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La radicalidad de la Economía: contra la austeridad como tótem filosófico

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Por Carles Manera, catedrático de Historia Económica en la UIB y miembro de Economistas Frente a la Crisis

El FMI revisa a la baja sus previsiones de crecimiento, la Comisión Europea ve serios problemas en las locomotoras económicas de Europa (Alemania y Francia), el descontento social no retrocede. No se aprecian perspectivas de futuro mínimamente solventes. Con estos mimbres, el cesto de la crisis tendrá una forma precisa: la Historia Económica avala que asistiremos a 6 u 8 años de contracción económica, si persisten las mismas políticas económicas. Para resolver toda esta compleja ecuación urge que se produzcan cambios de orientación en Europa. Que el déficit y la deuda se gestionen con calendarios más generosos, más laxos. Que se tenga muy claro que el crecimiento lo produce la inversión, la pública y la privada. Y que éstas dependen de que haya instituciones inclusivas, tal y como defienden Daron Acemoglu y James Robinson, es decir, entes que distribuyan el poder político de manera amplia, con una idea nítida de gobernanza: algo que el más rancio conservadurismo que nos domina no acepta de ninguna forma.

Todo esto no es sencillo, ni nadie tiene una varita mágica para arreglar la situación. Pero lo que no cabe ninguna duda es que ya tenemos suficientes muestras, de que así no saldremos de forma solvente si, además, las redes de cobertura social terminan por diluirse. Voces autorizadas lo pregonan. Eric Maskin, Premio Nobel de Economía 2007, en declaraciones recientes a la prensa internacional: “La política de recortes de España empeorará la situación. España sigue sumida en depresión económica, y la ya mínima demanda de empleo irá a menos con la reducción del gasto público”. Christopher Pissarides, Premio Nobel de Economía 2010: “la política de austeridad tiene límites, y no se ven salidas con su aplicación tan estricta”. Son las opiniones de dos importantes economistas que no profesan un keynesianismo militante, pero que enlazan con lo que ya conocemos de los muy citados Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Diagnóstico claro: fallan las recetas. Otros expertos de peso van en la misma dirección.

Jorg Decressin, economista responsable de la zona euro del FMI, ha indicado que sin los estímulos que se aplicaron en su momento, hasta mayo de 2010, el déficit español sería mucho más elevado; su causa central es la pérdida brutal de la recaudación tributaria. Robert Kuttner, fundador del Instituto de Política Económica de Washington y director de la revista Prospect, es más elocuente: “España no tiene un Estado de bienestar caro; sufre las consecuencias de una caída de ingresos que se achaca a la recesión. ¿Por qué castigarla con duchas frías?”. Las aseveraciones de Kuttner son impactantes: el pánico financiero, dice, tiene raíces totalmente independientes de las cuestiones fiscales. Más que dar bandazos, de lo que se trataría es de imprimir sosiego a los mercados, concluye. Todo lo contrario de lo que vemos. Profesionales de gran prestigio inciden en un tema que, en España, apenas se ha enfatizado por parte de los gobernantes, y que reitero: nuestro problema radica, en esencia, no en un incremento del gasto (como han dicho hasta desgañitarse los conservadores, con claros objetivos ideológicos), sino en un desplome de los ingresos. La fe se resquebraja. Eso no quita que no sean criticables algunas opciones inversoras, desarrolladas a partir de gasto público. Pero no es el meollo del problema. Sin embargo, las pretendidas vías de solución pasan por reducir partidas cruciales: sanidad, educación, servicios sociales, I+D+i.

Los mercados, que no son abstractos (es decir, tienen nombres y apellidos), imponen a los gobiernos exigencias harto contradictorias: reducir el déficit pero, a su vez, mantener el crecimiento. Eso es imposible, en los momentos actuales. En etapas contractivas, las estrategias de consolidación fiscal lo único que están consiguiendo es lo opuesto a lo que se persigue: el estancamiento de la economía. Datos: la inflación en la zona euro es, para 2016, de poco más del 0,1%, y la tasa de crecimiento económico es, en su conjunto, raquítica. Resultados angostos para tanto castigo. En este punto, se sabe que, por ejemplo, a Estados Unidos le costó diez años reducir su déficit público, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, todavía bajo los efectos de la Gran Depresión y de las políticas del New Deal. Suecia pudo también resolver su déficit a partir de una fuerte depreciación monetaria, que facilitó sus exportaciones; todo igualmente en el transcurso de años. Pero, ahora, se nos pide cuadrar los déficits y, al tiempo, generar crecimiento y empleo en el marco de la moneda única ¡en muy poco tiempo!

