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El bochornoso debate sobre la subida del salario mínimo en 2021

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En noviembre de 2018 me declaraba en este artículo abiertamente partidario de una fuerte subida del SMI. Había entonces una intensa campaña de detractores de la medida capitaneados por el Banco de España, pero el gobierno de Sánchez se atrevió a decretar una subida del 22,3% para 2019. Conviene recordar que esa subida no fue del actual gobierno de coalición, que decidiría otra del 5,6% en 2020, sino del PSOE en solitario. Y también que durante la crisis anterior a quienes pilotaban la política de austeridad con los de abajo se les fue tanto la mano, la pobreza y precariedad laboral en España alcanzaron niveles tan escandalosos y preocupantes, que sus propios valedores rompieron el tabú. El Gobierno de Rajoy decretó una subida del SMI del 8% en 2017 y del 4% en 2018, niveles muy por encima de la inflación de aquellos años. Los tiempos en los que desde el Ministerio de Trabajo se defendía sin complejos que era mejor un trabajo de m… que no tenerlo quedaron atrás. Aunque es preferible que te corten un brazo a los dos, se decidió, menos mal, aparcar la política de cortar brazos.

Numerosos estudios han intentado medir los efectos de las subidas de los salarios mínimos sobre el empleo con resultados poco concluyentes. Alrededor de dos tercios de los autores detectan efectos perjudiciales, siempre pequeños y limitados, sobre determinados colectivos, pero un tercio de ellos sostiene que los efectos son nulos o positivos. El caso de España, con una subida del salario mínimo espectacular del 37,4% en tres años -el 8% en 2017, el 4% en 2018 y el 22,3% en 2019- coincidente con un entorno de crecimiento estable -el PIB en volumen creció un 3% en 2016 y 2017, el 2,4% en 2018 y el 2% en 2019- es el laboratorio de pruebas perfecto para obtener resultados. La pérdida de fuelle del PIB en 2018 y 2019 sugiere que si el análisis estadístico detectara un deterioro del empleo en esos años habría que ser prudente antes de adjudicárselo en parte a las anteriores subidas del SMI, porque muy probablemente ese otro factor de más peso estaría empujando el empleo a la baja. Pero veamos sobre un gráfico lo que ocurrió.

En el primer gráfico he calculado la serie del empleo tomando como base 100 el año 2013, cuando, tras cinco años de calvario, la crisis de 2008 tocó fondo por fin en España. En 2014 comenzó la recuperación, arrastrando ese panorama de pobreza y precariedad que tuvo que empezar a corregir el PP en 2017. He llevado los datos hasta 2019 y no más porque desde la pandemia sería absurdo asociar hoy por hoy efecto alguno de las subidas del SMI sobre el empleo. Tal vez en unos años alguien consiga encontrar efectos de algún tipo, pero sostenerlo ahora, como alguno se atreve, tiene poco fundamento.

En el gráfico se observa que el crecimiento del empleo en España siguió una línea recta imperturbable entre 2014 y 2019 a pesar de las subidas notables del SMI entre 2017 y 2019. Y a pesar también de la comentada ralentización del crecimiento del PIB en esos años, lo que sugiere que la subida de los salarios más bajos no tuvo un efecto negativo sobre el empleo sino positivo. Algunos visionarios insisten todavía en que las subidas del SMI fueron perjudiciales, porque si no hubieran ocurrido el empleo habría crecido más, pero para evaluar la efectividad de las políticas es mejor discutir con datos que asuntos de fe.

En fin, que sobre los datos estadísticos reales que muestra el gráfico no se detecta a priori efecto pernicioso alguno de las notables subidas del SMI sobre el empleo en España. Nada de nada, rien de rien. Sí que hay indicios de que las subidas pudieron tener efectos positivos que convendría investigar. Y si alguien sigue insistiendo, ya saben quién, en que tuvieron efectos negativos sobre determinados colectivos, como los jóvenes, los trabajadores mayores o las mujeres, debería revisar el desglose estadístico para no meter la pata otra vez, porque el crecimiento del empleo de todos ellos estuvo en ese periodo por encima o muy por encima del promedio. Se veía ya en 2018 y luego se confirmó.

