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Trincheras, Casamatas y Organización. La Lucha de Clases Global

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“Disponemos de los medios para recualificar y acrecentar las habilidades de los individuos en una escala y cantidad sin precedentes, para desplegar redes de seguridad, que protejan a los trabajadores desplazados frente al despido, y para crear mapas a medida que orienten a los trabajadores relegados hacia los empleos del mañana adecuados a sus capacidades de aprendizaje”.( Klaus Schwab, WEF-2021)[1]

La crisis de la civilización industrial, certificada por la sucesión de crisis financieras, desde el triunfo del neoliberalismo en 1989, obliga a las grandes instituciones globales al lanzamiento de una serie de propuestas de futuro. El modelo asiático, evidentemente, no atrae a las elites europeas o estadounidenses, pero se configura como una alternativa viable. El populismo aún no ha conectado con el confucionismo, aunque tiene sus estudiosos y divulgadores, que recorren Europa con los mensajes de Donald Trump y Vladimir Putin, pero tampoco se ve como una opción viable para las elites liberales. Por ello, Davos y el Fondo Monetario Internacional están realizando una revisión neokeynesiana y no neoliberal de la política económica, con instrucciones a los gobiernos para su implementación. Las fuerzas de izquierda y los sindicatos quedarían fuera de juego si no acuden a la cita, exigen entablar negociaciones para diseñar las reformas y presentan sus propias propuestas, que se tendrán que medir y combinar con las que esas corrientes culturales, dominantes en la economía, están elaborando desde sus foros. Podemos deducir cuales serán, a partir de los realizados recientemente, los cuales han recibido ratificación en Washington, con las últimas propuestas de armonización fiscal global y la vuelta al Acuerdo de París del presidente Biden.

Davos y el COVID-19, el Olimpo baja al Campo de Marte

El director ejecutivo del World Economic Fórum, presentaba en noviembre el informe sobre “los empleos del mañana”[i], dirigido a Davos 2021, con las siguientes palabras: “Después de años de creciente desigualdad de los ingresos, de preocupaciones sobre los desplazamientos de los empleos por la tecnología, y el alza del descontento global de las sociedades, la combinación de shocks sanitario y económico de 2020 ha situado las economías en caída libre, provocando la disrupción de los mercados laborales y revelando la falta de adecuación de nuestros contratos sociales. Nos hallamos en un momento de definiciones: las decisiones y elecciones que hoy hagamos determinarán el curso de las vidas y medios de vida de generaciones enteras. Tenemos las herramientas disponibles. La abundancia de innovación tecnológica que define nuestra era actual puede ser la palanca que levante el potencial humano.”

El estudio Future of works, recorre a través de un detallado y cuantificado análisis las economías más importantes del mundo, enumerando los riesgos que corren los empleos, la demanda de nuevos perfiles profesionales y la formación necesaria en cada país para cubrirla. El horizonte es 2025, el cual está siendo acelerado por: la aceleración de la incorporación de nuevas tecnologías de automatización por las corporaciones y las empresas, y el COVID-19. Factores que crean escenarios desestabilizadores para los trabajadores, derivados de las secuelas acumuladas de los cierres sanitarios y la posterior contracción económica, que unidas a la incorporación de tecnologías trasformarán los procesos de trabajo, los propios empleos y las habilidades requeridas para ejercerlos.

En ausencia de esfuerzos proactivos, la desigualdad se exacerbará; porque los avances de la digitalización se producen con un gasto mínimo en recualificación. Con las políticas de empleo frenadas por la crisis de 2010, los desempleados se quedan en el margen y las mujeres, con cuidados de hogar a su cargo, y los jóvenes de baja formación sufren las peores consecuencias. La competencia por los empleos aumenta, el miedo a la precariedad se suma a la renuncia a recalificarse por falta de confianza, y el aumento de los trabajadores pobres desincentiva la esperanza de encontrar un empleo digno[ii].

No es que los empleadores ignoren el valor de las inversiones en capital humano. Más de dos tercios de los directivos encuestados del WEF-Report-2020, declaran que realizarán inversiones en formación de los empleados antes de 2025. Aunque perciben demasiadas incertidumbres en ese futuro: falta de concreción de las habilidades y capacidades a fomentar, que dificulta las bajas posibilidades de encontrarlas en el mercado; y tampoco logran caracterizar adecuadamente la plantilla de empleados “no prescindibles”, antes de recolocar a cerca del 50% del personal que será afectado por la automatización. Paralelamente, quieren discriminar qué capacidades son susceptibles de ser externalizadas y subcontratadas. Mientras, manifiestan la falta de metodología para medir los resultados del gasto en cualificación, en ausencia de técnicas de contabilización de los intangibles que aporta el capital humano (WEF, 2020: p. 6).

