Otra transición eléctrica con distintos beneficiarios

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Martín Gallego Malaga @Maragama, ingeniero de minas y economista, es miembro de Economistas Frente a la Crisis

En España, a lo largo de las últimas décadas, han ido teniendo lugar sucesivas transiciones en el sector energético, como son la construcción de grandes embalses hidroeléctricos, la aparición de las centrales nucleares, o el intento de introducción de competencia. Pues bien las empresas eléctricas dominantes han resultado claras beneficiarias de todas ellas.

En el caso de las centrales hidroeléctricas, el precio pagado por las concesiones hidráulicas obtenidas durante el franquismo fue -y sigue siendo- muy inferior a su valor, lo que constituye una de sus principales fuentes de beneficios, obtenidos en este caso a partir de un recurso público como es el agua.

Los desaforados planes de construir centrales nucleares en los años 70 (se llegaron a proyectar hasta 30 reactores), junto con el alargamiento de su período de construcción y una política de repartir dividendos a pesar de generar un flujo de caja negativo, desencadenaron la inviabilidad financiera del sector que tuvo que ser rescatado en 1984. Este rescate pagado por los consumidores a través de las tarifas tuvo, en cambio, como beneficio colateral la nacionalización de la red y la explotación unificada para optimizar el funcionamiento de todas las centrales.

La competencia que se quiso implantar en 1997 se frustró al reducirse las 14 empresas existentes a solo 4, facilitando así que puedan ejercer el poder de mercado de que disponen. Además el ”despiste” de los reguladores que no revisaron en 2006 la remuneración de las hidráulicas y nucleares tras pagarles (incluso de más) los denominados costes de transición a la competencia (CTC’s), les produjo un exceso de remuneraciones de más de 30.000 M € en el período 2007-2016.

Las eléctricas no soportaron así costes de transición a la competencia, sino unos elevados sobre-beneficios que las convirtieron en objetos del deseo de otras empresas. La torpeza de Gobierno y Oposición en el manejo de ese asalto concluyó en que 3 de las 5 empresas existentes son ahora sucursales de otras eléctricas europeas.

El caso paradigmático fue el de Endesa que al privatizarse perdió el liderazgo y rumbo que había mantenido cuando era pública y para defenderla de una “opa” de Gas Natural, la acabaron poniendo en manos de la eléctrica estatal italiana Enel. Está acabo pagando un precio mucho más elevado (40 € por acción frente a los 20 de la oferta inicial), que incluía el abandono con beneficios de Eon y Acciona que habían participado en la puja. Enel se desquitó luego de ese sobreprecio despojando a Endesa de sus activos más valiosos, especialmente sus inversiones en América. Estos fueron adquiridos por Enel a un precio que luego le fue retornado por Endesa mediante el abono de un dividendo extraordinario.

Esa operación estableció además un referente de remuneración de activos que implícitamente se aplicó en otras posteriores adquisiciones en el sector eléctrico: Unión-Fenosa adquirida por Gas Natural, Hidrocantábrico por Electricidad de Portugal y participaciones en Gas Natural-Fenosa, EON-Viesgo e Iberdrola por distintos fondos de inversión internacionales.

Otro tanto sucedió con las ventas de líneas de transporte de Iberdrola a fondos de inversión, que marcaron un precio elevado que determinó el de posteriores adquisiciones por parte de Red Eléctrica.

Todas esas sobre-remuneraciones y sobreprecios – y no los impuestos soportados – son los principales causantes del aumento de los precios finales de la electricidad a los consumidores en España, que viene lastrando la competitividad de las empresas y empeorando la calidad de vida en los hogares españoles.

A pesar de ese aumento del precio de la electricidad, la sobre-remuneración produjo un enorme déficit tarifario de 30.000 M€ que las empresas se adelantaron a cobrar cuándo, al empezarse a pensar en aplicar una razonable “quita”, forzaron para que el Estado avalara su “titulización”. Por ello los españoles que acababan de amortizar el coste de la moratoria nuclear traspasado a las tarifas, tuvieron que añadir a la habitual hipoteca de su vivienda otra segunda hipoteca para amortizar dicho déficit tarifario, que ahora le deben a los bancos después de haber sido cobrado por las empresas.

