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La salida de la crisis

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Reflexión de urgencia sobre la salida de la crisis

(Material para un debate)

Un tiempo incierto

               La crisis del COVID-19 (coronavirus) ya no es un problema chino ni una cuestión italiana.[1] Es una situación de máxima urgencia que ha surgido no por el desguace de sectores productivos, por especulaciones reconocidas, por retracciones drásticas de oferta y demanda.[2] El origen de esta durísima realidad es un ente biológico, natural, que manifiesta la gran vulnerabilidad en la que estamos instalados, social y económicamente. El punto en el que nos encontramos, que va variando día a día, nos sitúa en un mundo en el que todos los gobiernos, en mayor o menor grado, arbitran medidas de todo tipo, y dejan de lado los principios reguladores de los equilibrios presupuestarios o la aplicación de las recetas que se utilizaron para encarar, en Europa, la Gran Recesión.

               La crisis generada por el coronavirus nos coloca, sin embargo, en escenarios distintos, mucho más inciertos, dado que nos enfrentamos a shocks de oferta y de demanda, muy seguidos y persistentes. Incluso si se encuentra una vacuna contra el virus, el tiempo económico habrá ya variado. Las adaptaciones deberán gestionar situaciones de incertidumbre e inseguridad, de forma que algunas actividades económicas, como por ejemplo el turismo –que supone más del 14% del PIB de España–, se recuperará de manera muy gradual y con retraso en relación a otros sectores, sin rebotes inmediatos. Ahora bien, si antes de esta situación dramática ya era necesario repensar nuestro futuro, ahora más que nunca esto se ha convertido en prioritario. Todo ello nos adentra en nuestro modelo de crecimiento, que debería hacerse bajo ópticas realistas que contemplen la coyuntura en la que nos encontramos instalados –lo que podríamos decir el día a día del tiempo después del confinamiento–; pero también la estructura, rehuyendo discursos excesivamente teóricos y/o de escasa aplicabilidad o meramente continuistas.

               Los gobiernos han lanzado propuestas importantes en forma de ayudas, subvenciones, ralentizaciones fiscales; los bancos centrales están inyectando liquidez. Ahora bien, el tiempo juega de nuevo un papel determinante: sin la expansión de las medidas que se han anunciado, el riesgo de entrar en una recesión severa es muy alto. Las claves radican en:

  • Reducir las quiebras personales y empresariales.
  • Garantizar la llegada de dinero a la gente para que pueda seguir consumiendo, aunque no esté trabajando.
  • Reactivar las palancas de la inversión y el estímulo de la demanda.

Estos factores, que atañen personas y corporaciones, se deben cotejar con:

  1. a) Políticas fiscales, con flexibilizaciones reales en las reglas estrictas de los planes de equilibrio presupuestario y la adopción, desde el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el Banco Central Europeo (BCE) y la coordinación de la UE, de estrategias inversoras de gran calado. Es la hora de poner en práctica el Green New Deal, de manera efectiva y con los recursos necesarios.
  2. b) Políticas monetarias, expandiendo las compras de deuda pública por parte del BCE (en el caso europeo), tanto en los mercados secundarios como en adquisiciones directas a los gobiernos, con controles estrictos para que los flujos monetarios lleguen a sociedad y empresas. En este campo, no es arriesgado pensar en procesos de mutualización de deudas y/o condonación, de facto, de parte de ellas.
  3. c) Políticas de corte social, que garanticen la sostenibilidad de los sectores más vulnerables de la sociedad y refuercen los sistemas sanitarios.
  4. d) Políticas comerciales, sin ir a escenarios de proteccionismos extremos.

El desarrollo de estas políticas afectan parcialmente a gobiernos nacionales, pero con una imbricación enorme en instancias supra-nacionales; a la vez, existen también márgenes de maniobra para los gobiernos regionales. Es importante retener que sin la acción coordinada de la UE, sin su apoyo, resultará muy difícil resolver la crisis.

¿Crisis como oportunidad?

