Elecciones y Emergencia Climática

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Escribí el texto que retomo más abajo pocas horas después del fracaso de la primera investidura…y lo hago ahora, tras el segundo fracaso de las negociaciones para formar un gobierno progresista en España. Mientras tanto, en torno a la Cumbre del Clima, Nueva York congrega a líderes mundiales, empresas, ONGs, manifestantes…y los medios de todo el mundo llevan a primera página los nuevos compromisos por acelerar la senda de reducción de emisiones – ojalá no se queden en meros titulares….Nunca hasta ahora la lucha contra el cambio climático había despertado tanto interés colectivo, nunca hasta ahora la sociedad había sido tan consciente de los peligros de la falta de acción, nunca antes los políticos habían sentido su aliento tan de cerca. En una reciente entrevista, Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, respondía así a la pregunta sobre por dónde podemos, cada uno de nosotros, empezar a contribuir a luchar contra la Emergencia Climática:

Quienes vivimos en países democráticos debemos demostrar nuestro compromiso con el voto y apoyar a los líderes que son conscientes de la emergencia que vivimos”.

Pues así queda dicho, pocas horas antes de que oficialmente queden convocadas las nuevas elecciones en España.

Es difícil establecer un orden entre prioridades….reducir la precariedad del empleo, mejorar la protección social, luchar contra la desigualdad y la pobreza infantil, erradicar las diferencias de género ….pero, entre ellas – todas ellas importantes -, no me resisto a resaltar una por su urgencia: la lucha contra la Emergencia Climática. ¿Quedará comprometida si el bloque de derechas gana las nuevas elecciones? ¿Quedará comprometida si después de las elecciones gana la izquierda pero no es capaz de reconducir las negociaciones para formar un nuevo gobierno progresista en España?

Todos vivimos en el mismo planeta, todos respiramos el mismo aire, todos bebemos el mismo agua, todos consumimos la misma energía….pero no todos parecemos compartir ni la urgencia por luchar contra el calentamiento global, ni la conveniencia de apostar por la transición energética como motor capaz de dinamizar nuestras economías. Al menos, eso es lo que se desprende – más allá de las declaraciones – de las políticas que unos partidos y otros han puesto en marcha desde el poder.

Los cambios en el gobierno central y en el ayuntamiento de Madrid ilustran las diferentes posiciones políticas ante el problema. En contraposición con la política energética del gobierno de Mariano Rajoy – recuérdese el “impuesto al sol”, los recortes a las renovables, o los obstáculos al cierre de las centrales nucleares y de carbón-, el ejecutivo de Pedro Sánchez ha dejado plasmada su ambición en este ámbito a través del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que incluye objetivos y medidas para la reducción de las emisiones contaminantes, la mejora de la eficiencia energética y el despliegue de nuevas inversiones en energías renovables. Hoy, en la Cumbre del Clima en Nueva York, el Gobierno en funciones encabeza la iniciativa por una transición energética justa. Y en Madrid…. en contraposición, los nuevos responsables del PP y Ciudadanos, que se vanagloriaron en suspender, nada más llegar al consistorio, el Protocolo por Alta Contaminación y la creación de Madrid Central puesto en marcha con la llegada de Manuela Carmena y su equipo a la alcaldía, han tenido que retomar -tras los correspondientes recursos y sentencias de los tribunales-, a regañadientes y mal, las medidas tomadas por el consistorio que les precedió.

Detrás de estos planteamientos políticos, tan opuestos, está la ideología y, detrás de la ideología, los intereses económicos. No hay mejor prueba que el desprecio mostrado por Trump y Bolsonaro hacia la Cumbre del Clima en Nueva York. La derecha no quiere un Estado fuerte que adopte un papel importante en la economía, porque ello requeriría –entre otras cosas – reforzar la capacidad de recaudación del Estado y su papel para limitar la iniciativa privada allí donde atente contra el interés general. Por ello, la derecha mira a otro lado cuando se constata que el mercado falla, porque lo contrario sería reconocer el papel central del Estado. La contaminación es un fallo de mercado por excelencia porque produce externalidades negativas que nos afectan a todos, a los que contaminan y a los que no. Y aunque todavía queden algunos negacionistas que se empeñen en negar la evidencia, el calentamiento global y sus consecuencias son una realidad ya –las recientes inundaciones en España podrían empezar a estar siendo la regla y no la excepción-, contra la que no se puede luchar desde la inacción.

