base en la suficiencia de las mínimas y no en la facilidad de obtención y blindaje perpetuo. (solo para unos pocos) de las máximas.

    • Dver el julio 2, 2018 a las 11:31 am

      Mire usted señor Juan, estoy de acuerdo en que las estadísticas cada uno las utliza según le conviene,pero la pregunta siempre es la misma, ¿Que se hace con los que no pueden/podemos tener ingresos? ¿A qué los condenamos? Hablar de que si los impuestos tienen que ir por un lado, las pensiones por otro, y así muchas otras cosas, sería tanto como decir que la sanidad se la pague quien la necesita y la educación quien pueda. Lo único real es el PIB real producido. Y ese es el que hay que repartir. Será más grande o más pequeño, según el momento, pero entodo caso, si queremos vivir en una sociedad medianamente decente en la cual las personas sean personas, no hay duda de que la primera parte del reparto de la tarta del PIB debe destinarse para que la sociedad viva dignamente, lo que, estoy seguro, producíra mejores efectos morales, psicoógicos y materiales que si se vive en una sociedad más desestructurada, con grandes carencias y muy altas desigualdades ( por cierto que la pobreza ya no proviene de hambrunas, es decir, por falta de producción, sino que proviene por un muy ineficaz y desigual sistema de reparto, de renta y de trabajo).
      La forma de organizar los ingresos y de distribuir los gastos no deja de ser una mera cuestión técnica. La cuestión es qué parte del PIB va a parar al Bien Común, y de momento no parece que en los últimos años esta parte haya ido aumentando, sino todo lo contrario.

      • juan el julio 3, 2018 a las 11:24 am

        Sr Dver, precisamente creo que hay que mejorar a aquellos que no pueden generar bastante cotización mejorando las pensiones mínimas y aquellos que en edad activa tienen dificultades, muchos de ellos con cargas familiares. Si para ello hay que sacrificar algo, pues yo creo que pensiones máximas de 2000 netos, muchas de ellas generadas previas prejubilaciones con ayudas, y cuyos perceptores tienen no solo vivienda familiar sino otros bienes no son precisamente los más necesitados.
        O eso, o que el estado asegure una prejubilación deluxe a todos los trabajadores no solo a los de las empresas públicas como AENA, INECO, etc y a las de entidades financieras rescatadas. Yo soy de zona de industria textil, y hay gente que se ha quedado con pensiones muy bajas por perder el trabajo a los 55 años. Abogo por el bien común, no por el bien de unos pocos.

  2. Fernando de Miguel Lázaro el julio 3, 2018 a las 9:50 am

    Estimado Juan
    No alcanzo a entender porqué te parece errónea la argumentación del artículo.
    Reconoces que en la fase de plena implantación del actual sistema de pensiones se generaron importantes excedentes. Creo dejar acreditadas, con cifras oficiales de la S. Social, dichos excedentes y el fondo capitalizado que generaron.
    Reconoces que estos excedentes se dedicaron a financiar otras partidas de los Presupuestos Generales como si fuesen impuestos (no finalistas, pues, como sabemos, los impuestos no tienen ese carácter).
    Sin embargo, es obvio, que la cotizaciones de la S. Social si tienen un carácter finalista: pagar las pensiones.
    Dado que los superávits fueron utilizados para financiar los Presupuestos Generales, estos deberán ahora aportar al Sistema de Pensiones lo que se les anticipo.
    Si el Fondo de Garantía se hubiese creado desde el principio, con sus recursos se hubiese comprado la deuda pública necesaria para la financiación presupuestaria y hoy, nadie dudaría que habría que pagar esa deuda igual que la adquirida por cualquier inversor.
    Naturalmente, el hecho de que un ciudadano dedique sus ahorros a comprar deuda pública no contradice que participe de los servicios o inversiones que estos presupuestos ponen en marcha.
    Por tanto, decir que los babyboomers disfrutaron de los servicios públicos, igual que los mayores de las anteriores generaciones y los niños y jóvenes de las posteriores, dado el carácter generalista de estos servicios, no modifica el carácter finalista de las cotizaciones para el pago de pensiones.
    Con el debido respeto a tus opiniones, sinceramente, creo que el artículo aborda bastante seriamente el tema de las pensiones y, la conclusión de que el Sistema es sostenible, está documentada. Con independencia de que, como es natural, pueda discreparse del mismo.
    Lo que hay que blindar es el mantenimiento de la capacidad adquisitiva de las pensiones contributivas, que la actual Reforma de 2013 pone en riesgo.
    Para visualizar la envergadura del recorte que supone, baste decir que, según el Informe Anual del Banco de España 2017, de no allegarse recursos adicionales, la relación de la pensión media con el salario medio, tiene que caer más del 40% en el periodo considerado.
    Independientemente de la necesidad de establecer niveles dignos de pensiones mínimas, que deben ser financiadas, en su caso, como pensiones no contributivas.

