¿Cómo va la economía del Gobierno Sánchez?

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Unos días antes de las elecciones del 23 de julio explicaba en este artículo que votar al PP resultaba contraproducente. Condensaba entonces el argumento en un gráfico que comparaba los resultados de la política económica y laboral de los gobiernos de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, utilizando un indicador combinado del PIB y el empleo y en la consideración de que el objetivo prioritario y urgente de cualquier gobierno en España debía ser, al menos desde la crisis del petróleo de 1973, crear empleo. No cualquier empleo, como aquel de la burbuja financiero-inmobiliaria destruido a mansalva tras la crisis 2008, sino empleo estable y de calidad.

El gráfico citado (la metodología para su elaboración puede consultarse en el citado artículo), ofrecía como resultado que, para el conjunto de la ciudadanía, la política económica aplicada por el Gobierno Sánchez ha sido mucho más favorable que la del Gobierno Rajoy en cualquier circunstancia, en periodo de crisis o de recuperación, obviando además que durante la etapa de Rajoy el empleo creado fue de mala calidad, con bajos salarios, altas tasas de precariedad laboral y temporalidad e indeseable concentración sectorial.

En aquel gráfico quedó un asunto pendiente. Las curvas estaban construidas con un indicador que calcula la evolución del empleo según la EPA restando la evolución del PIB desde el arranque de cada gobierno. Pero si los datos de la EPA son a priori definitivos, los del PIB no lo son hasta varios trimestres después, a lo que ha venido a sumarse que el INE, ante los clamorosos indicios -precisamente por la muy favorable evolución del empleo según la EPA o la no menos favorable de recaudación tributaria- de que las cifras del PIB pospandemia debían haber sido subestimadas, publico en septiembre una revisión del PIB al alza desde el primer trimestre de 2020.

Ahora que toca a su fin el mandato de Nadia Calviño, con los datos del PIB de dos trimestres más y la revisión de los anteriores, se puede rediseñar el gráfico para verificar si la política económica del Gobierno Sánchez ha seguido siendo más favorable que la del Gobierno Rajoy.

Durante los tres primeros trimestres del Gobierno Rajoy (la línea azul), en 2012, el empleo estuvo creciendo más que el PIB (en realidad ambos estaban cayendo, pero recuérdese que estamos observando la diferencia entre uno y otro). Se venía del Gobierno Zapatero, cuando tras la explosión de la burbuja financiero-inmobiliaria en 2008, germinada un decenio atrás en tiempos de Aznar, se destruyó empleo desproporcionadamente, principalmente en el sector de la construcción, por arrastre en la industria y menos dramáticamente en los servicios. Con Rajoy, la destrucción de empleo se acentuó, por obra y gracia de la política de austeridad, y la caída del PIB siguió hasta el comienzo de la recuperación, que puede situarse en el primer trimestre de 2014, ocho trimestres después de la toma de posesión de su Gobierno.

Es perfectamente visible en la línea azul que la peor evolución del empleo respecto al PIB -en negativo y por debajo de la línea horizontal que indica el cero, o sea, la igualdad de crecimiento de ambas magnitudes- no fue algo puntual del Gobierno Rajoy, sino una tendencia persistente, en momentos de crisis o de bonanza, y fruto, por tanto, de una determinada política económica y laboral. Las olas de la línea representan una creciente temporalidad del empleo, que se destruía sistemáticamente al acabar la temporada turística.

Veamos ahora lo que ocurrió durante el Gobierno de Sánchez (la línea roja del gráfico) con los datos actualizados. También es perfectamente visible que, durante su mandato, pasados los primeros trimestres de inercia por la política anterior, se rompe la tendencia. El empleo comienza a comportarse mejor respecto al PIB para, a partir del quinto trimestre de su Gobierno, el tercero de 2019, ponerse en positivo. Es decir, que el mantra del Gobierno anterior, que sostenía que en España solo se podía crear empleo por debajo del crecimiento del PIB, era falso de toda falsedad, para descrédito de los expertos predicadores de tal cosa y celebración del resto de los españoles.