               Es habitual en la macroeconomía realizar predicciones a futuro utilizando como fuente de partida la información histórica o contemporánea y, sobre todo, bajo suposiciones de mantenimiento de la estructura productiva. La situación en la que se encuentra actualmente la economía mundial representa un cambio estructural que rompe todos los supuestos y dificulta las estimaciones a futuro que se puedan realizar. Además de la ruptura de las inercias pasadas, también se añade la incertidumbre relacionada con la duración de este nuevo status. Sin embargo, es necesario realizar un esfuerzo para aproximar las consecuencias económicas que se pueden derivar de la pandemia.[3] Y, por ende, marcar con toda cautela caminos posibles a explorar en política económica.

Aparecen interrogantes en el modelo económico: diversificar, ¿como? ¿En qué sectores? ¿Con cuáles protagonistas? ¿Y los costes? Decrecer –como está ya sucediendo ahora y algunos científicos sociales defienden– ¿para hacer crecer qué? Pasar de las declaraciones, durísimas en un caso, más conformistas en otro, a un escenario en el que hay que aportar hojas de ruta adecuadas, constituye un ejercicio crucial y un desafío para científicos, administraciones públicas y agentes económicos y sociales, si queremos pasar de la fase declarativa a la ejecutiva y resolutiva.

                         En otras palabras: entre los dos extremos dibujados antes, coexiste un terreno bastante amplio que insinúa nuevas posibilidades para la investigación y la economía aplicada, con vocación de que sus resultados puedan ser útiles para un cambio de modelo de crecimiento. Este, además, conllevará costes de transición, esfuerzos de todo tipo que incidirán en el mercado laboral, en las estrategias de inversión y en la auscultación de los mercados. La transición requerirá de capitales, privados y públicos, para hacer frente a los retos que se presentan, si de verdad se quiere transitar hacia otra manera de crecer y, sobre todo, de desarrollarse.

               En este contexto, es importante subrayar la relevancia de los sectores cuaternario y quinario de la economía española. Esta crisis demuestra que son primordiales las apuestas estratégicas para sectores relacionados con la economía del conocimiento y la economía de los servicios públicos, especialmente los sanitarios y los sociales. Aquellas regiones que, en un contexto difícil como el de la Gran Recesión, mantuvieron infraestructuras y personal sanitario, han podido afrontar el coronavirus con más solvencia que otras economías regionales donde sus gobernantes decidieron aplicar una política de recortes presupuestarios generalizados, con poca o nula discriminación hacia los servicios de la salud pública. Los casos de Madrid y Cataluña son ilustrativos. Es decir, una reorientación del crecimiento exigirá igualmente no sólo tecnología punta, como siempre se arguye; sino igualmente ocupaciones intensivas en el factor trabajo, tales como asistentes sociales, personal de enfermería y otro especializado en cuidados cotidianos, profesorado orientado a población infantil, para poner apenas algunos ejemplos al respecto. Los procesos de encadenamiento y de “clusterización” económica van a ser más determinantes que nunca.[4]

               Los costes de transición incumben tanto a las empresas privadas como al sector público y su esfera instrumental (consorcios públicos). Esto implica un elevado grado de cohesión y de coordinación de las políticas públicas, que deben ser verdaderamente emprendedoras: la capacidad de cambiar las condiciones de producción y de distribución, una especie de “destrucción-creadora” que vaya en una dirección más sostenible de la economía, menos consumidora de energía, de territorio y de recursos naturales en general. Esto implica crecimiento económico, no decrecimiento; esta propuesta es más cercana a un “socialismo participativo”,[5] desde el momento en que se deberían defender sendos aspectos: situar los niveles salariales en una fase más adecuada para hacer atractivas estas tareas; y profundizar en una reflexión sobre la política fiscal a aplicar, que requeriría probablemente tocar la cesta de los impuestos.

               Las inversiones necesarias deberían dirigirse a unas líneas concretas: transporte público –tren, tranvía, autobuses–; proyectos de innovación en áreas como la bio-economía, robótica, tele-trabajo, que en un sentido amplio afecta la economía circular, la biotecnología, la biomedicina, la economía azul, las energías renovables –en particular, la fotovoltaica, para depender menos del carbón–, políticas de formación del capital humano que inserten en un haz compacto la Formación Profesional y los cursos de formación laboral; subvenciones iniciales a empresas innovadoras que tienen dificultades de obtener créditos en el mercado –aquí el papel de ICO es clave; pero también la posibilidad de utilizar Bankia como banco público–; mejoras en la costa para eludir futuras inundaciones, entre otras iniciativas que se podrían añadir. No se trata de hacer una nómina descriptiva, utópica, que queda bien en el papel escrito; por el contrario, la pretensión es que lo que se proponga tenga ya proyectos incipientes o se puedan activar con los menores problemas posibles, a pesar de ser consciente de las dificultades administrativas y burocráticas. El coronavirus ha marcado la urgencia, y las zonas de confort deben abandonarse.