Las instituciones, a su vez, no están generando incentivos. Volvamos al trabajo de Daron Acemoglu y James Robinson, que pone un énfasis preciso sobre el mundo de la política y en la importancia, precisamente, de las instituciones: las inclusivas, es decir, aquellas que preparan el terreno para la prosperidad de las naciones a partir de complicidades socioeconómicas, provocan incentivos y promueven, en definitiva, el crecimiento. Son las instituciones políticas, señalan, las que determinan las instituciones económicas; y su acción diferenciada, según los países, justifica la disparidad en la riqueza y su distribución. El marco institucional y la cooperación son, pues, claves.

Ante todo esto, se debe concluir que la acción institucional no está siendo demasiado inclusiva, en el sentido de Acemoglu y Robinson; por el contrario, los vaivenes de las cúpulas comunitarias y las pésimas actuaciones de algunos gobiernos alimentan, todavía más, la desconfianza. Vemos con claridad que la austeridad no da tregua, no aporta resultados que conduzcan a la recuperación. Observamos que Europa se ha convertido en un laberinto casi imposible para articular una política común. En este punto de desencuentro, lo que se antoja como razonable aparece a su vez como “radical”, tal y como recogía un editorial del Financial Times: según el rotativo, los sacrificios exigidos a Grecia no aportaron resultados plausibles y afirmar eso y plantear otras vías supone un “radicalismo” del mensaje. Podría complementarse ese argumento con otros paralelos. El recorte descomunal del Estado del Bienestar está haciendo perder señas de identidad europeas; deberían situarse los tipos de interés en tasas muy bajas (cercanas a cero) e imprimir moneda para evitar “trampas de la deuda”; el BCE podría comprar más deuda soberana y paliar así los efectos de la especulación (¿eurobonos?); y cabe pensar en políticas públicas de estímulo de la demanda. Todo eso, que es considerado heterodoxo, caduco o pernicioso, constituye hoy en día un ejercicio de “radicalidad” en el campo de la economía, siguiendo la idea publicada en el Financial Times. Es un exponente de una subversión que coloca a los economistas que defienden esos postulados en el rincón del olvido y la marginación. La fe ciega del neoliberalismo no puede sustituir, sin embargo, a las pruebas aportadas por la Historia Económica.

About Carles Manera

Catedrático de Historia e Instituciones Económicas, en el departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears. Doctor en Historia por la Universitat de les Illes Balears y doctor en Ciencias Económicas por la Universitat de Barcelona. Consejero del Banco de España. Consejero de Economía, Hacienda e Innovación (desde julio de 2007 hasta septiembre de 2009); y Consejero de Economía y Hacienda (desde septiembre de 2009 hasta junio de 2011), del Govern de les Illes Balears. Presidente del Consejo Económico y Social de Baleares. Miembro de Economistas Frente a la Crisis Blog: http://carlesmanera.com

7 Comments

  1. Guillem Borrell el mayo 8, 2016 a las 10:15 am

    ¿Acaso el estímulo perpetuo no es otro totem más? ¿Hay que seguir inyectando dinero sine die a las economías poco eficientes (corruptas)? ¿Helicópteros de dinero en el horizonte?

    Sigue habiendo falta de ideas por «los dos lados» de la economía. Tampoco el «whatever it takes» en el que vivimos requiere darle muchas vueltas.

    No sé, sigo leyendo entradas de este blog con la esperanza de ver ideas nuevas, pero sólo he encontrado los mismos argumentos en el último lustro. Y lo que menos me gusta, como científico y como progresista, es el patrón de citar los casos de recuperación económica tras la IIGM, que es sumar peras con melones y dar el resultado en sandías.