En la línea roja del Gobierno Sánchez destaca el salto impresionante que se produce en los trimestres 7 y 8, que viene a coincidir con el confinamiento total por la pandemia en el primero y segundo trimestres de 2020. La interpretación es meridiana. Al evitar el despido de los trabajadores afectados por la paralización de la economía aplicando el recurso paliativo de los ERTE, el empleo cayó mucho menos que el PIB. En el primer trimestre de 2020 el PIB había caído un 3,3% respecto a su nivel al inicio de la legislatura, estando el empleo todavía ocho décimas por encima, con lo que la diferencia entre ambos fue de 4,1 puntos positivos. En el segundo trimestre de 2020, lo más duro del confinamiento total, esa caída del PIB llegó a alcanzar el 20,4%, pero el empleo “solo” cayó un 4,7%, con una diferencia, por tanto, de 15,7 puntos porcentuales en positivo a favor del empleo. Si la dinámica hubiese sido la habitual del Gobierno Rajoy, de una mayor caída del empleo que del PIB, el hundimiento del primero habría convertido a España en una nueva Grecia, con heridas difícilmente recuperables en décadas. El viraje político del Gobierno Sánchez en la pandemia evitó una catástrofe.

Pero, como se observa en la línea roja, el espectacular desempeño del Gobierno de coalición durante la pandemia no fue que sonara la flauta por casualidad, sino un enfoque político exitoso que se mantuvo durante toda la legislatura. En trimestres sucesivos el empleo fue absorbiendo los ERTE, con o sin estado de alarma, y desde entonces, antes o después de la crisis de suministros post COVID, de la llegada de los fondos europeos o de la nueva crisis por la guerra en Ucrania, el empleo ha tenido un comportamiento siempre más positivo que el PIB, en diferencia abismal con las continuadas tasas negativas del mandato Rajoy.

Por tanto, se puede afirmar, con datos objetivos, método neutral y sin lugar a dudas, que la política económica y laboral de Nadia Calviño y Yolanda Díaz durante el Gobierno de coalición de Sánchez ha sido llamativamente mejor que la desarrollada por Luis De Guindos y Fátima Báñez durante el Gobierno Rajoy.

Los datos revisados del PIB siguen confirmando lo anterior, si bien, con un PIB mayor y un mismo empleo, la curva roja está ahora más cerca del eje de abscisas, entre punto y punto y medio por debajo de la construida con los datos de avance. Aun así, en el primer trimestre 2023, con el dato revisado, todavía se estaba creando empleo 1,2 puntos por encima del PIB, mientras que en el mismo trimestre 19 del Gobierno Rajoy el empleo venía creciendo 1,8 puntos por debajo.

Pero del nuevo gráfico con los datos actualizados surge una nueva cuestión remarcable sobre los dos últimos trimestres publicados. En el segundo trimestre 2023 el empleo pegó un gran salto hasta situarse 3,8 puntos por encima del PIB, y en el tercer trimestre 2023 todavía subió más, hasta los 4,6 puntos. Como referencia, en ese mismo trimestre número 21 del Gobierno Rajoy, el primero de 2017, en plena recuperación, el empleo venía creciendo 3,8 puntos por debajo del PIB.

Ese diferencial tan elevado entre el empleo y el PIB en los dos últimos trimestres apunta a que la revisión al alza del PIB por el INE se ha podido quedar corta y que el crecimiento real sigue siendo mayor a lo publicado en las cifras de avance, lo que parece confirmarse por el hecho de que entre enero y octubre de 2023 la recaudación por IRPF ha subido un 9,6% respecto al año anterior, que sería un 13,3% sumando los ingresos perdidos por cambios normativos.

Por aportar una posible explicación que no se suele resaltar sobre esa disparidad, la aportación de las rentas de los no residentes podría estar siendo mayor que la estimada, habida cuenta de que en los últimos trimestres el mercado laboral está absorbiendo un importante contingente de inmigrantes. Veamos.

En G.1 se observa que se está produciendo un flujo creciente de extranjeros que se incorporan a la población activa, hasta un nivel similar al de los tiempos de la burbuja, pero que ahora no tiene como destino actividades especulativas indeseables sino estratégicas, como se puede comprobar por la distribución sectorial del nuevo empleo.

En G.2 se observa, además, que esa incorporación de extranjeros a la población activa no está afectando negativamente al empleo de los nacionales españoles que, a pesar de que su población activa (G.1) es la menos creciente, sube con fuerza también en empleo.

Y en G.3 se comprueba que, contrariamente a los augurios de la extrema derecha en el sentido de que los extranjeros vienen a quitar el empleo a los nacionales, a estos, cuyo crecimiento demográfico es menor, les va también mejor en cuanto al desempleo.