               Porque si algo ha quedado claro en lo que llevamos de crisis es que quienes siguen defendiendo los vericuetos de la austeridad –Holanda, Alemania en menor grado; e ínclitos economistas liberales– estaban y están equivocados. No estamos ante una opinión: los datos son demoledores. Así, el argumento de que un país no se puede permitir un programa económico ampliamente social ha demostrado ser falso. Y de alguna manera se han corregido derivas ejecutadas a raíz de la Gran Recesión. Por ejemplo, la Comisión Europea ha aprobado un paquete de gasto de 25.000 millones de euros y ha suspendido las normas fiscales a las que están sujetos los países de la Unión Europea. Por su parte, el Banco Central Europeo ha propuesto una inyección de 750.000 millones de euros. Hace unos meses estas instituciones alertaban de la necesidad de reducir déficits fiscales y promulgaban que la “consolidación fiscal” (que hablando en plata implica recortar gasto público) no sólo era necesaria sino inevitable. Bienvenidos al club. Nuestras opiniones no son argumentos epidérmicos: descansan en investigaciones empíricas.

               Por ejemplo, se ha demostrad[6] que, en el largo plazo, cuando se desenmascara la génesis de todas las variables macroeconómicas, determinados componentes de la demanda agregada (entre los que se incluye el gasto público) evolucionan de forma autónoma con respecto a la dinámica de la producción agregada. Esto implica, entre otras consideraciones, que el gasto público no está vinculado de manera mecánica a la dinámica económica, si no que es independiente de ésta. El gasto público depende sobre todo de cuestiones políticas, institucionales e históricas. Esto, por tanto, pone en solfa la teología neoliberal: los argumentos a favor de reducir gastos en sanidad, educación, inclusión, vivienda social, reducción de la desigualdad, etc. están y han estado sólo basados en ideología y no en un riguroso análisis científico de cómo funciona la economía.

Conclusión: ideas-fuerza

  1. La recuperación económica debe ser vertebrada entre gobierno nacional, gobiernos autonómicos e instituciones comunitarias: nadie va a salir de este atolladero en soledad.
  2. La inversión constituye un eje medular, destinado a áreas importantes –que se han descrito anteriormente– con efectos multiplicadores.
  3. Los preceptos más convencionales de la economía mainstream (preservación de equilibrio presupuestario, contracción de deuda, ajustes con la vía de las inversiones y del gasto público) deberían rechazarse por inoperantes, tal y como se ha demostrado por parte de los ejemplos conocidos de historia económica.
  4. Plantear un re-pensamiento del modelo de crecimiento infiere la necesidad de articular un Libro Blanco de la economía española ante los retos que se desprenden del coronavirus.
  5. El enorme trastorno sanitario va a suponer un cambio en los paradigmas de comportamiento psico-económico; al mismo tiempo, esto puede afectar decisiones de inversión que, a su vez, ejercerían un gran impacto sobre los mercados de trabajo en caso de que se produzcan (procesos de re-localización productiva, estímulos a nuevas industrializaciones, relevancia del sector primario, vinculación más estrecha entre el sector secundario y el terciario –servicios industrializados–[7]).
  6. Como se decía, no es posible enfrentarse a estos desafíos de manera solitaria, unilateral. Más que nunca, la perspectiva de gobernanza económica adquiere una dimensión que va más allá de un concepto muchas veces retórico, vacío de contenido.

 

[1] Seguimos el muy reciente estudio de Richard Baldwin y Beatrice Weder di Mauro (Edits.), Mitigating the Covidien Economic Crisis: Act Fast and Do Whatever It Takes, A VoxEU.org Book, CEPR Press, Center for Economic Policy Research, Londres, marzo de 2020.