En la actualidad se avecina una nueva transición energética de trascendencia crucial. El rechazo a la contaminación de los combustibles fósiles y el Acuerdo de París exigen abordar la des-carbonización de la economía mundial. A la vez se ha producido una enorme reducción de los costes de la electricidad eólica y solar, que puede competir sin necesidad de primas con las centrales fósiles y nucleares.

De esta forma un gran problema de deterioro ambiental ha encontrado una magnífica solución en la que las energías fósiles (básicamente carbón y gas) van ya a poder ser sustituidas de forma competitiva por energías renovables para producir electricidad. Esa electricidad “verde”, será la que a su vez podrá reemplazar a la tercera energía fósil: el petróleo (gasolina y gasóleo) en la movilidad y el trasporte y al gas en la climatización (bomba de calor).

La conveniencia de esta transición a las renovables a nivel planetario es todavía más evidente y urgente en un país como España que no tienes recursos fósiles y en cambio cuenta con ventaja comparativa en tecnología y recursos solar y eólico.

Como se ha señalado las energías eólica y solar ya no necesitan primas pero, en el caso de España, si es necesario que se eliminen las incertidumbres existentes para poder financiar sus proyectos. La principal es que, al estar mal diseñadas las subastas que se han convocado, la remuneración no queda definida por el precio de la puja que haya ganado, sino por un diferencial respecto al precio del mercado spot. El precio futuro de este mercado es incierto pero además decreciente, en la medida en que precisamente la entrada de las energías renovables seguirá contribuyendo como ya sucede a reducir los precios del mercado.

Otras incertidumbres provienen de la continuidad, o no, de las actuales centrales de carbón y nuclear y deberían ser clarificadas por el Gobierno, que tendría que establecer la evolución del mix de energías más conveniente para acelerar la transición a las renovables.

Las empresas e instituciones podrían de esta forma financiar grandes granjas hibridadas y con almacenamiento de centrales eólicas y fotovoltaicas y los auto-consumidores producir una electricidad fotovoltaica que no fuera tratada, como hoy, de forma punitiva.

Otra característica a destacar de las energías renovables es que estas rompen las altas barreras de entradas existentes para producir electricidad (fundamentalmente el gran tamaño de las centrales), lo que posibilita una concurrencia de agentes innovadores que no sólo suministren energías como commodities intermedias sino servicios finales como movilidad, almacenamiento, climatización, etc. gestionables a través de Internet y blockchain. Esto sí que determina la aparición, por fin, de competencia en el sector eléctrico.

Sin embargo la transición a las renovables no sucederá de forma inercial, ya que tiene que superar dos problemas: uno respaldar su intermitencia y aleatoriedad, que es tecnológicamente resoluble y otro económico que es la inviabilidad de mantener todo el exceso de centrales, almacenamientos y suministros fósiles y nucleares con su histórica sobre-remuneración, cuando existe una alternativa más barata y no nociva para el clima y la salud.

Ante este cambio que se avecina las grandes eléctricas ya se han adelantado a pedir sus recurrentes “beneficios caídos del cielo” del BOE, amenazando con el cierre de centrales de carbón y nucleares si el Gobierno no aprueba un aumento de su remuneración.

La sustitución de las energías fósiles por las renovables y por la electricidad se hará de forma progresiva a lo largo de un periodo de transición, pero es posible que sea más rápida de lo que se anticipa. En los próximos 10 años puede cambiar el mundo energético actual a nivel global y eso no podrá ser frenado en España, por lo que las empresas eléctricas dominantes tienen que dejar de presionar para aumentar su remuneración en centrales fósiles y nucleares, e innovar y aportar más valor a sus clientes y a la sociedad.

El Ministerio de Energía tiene que dejar de temer un apagón ya inviable al aparecer la competencia y atreverse a revisar globalmente una regulación que, no sólo no revela los costes incurridos, sino que supone un freno a las renovables.

El Ministro tiene que salir del bucle delirante en que se ha metido de “obligar a las empresas” a prolongar la explotación de sus centrales fósiles y nucleares para acabar aumentándoles a cambio todavía más su retribución.

Como dice el título del artículo se abre el escenario de una nueva transición energética a las energías renovables pero las empresas eléctricas dominantes que obtuvieron grandes beneficios en la transición a una competencia que nunca llegó no pueden seguir obteniéndolos con el advenimiento de la competencia – en este caso real – liderada por las renovables. Si lo lograran se frenaría dicha transición y volverían de nuevo a perjudicarse los consumidores.

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Asociación de Economistas Frente a la Crisis

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