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EPA del primer trimestre: Continúa el debilitamiento del empleo y aparecen señales de ajustes laborales

Continúa el debilitamiento del empleo y aparecen señales de ajustes laborales

Los datos de la EPA del primer trimestre facilitan información relevante sobre la situación del empleo y otras variables del mercado de trabajo, así como del momento económico que vive el país (información que se concretará con la aparición de los datos de la Contabilidad Nacional).

Del análisis de esta información, a nuestro entender, se derivan los siguientes hechos relevantes:

  1. El empleo ha caído en este trimestre respecto al anterior (-137.500), pero lo ha hecho por las razones estacionales que todos los ejercicios afectan a la actividad económica a lo largo del año: unos trimestres al alza y otros, como este, a la baja. De hecho, la tasa de crecimiento intertrimestral desestacionalizada es positiva, incrementándose en el trimestre prácticamente un 0,5%. Esto indica que, descontados esos efectos estacionales que deprimen la actividad en el primer trimestre, el empleo ha registrado un crecimiento.
  2. No obstante, el crecimiento del empleo continúa debilitándose en este trimestre respecto al registrado en los dos precedentes. En efecto, descontadas las variaciones estacionales (para analizar las tendencias de fondo), tras la enorme caída durante el confinamiento del 2º trimestre del pasado año (-6,75% respecto al trimestre anterior), los trimestres posteriores presentan variaciones positivas que reflejan el ‘rebote’ de la salida de aquel confinamiento (+2,77% en el tercero de 2020, +1,35% en el cuarto, y +0,49% en este primer trimestre de 2021), pero tales variaciones positivas tienden claramente a debilitarse. Y en este momento indican que el crecimiento del empleo ha sido inferior al del trimestre pasado, que ya fue endeble, lo que confirma el debilitamiento progresivo de la actividad económica tras el rebote, así como el alejamiento en el tiempo de la recuperación de las pérdidas de empleo registradas en los dos primeros trimestres de 2020.

3. Sumando esa tendencia al debilitamiento y el impacto parcial de la COVID en el primer trimestre del año pasado, la tasa de variación anual del empleo en este trimestre continúa siendo negativa (-2,41%, que desciende hasta un -3,5% en términos de horas trabajadas en la economía debido a las personas que continúan en ERTES), aunque menos que en los trimestres anteriores. En los sucesivos, podremos ver un cambio, pasando a variaciones positivas de las tasas interanuales del empleo, al compararse cada trimestre de 2021 con los mismos de 2020 en los que se registraron fuertes caídas de actividad (confinamiento) y/o recuperaciones parciales de la misma, correspondientes al posterior rebote. Lo cual no quiere decir que entremos en una situación de creación de empleo por el momento (veremos si esto se consigue para el último trimestre de este año o tal vez más allá) que no se podrá alcanzar hasta que la economía muestre un crecimiento suficiente.

4. En cuanto a la composición de esta evolución del empleo, hay varios hechos relevantes que ponen de manifiesto efectos que está produciendo esta crisis. Por un lado, la destrucción de empleo acumulada en el último año se concentra bastante más entre los hombres que entre las mujeres. Tendencia que ha continuado en este primer trimestre.

En segundo lugar, en la dimensión sectorial, llama la atención la intensidad con la que se está reduciendo el empleo industrial, -127.100 personas, naturalmente muchas menos que la caída en casi 350.000 del sector de los servicios, pero si tenemos en cuenta la diferencia de magnitud del empleo en uno y otro sector de actividad, se constata que la tasa de destrucción de empleo industrial ya dobla a la de los servicios. Esta tendencia que se acelera en este primer trimestre parece claramente relacionada con la utilización de despidos tras la finalización de los ERTES y con el ajuste de la baja capacidad productiva frente a los niveles de empleo de las empresas.

La insuficiencia del impulso a la actividad económica (por la carencia de un paquete de estímulo fiscal) y la forma prematura en la que se ha puesto fin a los ERTES, y sobre todo a las medidas de protección frente a los despidos, puede empezar a mostrar el peligroso perfil de un ajuste laboral.

En tercer lugar, por grupos de edad, las pérdidas de empleo son generales, pero su intensidad es muy desigual. Los grupos de edad donde esta ha sido mayor en el último año (tasas más negativas) son los menores de 30 años y, por encima de ellos en volumen, los de entre 30 y 44 años, con tasas de destrucción muy elevadas (pérdidas de casi trescientos mil empleos). En este primer trimestre, no obstante, parece que se agudiza la tendencia a que la destrucción de empleo se concentre en los jóvenes entre 25 y 29 años.