Como complemento a este sencillo análisis sobre el empleo he representado también en el gráfico las series de los costes laborales de las empresas y de los aumentos salariales pactados en la negociación colectiva, ya que, agotado el argumento de la destrucción de empleo, otros “expertos” vaticinan ahora que si no se congela el SMI en 2021 es previsible que se produzcan cuantiosos daños sobre los costes de las empresas o subidas salariales desproporcionadas que se traducirán en otra ola imaginaria de despidos. Nada de eso parece tampoco que pueda ocurrir.  Como se aprecia en las series, los costes de las empresas se vieron muy poco alterados por las fuertes subidas del SMI, previsiblemente porque el colectivo afectado es pequeño y su coste laboral el más bajo. Y en cuanto a la negociación colectiva, desde el comienzo de la recuperación lleva varios años de consenso entre los agentes sociales y transcurre por una senda razonable y contenida. Los representantes de los trabajadores saben que su interés también pasa por que las empresas sean competitivas para crear más empleo, y los de los empresarios también saben discernir que a menos pobreza mayores beneficios, y que degradar el trabajo, el mejor activo de las empresas, es mal negocio.

Otra cuestión. Existe consenso mayoritario en que elevar el salario mínimo es una política muy efectiva para moderar la desigualdad. Hasta un límite, claro está, que también se ha demostrado que en política económica hay que ser cautos con los deseos. La Carta Social Europea de 1961, ratificada por España en 1980, reconoce el derecho de los trabajadores a una remuneración suficiente, que calcula se corresponde con un salario que no esté por debajo del 60% del salario medio. Por su parte EUROSTAT, la oficina estadística europea, toma como referencia del umbral de pobreza relativa un 60% sobre el salario mediano, una cantidad que suele ser inferior porque los sueldos más altos de arriba empujan al alza el promedio (hay muchos más trabajadores con sueldos bajos que con sueldos altos). Lo que en resumen hay que saber es que, con un dato o con otro, España, a pesar de las fuertes subidas del SMI en los últimos años, está lejos de cumplir con esos niveles. La ganancia media salarial que recoge la Encuesta Anual de Estructura Salarial del INE fue en 2018 (último dato disponible) 24.009 euros. El SMI de aquel año no llegaba al 43% de esa cantidad y el de 2020, calculado sobre la cifra de 2018, inferior a la que debe ser en la actualidad, estaría alrededor del 55%. Todavía hay bastante distancia con el compromiso de mínimos de España.

Las fuertes subidas del SMI en los últimos años en un entorno económico relativamente estable colocan de nuevo los datos de España en una posición privilegiada para evaluar si la política de incremento del salario mínimo ha sido efectiva para moderar la desigualdad, y la conclusión es que rotundamente sí, como se observa en el segundo gráfico. Los datos son de la EPA anual desde que hay registro de los ingresos salariales por deciles (diez tramos de la población ordenada por su ganancia salarial). Ahí se puede ver que el 50% de los asalariados de abajo pagó la factura de la última crisis en relación inversa a su nivel de ingresos. El descuelgue del 10% de abajo, abandonado a su suerte, es verdaderamente llamativo. Por el contrario, al 10% de los salarios más altos le fue y le sigue yendo muy bien. La buena noticia es que hay un proceso de intensa convergencia de esos salarios más bajos que se habían quedado descolgados hacia el promedio, y es de cajón deducir que está siendo gracias a las subidas del SMI, porque en esos niveles son mayoría sus perceptores. Con todo, el 10% de los salarios más bajos, que entre 2006 y 2014 había perdido el 13,3% de sus ingresos, estaba en 2019 todavía muy lejos de los demás.