Una planificación y regulación energética que promuevan la transición hacia las energías renovables, unas mayores tasas de electrificación que fomenten la reducción de las emisiones en el sector del transporte, la creación de zonas de bajas emisiones y las restricciones al acceso del tráfico a las ciudades, una fiscalidad ambiental que acelere el cambio de la flota de vehículos hacia otros menos contaminantes, la rehabilitación para mejorar la eficiencia energética de las viviendas, el fomento del reciclaje, y las medidas para que la transición, además de eficiente, sea justa …nada de esto puede ponerse en marcha sin antes reconocer la necesidad de que el Estado adopte un papel activo en la economía, algo que no está en el ADN de los partidos de derecha – al menos, por ahora, en los de este país.

Pero los políticos que opten por mirar a otro lado, negando la urgencia de poner en marcha medidas ante la crisis climática, se van a encontrar al menos con tres frentes: la ciudadanía, los jueces y los organismos e instituciones internacionales. De nuevo, Madrid como ejemplo: miles de madrileños salieron a las calles para reivindicar Madrid Central; los jueces desactivaron la moratoria porque la salud de los ciudadanos es un derecho contra el que no vale la arbitrariedad política; y la Comisión Europea ha reactivado el expediente contra Madrid por el incumplimiento de la directiva de calidad del aire. Madrid es un ejemplo cercano, pero por suerte no el único: Fridays for the Future moviliza a los jóvenes en Europa y más allá, las propuestas para un Green New Deal de los candidatos demócratas en EEUU ocupan sus debates, y el cambio climático alcanza los primeros puestos entre las preocupaciones de la ciudadanía. Algo empieza a cambiar, y cuando algo cambia, no tiene marcha atrás.

¿De verdad son tantas las diferencias entre los partidos progresistas en España como para poner en juego algo tan importante?

Una versión de este artículo fue publicada en La Información el 30 de julio pasado. Se publica en esta WEB con autorización de la autora.

About Natalia Fabra

Catedrática de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Carlos III de Madrid, Doctora en economía por el Instituto Universitario Internacional de Florencia; Miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC, Premio European Association of Environmental and Resource Economics (EAERE) ERC Laureates (2018); Premio de Excelencia Investigadora Consejo Social, Univ. Carlos III (2015); Premio Sabadell Herrero a la Investigación Económica (2014); Premio Julián Marías para investigadores jóvenes en el área de Ciencias Sociales en la Comunidad de Madrid (2014)

2 Comments

  1. Antonio el septiembre 25, 2019 a las 2:29 am

    Sería conveniente votar solo a los partidos que exijan que se hagan públios los resultados de todas las mesas electorales de cada ciudad, que son los sumandos de los que se obtiene el resultado de votos del Ayuntamiento.

    Los partidos que no hagan esta petición estarán reservándose el derecho a hacer trampa en la suma sin que podamos enterarnos.

    Porque, matemáticamente, es IMPOSIBLE saber si una suma está bien hecha, cuando se desconocen los sumandos.

    Queremos transparencia electoral.

  2. E. López el septiembre 25, 2019 a las 5:57 pm

    Seguramente es acertada la opinión de que no está en el ADN de los partidos de derecha el reconocimiento de la necesidad de que el Estado adopte un papel activo en la economía estableciendo políticas tendentes a combatir el calentamiento global (y la defensa del medio ambiente; el asunto de Madrid está relacionado con la contaminación por dióxido de nitrógeno, pero éste no es un gas de “efecto invernadero”, según he podido leer), aunque en sus programas electorales no faltan alusiones a la cuestión.
    Sin embargo, el espíritu europeísta y el respecto a la ley de estos partidos debe hacerles actuar, ya que España está sometida a la normativa comunitaria (Reglamento (UE) 2018/1999 del Parlamento Europeo y del Consejo) y, en su día, ratificó el Acuerdo de París.
    En un sentido análogo, tengo algunas dudas sobre que los partidos progresistas adecuen sus políticas a las exigencias derivadas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento e, incluso, del ordenamiento interno en materia económica (LOEPSF y Constitución) en el próximo año (exposición más amplia en https://elgorgojorojo.wordpress.com/2019/05/30/entrada-en-vigor-en-2020-de-los-limites-de-deficit/).

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