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Más allá de Gramsci, lucha de clases, sindicalismo e intelectuales en el Siglo XXI

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Aunque a veces se olvide, España es miembro de la Unión Europea, su economía está integrada en Europa al 100%, incluso las exportaciones extracomunitarias se hacen por ser europeos. La Unión con Europa ha permitido la transición desde el capitalismo subdesarrollado del franquismo hacia el Estado del Bienestar; es el ámbito de las cosas que ocurren y de los escenarios posibles de futuro, incluidos los escenarios de amenaza. La Unión Europea, su configuración y las fuerzas que allí se manifiestan, supone el marco ineludible de soluciones, pero también un problema democrático inaplazable para los pueblos, los trabajadores de los países europeos y sus representantes políticos. Si alguien lo duda, que se lo pregunte a los griegos, y a las vicisitudes vividas tras la brillante doble victoria electoral de Syriza.[i]  La experiencia neoliberal de la Unión, ha creado brechas tan profundas que han roto toda seguridad[ii]. En el momento en que los ciudadanos del continente más necesitaban la cohesión que da la democracia, Europa ha fallado al afrontar la grave crisis financiera; pero aún puede fallar en otra coyuntura histórica aún más decidida, la irrupción de una nueva era tecnológica, nacida en el capitalismo, y cuyas expectativas por ahora solo se concretan en el fin del trabajo, una franca amenaza para la identidad democrática de los europeos, construida sobre la independencia personal que confiere el pleno empleo.

A vueltas con los intelectuales y las masas

Por ahora, la principal promesa de la tecnología digital y la robótica es la de liberar al capital de su dependencia de la clase obrera, a cambio de integrar a los creadores de la nueva riqueza, los técnicos. Ante esta amenaza, la izquierda tiene que aceptar el riesgo, madre de toda creatividad, y redefinirse. Reconocer el momento, explicado por el capital intelectual (suma del capital humano de trabajadores con formación técnica, y de los procedimientos y sistemas que facilitan su coordinación (OCDE; 1998)), y admitir que la fuerza determinante en este nuestro tiempo es el conocimiento o capacidad para discriminar y ordenar la información y combinarla con otros conocimientos; que no la información, magma reiterativo donde el individuo se pierde. Hoy, en todas las actividades humanas, la capacidad para atraer el conocimiento de una manera eficiente, sin que su coste haga inviable el uso, es la clave crítica estratégica. Pero la relación de la inteligencia con el capital intelectual no es fácil, pues tiene sus propios intereses, fundamentalmente el de seguir aumentando su capacidad con la acumulación de inteligencia útil (Grant)[iii]; aunque también el conocimiento tiene la cualidad de que deja de ser útil cuando no se utiliza; cuando lo aprendido se mantiene ocioso y no es utilizado en la práctica, pierde poder de acumulación (Williamson, O.E,)[iv]. Por lo tanto, el conocimiento, como todas las capacidades del trabajo, necesita ser empleado para no perder empleabilidad. Por ello, el reparto de las oportunidades de aprendizaje se convierte en el eje de la lucha de clases. Un conflicto que se manifiesta a veces de manera clásica, entre capital y trabajo y, en otras ocasiones, entre capital intelectual y capital financiero.

El precio que se paga por acceder a la llamada sociedad del capital intelectual o posindustrial, es vivir en una sociedad cada vez más entregada al corporativismo de las tecnocracias; a las cuales, las diferentes clases sociales delegan la construcción de las decisiones, y por lo tanto de estrategias. La relación entre la tecnocracia y el capital financiero es clara, altas retribuciones y participación en el valor apropiado, pero muy conflictiva. La gestión tiene como misión generar valor para los accionistas; y el capital remunera a la inteligencia con acciones y primas sobre el aumento del valor bursátil de las compañías. Como la revalorización financiera es resultado, entre otros, de juegos de suma cero; la rotación de gestores de las corporaciones cotizadas en bolsa, es un índice de su volatilidad.