Los datos de afiliación de noviembre 2023, cerca del cierre del año, señalan que esa creciente incorporación de extranjeros al mercado laboral continúa, lo que es un síntoma de la fortaleza del crecimiento y una excelente noticia para el equilibrio etario-demográfico del mercado laboral y, por tanto, para el mantenimiento de las pensiones públicas. Según la EPA, en el tercer trimestre de 2023 los ocupados extranjeros eran 567.900 más que en el tercer trimestre de 2019, antes de la pandemia, el 40,8% del empleo total creado desde entonces (1.391.600 trabajadores ocupados más). Con esa aportación, los extranjeros pasaron a representar el 14,1% del empleo en el tercer trimestre de 2023, cerca de dos puntos por encima de su nivel pre-COVID (eran el 12,2% en el tercer trimestre de 2019) y en un nivel similar al de la cima de la burbuja inmobiliaria (el 13,5% en el mismo trimestre de 2007) pero en buena salud sectorial.

En suma, según los datos macroeconómicos, la economía del Gobierno Sánchez va bien -bastante mejor que la de nuestros grandes socios comunitarios, con quienes antes ligábamos nuestra suerte-, está absorbiendo sin problema una fuerza adicional de trabajo procedente del exterior que es necesaria para la demografía del mercado laboral y la financiación de las pensiones. Pero, además, por la evolución de los datos de empleo y de recaudación tributaria, es posible que esté yendo bastante mejor de lo que reflejan los datos de avance estadístico. Sería conveniente verificar a conciencia esa eventualidad en próximas revisiones estadísticas del PIB. ez?

About Luis Molina Temboury

Economista especializado en el análisis estadístico de la desigualdad. Convencido de que para revertir la escalada de la desigualdad extrema tendremos que acordar un límite al patrimonio. Cuanto antes mejor. Miembro de Economistas Frente a la Crisis

1 Comment

  1. Enrique López Felipe el diciembre 25, 2023 a las 7:17 pm

    Aun siendo cierto que se han superado los efectos de la crisis sanitaria sobre la actividad económica, medida en términos de PIB real, o sobre la ocupación laboral, atendiendo al número de afiliados a la Seguridad Social, es igual de innegable que, en cuanto a la situación fiscal, queda un enorme trabajo por hacer para cumplir los niveles de déficit estructural y deuda pública marcados por la ley.

    En el Proyecto de Plan Presupuestario para 2023, elaborado en el otoño de 2022, el Gobierno planteó cerrar este año con un déficit de las AAPP no superior al 3,9% del PIB y con un volumen de deuda pública por debajo del 112,4% del PIB.

    Las estimaciones más recientes de distintos organismos nacionales e internacionales se inclinan por un incumplimiento, aunque de una magnitud moderada, de la referencia de déficit. Así, la AIReF, los panelistas de FUNCAS y la Comisión Europea consideran que quedará en un 4,1% del PIB.

    Por su parte, las diversas revisiones del PIB nominal llevadas a cabo durante el ejercicio han dado lugar a que la ratio perseguida para la deuda haya quedado desvirtuada, ya que su valor al finalizar 2022 se ha modificado hasta situarla en el 111,6% del PIB. En todo caso, la intención gubernamental era reducirla en 1,3 puntos porcentuales, lo que los distintos pronósticos dan por logrado con holgura, siendo la última previsión oficial que quede en el 108,1% del PIB. Eso sí, la mayor contribución a la consecución de este objetivo la realiza el deflactor del PIB y, en términos absolutos, el endeudamiento público sigue aumentado.

    De una parte, es importante resaltar que, respecto al componente “estructural” del déficit, el Gobierno espera que este año su valor sea del 4,2% del PIB. En el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento nuestro país se ha marcado como objetivo de medio plazo conseguir un déficit estructural inferior al 0,4% del PIB y la norma nacional (art. 11 de la LOEPSF) proscribe incurrir en déficit estructural (ambas previsiones establecidas en coherencia con los compromisos asumidos con la adhesión al Tratado de estabilidad, coordinación y gobernanza en la unión económica y monetaria).

    Por lo que atañe a la deuda en relación al PIB nominal, a pesar de su favorable evolución, nuestro país quedará (por supuesto, incumpliendo el límite del 60% del PIB establecido en el art. 1 del Protocolo nº 12 del TFUE) como uno de los más endeudados de la Unión Europea, superándole Grecia, Italia y, posiblemente, Francia.

    Conviene recordar que antes de la pandemia de Covid-19, según datos de la Comisión Europea, el déficit estructural era del 3,8% del PIB y el volumen de deuda pública del 98,2% del PIB.

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