Por resumir lo anterior, las fuertes subidas del SMI en los últimos años no han tenido efectos negativos sobre la creación de empleo, sino muy probablemente positivos, y se han demostrado como una política social muy efectiva para revertir la desigualdad, que desde la crisis anterior tuvo en España un crecimiento descomunal. Y llegados a este punto surgen algunas preguntas. ¿Por qué hay que congelar el SMI en 2021 aunque sea por unos meses? ¿Para tranquilizar a los mercados, ahora que los inversores compran deuda a interés negativo? ¿Para moderar el consumo o los precios tal vez, con las empresas deseando que les compren y la inflación por los suelos? ¿Ya no es necesario cumplir con los objetivos sociales de España en la UE? ¿La subida prevista a los funcionarios y pensionistas, unos colectivos mucho mayores que el de los perceptores del SMI, no perjudica a la economía y la de estos sí? ¿No merecen los salarios más bajos el mismo tratamiento que reciben los demás en la negociación colectiva? ¿Las víctimas del mal reparto de los salarios son los culpables? En fin, parece que algunos miembros del Gobierno, que saben muy bien de su área, se han metido en un jardín que desconocen y se han puesto a podar sin ton ni son. Esperemos que la cosa quede en una metedura de pata sin importancia, que nos regalen una rectificación a fin de año y sobre todo que la pretensión de congelar el SMI no sea una señal de que la política del talado inmisericorde viene de vuelta. Felices fiestas a todos, en especial a los de abajo.

About Luis Molina Temboury

Economista especializado en el análisis estadístico de la desigualdad. Convencido de que para revertir la escalada de la desigualdad extrema tendremos que acordar un límite al patrimonio. Cuanto antes mejor. Miembro de Economistas Frente a la Crisis

14 Comments

  1. José Candela Ochotorena el diciembre 26, 2020 a las 11:20 am

    Magnifico artículo, directo y bien documentado, pero desgraciadamente creo que la polémica real no va de esto. Más bien alguien quiere dar un mensaje a la patronal de que se controla el autobús del gobierno y de que las políticas van a ser pactadas con ellos, como factores preferentes

    • Luis Molina Temboury el diciembre 26, 2020 a las 1:29 pm

      Muchas gracias, José
      Nunca fue fácil vencer las presiones de los poderosos. Esperemos que esta vez impere la cordura y no tomen como rehén del mensaje a los más vulnerables.

  2. juan el diciembre 26, 2020 a las 12:31 pm

    En mi opinión creo que no deben mezclarse 2 debates que nada tienen que ver.

    Que el decil más alto de salarios va a su aire apropiándose de rentas que deberían pertenecer a otras partes de las plantillas o incluso de los accionistas es un problema que habrá que atajar, sobretodo cuando las empresas muchas veces son «tomadas para el saqueo» por sus directivos. Pero normalmente en las empresas con direcciones extractivas salarialmente no suelen encontrarse en su mayoría los perceptores de SMI ya que suelen tener convenios mejores.

    Pero eso a mi juicio tiene poco que ver con el salario mínimo. Hay que ver dónde se está pagando el salario mínimo y si es viable subirlo. Por casos cercanos ser que en pequeños comercios de ciudades pequeñas ya gana más el empleado que el empleador, son negocios de subsistencia. Aquí la teoría «de la izquierda garzoniana» sería «si no puedes hacer un negocio que gane dinero mejor que cierres…» y claro así 2 más al paro, empleado y empleador y más despoblamiento de la España vaciada y la España que vaciándose.

    Por otra parte ¿se puede vivir en Madrid con 950€ al mes? Muy mal. ¿se puede vivir en una ciudad de 10.000 habitantes, viviendas por 40-50.000€ en propiedad o 200-250€ en alquiler y poder ir andando a casi todos los sitios? Sí, y con mayor calidad de vida.

    Igual tendríamos que ser más imaginativos y descentralizar el SMI, y sobretodo basarlo más en garantizar que la vida que pueda proporcionar tenga una calidad y poder adquistivos razonables.