En el fondo, la pregunta es: ¿Quién pagará la factura de reciclar el capital humano de las empresas? Sin dudarlo, los empresarios encuestados esperan que, al final, sean los gobiernos los que paguen, tanto el dinero, como el coste en reputación de los desplazamientos, como ya pasó en 2010. El problema se complica cuando se analiza país a país. Porque los desplazamientos de personal serán más agudos en las economías industriales más tradicionales; en los países con sistemas administrativos más poblados de empleados, y entre las poblaciones más envejecidas. Mientras que los países emergentes ven en las tecnologías disruptivas una oportunidad. Los países con bajos salarios, si tienen sistemas educativos modernizados, confían atraer las inversiones de las corporaciones globales, que ven en ellos oportunidades de relocalización para sus factorías más tradicionales.

El G-20 y el virus, el Emperador desnudo

También en noviembre[iii] se celebró la Asamblea del G-20, con una agenda parecida. Cuando aún no se había desatado en Europa, ni en EE. UU, la tercera ola de contagios de la pandemia, el ambiente de los gobernantes del mundo era ligeramente optimista respecto a la salida de la recesión. A pesar de ello, el G-20 también cuantificaba en decenas de millones de trabajadores la pérdida de empleos por el COVID-19, especialmente los de más baja cualificación, las mujeres y los jóvenes, y ponía el énfasis en las condiciones de la recuperación, como la colaboración en materia de salud e investigación sanitaria. Eso era antes, de que las vacunas nos hicieran ver que nuestro mundo aún está prisionero de los nacionalismos excluyentes, y del espíritu de bloques imperiales y culturales.

El G-20 recomienda dirigir las ayudas a las empresas viables y estratégicas, con el objetivo de minimizar las quiebras innecesarias, las cuales agudizarían la volatilidad de los flujos de capital. Especialmente, en las economías emergentes, donde la falta de rodaje institucional convierte la incertidumbre en problemas de falta de coordinación entre las finanzas y la economía real. Alerta a esos países, el capital humano sufrirá la descualificación a causa de los déficits de la sanidad, dañando, a medio plazo, la productividad. Los problemas de las economías emergentes debilitarán los mercados externos de mercancías y capitales para las economías desarrolladas. El estrechamiento de los mercados impulsará en éstos últimos países la incorporación de tecnologías de automatización (Alonso et als., 2020), agudizando la pérdida de empleos maduros.

Tanto en los emergentes, como en los menos desarrollados, se espera que los efectos adversos sobre la productividad, causados por la pandemia y las enfermedades asociada al colapso de los sistemas de salud, se sumarán a las quiebras de empresas, provocando un deterioro importante del capital organizativo y el know-how y, con la pérdida de ocupaciones, se agravará la crisis de pobreza de los trabajadores con empleo. Por ello, el G-20 pide que los gobiernos encaucen las inversiones subvencionadas hacia la economía digital y verde, impulsando, a la vez, la formación en capacitación por su carácter inclusivo. Aunque nada se dice sobre trasferencia de rentas entre estados, condición necesaria para el libramiento de subvenciones de formación en los países en desarrollo.

Por último, las finanzas globales, que están en calma gracias al apoyo político otorgado a los mercados globales por el FMI y los bancos centrales de los países desarrollados, bajo la presión de la pandemia. Pero, a medio plazo, la acumulación de deuda pública repercutirá en la capacidad de los bancos e instituciones financieras para proporcionar crédito a los sectores no financieros, debilitando el comercio exterior. Se recomiendan políticas financieras y monetarias flexibles y acomodaticias, mientras haya estabilidad monetaria. El FMI añade a la recomendación, su reflexión sobre el carácter multiplicador de la concertación inversora intergubernamental en una economía global. Su recomendación es que se fomenten las exportaciones de los más endeudados, hacia los países con mayor capacidad fiscal. Los estados con menor deuda, en este intercambio beneficioso, se convertirían en compradores importadores.