[2] Otras aportaciones señalan que ya existían signos de crisis económica antes del estallido del COVID-19. Véase Michael Robert, “La próxima recesión: ¿la culpa es del coronavirus?”: http://www.sinpermiso.info/textos/la-proxima-recesion-la-culpa-es-del-coronavirus; y Pierre-Olivier Gourinchas, “Flattenning the Pandemic and Recession Curves”, 13 de marzo de 2020: http://unassumingeconomist.com/2020/03/flattening-the-pandemic-and-recession-curves/. Esta última aportación habla, en un plano muy teórico, de diferentes escenarios en función de las caídas de producción y de demanda, sin una cuantificación demasiado precisa y desde una perspectiva muy general.

[3] Las aportaciones sobre el tema proliferan y resulta imposible recogerlas en su totalidad. A título indicativo, aportamos las siguientes. Un cálculo para la economía española en: https://www.ivie.es/wp-content/uploads/2020/03/1_Impacto-económico-del-coronavirus-en-el-PIB-y-el-empleo-de-la-economia-española-y-valenciana.pdf. También el estudio de José Maria Durán-Alejandro Esteller, en el Bolletí de l’Institut d’Economia de Barcelona, núm. 32, abril 2020; cf. www.ieb.ub.edu; y Joaquín Nieto, de la OIT: http://www.fundacionconama.org/lecciones-de-una-pandemia-y-bases-para-una-reconstruccion-economica-y-social-sostenible/. Para la Unió Europea: Covid-19. EU Coronavirus Response, 2 de abril de 2020. Igualmente, se está trabajando en un Índice de estrés financiero: https://alde.es/blog/la-incidencia-del-covid-19-en-un-indice-de-estres-financiero-de-ee-uu/. Una propuesta de medidas fiscales en Camille Landais-Emmanuel Saez-Gabriel Zucman: https://voxeu.org/article/progressive-european-wealth-tax-fund-european-covid-response.

[4] En este sentido, son esenciales los trabajos ya clásicos e insuperados de Michael Porter, La ventaja competitiva de las naciones, Vergara, Barcelona, 1999; y Albert O. Hirschman, La estrategia del desarrollo económico, Fondo de Cultura Económica, Mèxic, 1958.

[5] Thomas Piketty, Capital e ideología, Deusto, Bilbao, 2019. La propuesta de Piketty se sustenta sobre dos pilares básicos, que tienen como finalidad esencial superar el actual sistema de propiedad privada. Por un lado, la propiedad social y el reparto de los derechos de voto en las empresas. Por otro, la propiedad temporal y la circulación del capital. Según el autor “combinando ambos elementos se llega a un sistema de propiedad que no tiene mucho que ver con el capitalismo privado tal y como se concibe hoy en día. Nos encontraríamos, entonces, ante una verdadera superación del capitalismo: pp. 1.172 y ss.

[6] Véanse nuestras recientes investigaciones: José Pérez Montiel-Carles Manera, “Autonomous expenditures and induced investment: a panel test of the Sraffian supermultiplier model in European countries”, Review of Keynesian Economics, vol. 8, núm. 2, verano de 2020, pp. 220-239; José Pérez Montiel-Carles Manera, “Permanent demand and Private investment in the General Theory: an empirical investigation”, Revista de Economía Mundial, núm. 54, 2020, pp. 107-128.

[7] Sobre esto: Dani Rodrik, Premature deindustrialisation, School of Social Science, Institute for Advanced Study, Princenton, 107, 2015.

About Carles Manera

Catedrático de Historia e Instituciones Económicas, en el departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears. Doctor en Historia por la Universitat de les Illes Balears y doctor en Ciencias Económicas por la Universitat de Barcelona. Consejero del Banco de España. Consejero de Economía, Hacienda e Innovación (desde julio de 2007 hasta septiembre de 2009); y Consejero de Economía y Hacienda (desde septiembre de 2009 hasta junio de 2011), del Govern de les Illes Balears. Presidente del Consejo Económico y Social de Baleares. Miembro de Economistas Frente a la Crisis Blog: http://carlesmanera.com