    • Luis Molina Temboury el diciembre 26, 2020 a las 2:14 pm

      Gracias Juan, por tus comentarios. Aunque las diferencias salariales en los extremos tengan distintas motivaciones y mecanismos yo sí creo que es importante asociarlas, porque la desigualdad, en este caso salarial, es siempre una única moneda con dos caras. Desde luego que esas diferencias entre el campo y la ciudad, etc. son relevantes, pero tenemos el pacto social que tenemos, y con todas las críticas que se le pueda hacer, que son muchas, funciona. El problema de la descentralización de la negociación es que el eslabón más débil suele acabar perdiendo. Una motivación puede parecer lógica, pero su aplicación perjudicial para los de abajo. Es el caso de dar prioridad a los convenios de empresa sobre los demás, por ejemplo. Yo también creo que un modelo basado en una precariedad laboral que mantenga negocios precarios no interesa. Nuestros países de referencia tienen mejores sueldos por abajo, más trabajadores en el sector público, muchos más trabajadores en educación, sanidad y sobre todo en servicios sociales, más renovables en países con muy inferiores recursos, menos desigualdad salarial y de rentas, etc. O sea, que tenemos muchas áreas por desarrollar que demandarían mucho empleo, mejor que precarizar el trabajo, y se podría orientar la actividad por ahí. Pero, en todo caso, me han parecido interesantes tus comentarios.

      • juan el diciembre 26, 2020 a las 2:48 pm

        En ningún momento he defendido una precarización. Lo de cambiar el modelo productivo urge, pero ya vemos que las empresas tratadas mejor fiscalmente son las SOCIMI, ladrillo, las rentas del capital mejor tratadas…los alquileres…etc. Yo también quiero un país donde haya más producción tecnológica e industrial en sectores que van a crecer (energías, software, renovación ambiental) pero mientras tanto se requiere que todos tengan oportunidades y que España no se vacíe. De momento ya hemos visto que tanto PP como PSOE han apostado siempre por lo fácil, ladrillo y más ladrillo, a pagar con dinero del futuro (hipotecas) y ese dinero del futuro será a costa de otros consumos futuros, pero a nadie le importa.

        Lo que digo es que el coste de la vida (principalmente por efecto de la vivienda) hace que 950 o 1000 euros proporcionen calidades de vida desde precaria en unos sitios o un buen pasar en pueblos y ciudadades de menos de 25.000 habitantes. El problema es si desprecarizar a los de 1000 de capital precariza condenando al paro a los de 1000 de sitios más pequeños que tenían buen pasar. Un colmado, una mercería, una ferretería son «empresas» y en ellas no se hace rico el dueño que no deja de ser un trabajador como el empleado siendo el empleado el primero a cobrar.

        En mi opinión hay que eliminar la desigualdad pero 1000 en un sitio no equivalen a 1000 en otro, ni a lo mejor quien gana 950 (el SMI) tiene un empleador que ni siquiera le doble el sueldo cuando en grandes empresas pueden haber rangos salariales de 100 a 1.

        • tArre el diciembre 29, 2020 a las 11:03 am

          Desde la ignorancia, ¿No sería equivalente medias jornadas en lugares menos poblados? Sin perjuicio de las necesidades de las grandes urbes. Quizá la flexibilidad de horarios sea la clave!

        • tArre el diciembre 29, 2020 a las 11:16 am

          Me explico fatal, perdón.
          ¿Y si en vez de ajustar el smi por habitantes, ajustamos los horarios / flexibilidad de los mismos? 🙂

  3. Ge el diciembre 26, 2020 a las 1:26 pm

    «Sánchez e Iglesias ya habían cerrado mano a mano los últimos flecos del acuerdo presupuestario el pasado otoño. En sus conversaciones desbloquearon, por ejemplo, la subida del SMI. Mientras en el PSOE apostaban por un salario mínimo de 800 euros, Unidos Podemos puso su línea roja en los 900. Finalmente, lo sacó adelante el Gobierno a través de un real decreto que recoge lo acordado con Unidos Podemos.»

    https://www.eldiario.es/politica/pedro-sanchez-pablo-iglesias-catalunya_1_1713471.html

    • Luis Molina el diciembre 26, 2020 a las 7:54 pm

      Cierto, gracias. Una cosa es quién firma y otra lo que hay detrás de la firma. Lo que quería resaltar es que cuando se quiere se puede, aunque no se firme exactamente lo que se quiere.