Esta apuesta por la cooperación económica multilateral para planificar inversiones, viene apoyada por los papeles de trabajo del FMI, que indican que los multiplicadores de la inversión se duplican, cuando las planificaciones tienen un alcance interestatal. Cooperación necesaria, además, en la lucha contra el cambio climático, que ocupó las horas finales de la reunión, pues la economía verde, que implica un mayor arrastre de empleo, necesita de la coordinación interestatal para cumplir los compromisos de París. Como las recomendaciones de cooperación en salud, clima y desarrollo (las de mayor impacto del encuentro) se tienen que plasmar en acuerdos interestatales; los próximos meses, una vez vacunados y conjurados los riesgos de pandemia, nos indicarán si los gobiernos están preparados para un mundo en paz y cooperación. Si las recomendaciones de colaboración entre los países vecinos no se cumplen, los costes serán dramáticos.

El FMI quiere reiniciar Bretton-Woods

Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional, y sus equipos técnicos, presentaron a los estados del G-20 una propuesta propia, que introduce una perspectiva social global: piden fondos para apoyar a los trabajadores, en su transición desde sectores en contracción a sectores en expansión. Ese gasto social sería fundamental para salir de la recesión provocada por la pandemia, porque alcanzaría a las inversiones en capacitación, reconversión profesional y educación de calidad.

La propuesta del FMI aboga por la sostenibilidad fiscal, como un pilar básico de la financiación del gasto social. Los economistas del Fondo alertan, además, sobre una deuda pública mundial en máximos históricos, como otro legado de la crisis. Un reto, dicen, que necesitará una reforma de los sistemas tributarios, con capacidad para movilizar ingresos de forma equitativa. Muchos países de bajos ingresos, que soportan una pesada carga de deuda, necesitan que se tomen medidas inmediatas de alivio de la deuda. La directora propone un nuevo pacto de Bretton-Woods. El objetivo sería la estabilización de las monedas y el fortalecimiento de las finanzas públicas; apoya el proyecto base Profit Shifting, y pide proporcionar liquidez a los estados, creando productos financieros adecuados del propio Fondo para el giro global de dinero.

Por último, el IMF considera que la cohesión global hace necesarios acuerdos multilaterales, para que las economías más pobres superen la crisis. Anima a fortalecer el comercio basado en reglas, fomentar un sistema internacional de tributación al que todos los países contribuyan equitativamente y apuntalar la red mundial de seguridad financiera. Sin estos esfuerzos, según la directora del FMI, la desigualdad aumentará, y la economía mundial afrontará retos aún mayores en el período que tenemos por delante[iv].

¿Dónde apoyar el liderazgo necesario? Empezando por la fiscalidad

El G-20 y el FMI, a diferencia del WEF-2020, hacen un llamamiento a recuperar la capacidad fiscal de los estados, tanto para disminuir la desigualdad y soportar el aumento de deuda soberana, como para financiar los enormes gastos en protección social y educación que necesitará la “nueva normalidad” pos-pandemia. Proponen un sistema, consensuado y general, para la fiscalidad de las empresas multinacionales: el G-20/OECD Project Base Erosión and Profit Shifting, basado en gravar el negocio que éstas desarrollan en cada uno de los países. Un mecanismo de tasación fiscal que persigue reducir el alcance de la elusión y la competencia fiscales entre estados [v]. Un proyecto que permitiría reforzar las finanzas públicas. En este punto se echa de menos una referencia a las plazas off-shore, y a las prácticas elusivas de las corporaciones informáticas, que tan calurosamente han sido defendidas por los EE. UU de Trump, y aprovechado por Irlanda.

Todo un programa de intenciones que, como los del Foro de Davos y el G-20, deja en suspenso la cuestión clave de cuales serán las políticas para un nuevo Contrato Social. Los ciudadanos defensores de una ciudadanía plena y participativa están convocados a dar su propia versión, de por donde quieren que trascurra el futuro después de 40 años de crisis financieras, traspaso del coste social a los salarios, generalización de la incertidumbre en los empleos y desigualdad, un testimonio que no será posible, si los sindicatos y el resto de las organizaciones de la izquierda continúan ensimismados en políticas defensivas, que no les permiten percibir la ventana de oportunidad que se abre, gracias al miedo del liberalismo al populismo y el autoritarismo de estado. Las propuestas sobre la mesa, en momentos de incertidumbre para los gobiernos y los representantes del capital, no tardarán en enfriarse al primer indicio de recuperación post-COVID.