6 Comments

  1. Marcos el abril 19, 2020 a las 7:20 pm

    Buenas tardes,

    Muy de acuerdo con los planteamientos sobre todo:
    con la reorientación de la producción hacia la sostenibilidad medioambiental – ¿para qué necesitamos tantos vehículos de combustión fósil en las ciudades y en las campas esperando ser vendidos, usados y contaminando ?- esto incluye las normas laborales de la OIT para lndia, China… vamos a jugar con las mismas reglas y los mismos costes laborales
    el enfoque estratégico de desarrollar los continentes africano y sudamericano con esta economía sostenible – evitaremos 2 cosas: el incremento de paro en nuestra ‘sociedad desarrollada’ y que siga habiendo ‘inmigración ilegal’ ¿quién querrá dejar su aldea si puede trabajar, comprar, ver tv… en ella?-
    Muy importante es la instauración ya ! de la renta básica, de un importe que permita vivir adecuadamente. Los 500 € que pueden llegar a 950€ – en mi ignorancia – me parecen una limosna; propongo empezar a hablar de 1.200 €/mes individuos y 3.200 €/mes familias de 4 – téngase en cuenta que hay que comer, pagar casa, ropa,colegio de niños universidad de jóvenes, luz…

    Muchas gracias

    Un saludo

  2. José Candela Ochotorena el abril 19, 2020 a las 7:37 pm

    Muy bien, de acuerdo. Pero por dónde comienza ese proyecto que implica un poder de decisión y unos recursos fuera de campo. Financieros desde luego, pero antes que nada políticos, en mi artículo “la socialdemocracia y Davos” intentaba hacer constar que sin una coalición en Europa de socialdemócratas y verdes, apoyada en la izquierda y capaz de sumar gobiernos, porque así es Europa y su arquitectura de toma de decisiones, los programas son ejercicios escolares, a veces de master, pero poco más. Hace poco mandé un breve donde recordaba que la urgencia ante la debilidad del modelo de creación de empleo español, el cual ha condicionado los recursos humanos existentes, turismo y edificaciones, nos obliga a empezar por las infraestructuras del Greenpeace New Deal y la urgencia del problema juvenil a atender la construcción de viviendas sociales y el problema de la eficiencia de los edificios para crear empleo, mientras se ponen en marcha políticas a más largo plazo de adecuar la educación a las necesidades de futuro de un cambio tecnológico que ya está aquí, pero para el que no nos hemos preparado.

  3. Miguel Mayol Tur el abril 20, 2020 a las 12:51 pm

    Se podría aprovechar la crisis para instaurar la semana de 4 días y 30 horas (subida salarial por hora de 1/3 y por tanto de masa salarial) y acabar así con la lacra del desempleo.

    La subida de la demanda, por la subida salarial de 1/3 aumentaría el empleo en horas entre un 10 y un 15% por el multiplicador keynesiano y la ley de Okun.

    Además en España con un 15% de sector turístico, esos fines de semana de 3 días en familias descargadas de tener que «ayudar» o mantener del todo a familiares compensaría la pérdida de demanda externa con demanda interna. A lo que habría que sumar las estancias de 4 días de los trabajadores de «fin de semana» de 3 días en la propia hostelería y en muchos negocios que abrirían todos los días.

    En la parte monetaria para que el BCE comprase TODA LA DEUDA, de todas las economías, y regalase además dinero por habitante a todas las economías recibiendo los gobiernos menos endeudados más liquidez. La consecuente devaluación del €uro le vendría muy bien a la mayoría de sus economías. ¿Por qué pagar impuestos permanentemente por disponer de un bien – el dinero – que se puede «imprimir» con el beneficio añadido de una devaluación en economías exportadoras?

    Si además se implementa una moratora de 2 años de amortización de capital en las hipotecas, pagando solo intereses, ahora muy bajos, con ampliación de dos años su plazo, sin coste la bajada de impagos y el incremento de consumo sería aún mayor.