La democracia pierde contenido, porque la tecnocracia que controla la economía, tiene también las herramientas para examinar a sus miembros, creando una jerarquía de familias endogámicas (Bell)[v]. La base de esa jerarquía es la meritocracia (Bell). Pero, ¿quién evalúa los méritos…? Para eso están las instituciones meritocráticas, que discriminan el conocimiento, dicen cual es útil y cual es prescindible, y adjudican los méritos (M. Douglas), nuestras elites son auto-referentes. Hemos puesto en manos de las tecnocracias las instituciones de las que depende nuestro bienestar, creando un bucle oligárquico muy difícil de deshacer. Sobre todo porque esas instituciones, las que dicen a quien debe ir la riqueza que se genera a diario y quienes pagarán los platos rotos de la economía, están más allá de los gobiernos, en instancias transnacionales o supranacionales, sobre las cuales las democracias ejercen un control indirecto y vago; atadas por tratados y acuerdos vinculantes, como la Unión Europea, la OCDE, el CETA, TLCAN, FMI…. En ese contexto, los ciudadanos dejan de ser los que evalúan problemas y debaten, solo los sufren. Un ejemplo de éstos procesos de evaluación de conocimientos, sin contaminación crítica, es la forma en que se construyeron las recomendaciones sobre La Reforma Laboral de 2010  para el gobierno de España.

Entre 2004 y 2008, Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional, había escrito una serie de papeles sobre un nuevo enfoque neokeynesiano del mercado laboral, basados en estudios econométricos sobre varios de los países europeos. Con especial hincapié, dado su comportamiento explosivo, en el caso español. Estos trabajos tuvieron un fuerte impacto, dada la procedencia socialdemócrata de Blanchrad, sobre los técnicos españoles de Bruselas, y sus colegas del gabinete de presidencia español. De los trabajos estadísticos realizados para construir los modelos econométricos de comportamiento del empleo en los diferentes países, se obtenía un factor aleatorio que, en el caso español y portugués se mostraba especialmente activo. Al tiempo que mantenía niveles de incertidumbre normales en los cálculos del modelo para el resto de países de la Unión Europea.

Dicho factor podría, en palabras de Blanchrad, significar muchas cosas: sistema educativo, hábitos de búsqueda de empleo y empleabilidad, sistema de selección en las empresas, estructuras del propio mercado para aproximar empleadores y buscadores de empleo, sistemas de selección y reciclaje laboral,.., incluso hábitos de movilidad y residencia. Pero los autores de los trabajos, tras consultar con economistas españoles de Bruselas y del equipo del Gobierno español, decidieron adjudicar el factor de desviación española de la norma europea a la legislación sobre el despido en España[vi], el corolario fue La Reforma Laboral.

Construir la propia inteligencia no es negar el conocimiento

Evidentemente, el conocimiento creado por los economistas de esas instituciones es un corpus de saber sesgado, pero no inútil. Los Think Tank de las fundaciones capitalistas utilizan, por lo general, instrumentos conceptuales y matemáticos de primera calidad. Pero en ciencias sociales, aunque la investigación se hace con rigor, el método científico para elaborar conclusiones no existe. Todo estudio acaba ordenando sus resultados según el sesgo ideológico de los investigadores; lo cual nos conecta con un tema fundamental cuando hablamos de relaciones entre los ciudadanos trabajadoras y los intelectuales, la cultura. Hace pocos años, fuimos testigos del desempeño errático del técnico de CCOO en la Comisión para la reforma de las pensiones del Congreso de los Diputados; que llevó al triunfo de los criterios de las Compañías Aseguradoras. ¿Qué hubiera hecho un sindicalista en su caso? … Negar el consenso y ganar tiempo para asesorarse mejor. CCOO que tiene una fuerte cultura sindical, parecía haber olvidado la primera norma de toda organización, integrar a sus técnicos en la cultura propia.