Fuera de programa[vi], China está citada expresamente como el país industrializado que menos ha sufrido la recesión. Por lo tanto, si no cambia la dinámica de la recesión post COVID-19, emergerá como la primera potencia económica del planeta. Evidentemente, el G-20 no puede plantearse las consecuencias geopolíticas, y los cambios en la percepción global del equilibrio, que esa nueva realidad implicará. Pero toda visión de un cambio profundo en la civilización actual no puede ignorar que este hecho coloca al capitalismo autoritario de estado como una variante de salida a la crisis. Plantea, además, una posible alternativa real, en evitación de la destrucción mutua, congruente con las respuestas obtenidas de los empleadores en el WEF-Report-2020.

Los nuevos tambores de guerra fría, que suenan en torno a Irán o Ucrania y tienen un eco siniestro en los planes nucleares de Reino Unido y la India, y la polarización de alianzas con el trasfondo de las pretensiones de hegemonía tecnológica de las potencias dominante y emergente; nos recuerdan que Europa es el único reducto de los derechos sociales y ciudadanos, con capacidad suficiente para proponer acuerdos y bases de solidaridad y cooperación global, pero está aún por construir. Se refuerza la urgencia, ya planteada por los sindicatos europeos en su conferencia ETUI de 2018, de superar Maastricht, concretar el Pilar Social Europeo y avanzar en la democratización de las Instituciones confederales de la UE. La socialdemocracia, los verdes y resto de la izquierda europeas no serán perdonados por los ciudadanos, si no convocan a los órganos de la sociedad civil y presentan sus propias propuestas de democracia económica, al fin y al cabo, la única salida civilizada para el inevitable cambio de civilización.

[1] Director y fundador del World Economic Forum, que todos los años se celbra en Davos.

[i] The Future of Jobs Report 2020: P. 4; (WEF, 2020)……

[ii]  (WEF-2020…: p.6)

[iii] G-20 Surveillance. Note. G-20 Leaders´ Summit November 21-22, 2020 Riyadh Summit, Virtual Meeting IMF.

[iv] Kristalina Georgieva IMF-Blog: By Diálogo a fondo | noviembre 19, 2020 | Africa, cooperación internacional, Cooperación multilateral, Coronavirus, Crecimiento, Crisis económica, Crisis financiera, economía global, Economías avanzadas, Estabilidad financiera, FMI, Fondo Monetario Internacional, G-20,

[v] El Presidente Biden ha concretado el llamamiento en torno al Impuesto de Sociedades.

[vi] En tercer punto del informe, se destaca la particularidad de China, saliendo de la crisis sin pasar por la recesión.

About Jose Candela

José Candela Ochotorena, Doctor en Economía y en Historia Contemporánea, es miembro de Economistas Frente a la Crisis.

3 Comments

  1. Ignacio Muro el mayo 12, 2021 a las 5:37 pm

    Una buena descripción de por dónde va el mundo, que se puede resumir en un “sin rumbo”. La primera parte del título es descriptivo, pero debería culminar en desorganización, después de hablar de trincheras y casamatas. El añadido sobre la lucha de clases global no se corresponde con lo que se describe. Todos los discursos institucionales son coherentes pero solo son relatos de buenas intenciones sobre lo que habría que hacer. Pero están, de momento, desconectados de una voluntad cooperadora imprescindible. No se vislumbra un liderazgo global con capacidad para imponer un camino al conjunto. China todavía no puede y EEUU ya no puede y no sabe si le conviene un repliegue. La UE no sale de su marasmo.

    • Jose Candela el mayo 12, 2021 a las 6:11 pm

      Precisamente en tu última oración está la oportunidad de la lucha de clases, Europa es el vehículo de un liderazgo que trascienda tanto el modelo liberal en repliegue defensivo como el autoritarismo de Estado, hacia una democracia sin la hipoteca propietarista. Pero tal proyecto implica la unidad de las fuerzas políticas de progreso y de los grupos sociales no oligárquicos

  2. […] “Disponemos de los medios para recualificar y acrecentar las habilidades de los individuos en una escala y cantidad sin precedentes, para desplegar redes de seguridad, que protejan a los trabajadores desplazados frente al despido, y para crear mapas a medida que orienten a los trabajadores relegados hacia los empleos del mañana adecuados a sus capacidades de aprendizaje”.( Klaus Schwab, WEF-2021)[1] […]

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