La desigualdad en la Unión Europea

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Luis Molina Temboury es miembro de Economistas Frente a la Crisis

La desigualdad extrema es norma en toda la Unión Europea. Lo es en los países del sur, del este, del centro y también, aunque pueda sorprender, entre los nórdicos.

Antes de ver las cifras, conviene recordar que la desigualdad se debe evaluar según la distribución de los patrimonios. Al rico o al pobre se le distingue por lo que tiene, no por lo que gana. Y esto es aplicable a los grandes ricos de la lista Forbes o a las legiones de desposeídos del mundo.

Hasta el ejecutivo mejor pagado sabe que más vale poseer patrimonio que disponer de rentas. Una persona sin patrimonio es una persona dependiente. De un salario, por muy alto que sea; de su propio esfuerzo y salud, si es el empresario de un pequeño negocio hipotecado; de las prestaciones por desempleo, quien tenga derecho a ellas; de la capacidad de las instituciones para facilitar nuevos empleos; de los servicios y ayudas públicas; de la solidaridad privada o del apoyo de la familia. Dependiente, al fin, en las fronteras de su país o de la posibilidad de emigrar a otro que le trate mejor.

La situación es bien distinta cuando se tiene patrimonio, y tanto mejor cuanto más patrimonio se tenga. Las propiedades, tangibles como una finca o intangibles como el dinero, pueden proporcionar buenas rentas conservándolas intactas, por lo que tener un empleo deja de ser una necesidad vital. De hecho, con un elevado patrimonio es mejor dejar de trabajar, o más exactamente trabajar en poner el patrimonio propio a producir antes que hacerlo para otros, por mucho que nos paguen. Esto es así porque, como demuestra con profusión de datos Piketty en El Capital en el siglo XXI, a largo plazo las rentas del capital (y del patrimonio) son mayores que las del trabajo.

El patrimonio, pues, proporciona independencia para decidir si se trabaja y en qué, si se invierte con más o menos riesgo para ganar más o menos, si se financian qué empresas que proporcionen nuevas rentas para aumentar el patrimonio… El patrimonio es el poder estable de quien tiene, frente al poder efímero de quien depende de un sueldo. Tener patrimonio es lo que proporciona libertad de decidir. Hay rentas salariales estratosféricas, es cierto, pero lo son porque están invariablemente al servicio de algún patrimonio.

El poder económico es el poder de los patrimonios y viceversa. Por eso Piketty vuelve a dar en la diana cuando explica que vivimos en un sistema de “capitalismo patrimonial”. El capital es el motor del capitalismo, obviamente, pero son los grandes patrimonios los que mueven los hilos del capital.

Llegados a este punto del argumento nos encontramos con un obstáculo estadístico. Los datos oficiales sobre el patrimonio, la clave para medir la desigualdad, son exiguos. La OCDE ha publicado recientemente algunos, desactualizados y parciales, advirtiendo de las dificultades de medir la riqueza en la cúspide. Parece que los patrimonios de arriba son poco aficionados a informar y tienen fácil esconderse. Y la OCDE tampoco ilustra gran cosa sobre los patrimonios de abajo. Si no se puede medir la gran porción de la tarta que se comen los de arriba, a qué fijarse en las migajas, deben pensar sus técnicos.

El caso es que, ante esta sequía informativa, que algunos defienden como un derecho tan respetable como a la intimidad o al honor, quienes estamos interesados en el fenómeno de la desigualdad nos vemos obligados a acudir a fuentes estadísticas secundarias. Alguna empresa privada (Cap Gemini, Forbes) publica periódicamente resultados del campeonato mundial de acaparamiento de patrimonio, con su pódium de ganadores y sus aspirantes a batir nuevos récords, pero bien poco de los “justos perdedores” de abajo. Sólo los informes anuales de Credit Suisse Research Institute -Global Wealth Report y Global Wealth Databook– dan a conocer una imagen completa del reparto de la riqueza. Con más detalle en los de arriba, que son los que interesan a los negocios, pero con preciosa información sobre los de abajo. Además, su metodología es la aconsejada por el inestimable Piketty: dividir los tramos de población en deciles y centiles, un método bastante mejor para expresar la desigualdad que el habitual de los indicadores como el coeficiente de Gini.

Tras esta introducción será fácil explicar la hipótesis de partida. En el siguiente gráfico sobre la distribución de la renta, figuran los ocho mayores países de la UE (entre los ocho suman tres cuartas partes de la población y cerca del 80% del PIB de la Unión) ordenados de menos a más desigualdad según el índice de Gini que considera EUROSTAT, la oficina estadística comunitaria. Son datos sobre distribución de rentas, pero recordemos que no es porque sean una fuente mejor para valorar la desigualdad, sino porque los gobiernos no tienen datos presentables del patrimonio.

porcentaje de renta

El gráfico puede resultar confuso porque contiene mucha información pero tiene fácil interpretación consultando el anterior más sencillo que presentaba en La imagen de la desigualdad en España. Sólo hay que tener en cuenta que aquí se trata de rentas (los patrimonios vendrán después) y que se han incluido varios países para comparar su distribución según los porcentajes de población de la primera columna.

En este primer gráfico no hay nada que llame la atención respecto a lo que se nos suele contar sobre la desigualdad en la UE. Según la distribución de la renta, Suecia es el más igualitario de estos ocho grandes países y España el más desigual. Por ejemplo, la renta del 50% que menos gana en Suecia es el 33% de la renta sueca total; en España sólo llega al 26,8%. Y por arriba, el 10% que más gana en Suecia se lleva el 20,1% de la renta del país; en España, el 24,5%.