    Seguiré leyendo por si en algún momento veo verdaderos análisis, pero empiezo ya creer que no va a ser así.

    • Joshua el mayo 9, 2016 a las 7:58 pm

      No desespere Usted. No creo que el mensaje central sea cambiar un totem por otro. Y no creo tampoco que ninguno de los autores que se citan propugne el estímulo perpetuo. No es eso.
      El problema es que hoy en día el problema de la ineficiencia parece muy generalizado dado que la productividad no acaba de arrancar en en ninguna parte de lo que llamamos occidente (los países emergentes crecen más por otras cosas que por aumentos de productividad).
      Es en ese contexto donde se plantean acciones compensatorias TEMPORALES por varias razones. Alguna de ellas tiene que ver incluso con la pésimas consecuencias que tiene la recesión sobre el propio sistema productivo y la producción potencial.
      Creo que hay ideas nuevas por ahí y que este post es una buena síntesis de cosas que se están apuntando en la discusión reciente.

  2. XH el mayo 9, 2016 a las 12:33 am

    Puedes esperar sentado.

    Lo descorazonador del tema es que estamos en el año 2016 y los que firman artículos es un CATEDRATICO de Historia Económica.

    Si con eso se han de formar los economistas del futuro en España, no me extraña que el futuro de España sea tan negro.

    La Deuda Pública Global es aproximadamente el 90% del PIB mundial. O sea una animalada.

    Para dar un dato que un Profesor de Historia Económica debiera saber, la mayor deuda pública que tuvo FD Rooselvelt no llego ni al 50% del GDP americano.

    Tampoco hemos de olvidarnos que una de las cosas que nos llevaron a la crisis es el Gasto Públco excesivo en Infraestructuras. Inversión en Infraestructuras que se han demostrado del todo ineficientes de cara a reportar los beneficios que supuestamente le atribuyen según que Keynessianos.

    Los únicos beneficios de que se tienen constancia están en los bolsillos de las grandes constructoras(O en Panama) y de los políticos sobornados.

    Yo llevo leyendo este blog meses esperando que alguien ose hablar de la Globalización y de lo que supone a nivel de cambios socioeconómicos, especialmente en los países de la OCDE.

    Que alguien hable de como crear empleo de calidad, si el empleo de calidad es altamente productivo y por tanto a la vez destruye otros empleos menos eficientes.

    Que alguien hable de como financiar un Estado del Bienestar, si la globalización va a devastar la clase media, que es la que lo sustentaba.

    Que alguien hable de que la necesaria armonización fiscal, implicará la necesaria armonización de las políticas fiscales, o sea que los modelos más confiscatorios van a tener que ser necesariamente revisados si quieren acabar de verdad con el dumping fiscal.

    Que hable alguien a remodelar el modelo de pensiones hacia un modelo mal llamado de capitalización, cuando el problema de nuestro modelo no es que sea de reparto, sino que es de reparto a priori. O sea que nos hemos gastado las pensiones de cada generación, antes de que esta se haya jubilado.(Aún recuerdo estupefacto a otro catedrático que decía hace 10 años, en plena expansión, que Europa necesitaba 300 millones de inmigrantes para pagar sus pensiones. Como si además de crear 300 millones de puestos de trabajo no fuera una entelequia, lo de que estos algún día se iban a jubilar y necesitarías que, 500 Millones para pagar sus pensiones no fuera simplemente una patada adelante hasta el crack final del modelo público de pensiones.

    P.D: En realidad la Economía mundial no va tan mal. Si miramos el crecimiento económico mundial en los últimos 10 años, con una crisis terrible en la mayoría de ellos, veremos que la Economía mundial sigue creciendo a un ritmo bastante considerable y constante.

    Otro tema es como nos va a nosotros(España en particular y el resto de países de la OCDE en general).

    Pero eso se llama globalización, no crisis, e implica que si los países en vías de desarrollo les va bien, a nosotros nos irá algo peor. La Economía no es un juego de suma 0. Pero tampoco de crecimiento infinito. Si algunos países crecen mucho, de alguna manera ha de ser a costa de otros.