    • Marcos el abril 21, 2020 a las 11:58 am

      Hola Miguel,

      Creo deberíamos pulir un poco tu propuesta de las 30 h/semana – hay milmillonarios que con 2h*5dias = 10 h/semana ya…-
      -‘… una moratora de 2 años de amortización de capital en las hipotecas, pagando solo intereses, ahora muy bajos…’ pagaremos poco si el capital es poco, si hace 3 meses que has constituido la hipoteca de 150.000 €, los intereses aunque bajos, supondrán un paston – de hecho en los 1º años de capital se paga muy poco – igual sería interesante hacerlo al revés, es decir, pagar la amortización de capital que corresponda y suspender los intereses… pero claro todo está en función del capital pendiente. Ergo moratoria de 2 años de capital e intereses, así nada se paga y sale baratito
      – »… La subida de la demanda, por la subida salarial de 1/3 aumentaría el empleo en horas entre un 10 y un 15% por el multiplicador keynesiano y la ley de Okun…? no lo entiendo, si dejamos la semana laboral en 30 h y subimos los sueldos… ¿ quién en su sano juicio trabajará más ?, para ganar más dinero están los ‘jefes’, ‘ceo’ y similares. Creo que el aumento de la demanda agregada lo que puede hacer es vaciar los stocks y de paso generar producción eco-sostenible… digo yo
      Por todo lo demás muy de acuerdo
      Gracias
      Un saludo

      • Miguel Mayol Tur el junio 1, 2020 a las 5:47 pm

        Los economistas – esto es un foro de economistas – lo entendemos todos.

        Todo lo que escribes o preguntas es fruto de tu ignorancia normal en un no economista.

        Para que lo entienda todo el mundo:

        1.- NO PAGAR (o casi no pagar) y que el préstamo se retrase 2 años sin pagar de más por eso (sin aumentar la cuantía del préstamo por no pagar intereses).

        PS: Es falso lo que crees que se pagan más intereses son los mismos en porcentaje, pero el importe es mayor cuanto más principal se debe porque son un %.

        2.- Con ejemplos para torpes:

        En Alemania Holanda o Dinamarca los sueldos por hora son del doble, y su jornada laboral media un 20% menor y por eso su paro era – antes del COVID19 – 20 puntos menor, con el mismo trabajo en horas por persona que España.
        En Irlanda el sueldo medio es del doble y siguen queriendo trabajar.

        Con silogismos Si SE REPARTE EL TRABAJO, donde trabajaban 3 personas 40 horas /semana y cobraban 20k €/año x 3 = 60k€/año trabajarían 4 personas a 30 horas /semana a = 80k€/año de sueldos, 1/3 más de MASA SALARIAL y sueldo por hora que importará más a la hora de los BENEFICIOS como INGRESO que el incremento como COSTE salarial, igual que un bar medio gana más en Alemania con sueldos más caros que en Marruecos con sueldos más baratos porque lo importante es el sueldo de los CLIENTES.

        Y el 90% es CONSUMO INTERNO

        PS: Para la liquidez del primer trimestre de pagar la nómina 1/3 más alta sin que la clientela suba aún, se pueden dar créditos, pero es más sencillo perdonar la cuota de SS un trimestre, pues en los 3 trimestres siguientes se recupera y luego se recauda 1/3 más.

        3.- Lo de eco sostenible es independiente de lo necesario para cumplir el art 23 de la DUDH, a mi me ha encantado respirar mejor esta cuarentena, y ojalá prohibiesen matricular a partir de mañana vehículos no eléctricos, y de paso que los fabriquen cooperativas con ferretería libre y de código abierto, y que todas las viviendas se auto provean por FotoVoltaica + TermoSolar + bomba de Calor de energía y climatización con segundas hipotecas al 100% a 40 años con 5 de carencia de amortizaciones, pero es totalmente secundario con un desempleo real U6 de casi el 50% como el que se espera en el peor de los casos.

        PS: Jamás se han «vaciado stocks» por subir sueldos, en la historia económica. Siempre funcionó, y solo hay un caso en el que tuvieron que rectificar y reducir la subida, pero se subieron.

  4. jose juan peral el abril 20, 2020 a las 1:34 pm

    Hecho en falta, como uno de los pilares fundamentales, el matenimiento y generacion de EMPLEO. Creo que es la manera mas eficaz de activar la industria, el consumo, generar recaudacion, evitar subsidios. Es el engranaje clave para poner en marcha toda la maquinaria. De hecho, a medio plazo se debe apostar por la formacion e investigacion para que nuestro pais sea mas competitivo, tengamos una balanza comercial mas favorable y consiguientemente se reducza el deficit.

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