Teniendo en cuenta que los deciles de abajo son los que más renta necesitan (en España hay pobreza en el paro pero también de forma creciente entre los ocupados y sus familias) y que los niveles de renta absoluta son considerablemente mayores en Suecia, se deduce que estamos bastante peor que los suecos. Entre ambos extremos, al más igualitario estado sueco le siguen Holanda y Alemania, mientras que Italia o Polonia se parecen más a España. Hasta aquí, todo previsible.

Pero si acudimos a los datos de patrimonio que publica Credit Suisse en su Wealth Databook 2014 y construimos un gráfico similar, ordenado de menos a más patrimonio según lo que tiene el 1% de arriba, el resultado es bien distinto. Lo primero que llama la atención en este segundo gráfico es que la distribución de los patrimonios indica una desigualdad exageradamente mayor en todas partes. Además, por lo que se ve, los países más igualitarios en términos de renta no tienen que serlo respecto al patrimonio. De hecho, de los ocho países representados, Suecia es de los que registran peor distribución. En cuanto al patrimonio que acapara el 1% más rico sólo le supera Polonia, pero Suecia reparte bastante peor por debajo: el 70% de la población menos rica posee el 10% del patrimonio del país; en Polonia el 15,6%.

porcentaje de patrimonio

El siguiente país en el ranking de la desigualdad patrimonial después de Suecia es Alemania, donde el 10% de arriba posee el 61,7% del patrimonio total. Por el contrario, los países más igualitarios atendiendo a lo que posee el 1% de su población más rica son Francia, Italia, Países Bajos y Reino Unido, por ese orden. Y si se tiene en cuenta lo que posee el 70% menos rico, los más igualitarios son Italia, España, Reino Unido y Francia.

Puede observarse que en todos estos países la estratificación social podría ser similar a la que sugería en el artículo ¿Dóndes está la clase media? referido a España. El 1% de arriba sería la clase capitalista; el siguiente 9%, la clase media-alta; el 20% que le sigue, la tan traída y llevada clase media; y el restante 70% de abajo, la clase trabajadora.

¿Qué conclusiones pueden extraerse de los gráficos anteriores? Como el argumentario neoliberal acostumbra poca empatía con los perjudicados por sus políticas, más de uno aprovechará para predicar que no estamos tan mal en comparación con los europeos más ricos. A mí me da por pensar que la distribución de las rentas es un buen indicador del bienestar de una población. Pequeñas diferencias entre los países son indicativas de grandes diferencias en cuanto a la prosperidad de la mayoría. Porque lo que permite vivir mejor o peor, entre el lujo y la miseria, es la renta, ya provenga de un salario o del patrimonio. Las rentas salariales en euros son más bajas en España que en el resto de los países analizados, salvo en Polonia. Y la distribución de las rentas totales, como hemos visto, es la más desequilibrada de todas, así que España, en lo que respecta a la economía doméstica de la mayoría, es un país europeo muy poco envidiable. Con una tasa de desempleo del 23%, y en aumento la proporción de parados sin prestación, nuestro problema de desigualdad de rentas es acuciante.

Respecto a la distribución de los patrimonios, siendo en la UE rematadamente desigual (lo es más en EE.UU. y todavía mucho más en Rusia) España no es farolillo rojo. Repartimos la riqueza, el patrimonio, de forma similar a Francia, Italia o Reino Unido. La mayoría de los españoles vive peor que en esos países por ser nuestro patrimonio per cápita bastante más bajo, pero aun así, y en la medida de nuestras posibilidades, el patrimonio en España tiene una distribución mejor que en Alemania o en Suecia. Y esto explicaría, más que la economía sumergida, significativa también en esos dos países, que la altísima tasa de paro de España sumada a la indignación popular por los recortes haya engendrado un pacífico 15-M en vez de un violento estallido social.

8 Comments

  1. Excelente artículo Luis. La desigualdad es la plasmación de los efectos de las políticas aplicadas a lo largo del tiempo y es la clave de la situación actual de los países llamados desarrollados. Hasta cuando será sostenible esta situación.

  2. Gracias Alfonso. Somos muchos luchando por un mundo mejor, o menos desigual, que viene a ser lo mismo. Cambiar las reglas de un sistema que funciona mal es posible, aunque sea difícil. Un abrazo.

  3. Cuando hablamos del patrimonio de las familias españolas del 50 o, incluso, del 70% de menores ingresos debemos tener en cuenta que en España existe la tendencia a que las familias tengan casas de su propiedad mientras en los países nórdicos viven en pisos de renta fundamentalmente en muchos caso muy subvencionados. Es decir, el patrimonio de los españoles es su propio hogar.

    • Eso es exactamente lo que parecen indicar los datos de Credit Suisse.
      Un mejor reparto de rentas proporciona mayor bienestar a la mayoría de abajo. Y un mejor reparto de patrimonio, más capacidad de resistencia ante posibles recortes sociales. Dudo que los nórdicos aguantaran nuestro nivel de paro sumado a políticas de austeridad en tiempos de crisis. Allí, esa ocurrencia de bajar los impuestos progresivos, porque el dinero está mejor en los bolsillos de la gente, suele cabrear. Un buen ejemplo de esa diferencia de enfoque es la solución a la crisis financiera en Islandia, tan alejada del dictat de Bruselas.
      Pero el pacto social de los nórdicos es un pacto de rentas. Su reparto de poder económico (patrimonio) no es nada ejemplar.
      En un próximo artículo seguiré reflexionando sobre las consecuencias de la desigualdad patrimonial, un problema al que no escapa ningún país en el mundo. Ni siquiera los nórdicos.

  4. Me ha encantado el artículo. Muy bien escrito y muy bien explicado. Claro y didáctico. Lo que más me ha gustado son los comentarios relacionados con el patrimonio, las desigualdades y las diferencias entre países.Ayuda a entender el fenómeno 15M y sus consecuencias en la política española.

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