    • juan el julio 3, 2018 a las 11:07 am

      Las cotizaciones no eran para la pensión en aquel tiempo, eran también para la cobertura sanitaria, de hecho la cobertura sanitaria dependía “la cartilla de la seguridad social” y por ejemplo en 1973 si uno quedaba en el paro se quedaba sin sanidad (lo sufrí de niño). Por otra parte dicho excedente lo era por diferencia de tamaaño generacional y tasas de actividad de las generaciones que se jubilaban y las que entraban a cotizar. Si se hubiesen capitalizado las cotizaciones de forma individual veríamos hoy si a cada uno le hubiese correspondido más o menos que las normas del reparto que tocó en cada momento, seguramente menos, de ahí la superioridad del sistema de reparto como pilar principal del sistema.

      Por tanto querer hablar de excedente a capitalizar no le veo sentido, pero si asumimos la lógica de la capitalización “virtual” habría que hacerlo también a nivel individual y ver qué pensiones les podrían salir a los que jubilados antes de la reforma de 1985 con solo dos años cotizando en los alrededores de la máxima generaban una pensión en los alrededores de la máxima para toda su vida de jubilados.

      Pensiones mínimas también las hay contributivas y deben reforzarse. Lo que yo no veo que tenga sentido, y por ejemplo no se da en los países escandinavos es facilitar la obtención y blindar las máximas y altas haciéndolas poco contributivas en muchos casos (obtenidas con pocos años de cotización a niveles altos, con prejubilaciones de hasta 10 años antes, etc).
      Resolver los problemas de partir de la base de reconocer errores, y de la misma forma que en España ha habido mucha ingeniería fiscal ha habido mucha ingeniería previsional.

      No tiene en mi opinión sentido desde la óptica progresista luchar contra la disparidad salarial aunque los trabajo sean distintos (lucha que comparto) y abogar por una relación 4 a 1 en pensiones públicas para una misma “actividad” ser jubilado. Por tanto yo no veo traumático que baje la tasa de reemplazo de las pensiones altas, puesto que sus perceptores futuros son los que tienen capacidad de ahorro para completarse la pensión.

      Mejorar la igualdad del sistema público, mantener la tasa de reemplazo de las altas y garantizar la sostenibilidad es una ecuación imposible. Por tanto el sacrificio yo lo haría achantando la banda subiendo mínimas y bajando máximas (haciendo que dependan de una cotización efectiva en esos niveles para toda la vida laboral).

    • Uri el julio 8, 2018 a las 3:43 pm

      Sinceramente, decir que la Sanidad no ha sido una prestación de la Seguridad Social durante años, es mentir descaradamente, al menos hasta la Ley General de Sanidad de 1986.

  3. Julio el julio 3, 2018 a las 2:25 pm

    “En conclusión, defender la capacidad adquisitiva de los pensionistas es una obligación esencial, forma parte de cualquier política frente a la creciente desigualdad y, como se ha evidenciado, es un derecho avalado por sus propias cotizaciones”.
    Resumen perfecto del problema de las pensiones.

  4. […] Origen: La generación del baby boom sí financió sus pensiones futuras | Economistas Frente a la Crisis […]

Deja un comentario






Share
Share