  4. Ge el diciembre 26, 2020 a las 1:57 pm

    Es cierto que la subida del SMI a 900 euros «…no fue del actual gobierno de coalición, que decidiría otra del 5,6% en 2020, sino del PSOE en solitario».

    Pero conviene entonces recordar que

    «…Sánchez e Iglesias ya habían cerrado mano a mano los últimos flecos del acuerdo presupuestario el pasado otoño. En sus conversaciones desbloquearon, por ejemplo, la subida del SMI. Mientras en el PSOE apostaban por un salario mínimo de 800 euros, Unidos Podemos puso su línea roja en los 900. Finalmente, lo sacó adelante el Gobierno a través de un real decreto que recoge lo acordado con Unidos Podemos.»

    Por otra parte buen artículo, sr. Molina.
    https://www.eldiario.es/politica/pedro-sanchez-pablo-iglesias-catalunya_1_1713471.html

  5. Candido Fernandez el diciembre 28, 2020 a las 7:52 pm

    Cuando se argumenta con datos las doctrinas basadas en la fe se derruman. Este es mi corolario sobre este magnifico articulo, y hablando de fé, la iglesia «bancoespañola» al servicio de aquellos que debiera «supervisar», cómo puede mantener que no importa que se actualicen salarios de funcionarios y pensiones cuando estos son mas de diez veces el conjunto de trabajadores que reciben el SMI, ¿no será que el BdE no le importa la deuda pública y si los costes ,aborales privados?

  6. Las otras vacunas pendientes - Registro Ciudadano el diciembre 30, 2020 a las 4:06 am

    […] Calviño considera que no es el momento. Es decir, niega un aumento del salario precisamente a aquél sector más débil, que más lo […]

  7. Eduardo MR el diciembre 30, 2020 a las 2:25 pm

    Buen y clarificador artículo. Tengo una duda, ¿a qué se debe la reducción de salarios del decil 10 y el aumento del decil 1, entre mediados del 2015 y mediados de 2016? Pues la subida del 8% del SMI fue en 2017.

    Gracias.

    • Luis Molina Temboury el diciembre 31, 2020 a las 11:48 am

      Muchas gracias. Buena pregunta. En primer lugar, el salario medio bruto mensual del primer decil es muy inferior al SMI. En 2015 era 420,05€ y en 2016 pasó a ser 462,72€. Sabemos, por tanto, que subidas pequeñas en cantidad pueden suponer alzas notables en términos relativos. Esos ingresos muy inferiores al SMI se explican porque los trabajadores a tiempo parcial se concentran en los deciles más bajos. En 2015 había 1.474.800 trabajadores en el primer decil de salarios, de los cuales 1.380.800 eran trabajadores a tiempo parcial y solamente 94.000 en jornadas a tiempo completo. En 2016 los primeros estaban al mismo nivel en número, 1.380.000, pero los segundos pasaron a ser 148.200. En conclusión, gran parte de la subida del salario medio entre 2015 y 2016 en el primer decil lo fue porque crecieron los trabajadores a tiempo completo. Por eso hay que ser prudentes y no asociar esas subidas exclusivamente a las del SMI. Sin embargo, hay un efecto, lógico, que se refleja en que los salarios medios del primer decil a igualdad de jornada siguen la evolución del SMI, o sea que parece claro que las subidas del SMI tienen el efecto de combatir la desigualdad actuando principalmente en ese decil más bajo. Pero hay que tener en cuenta que hay otros efectos además del SMI, como ese de la composición de las jornadas que se dio entre 2015 y 2016, que usted oportunamente resalta.

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