    • Joshua el mayo 9, 2016 a las 8:01 pm

      Un poco de Historia Económica quizá aliviaría su diarrea discursiva. Lea.

      • XH el mayo 9, 2016 a las 11:37 pm

        Curioso mensaje de alguien que hable de ineficiencia, como algo, actual.

        A quien quiere que lea a Piketty, esa nueva musa del progresismo, que se ha pasado al capitalismo liberal más incondicional intentando negar una evidencia, que seguramente era la única en la que estaban de acuerdo Marx y Keynes,

        La insoportable levedad del ser, como diría Kundera.

        Para el resto de los mortales, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

        P.D: A que Krugman hay que leer. Al que decía que España(El sur de Europa en general), tenía un problema de competitividad y que la solución era bajar unilateralmente un 20% todos los salarios? O al actual que dice una cosa nueva, cada día(A cual más disparatada).

        Por cierto, eso es lo que hizo Letonia y no le ha ido tan mal. E Irlanda aplicó las políticas nefastas del FMI y de la UE y tampoco.

        Igual el problema de España es estructural y no coyuntural y ninguna receta milagrosa, ni neoliberal(Que vaya usted a saber que es eso, según quien se lo ponga en la boca), ni neokeynesiana(Idem).

  3. XH el mayo 10, 2016 a las 6:06 pm

    Por cierto, hablando de Historia económica, algún día deberíamos hablar de como se ha reescrito el relato de la crisis del 29, el New Deal y Keynes.

    P.e de como se olvidan de comentar un dato que es clave para entender la profundidad de la crisis. El hundimiento del sistema financiero americano.

    Sólo en el año 1933 cayeron 4000 bancos. Y 9000 durante la década de los 30’s.

    http://www.livinghistoryfarm.org/farminginthe30s/money_08.html

    Y que la primera medida que toma FD Rooselvelt es 4 días de corralito y ordenar el sistema financiero americano.

    Pero claro eso no se cuenta.

    Se cuenta lo del Gasto Público, como si la presa Hoover, no la hubiera hecho un tal HOOVER.

  4. enrique rodriguez el mayo 17, 2016 a las 11:03 am

    Con todo respeto. Se equivoca Vd. No se trata de un estímulo perpetuo, si no de estimular la economía (cebarla) cuando se encuentra en recesión, para que pueda salir adelante y cuando ya se encuentre en recuperación retirar los estímulos. Se trata de aplicar una política anticíclica que contribuya a paliar los males de la recesión y no una política de austeridad que lo único que hace es aumentar la recesión y provocar un sufrimiento increible a la población, incrementar las desigualdades, acabar con las clases medias y con el estado del bienestar y además de todo ello, no solucionar el problema si no agravarlo. Eso si, se consigue salvar a los bancos que han financiado la burbuja de forma imprudente. Aplicar una política de austeridad en plena recesión es como aplicar una sangría a un enfermo de anemia, acabaremos por matarlo. Evidentemente las políticas de estímulo no se pueden aplicar indefinidamente, por que deben ser financiadas con más endeudamiento, si no que dicho endeudamiento debe ser reducido cuando se logre poner de nuevo en marcha la economía, para preservar el equilibrio económico, la estabilidad presupuestaria y el endeudamiento a largo plazo. Pero todo ello debe ser contemplado en un horizonte temporal amplio, mientras dura todo el ciclo económico. A largo plazo es necesario conservar las cifras de endeudamiento en límites razonables, pero a corto es necesario estimular la economía para que ésta despegue. En el caso de España todo ello es muy dificil de efectuar debido a nuestro alto endeudamiento, pero se pueden intentar medidas como el alargamiento del plazo de la consecución de las cifras de déficit y sobre todo logar que la economías europeas que si puedan hacerlo (Alemania), implementen políticas de inversión que actuen de locomotora para lograr que la economía vuelva a crecer y la demanda nos saque del atolladero actual. Las politicas de austeridad ya han fracasado, cuanto más se persista en ellas, más dificil será salir de la situación actual y más sufrimiento se proporcionará a la población..

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