En cuarto lugar, por tipos de empleo, prácticamente toda la destrucción tanto de los últimos doce meses como de este trimestre se concentra en los asalariados, con mayor intensidad como es habitual en los temporales (-310.000 en términos anuales, es decir, una caída del 7,5%) que en los indefinidos, y de forma creciente en los de jornada parcial (donde hay una importante presencia, además, de temporales: doble dualidad laboral) que en los de jornada completa. Los indefinidos, de hecho, ya han comenzado a crecer en este primer trimestre de 2021.

Desde el punto de vista de la naturaleza del empleador, la destrucción de empleo se concentra, en términos bastante estables (medidos por las tasas anuales en los últimos trimestres) en el sector privado, mientras que en el público el comportamiento ha sido el contrario, registrando una evolución crecientemente positiva a lo largo de los últimos trimestres (la tasa en este último ya alcanza el 4,6%).

Entre los trabajadores por cuenta propia, las pérdidas acumuladas en el último año son escasas. Sin embargo, en este último trimestre se han comenzado a producir dos fenómenos claramente divergentes. Aumentan, por un lado, considerablemente los empleadores (50.000 en tres meses, a tasas próximas al 6%), lo que podría implicar la vuelta a la contratación de trabajadores desde tasas de actividad productiva muy mermadas. Pero, se reducen con intensidad los autónomos sin asalariados (65.000 menos en el trimestre, un 3,1%) que parecía que estaban aguantando bien en los trimestres anteriores (aunque ciertamente podría ser también resultado en parte de un trasvase de este segundo grupo al primero).

5. Pese a la caída del empleo el paro se reduce, lo que parece un contrasentido, pero tiene su explicación en este contexto (obsérvese en el gráfico siguiente la enorme diferencia con los años precedentes). Una parte voluminosa (en términos de saldos cuantitativos de cada uno de los grupos) de los que pierden su empleo pasan a una situación en la que no pueden buscar empleo o dejan de hacerlo activamente (por causas de la COVID 19 o porque la falta de contratación por parte de la mayoría de las empresas lo hace inútil, por lo que aparece el efecto desánimo), aunque se consideran disponibles para empezar un nuevo trabajo. O bien, no están disponibles para incorporarse de inmediato a un nuevo empleo (por múltiples razones como enfermedad, cuidado de los hijos u otras personas, etc.).

En ambos casos, de acuerdo con la EPA pasan a ser considerados inactivos y no se les reconoce como parados, aunque en buena lid lo son, naturalmente. Y en este contexto, para conocer con  mayor exactitud los niveles reales de desempleo, es preciso sumarlos.

De tal forma que, como decíamos, una gran parte de los que pierden el empleo no se reflejan en el aumento de los desempleados sino en el de los inactivos.

Como conclusiones más importantes de toda la información facilitada por la EPA, hay que destacar las siguientes cuestiones:

  • El crecimiento del empleo continúa debilitándose por segundo trimestre consecutivo tras el rebote, lo que indica que la actividad económica también se debilita.
  • La destrucción de empleo se concentra algo más en los hombres y es especialmente intensa en el sector industrial y entre los jóvenes (aunque también en los siguientes grupos de edad). Y por supuesto entre las personas asalariadas con contrato temporal y jornada parcial, aunque parece aumentar la desaparición de personas con trabajo por cuenta propia y sin asalariados.
  • Paradójicamente, el volumen de desempleo se reduce debido a las dificultades para buscar empleo, a la escasa contratación por parte de las empresas, y al consiguiente efecto desánimo, que se refleja en el aumento de los considerados inactivos por la Encuesta.
  • Todos los datos, en consecuencia, muestran que continúa la debilidad de la actividad económica y que por el momento en el sector privado, al contrario que en el público, no se atisban señales de cambio de tendencia. Lo cual puede comenzar a mostrar que una parte de las empresas podría iniciar ajustes laborales, lo que comprometería mucho más la situación.

Junto a las reformas laborales, que son urgentes para superar la precariedad e inestabilidad del empleo y restablecer un funcionamiento adecuado de las instituciones laborales, es preciso asegurar la inmediata actuación de medidas transitorias de sostenimiento de las empresas y de estímulo de la actividad productiva en tanto llegan los fondos europeos.

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