Pero el problema que refleja la anécdota es mucho más profundo. Los cambios tecnológicos y de gestión,  unidos a la deriva tecnocrática descrita, han conseguido que las clases trabajadoras en nuestro país y Europa, estén ausentes de los ámbitos social y político desde hace muchos años. A pesar del despertar de la crisis y el 15M, los trabajadores no han aparecido como sujeto; excepto el esfuerzo huelguístico de 2010, cuando los sindicatos intentaron recuperar un terreno, del que ya no disponían ni un palmo de tierra.  La depresión ha sido devastadora para ellos, como todas las crisis destructoras de empleo, y no han tenido sosiego para reelaborar una política de defensa del empleo. Atacados en sus bases legales con la práctica derogación del Estatuto de los Trabajadores, jubilados los jueces pro-trabajadores, mimados y trabajados en las etapas de Camacho, Rodriguez y Redondo, y faltos de una solidaridad de los sindicatos europeos, si es que la CEI es algo más que una oficina, solo han conocido la soledad.

La tarea para la izquierda es de reconstrucción, mas que reparar daños. Se supone que entre tanto joven ultra-preparado, será posible encontrarán formas de reflexionar, no sectarios, no de partido, en la colaboración con los sindicatos para el restablecimiento o creación cuasi-exnovo de una cultura trasformadora. Desde sus inicios, los trabajadores han dependido de los intelectuales para formular su cultura de cara al conjunto de la sociedad. Pero en la nueva era, la mayor parte de los trabajadores con empleo estable tendrán formación intelectual. En un contexto tecnocrático, hostil con el trabajo no experto, las posibilidades de una nueva civilización humanista, dependen de que los damnificados de la actual, sus sindicatos y organizaciones, representen la democracia y sus valores, y sean capaces de atraer inteligencia con la que construir modelos sencillos, no simples, pero si comprensibles,  de la realidad. Modelos para que las nuevas hornadas de luchadores por la igualdad y la libertad, construyan una visión de futuro para el presente práctico y real en que viven. Pero esa tarea necesita debate y un relato común, para asimilar la experiencia de las últimas décadas sobre cimientos teóricos sólidos que permitan sustentar las discrepancias en bases racionales.

[i] Tras ganar las elecciones y un referéndum, Syriza se vio obligada a ceder ante el chantaje de Merkel y su artillería pesada financiera, para no salir de la UE.

[ii] Ver Castells (ed.) Las Crisis de Europa, Alianza Ensayo, Madrid

[iii] Grant R.M. (1998) The Resource Based Theory of Competitive Advantage: Implication forStrategy Formulation: California Mangement Review

[iv] Williamson, O.E. (1999) Strategic Research: Gobernance and Competence Perspectives; Strategic Management Journal, 20, 1078-1108.

[v] Bell, D (1976) El Advenimiento de la Sociedad Postindustrial, Alianza Universidad, Madrid

[vi] Oliver Blanchard (2006) Portugal, Italy, Spain and Germany. The implication of a suboptimal currency área. New York , Well-MIT meeting

Oliver Blanchard and Jordi Gali (2006) A new Keynesian Model with Unemployment  (Center for Financial Studies) Frankfurt

Oliver Blanchard and Jordi Gali (2005) Real Wage Rigidities and the New Keynesian Model   (Center for Financial Studies) Frankfurt

Oliver Blanchard and Juan F. Gimeno (1999) Reducing Spanish unemploymen under the EMU (FEDEA)

About Jose Candela

José Candela Ochotorena, Doctor en Economía y en Historia Contemporánea, es miembro de Economistas Frente a la Crisis.

1 Comment

  1. Demetrio Vert el marzo 12, 2020 a las 7:19 pm

    Excelente artículo. El doctor Ochotorena pide a los sindicatos y organizaciones que representen la democracia y sus valores, y sean capaces de atraer inteligencia con la que construir modelos sencillos, no simples, pero si comprensibles, de la realidad. Y antes ha puesto el ejemplo del técnico de CCOO que erró en lo de las pensiones. Evidentemente, porque a estos nuevos (o viejos) representantes nunca se les deben de olvidar los Mandamientos Básicos, por mucho que se pierdan en datos y análisis tecnócraticos, que siempre darán un resultado sesgado, y ya que no puede ser de otra manera, es necesario que el sesgo sea el de los trabajadores. Por lo que estos Mandamientos Básicos se resumen en dos: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a tí mismo, que al traducirlo aquí diremos que Dios es el Bien Común. Dejar de pensar en el prójimo más indefenso es errar el camino. Es necesario saber dónde está uno.

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